LA ECONOMÍA MEXICANA FRENTE A LA GLOBALIZACIÓN DEL PROTECCIONISMO AL LIBRE MERCADO

LA ECONOMÍA MEXICANA FRENTE A LA GLOBALIZACIÓN DEL PROTECCIONISMO AL LIBRE MERCADO

Hilario Barcelata Chávez

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EL NEOLIBERALISMO INTERNACIONAL Y EL DESARROLLO ECONÓMICO MUNDIAL

Octubre, 1990

El Acuerdo de Libre Comercio que el gobierno mexicano pretende suscribir con el de los Estados Unidos forma parte de una ofensiva económica que busca la profundización de la subordinación de nuestro país a la economía internacional. Esto, a través de una integración que pretende la reformulación de las relaciones de dependencia de la economía mexicana respecto a la norteamericana y en favor de ésta.

Tal acuerdo no es un elemento aislado cuyas consecuencias vayan a dejarse de sentir en algún sector del país. Por el contrario significa, junto con otras medidas, la redefinición del modelo de desarrollo que se pretende implementar para todo el país. Medidas, éstas, tras las que subyace una renovada filosofía librecambista que tiende a hacerse dominante en el mundo entero actualmente. Filosofía que apunta hacia la desaparición de las fronteras nacionales como único medio posible para propiciar el desarrollo de los países pobres y el fortalecimiento de sus economías. Filosofía basada en la concepción de un “orden natural” en la economía. En el que la iniciativa de los individuos, la libertad de empresa por sobre las fronteras y la libre competencia, al encontrarse en un mercado sin obstáculos a su funcionamiento, nos conducirá a un “mundo feliz”. Donde todos, incluso los más pobres, tienen algo que aportar y mucho que ganar.

Sin embargo, las amplias diferencias en el grado de desarrollo de un país y otro y las diferencias dentro del nuestro, parecen no encajar dentro de la lógica implacable de este esquema.

Reordenar la economía nacional de manera de que quede ligada a las corrientes comerciales, financieras y tecnológicas del exterior, si bien puede propiciar cierto grado y cierto tipo de desarrollo, significa condicionar su funcionamiento a dichas corrientes y, por tanto, al comportamiento de la economía internacional. Esto quiere decir que la posibilidad de orientar el crecimiento económico hacia objetivos de beneficio colectivo (es decir de toda la población nacional) quedará fuera del alcance de las decisiones que pudieran tomarse a nivel nacional. Así, no sólo se volverá más vulnerable nuestra economía a los cambios incontrolables en el exterior, sino que, además, la posibilidad de impulsar el desarrollo económico nacional quedará fuera de nuestro alcance. Ello significa restarle soberanía al país.

Y es que esta renovada praxis filosófica globalizadora y totalizante oculta el hecho de que, al estar inmersos en un proceso económico donde prevalecen intereses extranacionales, las decisiones que se tomen dentro del país obedecerán a dichos intereses, los que casi siempre difieren de los de la nación en su conjunto.

Por ello, la discusión acerca de la viabilidad del Acuerdo de Libre Comercio es parte de una discusión más amplia acerca de la viabilidad de este nuevo modelo de desarrollo como mecanismo para mejorar considerablemente la situación de pobreza que vive México. Viabilidad que no debe medirse en términos de lo que es más “moderno” sino en términos de qué es más benéfico para nuestra población en cuanto a las metas de desarrollo económico y social.

No es posible, desde luego, aislarnos del funcionamiento de la economía internacional. Es necesaria una integración. Pero también es necesario que está se dé con ciertas condicionantes que permitan mantener bajo control nacional sus mecanismos de operación.

La idea de una integración total e indiscriminada debe ser sustituida por una en la que no se ponga en riego la soberanía nacional en cuanto al manejo de los destinos económicos del país.

Si el futuro de nuestra economía está en aprovechar cada vez más las corrientes comerciales, financieras y tecnológicas internacionales, habremos de articularnos a ellas, pero bajo una condición de fuerza y dominio que aseguren el beneficio colectivo y no bajo una débil sumisión en la que habremos de aceptar los hechos consumados como retrocesos irreversibles.

El que una nueva filosofía neoliberal invada el mundo prometiendo el fin del subdesarrollo no significa: ni que sea verdad lo que propala, ni que esa sea la clase de desarrollo que México requiere. Por encima del grave riesgo que implica no integrarnos a tiempo a las nuevas condiciones de la economía internacional, está el riesgo de que, por integrarnos rápidamente y bajo condiciones que establece el neoliberalismo, dicha integración no sirva sino para agudizar los problemas del país.