LA ECONOMÍA MEXICANA FRENTE A LA GLOBALIZACIÓN DEL PROTECCIONISMO AL LIBRE MERCADO

LA ECONOMÍA MEXICANA FRENTE A LA GLOBALIZACIÓN DEL PROTECCIONISMO AL LIBRE MERCADO

Hilario Barcelata Chávez

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TLC Y MIGRACIÓN DE MANO DE OBRA

Abril, 1993

Un aspecto muy importante para la economía de nuestro país no fue considerado en los acuerdos del Tratado de Libre Comercio (TLC): el movimiento migratorio de la fuerza de trabajo. Por razones que no han quedado expresamente claras, el gobierno de México no incluyó en la agenda de las negociaciones este importantísimo fenómeno, que por su amplitud, su antigüedad y su problemática merecía haber sido considerado como vital en las negociaciones.

El flujo migratorio de trabajadores de México hacia Estados Unidos ha sido uno de los problemas de mayor relevancia en los últimos años. Sobre todo en virtud de la incapacidad de la economía mexicana de poder generar suficientes fuentes de trabajo y bien remuneradas para millones de mexicanos.

La emigración a Estados Unidos ha sido el último recurso para muchos mexicanos ante la difícil situación de desempleo que ha vivido el país desde hace ya, por lo menos, dos décadas. Mexicanos que, en su mayoría, de manera ilegal cruzan la frontera esperando encontrar trabajo en el vecino país.

Es innegable que, hasta el momento, la economía norteamericana ha mostrado una suficiente capacidad para absorber el flujo de inmigrantes ya sea de manera legal o ilegalmente. Y también es cierto que, en virtud de la manera clandestina en la cual llegan los mexicanos, se vuelven víctimas de un sistema de contratación que no respeta condiciones adecuadas de trabajo ni de remuneración. Aunque otros problemas vienen aunados a éste, como es el de la violencia ejercida contra quienes son descubiertos cruzando ilegalmente la frontera o ya en territorio extranjero. Muerte, explotación y abusos son elementos propios de la cotidianidad de los flujos migratorios de los mexicanos. Y sin embargo, el TLC no hizo nada para cambiar esta situación. Por el contrario, a partir de este año en que entró en vigor dicho tratado el gobierno norteamericano puso en práctica medidas de reforzamiento de vigilancia de la frontera y en general aplica una política migratoria más agresiva. Hecho este, que contrasta con el discurso oficial de una mejor vecindad propia de vecinos y socios comerciales.

Tal es la situación que priva en este renglón que incluso el intento por cruzar la frontera legalmente o arribar a algún punto de los Estados Unidos proveniente de México, puede convertirse en una experiencia traumática. En general el mexicano, aún con sus papeles en regla y aún demostrando que tienen medios económicos y hasta boleto de regreso, es tratado como sospechoso al momento de llegar a algún punto migratorio. Como si todos los mexicanos estuviéramos anhelantes de quedarnos a vivir en Estados Unidos. Hecho que es, por demás, humillante y vergonzoso.

Si existe una voluntad manifiesta entre México, Estados Unidos y Canadá por formar una comunidad económica lo más lógico y prudente es que exista un acuerdo que permita el libre flujo del factor trabajo y la mayor de las facilidades para quienes crucen fronteras ya sea por placer o por negocios.

El ejemplo más claro de como debe ser tratado esto nos lo da la Comunidad Económica Europea que hace mucho tiempo que dejó atrás estos problemas, los que, por cierto, no están exentos de racismo.

He tenido la oportunidad de comprobar como en países como Alemania o Francia el cruce fronterizo es tan sencillo como el trámite de entregar un boleto en la taquilla del cine. Y en ocasiones puede ser que ni el pasaporte ni la visa sean solicitadas (aunque sería una tontería viajar sin ambos).

No está alejado de la realidad pensar que el acuerdo migratorio no se dio debido a una oposición tajante de Estados Unidos por negociar este tema que podría haber causado un impacto negativo en el sector laboral del vecino país. En virtud de los empleos que, se puede pensar, los mexicanos quitarían a los norteamericanos. Lo cierto es que de todos modos la migración ilegal se da y la contratación ilegal también toma lugar.

Si de verdad se aspira a formar un bloque comercial fuerte y duradero no puede seguir dejándose de lado esta cuestión. Es necesario que este aspecto sea incluido en los acuerdos y exista un libre flujo de mano de obra. Al tiempo que el flujo de turistas y negociantes se vuelva más expedito y quede exento de obstáculos que manifiestan tintes de racismo inexcusable a estas alturas.

El gobierno mexicano debe centrar su atención a este problema ya que la migración de fuerza de trabajo ha funcionado durante muchos años como válvula de escape para la crisis económica. Cerrarla sería clausurar las posibilidades de subsistencia de muchos mexicanos. Pero abrirla, a través de un acuerdo internacional, sería realmente, darle un sentido más benéfico para toda la sociedad al TLC.