LA ECONOMÍA MEXICANA FRENTE A LA GLOBALIZACIÓN DEL PROTECCIONISMO AL LIBRE MERCADO

LA ECONOMÍA MEXICANA FRENTE A LA GLOBALIZACIÓN DEL PROTECCIONISMO AL LIBRE MERCADO

Hilario Barcelata Chávez

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ACUERDO COMERCIAL Y DESARROLLO ECONÓMICO

Noviembre, 1990

El tema del Acuerdo de Libre Comercio entre México y Estados Unidos cobra mayor relieve con el encuentro Bush-Salinas esta semana. Acuerdo que se da ya como un hecho. Sobre todo a partir de la consideración de que existe un consenso interno generalizado en su favor.

Sin embargo, las posiciones en contra de la firma del mencionado acuerdo, desmienten el optimismo oficial. Oposiciones que surgen por los efectos nocivos que ha traído consigo la apertura comercial y que se ampliarán en dicho acuerdo.

Así, según una encuesta realizada por el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP), un 26.7% de los empresarios nacionales está en contra del Acuerdo, porque considera que sus empresas se verán dañadas. (El Financiero 15/10/90).

La Cámara Nacional de la Industria Textil también ha hecho público su desacuerdo. El proceso de apertura ha reducido las exportaciones textiles. Y el amplio volumen de importaciones ha mermado la posición en el mercado interno de esta industria. Ello ha conducido a esta industria a una situación de déficit comercial, cuando hasta 1987 observaba una sana posición superavitaria (El Financiero 10. Sept. 90).

Funcionarios de la Secretaría de Comercio y de Energía, Minas e Industrias Paraestatal, han expresado también su inconformidad. Estos opinan que el Acuerdo ...no nos hará ni mejores productores, ni más competitivos, ni mejores vendedores.. y que ...reducirá el papel de nuestro país a simple abastecedor de materias primas... (El Financiero 2/07/90).

Los productores agrícolas mantienen también una amplia oposición al respecto. Las importaciones de bienes agrícolas han mermado su capacidad productiva y de comercialización en el mercado interno. Este ha sido el caso de los productores de arroz que hace unos meses realizaron un fuerte reclamo al gobierno por las disposiciones en materia de comercio exterior. Ellos consideran que la apertura pone en serio riesgo la producción nacional de productos básicos (El Financiero 2/07/90).

La Cámara Nacional de la Industria de la Transformación (CANACINTRA) se ha unido ha estas voces disconformes. Esta segura que la industria de transformación no cuenta con las condiciones para enfrentar el Acuerdo de Libre Comercio. Ello debido a que, por lo menos, el 40% de las empresas de este sector tiene una desventajosa posición competitiva en relación a la industria norteamericana. (El Financiero 29/10/90).

La preocupación que muestran estas voces opositoras no es infundada. Efectivamente la apertura comercial esta dañando la economía del país. Esto es claro observarlo en el comportamiento de las variables del sector externo. De enero a julio de este año la Cuenta Corriente de la Balanza de Pagos arrojó un déficit de 4218.3 millones de dólares. Ello fue producto, en parte de un déficit de la Balanza Comercial de 1 905 millones de dólares (md). Se espera que a final de año, el déficit en la Balanza Comercial alcance un nivel de 3 000 md. Pues las exportaciones prácticamente permanecerán estancadas, calculándose que sumen 22 764.9 md. (siendo que en 1989 fueron de 22 715 md.) Mientras que se calcula que las importaciones sumarán 25 750 md. 10% por encima de los 23 409.7 md. de 1989. Este incremento de las importaciones que impulsa el crecimiento del déficit comercial se explica por: el incremento en las importaciones de bienes de capital en un 36.9%. De los bienes intermedios en un 11.3%. Y de los bienes de consumo en un 33.7%. Ello en los primeros siete meses del presente año.

La estructura y el ritmo de crecimiento de las importaciones revela problemas graves para la economía nacional: primero alude a una dependencia alimentaria en constante crecimiento, resultado de la incapacidad para producir todos los alimentos necesarios para la población. Ello producto en parte de la indiscriminada importación de bienes de consumo básico. Pero principalmente por los problemas estructurales en el agro que aún no han sido resueltos.

Segundo, se evidencia una agudización de la dependencia tecnológica de las empresas nacionales con relación al exterior. Dependencia que si bien ha existido desde que se inició el proceso de industrialización en la década de los cuarentas, no ha impedido un desarrollo importante de la producción de bienes de capital a nivel interno.

Ahora ese desarrollo puede revertirse con la apertura comercial y ahondar la dependencia tecnológica. La facilidad para obtener estos bienes en el exterior, inhibe su fabricación nacional. Reduce la participación de los industriales en el mercado interno. Y pone en riesgo la subsistencia de este sector fundamental para el desarrollo del país. En 1989 se gastaron 5 000 md. en la importación de estos bienes. De enero a julio de este año se han gastado 3 422.3 md. y su ritmo de crecimiento hace prever que superará el nivel del año anterior.

La capacidad ociosa de la planta industrial productora de estos bienes de capital es de un 40% (según datos del Consejo Coordinador de las Industrias de Bienes de Capital de la CANACINTRA) (El Financiero 9. Jul. 90). Esto debido a la caída de la demanda interna y a la apertura comercial que ha permitido un crecimiento de las importancias de este tipo en un 82% en los últimos dos años.

Es importante puntualizar que la producción de bienes de capital, es la base para el desarrollo dinámico y equilibrado de una economía. La independencia en materia tecnológica es condición necesaria para mantener la soberanía productiva. Lo es en la medida que es un medio para asegurar el alcance de los objetivos del desarrollo. En tanto su control interno permite orientar el rumbo, el carácter y el ritmo de ese desarrollo. Los países desarrollados son dueños de sus bienes de capital, de su tecnología. Ello les permite dirigir (sin influencias externas que aluden intereses ajenos) la dinámica de su desarrollo.

El riesgo más grave para nuestro país es convertirse en una economía maquiladora. Incapaz de producir lo que consume. La quiebra de bienes de capital está generando, en nuestro país, el dislocamiento de las cadenas productivas. Ello significa una desintegración de la industria nacional. E igualmente implica una pérdida de la experiencia y capacidad acumulada en el desarrollo tecnológico. Un país que no puede producir sus propias fábricas, tampoco producir los bienes de consumo para su población.

No se trata de oponerse por oponerse a la apertura comercial y al Acuerdo de Libre Comercio. Cierto es que nuestra economía debe integrarse a la economía internacional. Pero ello debe hacerse en condiciones de ventaja para el país y sin que provoque daños en la economía interna. Sin que se convierta en un mecanismo de subordinación económica. Por el contrario que sirva como detonador del desarrollo económico. Que consolide la posición económica de empresarios y trabajadores nacionales. Y que consolide la independencia y soberanía del país.

Por ello el proceso de integración económica debe partir primordialmente de una reestructuración interna de la planta productiva nacional. De tal forma que se generen las condiciones internas para que las empresas nacionales y demás productores del país mejoren su funcionamiento y eleven su capacidad productiva.

En la agricultura es necesario reorganizar la producción en beneficio de los productores, sobre todo aquellos más débiles y necesitados. Reorganización que tenga como fin asegurar, además, la autosuficiencia alimentaria. En la industria de bienes de capital es necesario crear las condiciones para el desarrollo científico y tecnológico. Consolidar las cadenas productivas y proteger, racionalmente, el sector de la competencia externa para permitir su desarrollo. En la industria de bienes de consumo es necesario crear las condiciones para elevar la productividad, la calidad y la reducción de sus costos de operación.

En la medida que esta industria reciba bienes de capital producidos en el país, tendrá una posición más firme ya que reducirá sus costos. Tendrá tecnología sin condicionamientos y más apropiada a las necesidades productivas, derivadas de las necesidades de consumo de la población.

Sólo cuando se haya consolidado este aspecto de la economía. Sólo cuando las empresas nacionales estén en capacidad de competir con las extranjeras. Sólo entonces, será conveniente abrirnos racionalmente a la competencia internacional.