UNA TEORÍA DEL DESARROLLO ¿PARA CONSTRUIR EL FUTURO

UNA TEORÍA DEL DESARROLLO ¿PARA CONSTRUIR EL FUTURO

Ángel Blas Yanes
María del Carmen Rojas Alfaro

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INTRODUCCIÓN GENERAL

Constatar que en materia de Desarrollo hemos avanzado muy poco en la historia es uno de los hallazgos más importantes del trabajo que hemos realizado y ahora exponemos. Otros dos de enorme importancia, son el encontrar vacío de contenido al concepto, cuya versión más elaborada es la propuesta por el Fondo de Naciones Unidas para el Desarrollo (UNDP o PNUD), y encontrar que la teoría actualmente dominante está patas arriba.

225 años después de publicada La Riqueza de las Naciones, la teoría económica dominante en relación con el Desarrollo es afluente, manantial, cauce y desembocadura de la teoría de Adam Smith.

El nivel o grado de Desarrollo de la humanidad no ha permitido a la humanidad remontar esa teoría dominante y construir un nuevo y distinto cauce para alcanzar otros niveles, más satisfactorios socialmente, de Desarrollo.

Casi 200 años después de publicada la obra fundamental de David Ricardo la teoría más avanzada del Desarrollo constituye apenas una vuelta a los principios elaborados por él.

Esa es la realidad. Y si no sabemos qué es el Desarrollo, cómo se logra y cómo se mide, mucho menos sabremos cómo impulsar a la humanidad hacia nuevos y distintos rumbos, mecanismos, instrumentos y medios para alcanzarlo. De eso trata éste libro.

En 1775 Adam Smith publicó su obra Investigación de la Naturaleza y Causas de la Riqueza de las Naciones. En el Libro I, capítulo V, Del precio real y nominal de toda mercadería o del precio en trabajo y precio en moneda, dice lo siguiente:

“Todo hombre es rico o pobre según el grado en que pueda gozar por sí de las cosas necesarias, útiles y deleitables para la vida humana, y una vez introducida en el mundo la división del trabajo es muy pequeña parte la que de ellas puede obtener con sólo el trabajo propio.

La mayor porción, incomparablemente, tiene que granjearla y suplirla el trabajo ajeno, por lo cual será pobre o rico a medida de la cantidad de trabajo ajeno que él pueda tener a su disposición o adquirir, y, por lo mismo, el valor de una mercadería con respecto a la persona que la posee, y que no ha de usarla, o no puede consumirla sin cambiarla por otras mercaderías, es igual a la cantidad de trabajo ajeno que con ella quede habilitado a granjear.” (El subrayado es nuestro)

En el Libro IV, De los Sistemas de Economía Política, expone lo que a continuación consideramos relevante para nuestro propósito:

“Que la riqueza consiste en la moneda o en el oro y la plata, es una idea popular que ha concebido el vulgo por las dos distintas funciones que el dinero ejerce, la de instrumento común del comercio y la de ser medida de los valores...

De un hombre rico solemos decir que tiene mucho dinero, y de un pobre que tiene poco...

El enriquecerse y juntar moneda, la riqueza y el dinero, se tienen en el lenguaje vulgar por dos términos sinónimos por todos respectos.

Un país, del mismo modo que un hombre, se pone generalmente rico cuando abunda en moneda, y el atesorar oro y plata se considera el camino más corto y seguro de enriquecerse.”

En 1817 David Ricardo publicó su obra Principios de Economía Política y Tributación. Refiriéndose al primer párrafo de la obra de Smith que hemos citado, deduce que:

“En consecuencia, la riqueza difiere esencialmente del valor, ya que éste depende no de la abundancia sino de la facilidad o dificultad de la producción”.

Ricardo señala que la diferencia entre valor y riqueza, que según él no reconoce Smith, estriba en que el primero “depende de la facilidad o dificultad de la producción” mientras que la segunda “depende de la abundancia”.

Con su obra, Smith heredó a la humanidad conocimiento, hasta el nivel en que esta y aquel se encontraban en ese momento y un motivo para ejecutar las posibles grandes transformaciones que alguien imaginara.

Desde nuestra perspectiva, aún cuando la visión de Smith fuera corregida por Ricardo, la diferenciación ricardiana agregó más luz al conocimiento humano y abrió una ventana por la cual ampliar el horizonte y el campo de lucha.

Sin embargo, es precisamente el nivel de Desarrollo en que la humanidad se encontraba el que, precisamente, detuvo el Desarrollo y esa misma causa la que aún hoy no nos deja potenciar ni nuestras habilidades, ni nuestras capacidades, ni nuestros logros.

La herencia smithsoniana y ricardiana ha impregnado la tradición económica hasta convertirla en dogma. Permea tanto el pensamiento como la práctica, no sólo de sus acólitos declarados sino también de los apóstatas y muchos de sus combatientes.

A partir de ellos, en su corriente y en algunos casos creyéndose fuera de ella o contracorriente, el futuro de los pueblos se ha planteado en función del reparto de la riqueza, asunto este que es absolutamente necesario pero que es, a todas luces, insuficiente para alcanzar el Desarrollo.

Los países han sido divididos en ricos y pobres; las sociedades han sido consideradas como ricas o pobres; los grupos, familias o individuos, también, atendiendo a la mayor o menor cantidad de “bienes” de que disponen, poseen o son propietarios.

Y la disponibilidad, uso o disfrute de ello, el rasero con que se mide la pobreza o la riqueza. Los ricos son los que son propietarios, mayormente disponen, usan o disfrutan de la riqueza y los pobres los que escasamente disponen, usan, disfrutan o no son propietarios de esas riquezas.

Se hicieron prácticamente sinónimos el crecimiento y el desarrollo, y sus contrarios.

Los ricos se volvieron modelo para los pobres, meta a alcanzar, objetivo por perseguir y finalidad de lucha en lo económico, en lo político y en lo ideológico. Los pobres, como corolario de esa visión, son el contra-modelo.

La pobreza es considerada como un lugar social, una situación, una condición no deseada, no querida; un modelo repulsivo y el pobre un cliente y un motivo para la caridad de los ricos, así se ganan indulgencias.

Así, las sociedades se enfrentaron y el enfrentamiento se volvió una posibilidad de acción, un trabajo social, mientras la riqueza se sigue acumulando y acumulando y acumulando... en manos de los “ricos”.

La pobreza y los pobres ocuparon el lugar central en el discurso de los ricos y de sus fieles, son un espacio social de conquista, un programa y un caza-votos para los gobiernos y sus pretendientes.

La medida de la riqueza de los ricos se transformó en la meta por alcanzar para los pobres... para ser ricos. Digámoslo un poco más técnicamente: el indicador de la riqueza de los ricos (países, grupos, familias, individuos) es, aún, la meta a lograr por los (países, grupos, familias, individuos) pobres. El Estado, en la realidad, se coloca de parte de los ricos, pero dice que lucha por los pobres, engañándolos.

Para administrar la riqueza a favor de los ricos, surgió el Estado (algunos ingenuos lo llaman “benefactor”) “por encima de las clases”. La democracia, nos dicen, se reduce al crecimiento económico y a la equidad, castrando el concepto.

“El crecimiento es necesario para la equidad”, se nos dijo, dulcificando el oído, pero asegurando la desigualdad, en todos sus niveles.

“El Estado redistribuye la riqueza”, se nos aseguró mentirosamente, pero la historia ha demostrado que ese Estado, y sus administradores son los centinelas, los operarios, los aseguradores y reproductores de la situación injusta, a nivel nacional e internacional.

Se metamorfoseó el concepto de crecimiento por el de desarrollo y se lo adornó con muletillas de “económico”, “socioeconómico”, “económico y social”, para hacernos, a todos, de su causa y de su cauce.

El Desarrollo se dejó de lado y se luchó, y se lucha, por el aumento de la riqueza, de la abundancia según David Ricardo. Mientras eso sucede en la práctica, se nos envía el mensaje, mentiroso, de que se lucha por los pobres y por erradicar la pobreza.

Lo relacionado con los pobres y la pobreza se constituyó en “lo social” y así se castró, también, el concepto de social. Con él discriminamos a los pobres.

Lo social es todo aquel campo de acción, de las relaciones interpersonales pertinentes y atinentes a la constitución de la sociedad. Una parte de eso social es lo económico, otra es lo político, etc. La castración del concepto lleva a plantear y actuar en espacios muy reducidos del todo social en función del aseguramiento del dominio del capital en la realidad y de la economía en el pensamiento.

Así, hablamos de “política social”, “políticas estatales de combate o reducción de la pobreza”, etc. para referirnos a programas o proyectos que tienen que ver con los pobres o con la pobreza, solamente, cuando en la realidad al Estado compete el Desarrollo del todo social y no, disociados, por un lado “política económica” y, por otro, “política social”.

En la generalidad de los casos “lo social” refiere a los pobres y “lo económico” a “los sectores productivos”, es decir al capital. Discriminatorio. La iglesia, por ejemplo, ruega por los pobres pero invierte con los ricos.

La solidaridad, como sucedió con el concepto de Desarrollo, se transformó en la limosna para los pobres, en el acto de caridad de los ricos hacia los pobres, también fue mutilada de su amplio contenido humano, fue convertida en elemento discriminatorio.

Asistimos, por otra parte, a una vulgarización del concepto de Desarrollo hasta llevarlo a extremos tales que se lo emplea casi para cualquier cosa: en el ámbito de la construcción se llama “desarrolladores” a los constructores, maestros de obra o empresarios que ejecutan una obra, construyen un conjunto habitacional, un edificio, etc. Según esa denominación, desarrollo es sinónimo de construcción. En el ámbito del turismo se llama “desarrolladores” a los empresarios de esa rama, según esta denominación, “desarrollo” es sinónimo de construcción de edificios o lugares específicos para turistas. En el ámbito de la salud se llama “desarrollo” al tránsito de la niñez a la adolescencia y en algunos lugares se dice que una niña “ya desarrolló” cuando le vino su primera menstruación. Según esta denominación, el “desarrollo” se produce por la llegada de la menstruación. En el ámbito de la informática se llama “desarrolladores” a las personas que elaboran aplicaciones específicas para resolver necesidades particulares de personas, sistemas o empresas. Según esta denominación “desarrollo” es elaborar algo nuevo, apéndice o no de algo existente.

Y la humanidad entera bebió de ese manantial que la enajenó de sí misma. Les creímos: “el crecimiento trae desarrollo”, como por milagro y, con fe, hemos esperado que ese milagro se dé. Mientras, hubo crecimiento, hay crecimiento, pero no Desarrollo. Y ese crecimiento generó más y más riqueza y ensanchó más y más la brecha, entre personas, entre grupos, entre regiones y entre países. Todavía se ensancha... todavía esperamos el milagro.

La primera teoría acerca del desarrollo es, entonces, aquella que igualó ambos conceptos, la llamada teoría económica del desarrollo. Es, sin apartarse un ápice, lo que sostiene Smith, el valor creado por el trabajo del trabajador es igual al producto de su trabajo en tanto que objeto de disfrute. El desarrollo de la humanidad, según ella, es igual a la riqueza de que dispone, usa, disfruta o es propietaria. Por tanto, la consigna es producir más y más cosas para que, con ellas y por ellas, el ser humano se “desarrolle”. Esta teoría niega lo humano del ser humano al ser humano. ¿Acaso hay algo más violento?

Las pugnas por “humanizar” el concepto llevaron a la construcción de la segunda teoría del desarrollo existente. Esta, la del capital humano, diferencia entre trabajo muerto y trabajo vivo. La riqueza, la misma de la que habla la primera teoría es trabajo muerto mientras el ser humano es trabajo vivo, por tanto, fuente de valor y creador de riqueza. Si nos fijamos bien, esta teoría se ubica exactamente en el punto donde David Ricardo corrige a Smith.

Según esta teoría si lo mantenemos bien de salud y lo “educamos”, el trabajo vivo nos dará más posibilidades de crear valor y producir riqueza. La persona, el ser humano, pasó, en consecuencia, a ocupar un lugar importante en la teoría pero única y exclusivamente como un elemento necesario, de segundo orden, para el capital, de primer orden. El ser humano es importante porque es el que, con su trabajo creador de valor, produce la riqueza de que disfruta la sociedad en su conjunto.

La tercera teoría, la del desarrollo sostenible, al igual que la segunda deriva de la primera pero ninguna de estas dos últimas se separa del fundamento de aquella. Mantienen su raíz en el crecimiento económico –principio y fin- como el elemento sustancial de la vida humana y el reparto de la riqueza como el “desarrollo”.

Las tres teorías sostienen (¿o solamente suponen?) que la sociedad disfruta de una riqueza (que es producida por el “trabajo productivo”, el asalariado) que reparte un ente superior a todos (que es el Estado), lo cual es falso.

La tercera teoría agrega un elemento novedoso a la segunda, la sostenibilidad entendida como que la sociedad debe preservar la naturaleza para que las generaciones futuras dispongan de ella como riqueza para su disfrute.

Nuestra Teoría del Desarrollo, por el contrario, parte del ser humano y finaliza en él. Lo involucra en todas las actividades, como gestor, hacedor y beneficiario del Desarrollo. No es posible entender la economía ni la política ni la ideología sin participación del ser humano. No es posible entender la vida sin el ser humano. Tanto la economía como la política y la ideología son producto de las relaciones que el ser humano establece con otros seres humanos. La sostenibilidad del Desarrollo se ubica precisamente en el ser humano.

Con nuestro trabajo dotamos de contenido al concepto, vaciado de él, que ha dominado el conocimiento y la acción; y ponemos sobre sus pies, como corresponde, al concepto de Desarrollo. Sin falsa modestia podemos afirmar que esta visión del Desarrollo constituye un paso importante para alcanzarlo. El resto es acción.

Aún nos falta avanzar en la medición, pero ya tenemos el punto de partida.

Para construir nuestra teoría partimos en dos espacios: el primero, la práctica, fue trabajar directamente con seres humanos; con ellos y por ellos nos metimos en los vericuetos más íntimos de su pasado, su presente y su futuro. En muchos casos fue sumamente doloroso pero enriquecedor, tanto para ellas y ellos, como para nosotros.

El segundo, el teórico, consistió en la búsqueda de las fuentes por las cuales se ha construido el concepto de desarrollo; navegamos por sus corrientes, discutimos en su cauce hasta integrar nuestra propia visión.

Los resultados de ambas partes son los que nos conducen a la construcción de nuestra teoría. Todos los de la primera fueron expuestos, analizados y discutidos, con todas las personas participantes en ella. Los de la segunda han sido expuestos, analizados y discutidos en distintos foros.

El libro contiene los resultados más relevantes para la construcción de la Teoría del Desarrollo (capítulo VI), los cuales hemos dividido en las dos vertientes. La parte teórica se contiene en los capítulos I, acerca del concepto de Desarrollo, y II, acerca de los Indicadores del Desarrollo. Los capítulos III, que titulamos Construyamos la Paz en todos los Hogares del Mundo; IV, Con las Alas Rotas...; y V, Fue así como el Verbo se hizo Hombre... contienen en conjunto la parte práctica.

El libro está estructurado de manera que se puede ir del concepto a los resultados obtenidos en las personas, leyéndolo consecutivamente del capítulo uno al quinto. Se puede leer solo el capítulo sexto dejando de lado la manera como se construyó la teoría. O se puede leer, independientemente, cada capítulo por separado.

La manera como está estructurado el libro en su totalidad permite que éste se pueda utilizar para revisar, cada uno de nosotros, nuestro pasado, nuestro presente y visualizar, definir y actuar para construir nuestro futuro.

Modestamente, creemos que ahora ya podemos ver claramente hacia dónde enfocar los esfuerzos en pos del Desarrollo, diseñar y ejecutar estrategias y tácticas para alcanzarlo, incrementar la participación ciudadana en todos los niveles y evaluar, correctamente, los resultados.

A partir de ahora ya no hay excusas para no transformar al ser humano en sujeto de su propia historia.

Nuestro sueño, nuestro fin, nuestro objetivo y nuestra meta ha sido, es y será contribuir en la construcción de un mundo en paz, solidario, equitativo, en el cual el ser humano sea realmente el principio y el fin de su propia historia, de su propio Desarrollo.

Conviene señalar que los dos primeros capítulos fueron escritos por Ángel Blas y son de su responsabilidad exclusiva, mientras los cuatro restantes fueron escritos conjuntamente por los dos autores y son responsabilidad de ambos.

Queremos agradecer infinitamente a todas aquellas personas por cuyo concurso este trabajo pudo ser.

Heredia, Costa Rica, 2 de octubre del 2005