LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

Hilario Barcelata Chávez

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EL CORTO, LA INFLACIÓN Y LA RIGIDEZ DE LA OFERTA

17 de noviembre de 2000

Hace una semana el Banco de México decidió hacer otro recorte a la oferta monetaria mediante el establecimiento de un “corto” por 350 millones de pesos. Con esta medida se pretende restarle liquidez a la economía de manera que se reduzca el crecimiento de la demanda de bienes y servicios y ello disminuya las presiones sobre el nivel de precios. El argumento teórico que está detrás de la aplicación de esta medida es el siguiente: La economía mexicana se encuentra en una etapa de expansión de la demanda de bienes y servicios, la cual está creciendo a un ritmo superior al que puede crecer la oferta interna de esos bienes y servicios. Cuando esto sucede se dice que la economía esta “sobrecalentada” porque el exceso de demanda se convierte en una amenaza para el nivel inflacionario por dos razones: Una, porque simple y llanamente la escasez se refleja en un alza de precios. Y dos, porque la escasez se cubre con importaciones de los bienes y servicios que faltan dentro del país, lo que ensancha el déficit comercial, propiciando una devaluación y ésta un incremento del nivel de precios.

La aplicación del “corto” tiene, entonces una función eminentemente antiinflacionaria, que cumple mediante la disminución de la demanda. El problema es que la restricción de la demanda detiene el crecimiento económico que es lo único que garantiza el incremento del empleo y los salarios. Por ello la aplicación del “corto” es una medida de corto plazo, que no resuelve el problema de fondo y sólo contribuye a conformar una situación de crisis para el país.

El verdadero problema de la economía mexicana es la incapacidad de la oferta para crecer al ritmo que lo hace la demanda, lo que provoca inflación. Es decir la oferta es muy inelástica porque su capacidad para responder al incremento del consumo es muy baja. Ello se debe, en primer lugar a factores estructurales de la planta productiva nacional que adolece de grandes rezagos en todos los sectores: agropecuario, industrial y de servicios. Los productores son pobres, poco competitivos y están descapitalizados. En segundo lugar no existen los factores institucionales necesarios para impulsar la actividad empresarial. Por ejemplo, aunque hay capacidad ociosa, no hay créditos que permitan reingresar esa capacidad a la actividad productiva para aprovechar la expansión de la demanda. Y en tercer lugar puede haber recursos disponibles pero no para producir aquellos bienes que demanda el mercado porque estos responden a las necesidades de los grupos sociales de altos ingresos ( que son los beneficiados de la expansión de la demanda). Esto, dicho sea de paso, significa que es falso el famoso aforismo fridmaniano de que “la inflación en todo lugar y en todo momento es un fenómeno monetario” Porque en realidad es un problema de la economía real y no de la economía monetaria.

Visto de este modo el asunto, lo que habría que hacer es darle ese impulso a la oferta de manera que pueda responder a la expansión de la demanda de manera que se evite el sobrecalentamiento cuando apenas se está empezando a notar una ligera mejoría en la economía de las familias.

Efectivamente, el “corto” resuelve el problema inflacionario de carácter coyuntural. Pero en lugar de crear capacidad productiva lo que hace es propiciar una etapa recesiva y un círculo vicioso de freno y arranque que nunca acaba y que en nada contribuye al desarrollo del país. Por si fuera poco, el “corto” contribuye a agudizar el problema de la rigidez de la oferta porque amplía el rezago de la planta productiva. Ello se debe a que la restricción monetaria produce un alza en las tasas de interés, lo que reduce las posibilidades de obtener créditos con fines productivos (creación o expansión de empresas) y aumenta el costo de quienes ya tienen créditos contratados.

Por otra parte, el “corto” fortalece la posición del peso frente al dólar, incrementando la sobrevaluación del tipo de cambio, lo que incrementa el riesgo de una abrupta devaluación dada la posibilidad de que el déficit comercial con el exterior, se incremente con un peso sobrevaluado que está abaratando las exportaciones.

La verdad es que los “cortos” pueden justificarse en un momento dado para resolver un problema coyuntural, pero convertirlos en la esencia misma de la política fiscal no hace sino poner en riesgo al país y exhibe una incapacidad del gobierno para idear soluciones definitivas a los problemas económicos.