LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

Hilario Barcelata Chávez

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CRISIS DEL MONETARISMO. HACIA UN NUEVO PARADIGMA ECONÓMICO

5 de diciembre de 1998

¡Yo soy Garrik, cambiádme la receta...¡

Durante los años setentas se hizo presente en nuestro país un debate muy importante entre dos grandes proyectos políticos sustentados en paradigmas económicos distintos. Por un lado el Keynesiano (promovido por el propio gobierno) que sostenía un proyecto nacionalista, y, por el otro, el Monetarista promovido por el gran capital financiero y comercial, nacional y extranjero con un proyecto neoliberal.

El debate en parte era resultado de los agudos problemas de inflación, desempleo y pérdida del poder adquisitivo del ingreso que se hicieron presentes a lo largo de esta década en la economía mexicana. Pero también fue impulsada por la gran marejada mundial de proyectos económicos que se establecieron sustentados en el monetarismo. En Francia con Raymond Barre, en Inglaterra con Margaret Thactcher, en Estados Unidos con James Carter y en Chile con Augusto Pinochet. Desde luego, todo con el aval y el apoyo del Fondo Monetario Internacional.

Cuando en 1982 estalló la gran crisis económica en nuestro país provocada directamente por la caída de los precios del petróleo todavía el paradigma keynesiano sirvió como sustento para encarar los problemas coyunturales y proponer algunas soluciones de largo plazo. Sin embargo, el gobierno que sustentaba dicho paradigma llegaba a su fin y la entrega del poder a un nuevo gobierno a fines de ese año, significó, también la sustitución de dicho paradigma por otro.

El proyecto neoliberal, se inició, así, como una alternativa para resolver los problemas que enfrentaba el país, bajo la argumentación de que, para ello, sería necesario aplicar medidas “muy dolorosas”, que implicarían un “fuerte apretón al cinturón de los mexicanos”, pero que servirían para “garantizar la estabilidad y el crecimiento” y en el “futuro” una mejor situación para todos los mexicanos. Por desgracia para la mayoría de los mexicanos, no hubo nada de eso. El futuro ya llegó, el destino nos alcanzó y estamos peor que entonces.

Terribles consecuencias tuvo el susodicho proyecto. Baste decir que a los ochentas se le conoce como la década perdida por el nulo crecimiento económico, el deterioro del poder adquisitivo de los salarios, y enorme desempleo que se generó y el empobrecimiento generalizado en el país.

Nada obstaculizó la implementación del proyecto neoliberal. Se tomaron y se ejecutaron todas las decisiones que dictaba el paradigma:

a) Retiro del Estado de la actividad económica (reducción de las regulaciones y reprivatización de empresas públicas),

b) Equilibrio presupuestal recortando subsidios y programas de apoyo social; e incrementando impuestos indirectos,

c) Apertura comercial total;

d) Política monetaria “neutral”;

e) Eliminación de la política fiscal activa. Es decir, la no utilización de la expansión del gasto, las exenciones fiscales y los subsidios, o el déficit fiscal como mecanismos para impulsar el crecimiento y el mejoramiento en las condiciones de vida de la población;

f) Contracción salarial para evitar presiones inflacionarias por la vía de los costos y por la vía de la demanda,

g) Incorporación de las tierras ejidales al mercado capitalista, porque todo debía estar en el mercado y se debía abandonar el paternalismo.

El mito del libre mercado llevado a sus últimas consecuencias. La abdicación de las responsabilidades y compromisos del Estado como resultado de la gran reforma política e ideológica del mismo.

Durante los noventas tampoco ha habido éxito y para como van las cosas, también habrá de sumarse como otra década pérdida. Es decir, casi dos décadas completas, en que nuestro país no crece, no desarrolla y por el contrario, se empobrece.

Este año, el gobierno neoliberal, (no es peyorativo) para enfrentar la enésima crisis, justo para cumplir 15 años de haberse implementado, propone un programa económico, que se mantienen dentro de la ortodoxia monetarista, es decir, mas contracción económica, menos empleo, menos ingreso, mas pobreza. Y asegura que “el pueblo de México entenderá”, que “estas medidas son dolorosas, pero que son para asegurar un futuro mejor”. Mismo proyecto, misma promesa y seguramente mismos resultados que desde hace quince años. La realidad es terca y no se deja encamisar en los estrechos moldes de la teoría (¡qué imprudencia¡). Parece no entender que tiene que comportarse del modo que esperan los señores funcionarios del gobierno. Durante quince años, la realidad se ha declarado en rebeldía contra ese paradigma que ni la entiende, ni sirve para transformarla positivamente.

El futuro prometido también se ha rebelado. Volverá a llegar y será otra vez como este presente ¿será, acaso, que el futuro es otra cosa distinta a lo que todos creemos?

Nuestro país se parece hoy, a Garrik, el poético rey de los actores ingleses quien, ante la receta del médico para darle remedio a su mal, se quejara hondamente: ¡Cambiadme la receta¡

Claro en nuestro país, no sólo hay que cambiar la receta, también hay que cambiar al médico, a los enfermeros y si se puede, hasta de hospital.