LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

Hilario Barcelata Chávez

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BLINDAJE FINANCIERO. ¿QUÉ PROTEGERÁ?

21 de junio de 1999

El gobierno mexicano anunció la semana pasada la implementación del Programa de Fortalecimiento Financiero 1999-2000, al que metafóricamente se le ha dado en llamar Blindaje Financiero, porque tiene como objetivo servir como un escudo protector contra la inestabilidad financiera que pudiera propiciar acontecimientos inesperados tanto en el ámbito interno como en el exterior. Se asume que este blindaje, servirá para evitar una crisis financiera el próximo año en que concluye su administración el actual gobierno federal, lo cual constituye una gran preocupación por las traumáticas experiencias de fin de sexenio pasadas.

El susodicho blindaje consiste primordialmente en la apertura de cuatro líneas de crédito que el gobierno de México logró con el Fondo Monetario Internacional (FMI), con el Banco Mundial (BM) con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y con el Eximbank de Estado Unidos. En su totalidad las cuatro líneas de crédito suman 23 mil 700 millones de dólares (mdd) cuyo fin sería, en caso de utilizarse, crear un clima de confianza a los inversionistas y reducir la vulnerabilidad de la economía ante una posible turbulencia financiera en el momento del cambio de gobierno. Hay que aclarar que no se trata de préstamos de que ya se esté disponiendo. Son créditos pactados y autorizados por las instituciones financieras internacionales y el Ejecutivo Federal (no así por la Legislatura de nuestro país, como marca la Ley), que sólo se utilizarán en caso de requerirse.

Desde luego, estos préstamos estarán acompañados de un conjunto de medidas de política económica, como el equilibrio de las finanzas públicas, un régimen de flotación cambiaria y un nivel sostenible y financiable en el déficit de la cuenta corriente de la Balanza de Pagos. Es decir, que se mantendrá vigente el esquema de política económica que se ha manejado durante lo que va de este sexenio (y que se maneja desde por lo menos el año de 1988). Política económica que en el afán de crear condiciones de estabilidad ha generado daños muy serios a la planta productiva nacional y al nivel de bienestar de la población.

La compatibilidad de ambas medidas (créditos contingentes y política económica de ajuste) para crear el susodicho blindaje financiero, reafirma la práctica de afrontar los problemas económicos del país con una marcada visión de corto plazo, pues la protección que otorga el programa es de estricto carácter coyuntural. De hecho parte de los créditos concedidos tienen un plazo de vigencia para ser utilizados (17 meses).

En el mejor de los casos, es posible que el blindaje cumpla con sus objetivos. A fin de cuentas lo que se hará en caso de requerirlo, es recibir el préstamo y utilizar los dólares en el momento en que lo demande el mercado de cambios. A eso se reduce el famoso blindaje, a tener el suficiente efectivo en dólares, en caso de que la demanda de divisas excediera su oferta y ello amenace la estabilidad cambiaria del país y propicie desconfianza en los inversionistas. Con el blindaje, pues, se resuelve un problema de caja, de liquidez, nada más. Desde luego es un programa pensado y dirigido para privilegiar al capital financiero, a costa de comprometer el tipo de cambio, la posición deudora y las mismas reservas internacionales de divisas del país. Es decir, el blindaje es una protección para que si la especulación se desata el próximo año en nuestro país, esté garantizado que se especule libremente y sin remordimientos de conciencia, el gobierno pone las fichas, la casa estará abierta las 24 horas. Distinto sería evitar que los especuladores (ahora ya no es peyorativo en el lenguaje nacional) pongan en riesgo la estabilidad del país cada vez que decidan incrementar sus ganancias. Distinto sería crear las bases para dejar de ser una economía-casino.

El problema es ese. México ha carecido de políticas que fortalezcan su economía de un modo que su resistencia a las turbulencias inesperadas esté dada, de manera natural por su fortaleza productiva. Por el contrario se ha confiado el crecimiento del país al crecimiento del sector financiero, integrado a los flujos internacionales de capital y eso no da fortaleza, por el contrario, es la fuente de todas las crisis económicas que hemos vivido en esta década. Así, pues, el blindaje económico no tiene alcances para resolver las causas de la inestabilidad, sólo servirá para reducir sus efectos.

En este sexenio se agotó ya la posibilidad de ver solucionados los problemas estructurales que causan la inestabilidad y de ver implementadas las políticas que permitan crear fortalezas duraderas para evitar realmente que las turbulencias financieras se conviertan en tragedias nacionales y que llevan ciertos sectores a glorificar un blindaje de fin de sexenio.

Los cambios, si los hay, vendrán en el próximo siglo. Amén.