LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

Hilario Barcelata Chávez

Volver al índice

 

 

 

 

CARTERAS VENCIDAS, BANCA PRIVADA O NACIONALIZADA

1995

La profunda crisis económica que vive nuestro país ha traído como consecuencia graves problemas de cartera vencida. Dos son los factores que explican este fenómeno que se presenta tanto en personas físicas como en empresas. El primero es el disparo de las tasas de interés y el segundo la caída de las ventas de las empresas que los ha dejado en imposibilidad de cumplir con sus compromisos.

Ante un problema de insolvencia generalizada los deudores se han organizado para evitar que la imposibilidad afecte a su patrimonio, sobre todo por el hecho de que consideren injusto que las deudas hayan crecido tanto que ahora no las puedan pagar.

El movimiento de El Barzón que se originó en el norte del país ha agrupado en toda la república a muchas personas en situación de insolvencia para presionar a los bancos a buscar opciones de solución. Ya aquí en Veracruz cientos de deudores se han unido. Incluso hace unos días estos deudores se entrevistaron con el presidente del Tribunal Superior de Justicia para demandarle su intervención a fin de evitar el abuso de los bancos que ante la insolvencia quieren cobrarse con los bienes de los deudores.

Sin duda es dramática la situación por la que pasan millones de compatriotas, de un momento a otro, negocios y patrimonios se vinieron abajo como producto de la crisis. Su lucha es muy legítima, pero sus demandas, hay que reconocerlo, carecen de fundamento legal.

Los bancos son instituciones financieras que se constituyen para hacer negocio, es decir, para tener ganancias. Una de las formas en que obtienen esas ganancias es a través de préstamos particulares o a empresas por lo cual cobran un determinado porcentaje de interés que no es otra cosa sino el precio que paga el deudor por poder disponer del dinero en el momento que lo solicita. Es lógico, que (como la situación en la que vivimos ahora) el precio que hay que pagar para disponer del dinero de los bancos es mayor. Es decir las tasas de interés suben. Y no les podemos pedir a los bancos que no cobren esta tasa de interés porque, entonces, no tendrían ganancias, que es la razón por la cual operan en el mercado. No hay nada de ilegal o abusivo en el caso. Actúan sólo de acuerdo a la ley y a los mecanismos de mercado, que ha establecido el gobierno.

Sin embargo esto no es justo, que alguien se haga millonario a costa de la pobreza y el patrimonio ajeno no es justo.

Por desgracia el actual modelo de desarrollo está basado en el permitir la total libertad del funcionamiento de los mercados. Lo cual significa que todas las leyes del mercado deben ser respetadas y la ley lo obliga. Pero no por ello deja de ser injusto.

Y es que ése es el principal problema de total libertad de los mercados. Pueden llevar a una aparente eficiencia económica, pero siempre cargada de una profunda justicia social. Porque la ley de los mercados no es ciega. Está hecha para permitir el uso óptimo de los recursos escasos y con ello propiciar la generación de ganancias. No está hecha para velar por las necesidades más apremiantes de la población.

El objetivo que perseguía el Estado al devolver la banca nacionalizada a la iniciativa privada era, precisamente hacer más eficiente el funcionamiento de los mercados de dinero y de bienes y de servicios. Se suponía que una visión más empresarial (de búsqueda de la ganancia) los bancos privados asignarían mejor los recursos cuyo uso sería más eficiente y productivo. Con el argumento de que el gobierno no era capaz de llevar a cabo esa tarea de esta manera. Mientras la banca estuvo en manos del estado se buscaba precisamente que propiciara el desarrollo a partir de la canalización de los recursos hacia las actividades necesarias o prioritarias, aunque no tuvieran que ver con la “eficiencia”. En manos del estado la banca podría optar entre proyectos de beneficio social o proyectos de beneficio monetario. Su tarea era, precisamente, apoyar esos proyectos de beneficio social, porque con ellos el Estado cumplía su objetivo de justicia social.

Una vez que los bancos pasan a manos de los empresarios privados el estado pierde un valioso instrumento para cumplir con el compromiso que tiene con la sociedad de justicia social.

Los bancos se privatizaron y en ese momento su orientación cambió. Ahora se orientan a buscar, no los mayores beneficios sociales, sino los mayores beneficios monetarios, una mayor redituabilidad económica. No les podemos reprochar ahora que se enriquezcan y hagan dinero. Para eso se privatizaron. Más bien a quien habría que reprocharle algo es al Estado, al gobierno por haber privatizado los bancos. Por haberlos puesto en manos de quienes sólo buscan un beneficio particular. Cosa que, por otro lado, es perfectamente legal y legítima.

Creo que si en este momento los bancos fueran del Estado podríamos exigirles una solución justa (desde el punto de vista social) a los problemas de la cartera vencida. Y estos bancos estarían obligados a darnos esa solución en cuanto a organismos orientados a propiciar la justicia social (insisto, si estuvieran nacionalizados) el Estado tendría el margen de maniobra más amplio para el manejo de los recursos monetarios y podría condonar o reducir deudas, alargar plazos, etcétera. Todo lo que piden los enfurecidos y angustiados deudores de la banca privada. Pero oh desgracia, los bancos ya no son del Estado y los empresarios privados (sus actuales dueños) no están dispuestos a compartir las pérdidas de sus deudores. Por lo cual, el mercado es perfectamente legal y legítimo.

El problema, ya vemos, es haber hecho legal y legítimo algo que va en contra de la justicia social. El permitir que unos si puedan hacer negocios y enriquecerse en grado extremo a costa de la pobreza de los demás es algo que el Estado no debe permitir. Y, sin embargo, el Estado Mexicano abrió las puertas de par en par a esta posibilidad, cuando reprivatizó los bancos.

Por desgracia muchos de los que ahora se angustian, lloran, se quejan y reprochan a los bancos su actividad “usurera” han votado en las pasadas tres elecciones presidenciales por los candidatos que implementaron este proyecto que hoy los ha llevado a la ruina. Han aplaudido las medidas liberalizadoras de los mercados que han hecho retroceder la capacidad del Estado, para propiciar la justicia social y con ello han anulado la existencia de justicia social en un país cuyas estructuras económicas y sociales aún no están preparadas para esa libertad de mercados.

Ya por último valga decir que toda esta situación de crisis no hubiera sucedido si la banca estuviera nacionalizada y los bancos se preocuparan por el bienestar social. Pues se hubiera impedido la devaluación y desde luego la fuga de capitales. Factores que, precisamente, son los que, en última instancia, han provocado la crisis de las carteras vencidas.

Como se ve, si hay opciones para la solución a los problemas nacionales que no dañen a los más perjudicados por la crisis. El problema radica, entonces, en a quién se quiere beneficiar al tomar una u otra decisión. Con quién es más fuerte el interés y el compromiso.