LA ECONOMÍA MEXICANA FRENTE A LA GLOBALIZACIÓN DEL PROTECCIONISMO AL LIBRE MERCADO

LA ECONOMÍA MEXICANA FRENTE A LA GLOBALIZACIÓN DEL PROTECCIONISMO AL LIBRE MERCADO

Hilario Barcelata Chávez

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TLC: OPORTUNIDADES PERDIDAS DE LOS MEXICANOS

Abril, 1993

Aun antes de que se firme en definitiva el Tratado de libre comercio (TLC) la planta productiva nacional ya sufre las consecuencias de la competencia extranjera. Esto debido principalmente al proceso de apertura comercial que inició el gobierno mexicano aun antes de que dicho tratado empezara a negociarse.

Los años acumulados de ineficiencia productiva y obsolescencia tecnológica se evidenciaron cuando la industria nacional se vio de pronto compitiendo con mercancías extranjeras. En cuatro años, como consigna Alberto Aguilar (El Financiero 20/04/93) mil empresas del rubro juguetero, zapatero, textil y de confección, cerraron por quiebra. Ello significa, para nuestro país, la pérdida de 200 mil empleos.

Hasta cierto punto es comprensible que esto esté sucediendo. Al existir mercancías extranjeras de un precio más bajo, el consumo se ha volcado sobre ellas con la consecuente caída en las ventas de las mercancías nacionales.

Pero esto no sólo sucede en los bienes de consumo. Un fenómeno similar ocurre en la industria de los bienes de capital. La apertura comercial puso a la mano de las empresas la posibilidad de adquirir este tipo de bienes del extranjero. Ello ha producido tal efecto en los productores nacionales que actualmente trabajan sus fábricas a un 30% de su capacidad instalada. Tal ha sido el desplazamiento que sufren las empresas nacionales que en la actualidad producen menos del 5% de los requerimientos nacionales de maquinaria y herramienta (El Financiero 20/04/93).

Los efectos negativos de la apertura comercial que con el TLC serán aún más graves representan no sólo la pérdida de empleos que ya de por sí es grave. Significan también una marginación del productor nacional en la conformación del producto social nacional. Y, por ende, la ampliación de la dependencia económica de nuestro país.

Durante muchos años existió la búsqueda de un desarrollo industrial autónomo, que brindara la posibilidad a los mexicanos de ser ellos los actores del proceso de desarrollo del país. Si bien ello nunca se cumplió en su totalidad, hoy, definitivamente, se hace a un lado esa búsqueda. Deja de ser prioritario y necesario que el proceso de desarrollo quede en manos de nacionales. Deja de tener interés que exista la posibilidad para que los mexicanos encuentren oportunidades de desarrollo empresarial. Con la abierta competencia extranjera muy poca oportunidad podrá existir. de ahora en adelante la única posibilidad de participar será como empleados de las empresas extranjeras. Y eso si hay empleos suficientes.

Quizá el Estado mexicano o sus representantes olvidaron que es su obligación cuidar que exista este tipo de oportunidades para que los mexicanos puedan acceder al mejoramiento constante de sus niveles de bienestar.

Insisto, no sólo es el problema de los empleos que se pierden con las empresas que se cierran, es también el hecho de que ni usted ni el vecino tendrán ya la oportunidad de dedicarse a alguna empresa en particular pues los caminos han quedado abiertos para que los extranjeros acaparen todos los espacios posibles. Y ello por el hecho de que están más y mejor armados tecnológica y financieramente.

Alguien podría argumentar que eso no es problema pues habrá oportunidades de empleo. Pero los mexicanos ya no podrán ser dueños de empresas. Y cualquiera preferiría ser dueño de la empresa que conformarse con ser empleado de ella.

Quedaremos, los mexicanos, confinados a las miniempresas, a las sobras que deje el capital extranjero, si es que deja algo, pues en su afán globalizador lo cubre todo.

Así, gracias a la magia de la globalización y la apertura comercial los mexicanos pasaremos a ser ciudadanos de segunda en nuestro propio país. Todo porque somos ineficientes, obsoletos e improductivos y no sabemos hacer empresa. Vienen los que saben, parecen decirnos veladamente y, por desgracia, no podremos evitarlo.