LA ECONOMÍA MEXICANA FRENTE A LA GLOBALIZACIÓN DEL PROTECCIONISMO AL LIBRE MERCADO

LA ECONOMÍA MEXICANA FRENTE A LA GLOBALIZACIÓN DEL PROTECCIONISMO AL LIBRE MERCADO

Hilario Barcelata Chávez

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GLOBALIZACIÓN. ¿MAS VALE POBRES QUE PRE-MODERNOS?

Enero, 2001

Las expresiones sociales violentas en contra de la globalización bautizadas como globalifobia recorren el mundo con el fin de advertir y recordarle a los promotores de la integración mundial que, a pesar de las buenas intenciones, los resultados de ese proceso han sido adversos para los pueblos.

Desde luego, en tanto que proyecto promovido por los dueños del capital, los principales beneficiarios de él son las grandes empresas trasnacionales y los grandes inversionistas especuladores. Porque la globalización es, ante todo, un proyecto empresarial. Particularmente un proyecto de grandes empresarios. Proyecto del cual algunos gobiernos creen que pueden obtener beneficios para su país, para sus pueblos, pero se equivocan, porque los beneficios de la globalización están en función al volumen de capital que tenga cada empresa y cada país, de modo que las empresas pobres en el mundo o los países pobres del mundo y aún peor, las empresas pobres de los países pobres, no reciben ningún beneficio. Ya ni se diga de aquellos que ni siquiera son capaces de producir con la lógica empresarial debido a su atraso, como los millones de campesinos de subsistencia y los millones de obreros y trabajadores de las miles de pequeñísimas unidades económicas familiares a las que difícilmente se les pueden llamar empresas, no sólo en México, sino en todo el mundo. Estos grupos, que representan la mayor parte de la población, a lo que se le denomina “pueblo” son los receptores de todos los males desatados por esa poderosa fuerza mundial. Porque, finalmente, la globalización como fenómeno del capitalismo, se inserta dentro de la lógica del mercado, en donde todo se decide mediante la competencia. Y en donde, evidentemente, habrá ganadores y perdedores. Y donde los ganadores podrán potenciar sus triunfos, tanto como la ventaja de ser ganadores les permita y los perdedores se sumirán, en cada nueva etapa de la competencia, en la más profunda de las pobrezas. Porque la debilidad que la derrota les proporciona, potencia su incapacidad para competir.

La globalización no es, pues, un proceso democrático. No reparte riqueza basado en principios de equidad y justicia social. Más bien es un proceso profundamente inequitativo e injusto porque redistribuye la riqueza a favor del que más tiene, mientras que nada le toca al que nada tiene.

Sí, los defensores de la globalización argumentan que se abren nuevas oportunidades para las empresas que antes no podían ingresar a los mercados mundiales. Sin embargo, ¿cuántas empresas realmente pueden aprovechar esa oportunidad en países como México? ¿Cuántas personas se benefician realmente con esa oportunidad? ¿Cuantas empresas han cerrado ante la llegada de productos y empresas extranjeras contra las cuales los mexicanos no estaban, ni están aún, en posibilidades de competir? ¿Cuantos empleos se han ganado y cuántos se han perdido con la globalización? ¿Cuánto se ha incrementado el ingreso de la mayoría de la población desde que nuestros gobiernos decidieron globalizarnos? ¿Cuánto ha disminuido la pobreza en México o cuanto se ha incrementado?

El balance en todos los casos es negativo. Hoy, con todo y globalización tenemos menos empleos que cuando éramos “arcaicamente” cerrados. Hoy el ingreso de la población es mucho menor que cuando éramos “premodernos”. Hoy, hay más pobres en el país, que antes que en nuestras mentes albergábamos de modo enfermizo “ideologías obsoletas ”

Hoy que tenemos las puertas abiertas al mundo, estamos peor. Pero eso sí, muy modernos, Muy congruentes con los grandes movimientos mundiales aunque no nos signifique nada en términos de bienestar social. Aunque vayamos en el último tren del desarrollo. Aunque hayamos ingresado al juego de la competencia global, no en calidad de participantes, sino en calidad de trofeo.