LA ECONOMÍA MEXICANA FRENTE A LA GLOBALIZACIÓN DEL PROTECCIONISMO AL LIBRE MERCADO

LA ECONOMÍA MEXICANA FRENTE A LA GLOBALIZACIÓN DEL PROTECCIONISMO AL LIBRE MERCADO

Hilario Barcelata Chávez

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SUBSIDIOS AGRÍCOLAS DE EU. EL FALSO DISCURSO NEOLIBERAL.

Enero, 2002

El Senado de los Estados Unidos acaba de aprobar un paquete de apoyo de 95,000 millones de dólares para otorgar subsidios a los productores agrícolas de ese país. La finalidad de este programa es el de fortalecer las debilidades productivas de este sector productivo de tal manera que pueda mantener su nivel de competitividad nacional e internacional. En otras palabras, mediante estos subsidios los productores norteamericanos quedan en posibilidades de vender a precios bajos tanto en su mercado interno, como en el mercado de otros países.

La magnitud de los recursos autorizados y los efectos que esto tiene para los mercados de productos agrícolas, habla de la falsedad del discurso neoliberal y de la hipocresía con que actúa el gobierno de los Estados Unidos, pues mientras recomienda al mundo la apertura comercial., la no intervención del Estado en la economía y la no interferencia en los mercados, está haciendo exactamente lo contrario.

Los subsidios a productores agrícolas es una medida que está prohibida dentro de la concepción del libre mercado entre países, porque ese apoyo favorece a los productores que lo reciben, que pueden vender a un precio más bajo que el que les permite su competitividad. En cambio los subsidios perjudican a otros productores que, al carecer de esos apoyos, venden a un precio más alto y son desplazados del mercado.

México es un país que canceló los subsidios que existían para los campesinos y demás productores del campo. Esto se hizo como parte de un plan de reforma económica en el que se suponía que para obtener facilidades para ingresar a otros mercados, había que dar facilidades en el nuestro. De hecho, el compromiso de reducir y cancelar definitivamente los subsidios al campo quedó firmado en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

Se entiende que las medidas comerciales son recíprocas, de modo que si México se comprometió a trabajar sin subsidios, también debía comprometerse E. U. Lo mismo al pactarse la reducción y cancelación de barreras arancelarias. El Tratado debía ser un acuerdo recíproco. Pero no lo fue. Eso es lo que hemos visto desde su firma y es lo que vemos ahora.

Ya de por sí quitar lo subsidios al campo mexicano fue una inadecuada decisión, porque los campesinos mexicanos necesitan un apoyo muy grande para salir de las precarias condiciones productivas en que se encuentran. El productor agrícola mexicano no es, ni lejanamente parecido al norteamericano, por tanto no se les podía poner a la par. El campesino mexicano no tiene ni los conocimientos, ni los recursos técnicos, financieros y de organización empresarial para competir en el mercado mundial. Vaya ni el mercado nacional, porque ni siquiera está plenamente integrado al mercado. Vive en el atraso histórico. Sin embargo, el gobierno mexicano apostó a que el libre comercio propiciaría la modernización del campo, pensando que la mayor competencia lo presionaría a ser más productivo y más competitivo Para esto, lo que había que hacer, en lugar de seguir apoyando a ese campesino pobre (que también es un pobre campesino) era más bien, abandonarlo a su suerte, pues así, la competencia lo haría que mejorara o lo desplazaría definitivamente, eliminando a todos los productores “ineficientes” “flojos” y acostumbrados al “paternalismo del gobierno”.

El problema no es sólo que se hayan quitado los subsidios al campo en México, sino que, además, los productores agrícolas norteamericanos los siguen recibiendo de parte de su gobierno, en una abierta contradicción con el compromiso que significa la apertura comercial, pero correctamente en congruencia con lo que debe hacer un gobierno con sus productores. No podemos criticar que el gobierno de E.U. apoye a sus productores. Lo que es criticable es que tenga un doble discurso y a nosotros nos quiera convencer de las bondades del libre comercio y nos presione para quitar los apoyos al campo, mientras él hace lo contrario.

Pero lo más criticable es que nuestro gobierno se crea el discurso y haga caso a esas recomendaciones, ceda a esas presiones y deje sin apoyo al campo. Lo criticable es que nuestro gobierno actúe con ciega ingenuidad y cometa, no sólo un acta de absoluta irresponsabilidad, sino, además, es un verdadero crimen.

Como resultado de esta política los productores norteamericanos se han fortalecido a nivel mundial, mientras que los campesinos mexicanos se han empobrecido, han sido desplazados del mercado y hoy emigran a E.U. a buscar trabajo porque la tierra, su tierra, ya no le das para vivir.

Una política de integración económica no tiene por qué ser una política de servilismo hacia E.U. y de renuncia a resolver los problemas internos con medidas que favorezcan a los mexicanos. El problema del gobierno de Fox (y de Zedillo y de Salinas) es que no está comprometido con el interés de las mayorías de los mexicanos. Para él (como para los otros) el interés nacional es el de los grandes empresarios nacionales y trasnacionales y, por supuesto, el interés de Estados Unidos.