UNA TEORÍA DEL DESARROLLO ¿PARA CONSTRUIR EL FUTURO

UNA TEORÍA DEL DESARROLLO ¿PARA CONSTRUIR EL FUTURO

Ángel Blas Yanes
María del Carmen Rojas Alfaro

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EL PROYECTO DE VIDA

Hablar de un proyecto es hacer referencia a la definición de objetivos y/o metas claras. Es responder cuando menos a un qué, a un por qué y a un para qué. Implica planificar las acciones por ejecutar para alcanzar el o los objetivos tomando en cuenta los recursos, de distinto tipo, con que se cuenta o se puede contar. Es, en suma, un proceso conciente.

Cuando una pareja formada por un hombre y una mujer decide formar un hogar debe planificar su futuro, las formas de organización para alcanzar las metas y objetivos que se trace. En adelante ambos serán responsables de todas las cosas que sucedan en el hogar.

Permítasenos una digresión. En este punto queremos establecer la diferencia entre responsabilizar y culpabilizar. Por el primer término entendemos el hecho de que cada una de las personas asume su vida y las consecuencias de sus actos de manera conciente permitiéndole reconocer las dificultades, errores y aciertos para hacer los cambios que considere convenientes para sí y en relación con los vínculos establecidos (promueve la autonomía). La responsabilidad comienza y termina en un sentimiento positivo. Por el segundo entendemos la actitud de las personas de buscar fuera de sí mismas la responsabilidad que les corresponda en cualquier decisión tomada y sus consecuencias (promueve la dependencia). La culpabilización comienza y termina en un sentimiento negativo.

No hacer esta diferenciación genera graves dificultades para elaborar las transformaciones pertinentes y necesarias, para alcanzar niveles de Desarrollo personal y colectivo cada vez más altos y produce niveles muy bajos de tolerancia; afecta la llamada inteligencia emocional, fortalece la dependencia y debilita la potenciación de las habilidades y aptitudes personales.

Históricamente, las relaciones sociales han impuesto una manera desequilibrada y denigrante de organización familiar: la mujer hace los oficios domésticos, el hombre "trabaja" para aportar el sustento, la base económica de la subsistencia. Se dice, por ello, que la mujer "no trabaja".

Hacemos la diferencia entre "trabajo" y trabajo para señalar, con el primero, la concepción de éste como aquel que es remunerado; es decir, "trabajo" sería entonces el que ejecutan solamente aquellas personas que por su esfuerzo perciben un salario. Esta concepción, errónea, no considera como trabajo el que no genera salario. Esta visión denigra el trabajo que ejecuta la mujer en el hogar, reduciéndolo al término oficios domésticos. La manera como se ha venido funcionando es realmente disfuncional para los miembros de la sociedad y para ella en su conjunto. Esta ha llegado a verse como si fuera la manera natural de organización. En otras palabras: lo disfuncional se ha convertido en funcional. Así, se establece una diferencia de corte axiológico, pero profundamente dañina en lo psicológico, pues reduce, infravalora, denigra el papel de la mujer en relación con el hombre. Esto tiene que ver con la servidumbre de ella hacia él, con todas sus consecuencias.

Lo anteriormente señalado revela cómo la organización familiar contiene ya en su interior una concepción de la sociedad que disminuye el valor, la estima de la mujer respecto del hombre pero que también reduce el rol del hombre en el hogar al de proveedor económico, sobreestimando esta función y castrando las posibilidades que tiene el hombre, tanto como la mujer, de ser considerados y desenvolverse integralmente; es decir, la diferenciación de género no limita el que ambos tengan sentimientos, pensamientos, actitudes diferentes pero convergentes hacia el Desarrollo.

Es aquí donde debemos señalar que no es la escuela el nicho donde se resuelve la cuestión. Cuando el niño o niña llega a la escuela ya trae, en su interior, elementos que le han proporcionado una formación inicial, generalmente en el ámbito de la violencia y resolución de conflictos, la cual se refuerza en la cotidianeidad, tanto en el hogar como en la escuela, y que no necesariamente se modifica por el hecho de que la escuela proporciona contenidos que pretendan reducir o eliminar conductas violentas o hacer proyectos de vida. Ese germen ha sido ya inculcado y sólo podrá ser eliminado si se transforma el medio conjuntamente con las modificaciones al interior de cada persona.

Volviendo a nuestra exposición inicial, entre las cosas que se deben planificar por parte de la pareja se encuentra el nacimiento de los hijos, el número de ellos y el espaciamiento de los embarazos cuidando la salud de ambos.

Al planificar la reproducción, necesariamente, se elaborará ya un principio del proyecto de familia y habrá un proyecto definido para los hijos y la pareja. Así, se tendrá claro hacia dónde se van a conducir los hijos y la forma de lograrlo, además de la realización personal de cada miembro y del conjunto como una totalidad.

Cuando la pareja no elabora ese proyecto de familia queda sin un rumbo definido, claro y preciso. Los hijos nacen sin ser planificados, lo cual afecta, en primera instancia, la salud de la mujer y se alteran los trazos de proyecto que probablemente algún miembro de la pareja, o ambos, hubieran tenido.

No tener un proyecto de vida para los hijos es la primera manifestación de violencia contra ellos. Y es que en una sociedad sin proyecto de Desarrollo no podría esperarse que los integrantes de ella lo tuvieran.

Motivados por las condiciones en que se desenvuelven las mujeres y por las implicaciones que tiene, en sus vidas, la existencia o no de un proyecto de vida, decidimos estudiar el tema en un grupo de mujeres costarricenses.