UNA TEORÍA DEL DESARROLLO ¿PARA CONSTRUIR EL FUTURO

UNA TEORÍA DEL DESARROLLO ¿PARA CONSTRUIR EL FUTURO

Ángel Blas Yanes
María del Carmen Rojas Alfaro

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 II. ¿Que logré? Hijos...

"En realidad nada...bueno, tuve hijos y casa pero nada más".

Tere.

Uno de los aspectos que da mayor seguridad emocional y que refuerza una buena autoestima es el sabor del éxito, el cual se da cuando se alcanzan las metas trazadas. Por el contrario, el fracaso produce sentimientos negativos, los cuales se manifiestan en conductas negativas para sí mismo y para otros, esto a su vez refuerza, aún más, los sentimientos de desvalorización y desencanto.

Otro aspecto debilitante en la vida de una persona es no saber hacia dónde va, por lo que las posibilidades de desenvolverse exitosamente se ven notablemente disminuidas, provocando sentimientos de despersonalización cuando se está en función de las necesidades de otras personas.

En el cuadro 2 tenemos las respuestas dadas a la pregunta sobre los logros obtenidos por las mujeres en estudio.

Nota: en el cuadro las cifras menores a 1% se señalan con un punto.

Indudablemente, todas las personas se trazan metas para alcanzar, pequeñas o grandes; de corto, mediano o largo alcance, aún cuando concientemente no se considere así. Sin embargo, éstas no siempre son alcanzadas y no siempre se es constante en el esfuerzo por lograrlas, lo que determina que se llegue a ellas o no.

Las metas, objetivos, deseos, aspiraciones, constituyen en la vida de las personas puntos de llegada. El logro de ellas constituye el éxito y el no cumplirlas es el fracaso. Dicho de otra manera, para alcanzar el éxito es indispensable que existan metas definidas.

También, es absolutamente indispensable que exista un proceso de planificación: de los recursos por emplear, del tiempo, del método, etc. El éxito es, pues, un punto de llegada por medio de la planificación de los actos. Es un proceso consciente. Podemos decir que hay disposición para el éxito en cada una de las personas pero que en el hogar, por el sistema de crianza, hay una transformación que conlleva la disposición al fracaso.

Los logros definen, visto desde el campo de las aspiraciones, la satisfacción personal por el esfuerzo realizado. Sólo cuatro de cada cien mujeres consideran como un logro haber realizado estudios. Estos son, generalmente, de nivel secundario y sólo en dos casos estudios universitarios o para-universitarios.

212 mujeres tienen como un logro en su vida tener o haber tenido hijos; es la cifra más alta. De las 442 mujeres que participaron en el estudio sólo una no era madre de familia. Sin embargo, sólo 8 de cada 100 ven como un logro el serlo. Hemos separado estos dos conjuntos puesto que el énfasis se ubica en dos puntos distintos; en uno (tener hijos) el acento se pone en el producto, mientras que en el otro (ser madre) en quien lo produce. Este último incluye las que consideraron como un logro el ser "buena madre".

28 mujeres (5%) señalan entre sus logros el tener trabajo. 39 (7%) las hemos clasificado como indefinidas pues sus logros son "desenvolverse", "cambiar", etc.

Mención aparte merece el grupo de las que contestan que no han tenido logros en la vida. Son 64 mujeres (12%) y agregamos aquí las 11 que no contestan para totalizar 75 (14%). En este conjunto la frustración, la irrealización y el fracaso son las características dominantes.

En general, en el cumplimiento de metas, los logros son muy escasos o nulos en las mujeres, esto produce en ellas sentimientos de frustración y enojo.

Uno de los mayores problemas es el sentimiento de inadecuación que se ha generado: Por un lado lo que más deseaban era estudiar y tener un buen trabajo (para mejorar sus condiciones de vida y realizarse) y por otro lado lo que lograron -según ellas- fue tener hijos, aún cuando un 80% de las mujeres no señaló esto como una meta. Es de esperar que los sentimientos de frustración, enojo e inadecuación (por falta de aceptación de las decisiones tomadas) se presenten en este grupo de mujeres.

Uno de los aspectos sociales que se refuerzan como algo noble es criar hijos, esto se vuelve un deber en las mujeres para sentirse completas y aprobadas. Por otro lado se desvaloriza el papel de la mujer como trabajadora, si ésta ocupa tiempo para atender a los hijos, pero que permite cierto grado de realización personal. Aquí se evidencia una seria disputa entre el deber ser y lo que se quiere ser, lo que provoca sentimientos de frustración y culpa.

En la condición de ellas se da una renuncia de una actividad por la otra, dejando un sentimiento de ruptura personal de las aspiraciones. Esta situación produce conflicto interno, el cual, al no ser resuelto, se canaliza en los vínculos más cercanos con conductas agresivas, abandónicas, así como hacia ellas mismas.