LA ECONOMÍA MEXICANA FRENTE A LA GLOBALIZACIÓN DEL PROTECCIONISMO AL LIBRE MERCADO

LA ECONOMÍA MEXICANA FRENTE A LA GLOBALIZACIÓN DEL PROTECCIONISMO AL LIBRE MERCADO

Hilario Barcelata Chávez

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SECESIÓN Y DEVALUACIÓN: NECESIDAD DEL CAMBIO

Julio, 1988

Todo parece indicar que la crisis de la economía mexicana tenderá a agudizarse en los últimos meses de este año, primordialmente debido a la situación financiera del sector público y las condiciones prevalecientes en el sector externo de la economía.

El déficit financiero del sector público llegó a 27 billones de pesos durante el primer semestre del año, esto es, 15 por ciento por encima de lo programado. Este incremento se debe al aumento del 2.5 por ciento en la tasa "libor" de los bancos ingleses, en base a la cual está contratada la mayor parte de la deuda externa mexicana y cuyo pago de intereses representó el 65.6 por ciento del gasto del gobierno en este período. Al tiempo que la baja en el precio internacional del petróleo mermó los ingresos públicos por exportaciones.

Esta situación amenaza seriamente la economía del país, ya que obliga al gobierno a implementar nuevos recortes presupuestales (mejor conocidos como “ajustes”) con el fin de evitar repuntes en la inflación, pero conduciendo a la economía a una mayor recesión.

En igual sentido esta inestable situación del sector externo está provocando desequilibrios que amenazan la paridad cambiaria (como lo comentaba la semana anterior). La mayor disposición de divisas por parte del gobierno para cubrir el incremento en el servicio de la deuda y la menor disponibilidad de divisas por la caída de los precios del petróleo presionan sobre las reservas monetarias. A estas presiones se suma la creciente demanda de productos importados por parte del sector privado, que del año pasado a la fecha se ha incrementado en un 73.7 por ciento. Lo más grande del caso es que estas importaciones se refieren en su mayoría a bienes de consumo que se producen en el país (es decir que no es necesario importarlos), cuya demanda ha aumentado en un 212.4 por ciento en el mismo período, mientras que las importaciones con las que se identifica la reactivación económica caen ampliamente. Esto se debe fundamentalmente a la apertura comercial que permite la entrada de estos artículos, antes prohibida o gravada con altos aranceles.

Ante esta situación, el Banco de México ha introducido al mercado cambiario cerca de 1750 millones de dólares, fenómeno que no se está compensando por un ingreso de divisas, el cual, como ya comentamos, se encuentra en declive. El mismo banco está dispuesto a comprometer hasta 5 mil millones de dólares de las reservas para mantener el tipo de cambio, que se ha convertido en bastón de la lucha antiinflacionaria, lo que hace prever un colapso financiero de consecuencias funestas; sobre todo por que la demanda de dólares se acelera ante el atractivo rendimiento que ofrecen las tasas de interés internacionales recién incrementadas, fenómeno que sería muy difícil tratar de contrarrestar con un incremento en las tasas de intereses internas, porque incidiría sobre la inflación e incrementaría la deuda pública.

Este colapso financiero estará aunado a una mayor recesión económica, que ya es evidente en ramas de la economía como la industria del vestido, que ha visto caer sus niveles de producción en un 40 por ciento en lo que va del año, mientras se estima que durante los meses de mayo, junio y julio la producción industrial en su conjunto ha caído -3.5, -4.4, -1.4 por ciento, respectivamente.

La cuestión urgente a estas alturas es evitar el colapso financiero y detener el deterioro de la economía, pues su agravamiento hará cada vez más difícil la recuperación del país. Según datos del Banco Nacional de México, para recuperar el terreno perdido desde 1980, la industria tendrá que crecer en los siguientes 10 años a una tasa anual, en algunas ramas, del 5 por ciento y en otras, como la de aparatos electrodomésticos, productos metálicos y maquinaria y equipo no eléctrico, a tasas superiores al 9 por ciento.

Estamos, pues, en un punto de inflexión histórica, en la que hay que plantear una alternativa de solución a los problemas económicos con 2 aspectos: uno para contrarrestar los problemas de corto plazo y otro para superar los de mediano plazo. Solo hay, en lo general, dos opciones: uno, orientar e integrar la economía nacional a la economía mundial en un proceso de crecimiento hacia fuera, que implica una apertura total al comercio y la inversión extranjera, como en los países del sudeste asiático; dos, reorientar el desarrollo a través del fortalecimiento del mercado interno, la industria nacional y la limitación de la participación del comercio e inversión extranjera en el país.

En los años cuarenta, recién agotado el modelo de crecimiento hacia afuera basado en la agro-exportación, una disyuntiva muy parecida se presentó. Ante el embate económico de las grandes potencias, el gobierno de aquellos años optó por implementar mecanismos de protección y apoyar la industrialización del país a través del fortalecimiento del mercado interno, y esta fue la base para el período de auge más amplio que ha tenido la economía mexicana.

Todavía es tiempo de rescatar lo que a partir de entonces se construyó. Si bien es cierto que este modelo de desarrollo generó muchos rezagos y una amplia dependencia externa, también es cierto que insistir en el crecimiento hacia afuera vinculará de tal manera nuestra economía a la internacional, que la dependencia y subordinación de nuestro país que esto generaría será mucho más amplia y quizás irreversible.