LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

Hilario Barcelata Chávez

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CRECIMIENTO SIN DESARROLLO ECONÓMICO

1991

El programa de reajuste económico implementado por la administración salinista sigue dando resultados positivos. Al menos eso parecen indicar las cifras oficiales sobre el comportamiento de la economía mexicana publicadas recientemente por el Banco de México. Dicha institución informa que durante 1990 la economía tuvo un reconocimiento anual del 3.9%. Incremento superior del país. Todos los sectores económicos mostraron ese comportamiento positivo. La industria creció 5.4%, el sector agropecuario 3.4% y el de servicios 3.1%. Ello se debió fundamentalmente al incremento del 13.6 % de la inversión privada, un crecimiento del 5.2% del consumo privado y un avance del 12.8% en la formación bruta de capital fijo del sector público.

Sin embargo, la bonanza económica que muestran esas cifras no se ve reflejada en el mejoramiento del nivel de la vida de la población. Por el contrario, junto a este proceso de crecimiento económico se ha desarrollado un proceso paralelo del deterioro de los niveles de bienestar de la población. El crecimiento no se ha traducido en desarrollo económico. Es más, dicho crecimiento se ha dado a expensas de ese atraso en el desarrollo.

Por desgracia aún prevalece la idea (acuñada en la década de los cuarenta) de que crecimiento y distribución no se puede dar de manera paralela. Que primero hay que crecer para luego repartir. Bajo esa premisa, sin embargo, la población del país ha esperado durante más de cuarenta años la repartición de una riqueza que es innegable que se ha generado. Y la repartición no se ha dado. O se ha dado de manera muy marginal.

Es evidente que el acelerado proceso de acumulación de capital de los últimos años (que ha permitido el crecimiento económico de que hablo) ha sido posible gracias a una menor participación del trabajo en la distribución del ingreso y la riqueza. Y es obvio, ya que mientras precios, ganancias e inversiones empresariales se incrementan, el salario tiende a mostrar un retroceso sin precedentes históricos. Lo que es peor, en el afán de consolidar los procesos de acumulación y crecimiento se impide que los salarios tengan un incremento sustancial. Hoy que el poder de compra se encuentra tan deteriorado que no permite, en muchos casos, satisfacer adecuadamente las necesidades de gran parte de la población nacional. Justo es que si la economía se encamina por rumbos de crecimiento los trabajadores se vean beneficiados por este. Con mas razón habida cuenta de que son parte fundamental de dicho crecimiento. Ni un paso adelante se ha dado en este sentido. Pareciera que aún no es tiempo de empezar la repartición. Bien podría uno preguntar ¿ cuándo empezará ésta? Los beneficios de la libre competencia y el libre cambio sólo llegan a unos cuantos. Las bondades del capitalismo neoliberal (en las que muchos quisieran creer), no ha pasado de ser mera retórica. Demagogia para convencer a los incautos. Los resultados no dejan mentir. Por desgracia no sólo en este aspecto ha provocado efectos negativos el proyecto gubernamental. Tampoco en el ámbito estrictamente económico las cosas marchan tan bien como pareciera. Este proceso de crecimiento económico y la amplia apertura comercial han propiciado una sustancial elevación del monto de recursos financieros que fluyen hacia el exterior. Por ello, en 1990 la cuenta corriente de la balanza de pagos tuvo un déficit de 5,254 millones de dólares. Déficit que fue cubierto con recursos del exterior. Principalmente mediante deuda externa. Ello gracias a los bajos costos del crédito externo, y la recuperación de la imagen del país como un pagador confiable. El riesgo de volver a los esquemas de crecimiento con amplios niveles de endeudamiento es muy grande. Ante la falta de un sólido sector productor de bienes de capital y tecnología a nivel externo (y el desmantelamiento del que existía) los productores nacionales se ven en la necesidad de recurrir sistemáticamente al exterior para adquirirlos. La forma en que estos se adquieren en el exterior explica por qué los déficits se presentan en la cuenta corriente y no en la balanza comercial. Dichos bienes no se intercambian como mercancía sino como servicios que presentan industriales de otros países. Por ello la mayor fuente de erogaciones en la actualidad se concentran en los rubros de pagos de regalías y otros ligados al intercambio de tecnología. De ese modo, en la medida que hay una mayor demanda de tecnología o servicios ligados a su intercambio. Y en la medida en que la inversión extranjera directa ingresa al país (que es otra forma de adquirir tecnología) las erogaciones al exterior se hacen mayores. Como estos gastos no tienen una contrapartida, genera un déficit en la cuenta corriente que necesariamente debe ser compensado con un flujo de capitales del exterior vía endeudamiento (o más inversión extranjera). Con ello se cubre el déficit pero el país queda adeudado. Ello provocará que los recursos internos que se generen sean destinados en una mayor proporción al pago de deuda y no a la reinversión en proyectos productivos. Ello detiene el proceso de acumulación, de crecimiento y de desarrollo.

Todo esto es más preocupante si nos atenemos a las cifras que nos hablan de un muy posible déficit en la cuenta corriente para 1991 de 10,700 millones de dólares. Lo cual nos habla de la consolidación del esquema mencionado y de otra muy posible y próxima crisis del sector externo de la economía. Crisis que ha hecho involucrar a toda la economía. No sólo por el origen del problema sino también por las consecuencias que en ella generaría.

Urge, pues, un replanteamiento del rumbo económico. Los resultados fáciles resultan en problemas muy difíciles a la larga. Lo barato cuesta caro. Con el futuro del país no se debe especular. La consolidación de una planta productiva nacional que genere su propia tecnología no es un pensamiento utópico, es una necesidad imperante. El equilibrio externo es un punto de conflicto que debe salvarse. El desarrollo económico es un compromiso impostergable. El programa de reajuste requiere un ajuste.