LA ECONOMÍA MEXICANA FRENTE A LA GLOBALIZACIÓN DEL PROTECCIONISMO AL LIBRE MERCADO

LA ECONOMÍA MEXICANA FRENTE A LA GLOBALIZACIÓN DEL PROTECCIONISMO AL LIBRE MERCADO

Hilario Barcelata Chávez

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LIBRE COMERCIO Y DESARROLLO NACIONAL

ANÁLISIS DE UN ACUERDO DE LIBRE COMERCIO

Febrero, 1991

Todo empezó con una acelerada e indiscriminada reducción de las tarifas arancelarias. En los últimos cinco años quedó prácticamente liquidado el sistema tarifario que protegía, de la competencia externa, a los productos de la industria nacional. Protección diversa que, en algunos casos llegaba hasta el 100% sobre el precio del producto. Paralelamente se redujeron, hasta casi desaparecer, los permisos previos de importación de un buen número de mercancías.

Todo ello por encima de las exigencias establecidas por el GATT (Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio) y que nuestro país debe respetar como miembro de tal organismo. Pero había una exagerada prisa por cumplir. Y por hacerlo por sobre lo requerido. Parecía haber una intención por mostrar una amplia voluntad para el cambio y una disposición a la apertura económica. Y de demostrarlo con hechos y no sólo con palabras. Por ello la economía mexicana empezó a abrirse a los flujos del comercio internacional antes de pertenecer al GATT. Mucho antes, incluso que existiera una remota idea sobre el Acuerdo de Libre Comercio (ALC) que hoy se pretende firmar con E.U. y Canadá.

Lo mismo se hizo con la reglamentación para recibir Inversión Extranjera (IE). Se trastocó el antiguo esquema normativo para posibilitar el acceso del capital extranjero a sectores antes reservados exclusivamente a inversionistas nacionales. Al mismo tiempo se amplió la proporción en que dicho capital puede participar en esos sectores.

Para redondear el esquema de apertura era necesario desregular y reprivatizar la economía. El inversionista, el empresario extranjero, prefiere mercados poco regulados. Mercados donde no tenga que competir con el Estado. Y donde el Estado no tenga vocación nacionalizadora. Si de verdad se quería atraer capitales extranjeros era necesario crear las mejores condiciones para la inversión. Si ésta había influido en condiciones “poco óptimas”, seguramente fluiría más sin un Estado interviniendo en la economía y sin el temor de las nacionalizaciones. Había que borrar viejos y desagradables recuerdos de las, ahora en desuso, “prácticas nacionalistas”.

Todos estos elementos están conformando un nuevo patrón de acumulación de capital cuyo marco de referencia se remite a la Teoría Económica Neoclásica en su vertiente monetarista. Cuya revitalización ha sido posible gracias al gran vacío teórico que en las últimas décadas se ha producido por la ausencia de un paradigma capaz de explicar la crisis del subdesarrollo. Revitalización imposible de entender sin considerar el fracaso del llamado “modelo de sustitución de importaciones”. Fracaso que se manifestó en un proceso de industrialización inacabado e ineficiente. Fenómeno que agudizó los problemas estructurales de nuestra economía. Primordialmente en lo referente a los desequilibrios externos, a los fenómenos inflacionarios y a la incapacidad para consolidar un proceso de crecimiento económico amplio y sostenido.

El proceso de “crecimiento hacia adentro” preconizado por la teoría de la CEPAL (Centro de Estudios para América Latina) produjo amplios saltos hacia adelante de la economía mexicana. Sin embargo, sucumbió por el excesivo proteccionismo y la incapacidad, desinterés o falta de visión del Estado para dirigir dicho crecimiento hacia un proceso de desarrollo generalizado y equilibrado. Pero tan falso es que el único camino posible para propiciar el desarrollo es en sentido inverso. Como falso es que el “crecimiento hacia adentro”, ha dejado de ser una opción visible de desarrollo.

Los rumbos para nuestra economía, sin embargo, ya han sido marcados. La Teoría de las Ventajas Comparativas (elaborada por los economistas clásicos y reformulada por los neoclásicos) cobra vigencia nuevamente en un mundo que la reclama para explicar su acrecentada interdependencia y justificar la renovada subordinación sobre los países atrasados como el nuestro.

El único camino posible para el desarrollo es la integración económica. Tal es la premisa que se desprende de la argumentación teórica. Por ello es necesario, urgente, la firma del ALC.

Los infortunios de éste, sin embargo, ya están a la vista y serán más amplios. No porque en sí misma la integración sea perjudicial, desaconsejable o innecesaria. Sino porque lo es dada la forma y los ritmos que ha adquirido su establecimiento.

Hace unos días Jaime Serra Puche, secretario de Comercio, comentó que México está a punto de entrar a las “grandes ligas”, al referirse a su ingreso al ALC. A este respecto no le falta razón a Moisés Lozano Villafaña (El Financiero II. Feb.91) cuando comenta que tal afirmación ...tuvo el sabor del humor negro que se cultiva en los colegios confesionales, porque si bien es cierto que con el ALC México se verá obligado a participar en esa categoría, todavía no se sabe si su papel será el de un contendiente o el de un trofeo para el vencedor.

Y es que vamos directo a la guerra comercial con muy pocas armas en las manos. Debido a la velocidad de los cambios y a su unilateralidad, nuestro país ha agotado, prácticamente, sus mejores cartas para negociar, en posición ventajosa, beneficios del ALC para sí. Así, en materia petrolera, en 1989 México reclasificó algunos productos petroquímicos “básicos”, dándoles la categoría de “secundarios”. Con ello abrió la posibilidad de participación del capital privado (nacional y extranjero) en la producción de bienes que anteriormente eran producidos exclusivamente por PEMEX. En la minería abrió, también las puertas al capital extranjero para explorar y explotar reservas minerales que con anterioridad eran de uso exclusivo del gobierno. En la agricultura, la eliminación de los precios de garantía es un arma negociadora que ya no podrá utilizarse. Al igual que la eliminación de los permisos previos de importación que anteriormente cubrían a un sinnúmero de productos y ahora sólo amparan al maíz, frijol y leche en polvo. La industria químico-farmacéutica abrió el mercado a libre competencia de medicinas básicas de importación. Ello por sobre las antiguas preferencias a las compañías mexicanas y los esfuerzos de inversión del propio gobierno. En la industria automotriz se abrió el mercado a la importación de automóviles de lujo. igualmente se eliminaron restricciones para permitir que la inversión extranjera participe plenamente en la producción de componentes automotrices. En el ramo de la informática se abrió el mercado nacional con una tasa arancelaria de apenas el 20%.

Y se eliminaron los anteriores requerimientos de utilizar componentes mexicanos en la producción de computadoras. En las comunicaciones todo el sector se susceptible ahora de recibir inversión privada, nacional o extranjera. E incluso las antiguas preferencias para privilegiar la producción nacional han desaparecido. Véase el ejemplo de los equipos de telecomunicaciones, cuya compra se reservaba a empresas que producían dentro del país. Ahora, esta compra se abre a cualquier proveedor sin importar su procedencia.