LA ECONOMÍA MEXICANA FRENTE A LA GLOBALIZACIÓN DEL PROTECCIONISMO AL LIBRE MERCADO

LA ECONOMÍA MEXICANA FRENTE A LA GLOBALIZACIÓN DEL PROTECCIONISMO AL LIBRE MERCADO

Hilario Barcelata Chávez

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DÉFICIT EXTERNO Y DEVALUACIÓN

Septiembre, 1992

Recientemente se ha despertado gran inquietud por la situación que guarda el sector externo de la economía mexicana. Dos son los aspectos que llaman más la preocupación: el crecimiento de la balanza comercial y la vulnerabilidad del tipo de cambio. Ambos factores están interconectados y hasta se condicionan mutuamente, aunque lo más importante es la forma en que se encuentran relacionados con las variables económicas de orden interno.

Las autoridades gubernamentales insisten con particular énfasis en que el déficit externo no debe ser motivo de preocupación. Por el contrario, es un signo de que la economía nacional crece. Y por ello es cierto dadas las condiciones de atraso tecnológico de nuestro país, gran parte de los insumos industriales y bienes de capital deben ser importados. Es lógico que si la economía crece, las importaciones deben incrementarse. El problema del déficit externo es que indica que compramos más de lo que vendemos. Es decir, que si bien la economía crece, no consolida su posición en el mercado externo, porque, a pesar del crecimiento, no exporta. Y esto es preocupante pues la fuente principal de divisas debe ser la exportación. Y su incremento es signo de madurez económica (al menos sectorialmente).

El problema es ¿cómo financiar las importaciones estancadas? Según el discurso oficial eso no debe alarmarnos. El amplio y constante flujo de capitales extranjeros vía inversiones solucionará el problema. Mientras entren dólares por este concepto no habrá escasez de ellos. El problema es que estos dólares son atraídos por las amplias ganancias que ofrece el mercado especulativo, en particular la atractiva tasa de interés. Si ésta cayera, los dólares se irían y con ello la posibilidad de financiar las importaciones que el país requiere. Esto produciría una escasez de divisas tal que podría provocar una fuerte devaluación del peso, la cual produciría, a su vez, un incremento de los precios de las importaciones, un incremento del déficit externo y, lo que es más grave, una reactivación del proceso inflacionario y un fuerte freno al crecimiento económico.

Lo que no pueden permitir los estrategas económicos es que el flujo de inversiones extranjeras se detenga. Para ello es necesario mantener alta la tasa de interés e invariable el tipo de cambio. Pero nadie sabe hasta donde es posible esto pues cada vez son mayores las presiones de la demanda de divisas sobre la menguada oferta, porque cada vez es más el deseo de retirarlas del país que de traerlas. Si los dólares escasean, el Banco de México evitaría la devaluación liberando parte de sus reservas, pero éstas, aunque son grandes, también son limitadas. La única opción que quedaría, sería, entonces, la desaceleración económica, es decir, crecer menos, para disminuir la demanda de divisas mediante la disminución de las importaciones. Así se “enfriaría” la economía para evitar los riesgos que conlleva el crecimiento.

Como se ve, la estabilidad económica del país es muy frágil en estos momentos. Depende, podríamos decir, de hechos coyunturales como una tasa de interés atractiva o un tipo de cambio invariable. Sin embargo, el problema al que nos enfrentamos es de tipo estructural, es decir, la incapacidad del aparato productivo nacional de generar mercancías de exportación que amplíen el flujo de divisas al interior del país. En otras palabras, la incapacidad de las exportaciones para financiar las importaciones.

Una economía con alto potencial exportador no necesitaría del capital especulativo para financiar sus importaciones. Como ese no es nuestro caso, para asegurar la estabilidad, ¡oh ironías del destino¡ debemos crecer a un ritmo menor o de plano no crecer.

Lo único que asegura la estabilidad del tipo de cambio en el largo plazo es la ampliación y diversificación de la capacidad productiva y exportadora del país. Habría que ver si la política económica actual realmente ha creado esa capacidad o si está tratando de hacerlo.