BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

 

LA CULTUROCRACIA ORGANIZACIONAL EN MÉXICO

José Gpe. Vargas Hernández

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B.-CULTURA SOCIAL.

El ser humano es un ser eminentemente social, vive y se desarrolla en una sociedad específica, donde crea una cultura. La cultura social es definida por Newstrom y Davis (1993) como " el medio ambiente social de las creencias creadas por los seres humanos, las costumbres, los conocimientos, y las prácticas que definen la conducta convencional en una sociedad". Esta conducta convencional aceptada en una sociedad influencia todos los niveles conscientes y subconscientes del pensamiento que influyen en las acciones que un individuo realiza, de conformidad con las expectativas de los demás miembros de esa sociedad.

Un buen ejemplo de lo dicho anteriormente lo constituyen los mitos y los estereotipos que las sociedades construyen y que expresan sus valores, tradiciones, costumbres, etc. en determinada época. González Torres (1996) esclarece la necesidad que tiene una sociedad de construir mitos y estereotipos para su propio consumo, afirmando que esto sucede "a veces como afirmación de los que son administrados desde los poderes, a veces como mecanismo compensatorio, a veces como soterrada subversión, o todo eso junto. Aquí la imaginación mítica es generosa y democrática: casi cualquier objeto o persona es es susceptible de convertirse en mito y de pasar a formar parte del acervo de fetiches y señalamientos que ubican al individuo ante el mundo y la sociedad."

La formas de sociabilidad de una cultura tienen su impacto en las formas de organización social y por tanto, en su desarrollo económico y político. Un artículo de Fukuyama (1996), titulado "El capital social y la economía global", enfatiza la cultura como la promotora del desarrollo económico cuando facilita las formas de sociabilización espontáneas en la que se confía entre extraños, para "trabajar juntos en formas nuevas y flexibles de organización". Dichas formas de sociabilización espontáneas se ven debilitadas en aquéllas culturas "que hacen incapié en las relaciones familiares", dando origen a situaciones más graves cuando la educación y el trabajo son también debilidades de la cultura.

Las culturas confucianas y judaicas fundamentan el desarrollo de sus procesos de sociabilización en el "familismo" que debilita sus formas de organización, pero contrarrestan este efecto con la fuerza que derivan de su educación y trabajo. Fukuyama (1996) ejemplifica el argumento originalmente de Max Weber de que la fuerte orientación cultural de los chinos, hacia la familia, constituye un obstáculo a la modernización de su desarrollo, afirmando la importancia que se concede a los vínculos de parentezco y "al carácter central de la familia en esa cultura" en las organizaciones chinas para el reclutamiento y selección de administradores, sosteniendo este argumento como "la razón de la escala relativamente pequeña de los negocios chinos" la cual repercute relativamente en la existencia de "pocas corporaciones grandes, jerárquicas y administradas profesionalmente", características propias de las organizaciones japonesas.

El investigador concluye que actualmente están surgiendo las culturas económicas de China y Japón como dos "culturas económicas rivales" con sus propias orientaciones y rasgos que las caracterizan: "Cada una de esas culturas está unificada en sentido literal por grandes organizaciones de red basadas característicamente en una confianza social generalizada en al caso japonés y en la familia y el parentezco en el caso chino. Esas redes obviamente interactúan entre sí en muchos puntos, pero sus diagramas de cableado interno proceden siguiendo vías muy distintas."

Los contrastes de ambas culturas, la japonesa y la china, cuyo común denominador es "el modelo asiático", muestran que existen, según Fukuyama (1996) "aspectos de cultura comunes a virtualmente todas las sociedades del Este asiático". Los contrastes de ambas culturas asiáticas tienen serias implicaciones para cada una en particular. Entre estos rasgos comunes al modelo de la cultura afectada por el confucionismo, el investigador menciona:

a.- el respeto por la educación, y
b.- una fuerte ética laboral.

Pero a pesar de estas características comunes a ambas culturas asiáticas, "...en términos de estructura industrial hay una gran brecha...y será difícil para las sociedades chinas adoptar prácticas japonesas."

Otro buen ejemplo es el citado por Fukuyama (1996) del análisis hecho por Banfield en una aldea campesina italiana con una cultura "cuyas familias eran nucleares, pequeñas y débiles. Los negocios familiares seguían siendo marginales y los empresarios no lograron construir porque creían que era obligación del Estado hacerlo por ellos." La conclusión obtenida por Banfield en su análisis, puede ser validada en una cultura como la nuestra que presenta muchas características y rasgos similares a la italiana.

En el estudio de Fukuyama son las semejanzas de las características familiares y culturales de los diferentes países las que los hacen parecerse independientemente del bloque económico al que pertenezcan y las que además son trascendentes para su desarrollo económico, con lo cual se se apoya en la tesis de Weber que postula que dicho desarrollo económico de los países se fundamenta en los valores y las creencias religiosas, las cuales también se imbrican con los factores políticos, sociales y culturales. Zabludowsky (1996), interpretando los trabajos de Fukuyama y de Weber, sustenta que "las causas de nuestro subdesarrollo económico pueden explicarse por las diferencias entre una "tradición combativa" característica del protestantismo anglosajón y una "tradición contemplativa" del catolicismo ibérico". Los términos "tradición combativa" y "tradición comtemplativa", son términos usados originalmente por Basáñez (1986).

Sin embargo, mismo Fukuyama (1996) no está seguro de que "la incapacidad de sociedades con baja confianza para crear organizaciones de gran escala, constituya una limitación particular a las tasas de crecimiento económico conjunto...". y con el beneficio de la duda, argumenta el rápido crecimiento que en la década de los de los ochenta experimentaron las economías de "Italia y la de otras sociedades familistas latinas y católicas en Estados Unidos ", -descartándose por tanto, a la sociedad mexicana-. Con este argumento, Fukuyama (1996), corrige a Max Weber quien sostenía que la fuerte orientación cultural familista de la sociedad china sería el principal obstáculo para su "modernización económica". No hay que olvidar los diferentes motivos culturales que explican las diferencias de las relaciones familiares en los diferentes países y que parece no son tomadas en cuenta seriamente por Fukuyama a pesar de que pretende demostrar lo contrario como argumento para explicar el desarrollo económico de los países.

A pesar de este análisis, Fukuyama (1996) concluye: "Pero está claro que tanto la necesidad de una política industrial como la capacidad para ponerla en práctica dependen de factores culturales como el capital social." A pesar de que las preguntas en torno a la importancia de lo cultural, y de la orientación de los valores hayan constituido una preocupación constante en la teoría sociológica, afirma Zabludowsky (1996), al hacer referencia al hecho de que sea un autor polémico quien ponga nuevamente este tema en un primer plano. Sin embargo, lo critica fuertemente por su falta de rigor científico. Una de esas críticas se enderezan hacia la presentación simplista que Fukuyama hace de la "paridad confianza familiar-confianza extrafamiliar como un juego de suma cero en donde el incremento de la una, necesariamente lleva a la disminución de la otra" en una explicación que recuerda al uso del "doble código" del mexicano que lo conceptualizan como "un ser enmascarado", según Paz (1972) o en el peso que tiene la "servidumbre colonial expuesta por Ramos.

Algunos estudios explican según Zabludosky (1996) cómo "en nuestros países, los principios morales que valen para el círculo íntimo de la familia, los amigos más queridos y los compañeros más cercanos, no son los mismos" que aplica a su "vida exterior" y para fortalecer su argumento, cita a Basañéz (1986): "mientras que para el anglosajón, los valores éticos son los mismos en la vida pública y privada, para el segundo son distintos".

La tesis del determinismo cultural y religioso del desarrollo económico de las sociedades ya expuesta con anterioridad por Max Weber, ha sido desarrollado recientemente en un estudio de Zou (1991) en el cual se analizan tres tipos de sociedades:

1).- Sociedades con la religión confucionista, centrados en la modernidad y la tecnología, tienen un fuerte desarrollo económico.

2)- Sociedades con religión protestante, con una ética judeo-cristiana, conforme al análisis sociológico de Max Weber, han concentrado riqueza y experimentado un fuerte crecimiento y desarrollo económico

3).- Sociedades con religión católica, cuyo espíritu capitalista y de acumulación de la riqueza han pasado a ser valores de segundo orden, propio de pueblos que no han podido realizar grandes avances en su desarrollo económico.

La conclusión del estudio de Zou (1991) es de que existe un determinismo cultural y religioso del desarrollo de las sociedades. Por lo tanto, son las condiciones culturales, endógenas, más que las condiciones geoeconómicas, las que apoyan las estrategias de desarrollo, las responsables de los procesos de acumulación de la riqueza y del desarrollo y crecimiento económico.

Pero en medio de estos planteamientos, se alzan voces discordantes con los modelos de desarrollo existentes, como por ejemplo el escritor uruguayo Eduardo Galeano (1996), quien en una entrevista afirmó que existe la certeza de que el mundo como está no funciona porque "nunca fue tan injusto en el reparto de panes y peces, pero nunca había sido tan igualador en las costumbres que impone, tan borrador de las diferencias culturales que son las que hacen de la condición humana un alegre arcoiris". pero también "comete cotidianamente crímenes que nos suicidan a todos" y por lo tanto "a partir de esta certeza esencial vamos a empezar a armar algo diferente, nuevo que será además, múltiple porque cada lugar será diferente de los otros, no comulgará en los altares de una cultura dominante que confunde precio con valor y que convierte a las personas y a los países en mercancías".

Con fundamento en lo anterior, podemos mencionar como los elementos de una cultura social los siguientes:

1.- Cambio cultural, y
2.- Diversidad cultural.

1.- CAMBIO CULTURAL.

El cambio cultural se da cuando una persona se muda de lugar y se expone a la cultura nueva para él, que le representa ansiedad, confusión de valores y nuevas amenazas a su seguridad personal, provocándole un choque cultural. Para la integración de los individuos a la nueva cultura, es necesario conocer y actuar conforme al nuevo sistema de valores y creencias, hasta que logran su adaptación.

Por choque cultural se entiende "los sentimientos de confusión, inseguridad y ansiedad causados por un extraño nuevo medio ambiente". (Newstrom y Davies: 1993).

2,- DIVERSIDAD CULTURAL.

Definida como "la identificación, reconocimiento, apreciación y uso positivo de la rica variedad de diferencias entre la gente" (Newstrom y Davis:1993) Existen patrones de comportamiento que son comunes a todos los miembros de una sociedad pero muestran variaciones en otros aspectos importantes. Esta diversidad cultural puede ser:

a.- Creada por la organización y relacionadas con las actividades que realizan los miembros, como por ejemplo, las diferencias culturales que resultan por la naturaleza de su trabajo.

b.- Aspectos relacionados con sus antecedentes socio-económicos, étnicos, raciales, de sexo, etc.  


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