LA ECONOMÍA MEXICANA FRENTE A LA GLOBALIZACIÓN DEL PROTECCIONISMO AL LIBRE MERCADO

LA ECONOMÍA MEXICANA FRENTE A LA GLOBALIZACIÓN DEL PROTECCIONISMO AL LIBRE MERCADO

Hilario Barcelata Chávez

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EL SECTOR EXTERNO: DESEQUILIBRIO Y DETERIORO

Enero, 1990

Uno de los principales problemas para lograr la estabilidad de la economía mexicana siguen siendo las fuertes presiones que ejercen sobre ella los desequilibrios en el sector externo, provocados por los constantes y crecientes déficits en la balanza de pagos y más en particular, en los déficits observados en la balanza comercial (que mide la diferencia entre exportaciones e importaciones).

El constante deterioro del sector externo ha sido provocado por varios factores. Uno de ellos, el principal, ha sido la política de apertura comercial que ha permitido la entrada en avalancha de una gran cantidad de productos, principalmente bienes de consumo, que antes estaban sujetos a permiso de importación o se encontraban gravados con un impuesto tan elevado que desestimulaba su importación.

Tras esta decisión de abrir la economía nacional para la libre entrada de tales productos, subyace la idea de la necesidad de abandonar el modelo de desarrollo a través de la sustitución de importaciones, para hacer entrar al país en una nueva etapa de desarrollo de crecimiento hacia afuera, donde la premisa fundamental es el fuerte impulso a las exportaciones, mediante una mayor integración de nuestra economía a la internacional, en la cual fluyan de manera libre las inversiones extranjeras, la tecnología, y los productos de manufactura extranjera que no sea posible producir en el país por causa de elevados costos y baja productividad y que, en todo caso, se pueden conseguir a más bajos precios en el exterior. La idea que sustenta este nuevo modelo es que una mayor competencia, propiciada por la importación de mercancías de más bajo costo y mejor calidad, provocará una mayor productividad en las empresas nacionales que lucharán por conservar su lugar en el mercado interno, a través de una modernización tecnológica, lo que llevará a abatir costos y por tanto sus precios, lo que redundará en el abatimiento de la inflación y en una mayor posibilidad para las empresas que logren mejorar su productividad, su calidad y precio, para competir en el exterior, incrementando así el nivel de exportaciones del país.

Sustenta también a este esquema, la idea de que dicha competencia definirá las ventajas comparativas del país para producir tal o cual producto, de tal forma que, en aquellos donde su ventaja comparativa no se adecuaba y por tanto es más aconsejable su importación, se dejará de producir en el país. Por lo tanto, según los señalamientos de la Secretaría de Comercio y Fomento Industrial, la planta productiva nacional ya no buscará producirlo todo, sino sólo aquello en lo que es verdaderamente competitiva conforme a los parámetros internacionales de costo y calidad.

Otro de los factores que han desbordado la crisis del sector externo han sido la escasa capacidad exportadora de la planta productiva por su baja competitividad y su capacidad para diversificarse.

En este mismo sentido ha actuado el deterioro de los términos de intercambio, (principalmente por la caída en el precio de materias primas que exporta el país).

Sin embargo, los efectos de estos factores no serían tan graves si por el lado de las importaciones no existiera una presión tan grande y creciente. Pues a pesar que el nivel de exportaciones ha mostrado considerables incrementos, el de importaciones ha crecido mucho más, impulsado principalmente por la amplia demanda de productos de consumo no duradero, en su mayoría de tipo suntuario, (alimentos, bebidas, etc.), y duraderos, también suntuarios (eléctricos, electrodomésticos, etc.). En este mismo sentido ha actuado la mayor importación de bienes intermedios de capital e incluso materias primas que ha requerido la industria sobre todo en el último año en que la economía mostró una considerable tasa de crecimiento, y que se explica por la inexistencia de la producción de dichos bienes en el país, a diferencia de los mencionados en primer término, que si se producen en el país y algunos con mayor calidad que los importados. Un último factor que explica el acelerado crecimiento de las importaciones es la fuerte crisis agrícola que vive en el país que ha obligado a realizar grandes compras de alimentos en el exterior.

Así, en 1989, al finalizar el año la balanza de pagos arrojó un fuerte desequilibrio pues la cuenta corriente (que es la suma de los saldos en las balanzas comercial y de servicios) mostró un déficit de 5298 millones de dólares (md) debido principalmente al saldo negativo en la balanza de servicios de 5 089 md y de la balanza comercial, que fue de 209 md según datos de Banco de México.

El amplísimo déficit en la balanza de servicios (conformado principalmente por pagos de transformación, transacciones fronterizas, transporte y turismo) se explica básicamente por el elevado monto de pagos por servicios factoriales que sumaron en el año 7 775 md. En tanto que el déficit en la balanza comercial se debe a una diferencia entre las exportaciones que sumaron un total de 23 105 md. Y las importaciones que fueron de 23 314 md. Por tal razón, el déficit en cuanta corriente fue superior en un 83% al observado en 1988 cuando el saldo negativo fue de 2 901 mdd., lo que evidencia el fuerte deterioro del sector externo.

Uno de los factores más notables y de los que reflejan con mayor claridad la dinámica de la economía nacional es la balanza comercial, que como ya se mencionó presentó un déficit de 209 md., que si bien no es muy elevado y podría parecer que no es grave, el hecho mismo de que haya desaparecido el superávit que existía, evidencia un desequilibrio interno en la economía y traba una de las principales vías a través de las cuales el país puede obtener recursos para financiar su desarrollo.

Así, a pesar del incremento en las exportaciones que pasaron de 20,656 md. En 1987 a 20,657 md. En 1988 y a 23,314 en 1989, no se pudo evitar que el fuerte superávit comercial de 1987 que sumó 8,433 mdd., cayera en 1988 a sólo 1,754 md, y el año pasado de plano se convirtiera en un déficit de 209 md. Y es que mientras las exportaciones crecieron apenas 12% en el período 1987-1989, las importaciones crecieron en el mismo lapso un 89% pasando de 12,200 md. en 1987 a 18,500 en 1988 y a 23,314 en 1989.d De tal suerte que su incremento no sólo rebasó a las exportaciones sino que pulverizó el superávit comercial.

Este explosivo incremento de las importaciones fue el producto combinado de un ambiente recesivo en algunos sectores de la economía nacional y de una fuerte dinámica de crecimiento en otros. Así, al crecer el volumen de producción de la industria manufacturera en un 5,3% en 1989, la demanda de importaciones de bienes intermedios y de capital tuvo un fuerte impulso, creciendo ambas un 25% el año pasado. Bienes que representan el 87% de las importaciones del país (68% bienes intermedios y 19% los de capital) y que por tanto cualquier movimiento suyo impacta rápida y considerablemente el nivel de importaciones.

Otro sector que presentó también un fuerte dinamismo fue el comercio que impulsó las compras al exterior de bienes de consumo cuya demanda creció en 1989 cerca del 140% ubicándose muy cerca del nivel de importaciones de bienes de capital ya que este año alcanzó a representar el 13% de las exportaciones totales.

Pero la dinámica de dichas importaciones, reflejan también las consecuencias del ambiente recesivo ya mencionado, que se evidenció principalmente en el sector agropecuario cuya crisis fue uno de las causales primordiales de la fuerte elevación de las importaciones de bienes de consumo. Así, mientras en 1987 se importaron 6,220 toneladas de bienes agrícolas, en 1989, este alcanzó el nivel histórico de 9,500 toneladas incrementándose en un 53% en tan sólo 3 años. Destacan sobre todo los fuertes incrementos en las compras de frijol que en 1988 fueron de tan sólo 21,000 dólares (durante el primer semestre del año) y en 1989 (también durante el primer semestre) se elevaron hasta 5 millones de dólares ( un incremento de 24 000 %). Otro producto que también tuvo un fuerte incremento en su importación fue la leche; en la que en el período mencionado de 1988 se gastaron 83 mdd., y para 1989 este gasto subió a 269 md, (esto es, un incremento del 224%); al igual que el azúcar cuya importación sumó 140,000 dólares en el primer año de referencia y en segundo 47 md. (un incremento del 33,800 %). De esta forma tenemos que en general las importaciones de bienes agrícolas y silvícolas se incrementaron un 45% (durante el primer semestre de 1989 con respecto al mismo período del año anterior). Y las compras al exterior de alimentos procesados (leche, azúcar, aceite de soya y bebidas) crecieron un 128% en el mismo período. Sumando entre ambos rubros un total de 2 017 md. (casi el 10% del total de importaciones que realizó el país en 1989) tan sólo en el primer semestre del año.

Sin embargo, al menos en lo que respecta al sector agropecuario y de alimentos procesados, un mejoramiento no parece avizorarse en lo inmediato, ya que según declaraciones del Director General de LICONSA, en 1990 las ya de por si elevadas importaciones de leche se elevarán aún más. Estas, en 1989 sumaron 250 mil toneladas y se espera que en 1990 se incrementen a 280 mil. Igualmente, según el Director de Azúcar, S.A. este año que se inicia se importarán 500 mil toneladas de azúcar, y de Acuerdo el Consejo Nacional Agropecuario, las importaciones de granos básicos llegarán a los 10 millones de toneladas.

Cabe hacer mención que el mismo efecto combinado de recesión reactivación en la economía se ha reflejado también en el avance de las exportaciones, las que, si bien, como ya vimos, tuvieron un incremento, éste fue más bien modesto y ello se debió primordialmente a que, mientras la industria manufacturera, la rama más dinámica de la economía en 1989, reflejó un incremento en sus importaciones del 12.9% las exportaciones agrícolas sufrieron una caída del -12.6% y las extractivas del -15%, lo que se reflejó en un porcentaje de crecimiento de las exportaciones no petroleras de apenas el 8%.

Finalmente cabe hacer mención que los Términos de Intercambio han sufrido un fuerte revés durante esta década, lo que ha incidido negativamente sobre la balanza de pagos de nuestro país, en tanto que dichos Términos de Intercambio reflejan la capacidad de compra de las exportaciones ya que son la medida del precio de intercambio de los bienes comercializados en el exterior. Así en 1986 dichos Términos tuvieron una caída del -12.6% anual, en 1987 mostraron una ligera recuperación al crecer un modesto 5.7% para volver a caer en 1988 un -12.8% y finalmente en 1989 volvieron a mostrar cierta recuperación al crecer un 4.2%, lo que, sin embargo, no evitó que durante la década que acaba de concluir, los Términos de Intercambio sufrieran una brutal caída acumulada del -38%.

Este panorama del sector externo hace ver la necesidad de aplicar nuevas medidas y profundizar las ya existentes para corregir los desequilibrios, que, como ya se ve, tienen tanto que ver con el comercio exterior como con problemas estructurales de la economía nacional que aún no logran resolverse.

Este que se inicia, según se pronostica, será un buen año para la economía del país, pero no lo será tanto si persisten los desequilibrios en el sector externo, justamente el punto a través del cual México habrá de integrarse al concierto de la economía internacional.