LA ECONOMÍA MEXICANA FRENTE A LA GLOBALIZACIÓN DEL PROTECCIONISMO AL LIBRE MERCADO

LA ECONOMÍA MEXICANA FRENTE A LA GLOBALIZACIÓN DEL PROTECCIONISMO AL LIBRE MERCADO

Hilario Barcelata Chávez

Volver al índice

 

 

 

 

APERTURA COMERCIAL Y CRISIS ECONÓMICA EL PROTECCIONISMO. UN ARMA DE DOBLE FILO

Abril, 1985

A partir de los años cuarenta, comienza a configurarse en México gracias a ciertas condiciones coyunturales, un incipiente proceso de industrialización, el que más tarde será apoyado y promovido por el propio Estado, creando así las bases de lo que es el actual aparato industrial del país.

Una de las principales medidas que tomó el gobierno en aquellos años para apoyar dicho proceso de industrialización fue la política proteccionista que aislaba a la naciente industria nacional de la competencia desmedida y sumamente desventajosa de los productores de manufactureras extranjeras, principalmente Estados Unidos, en pleno auge expansionista.

Al amparo de dicho proteccionismo se desarrolló la industria nacional alcanzando altos niveles, relativamente de sofisticación. Pero también sirvió para la incrustación dentro del sistema económico mexicano de la empresa transnacional que vino a instalarse al país gozando de un proteccionismo creado para empresas poco competitivas y no para productores tan ventajosos.

La misma disputa que se levantó en aquellos años entre librecambistas que propugnaban por la apertura de los mercados y los proteccionistas y que implicaba toda una concepción ideológica del desarrollo y comprometía toda a partir de 1979 volvió a la luz pública cuando se proponía el ingreso al GATT, medida propuesta por el entonces subsecretario de Comercio Exterior Héctor Hernández, mismo que hoy, en su calidad de Secretario de la misma dependencia vuelve a la carga.

En aquel entonces, como ahora y como siempre será, existió una fuerte oposición a tal ingreso por parte de los empresarios industriales de la nación, que saben que no puede competirse con productos manufacturados del extranjero, ni en calidad, ni en precio y que no dudan los esperaría irremediablemente la bancarrota si se abren las puertas al libre comercio con el exterior.

Quienes se encuentran de acuerdo o patrocinan tal medida son los empresarios del comercio, quiénes varían ampliarse sus negocios y sus probabilidades de ganancia con el mercado de productos importados.

No cabe duda que el proteccionismo a creado en nuestro país un aparato comercial deficiente, poco competitivo e improductivo, sin embargo, no es con la deducción indiscriminada de dicho proteccionismo como se corregirán esos errores, creyendo, falsamente, que la competencia de los productos importados impulsará a las industrias nacionales a producir más, mejor y a más bajo precio. La competencia será desigual entre empresas transnacionales con muchos años en la industria amplios conocimientos tecnológicos, amplios capitales, y una letal capacidad para destruir a cualquier competidor, contra empresas nacionales que difícilmente podrán sostenerse en un mercado interno que estará plagado de manufacturas nuevas, sofisticadas y baratas.

Hasta el momento, como un preludio a la ya casi inminente entrada del país al GATT, se ha logrado liberalizar 7 200 fracciones de 8 100 requieren permisos de importación, en el afán de liberalizar el comercio. Esto es, cerca de 27 000 productos que antes requerían permiso de importación ahora podrán importarse pagando un arancel, lo que no sólo nos pone al borde del ingreso al GATT, sino que además, nos da señales de que el gobierno todavía no comprende que no es la liberación indiscriminada lo que ayudará a la industria nacional, sino una liberalización racionada y razonada, en ciertos sectores, en ciertos productos, que así lo requieran y otros no. Además de que el permiso de importación no es una antigua aberración que deba abolirse, pues de acuerdo a las necesidades y condiciones de los distintos sectores de la industria es como se decidiría si se usa el permiso o el arancel.

Ese fue el éxito de la política liberalizadora en Taiwán y Corea del Sur. No practicar una política de libre comercio o apertura comercial al irrestricta, si no mas bien, una política de protección selectiva en diferentes áreas económicas. A diferencia de lo que sucedió en Argentina o Chile donde la rápida e irrestricta liberalización produjo el desmantelamiento total de la industria y la transformación de los productores nacionales en importadores que vendían nuevamente a precios monopólicos.

La liberalización comercial provocará las mismas consecuencias en nuestro país de no hacerlo racionalmente; mucho más grave serán, si ingresamos al GATT. Cierto es también que esto nos promete la venta de nuestras mercancías al exterior, ¿pero está la industria nacional en condiciones de vender competitivamente en los mercados mundiales? La respuesta se encuentra al analizar que ni en el mercado interno tiene posibilidades de éxito.

Medidas más imaginativas deberán implementarse para sacar a nuestro país de la crisis; olvidando viejos esquemas. Pues hay quienes no ven sus erróneas decisiones pueden llevar al país al abismo.