LA ECONOMÍA MEXICANA FRENTE A LA GLOBALIZACIÓN DEL PROTECCIONISMO AL LIBRE MERCADO

LA ECONOMÍA MEXICANA FRENTE A LA GLOBALIZACIÓN DEL PROTECCIONISMO AL LIBRE MERCADO

Hilario Barcelata Chávez

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EL ANÁLISIS DEL TIPO DE CAMBIO EN MÉXICO

Mayo, 2002

Los factores que determinan el tipo de cambio en el corto plazo son aquellos que influyen sobre la oferta y la demanda de dólares. Por un lado el comercio internacional y la inversión extranjera y por el otro las tasas de interés atractivas y el riesgo de insolvencia y de inestabilidad económica y política de un país.

En el largo, plazo, hay otros factores que influyen en la determinación del tipo de cambio. En primer lugar la productividad de cada país, es decir, la capacidad para producir de manera eficiente sus bienes y servicios. En segundo lugar la velocidad a la que crecen los precios en cada uno de los países que tienen relaciones comerciales.

Según la Teoría de la Paridad del Poder adquisitivo, el intercambio de una mercancía de un país, por otra de otro país, debe darse a un precio tal que exprese la equivalencia entre ambas y debe mantener ese precio relativo en el tiempo. El tipo de cambio debe asegurar que esa relación de precios se mantenga permanentemente para que ninguna de las dos economías sufra consecuencias negativas. Si, por ejemplo, un automóvil norteamericano equivale a dos motocicletas mexicanas, en función a la productividad de cada país, el tipo de cambio deberá ser tal que exprese esa equivalencia, la cual sólo debería cambiar si cambia la productividad de alguno de los dos países. Siguiendo con el ejemplo, supongamos que el tipo de cambio es de 10 pesos por dólar y el automóvil vale diez mil dólares, es decir, en pesos vale cien mil pesos. Si las motocicletas valen cincuenta mil pesos cada una, entonces, a ese tipo de cambio, valen cinco mil dólares cada una. Es decir, los productos pueden intercambiarse entre sí en una relación de dos a uno, en función al poder adquisitivo de las monedas. Sin embargo, si hubiese un cambio en los precios de las motocicletas debido a un incremento inflacionario en el país que las produce y ahora cada motocicleta costara cien mil pesos, entonces, al mismo tipo de cambio valdrían, diez mil dólares, con lo que iguala el precio del automóvil y altera la relación de intercambio que pasa a ser, ahora, de uno a uno. Si esto sucede, los norteamericanos dejarán de comprar motocicletas que ahora les resultan más caras y la oferta de dólares disminuirá porque las exportaciones se reducen. Esto trae como consecuencia un encarecimiento del tipo de cambio que estará reflejando la menor oferta de divisas y genera un nuevo tipo de cambio de equilibrio. Se entiende que el equilibrio se reestablecerá hasta que el tipo de cambio refleje nuevamente la equivalencia entres los bienes y servicios.

En este caso cabría esperar que el tipo de cambio cueste, ahora, cincuenta pesos. Con ese nuevo valor, las motocicletas volverían a su antiguo precio de cinco mil dólares. Es decir, con esta modificación las dos monedas (peso y dólar) vuelven a tener el poder adquisitivo que tenían.

El problema que se presenta es que no siempre los factores que determinan la demanda y oferta de dólares en el corto plazo, generan un tipo de cambio que exprese las variaciones en los precios de cada uno de los países y, por tanto, el precio de las divisas no se ajusta de tal manera que permita mantener la equivalencia de las mercancías. Por ejemplo una tasa de interés muy atractiva en México, puede generar una gran entrada de capitales extranjeros y apreciar el tipo de cambio (abaratar el dólar) Pero el movimiento inflacionario se da en un sentido contrario, es decir, la inflación mexicana es mayor que la norteamericana, por tanto, lo que requeriría el comercio es que el tipo de cambio se depreciara para mantener el poder adquisitivo de las monedas. En este caso, un peso apreciado, es una moneda más cara para quien la quiera comprar, y hace más caras las cosas que se exportan, expresando, una equivalencia entre mercancías que no es real y perjudicando el comercio entre países. Al mismo tiempo, un peso caro o un dólar barato (es lo mismo) altera también la capacidad de lo que el peso puede comprar en el extranjero. Bajo esta circunstancia su poder de compra habrá crecido ficticiamente y estará comprando más de lo que en realidad puede si nos atuviéramos a la productividad del país. Y esto perjudica a los productores nacionales porque los consumidores optaran por comprar más en el extranjero.

Evidentemente, esta situación elevará la demanda de dólares al interior del país y disminuirá su oferta, lo que propiciará la depreciación del peso y llevará al dólar a un nivel más alto. El problema es que la corriente de ingreso de dólares vía inversiones extranjeras atraídas por la tasa de interés puede ser de tal magnitud que contrarresta el ajuste del tipo de cambio y le impide llegar a un nivel que permita reestablecer el poder adquisitivo de las monedas. En ese momento decimos que el tipo de cambio de mercado no es igual al tipo de cambio de equilibrio.

Esta situación ha estado prevaleciendo en México de manera más o menos permanente en los últimos años. El tipo de cambio se ha convertido en el medio a través del cual se controlan los precios al interior del país. Mientras no haya depreciación del tipo de cambio, la inflación no crece. Entonces la política monetaria ha estado orientada a atraer fuertes remesas de capitales extranjeros con el fin de apuntalar el tipo de cambio, mediante las tasas de interés y otras medidas que mejoran las expectativas de los inversionistas extranjeros, aunque no necesariamente mejoran la situación de los mexicanos. Es decir, el dólar se está usando como “ancla inflacionaria”.

Esta política monetaria de fortalecimiento del peso ha provocado que se altere la equivalencia de los bienes y servicios que comercian México y Estados Unidos, porque la inflación de nuestro país ha sido mucho más alta que la del vecino. Esto ha dado como resultado que el tipo de cambio de mercado se aleje del tipo de cambio de equilibrio.

Como resultado de esta situación se ha abierto un debate respecto a sí el tipo de cambio actual es el correcto o el peso vale más de lo que debe valer (es decir, que está sobrevaluado) Para corroborar que tanto se aleja el tipo de cambio actual del que llamamos de equilibrio, he hecho aquí los cálculos, con una metodología propia que me permite medir la variación de los tipos de cambio en función al diferencial de las inflaciones entre E.U. y México.

El resultado que se obtiene es una sobrevaluación del peso frente al dólar. Es decir, de acuerdo con estos cálculos, el peso debería valer menos o el dólar debería costar más. La diferencia entre el tipo de cambio de mercado y el de equilibrio, depende del año base que se elija para el cálculo. Si se toma como base 1983 y se considera la inflación de los ochenta y los noventa, vemos que el tipo de cambio de equilibrio debería ser de 14.74 pesos, es decir, el margen de sobrevaluación sería del 56%. Si se considera como base el año de 1993, entonces, el diferencial inflacionario es menor y esto implicaría que el tipo de cambio estaría sobrevaluado en apenas 42 centavos, es decir, la sobrevaluación sería del 4% y el dólar debería estarse vendiendo a 9.86 pesos. Si optamos por tomar como base el año de 1996, nuevamente debido a que los diferenciales inflacionarios en esos años crecieron, entonces, resulta que la sobrevaluación del peso sería del 38%, es decir, el dólar debería costar 13.10 pesos. Finalmente se consideramos un período más corto y tomamos como base 1999, tendríamos una sobrevaluación del 14%, lo que implica que el dólar debería costar 10.74 pesos.

Lo que nos están diciendo estos resultados, es que el poder adquisitivo del peso y el dólar se ha alterado propiciando una falta de correspondencia del valor de los bienes y servicios que E. U. y México comercian, es decir, la sobrevaluación altera los precios relativos de los bienes y genera problemas de carácter estructural. Los resultados nos dicen también, que sin importar el año base que se considere, la paridad del poder adquisitivo se encuentra alterada en un margen de entre 46 centavos hasta 5.28 pesos.

Mantener una situación de esta naturaleza en un plazo largo altera la capacidad competitiva del país y deteriora su productividad, lo que impide que puede resolver sus problemas de crecimiento sostenible. La política monetaria tiene un objetivo y lo ha cumplido, cabría preguntarse si no debería tener en cuenta las consecuencias.