LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

Hilario Barcelata Chávez

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ECONOMÍA DE MERCADO Y JUSTICIA SOCIAL

4 de julio de 1996

El lunes primero de Julio, dijo el Presidente Zedillo que el modelo económico que actualmente aplica su gobierno no se contrapone a la justicia social. Que no existe contradicción entre una economía de mercado y una buena política social y redistributiva. Dijo, también, que la economía de mercado permitirá remediar la pobreza y la desigualdad social, así como satisfacer la demanda de empleos y mejores salarios.

En teoría, el discurso oficial suena coherente y lógico. Por desgracia, en la práctica no es, ni lo uno ni lo otro. En México, tenemos ya trece años de aplicación de un modelo que se sustenta en la economía de mercado y, hasta la fecha, no sólo no ha logrado resolver los problemas de inflación y propiciar el crecimiento económico con estabilidad que son sus objetivos prioritarios. Mucho menos ha alcanzado otros objetivos que no tiene a su alcance como es la justicia social. Por el contrario, el modelo económico, ha agudizado los problemas de pobreza y ha propiciado una profunda caída de los niveles de bienestar de toda la población.

Por desgracia el presidente se equivoca. Su modelo económico sí está en contradicción de una política de justicia social. Los hechos hablan por sí solos. Por ejemplo, según la CEPAL (Comisión Económica para América Latina) el 50% de la población del país tiene un consumo de calorías muy por debajo de las normas internacionales. Esto es cerca de 45 millones de mexicanos viven en condiciones de desnutrición. Entre ellos, hay casi 10 millones que significan el 10% de la población nacional y que sólo perciben el 1.59% del total de la riqueza anual generada en el país. Y su ingreso apenas les permite consumir una cuarta parte de las calorías mínimas requeridas para la actividad humana diaria.

La concentración del ingreso es uno de los efectos más dramáticos de la aplicación de una economía de mercado. En el país el 10% de la población más rica concentra el 70% del consumo, mientras el 50% del total de la población alcanza apenas remuneraciones que van de uno a dos salarios mínimos. Salario que sólo les permite adquirir una tercera parte de una canasta básica que tiene aproximadamente un costo de setenta pesos diarios considerando el consumo del trabajador y su familia.

Los efectos del modelo pueden observarse, también, al revisar el Índice de Desarrollo Humano (IDH) calculado por la ONU. Nuestro país se encontraba en 1992 en el lugar número 46 a nivel mundial, de acuerdo al valor de ese índice. En 1995, debido al descenso del nivel de vida, pasó a ocupar el lugar 53. Ello significa estar 23 lugares a abajo de Argentina y 20 abajo de Chile. Países, que, por otro lado, mejoraron su situación en el período mencionado.

Regionalmente la pobreza se concentra en mayores magnitudes. Así tenemos que en Chiapas, el 60% de la población no alcanza a percibir ni un salario mínimo. En Oaxaca el 53% de la población está en la misma situación y en Hidalgo y Guerrero el 39.3 y 37.9%.

Estas cifras demuestran que la economía de mercado no sólo se contrapone con la justicia social, sino que, además, propicia la injusticia social, porque, como es evidente ha acentuado la pobreza y la desigualdad social.

Dijo también, el Presidente Zedillo que la economía de mercado es la vía más corta y eficaz para superar las dificultades y evitar la recurrencia de las crisis. Y también ahí se equivoca, porque en el marco de la implementación de un modelo de economía de mercado se han dado, por lo menos, 2 profundísimas crisis económicas: la de 1987 y la de 1994-95.

Dijo el Presidente Zedillo que el camino más corto, seguro eficaz y socialmente más responsable para salir de la crisis no puede estar en el retorno al estatismo y al proteccionismo. Por desgracia, el Presidente se vuelve a equivocar. Hasta este momento el modelo de economía de mercado con apertura comercial y retiro total del Estado de la rectoría económica no ha demostrado, en ninguna variable macroeconómica, ser mejor que el modelo que se sustenta en el Estado como promotor del desarrollo nacional. De hecho los distintos gobiernos que ha tenido nuestro país en los últimos catorce años no han sido capaces de construir realmente una economía de mercado, porque, para empezar sus políticas han tendido a pulverizar el mercado interno y destruir la planta productiva nacional. Precisamente por esa razón, el modelo de economía de mercado es ya inviable. No tiene bases concretas de sustento. Y, por supuesto, tampoco tiene capacidad para impulsar el desarrollo nacional, en términos de capacidad para generar justicia social.

Por ello se requiere de nueva cuenta la intervención más comprometida y directa del Estado en los asuntos económicos. Es cierto que el estatismo de antaño tuvo sus errores. Pero no por ello se debe descartar como alternativa. Por el contrario se debe pensar en una alternativa que gire en torno al Estado que supere los errores del pasado. Un Estatismo moderno que sin coartar las libertades de los individuos y sin caer en corruptelas vuelva a ser, como lo fue durante 50 años base y fundamento del desarrollo nacional.