BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

 

ANÁLISIS CRÍTICO DE LA CULTURA EN GUANAJUATO

Reflexiones sobre la Encuesta Nacional de Prácticas y Consumo Culturales
 

Ricardo Contreras Soto (Coordinador)

 

 

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Impacto del medio televisivo en la cultura y en la educación.

Nicolás Gerardo Contreras Ruiz (filósofo)

Nuestra percepción, en la época de la imagen del mundo, se encuentra oprimida y saturada por el universo de los signos que le agotan en el dispositivo del valor de cambio, que le conducen a escindir el campo de la visibilidad privilegiando el aspecto físico subsumiendo el de la mirada, la aptitud para el desplegarse de la potencia que Carlos Pereda da en llamar de manera acertada pensamiento aspectal, ese talento para detenerse, demorarse en los detalles de un asunto o problema, asumir con cautela los matices conceptuales o empíricos de cada realidad que sale al encuentro en el curso de la vida diaria, ubicándolos en un horizonte más o menos abarcador, ese empeño volitivo que desde diversas perspectivas sondea, explora, matiza, vincula los diferentes elementos de una cuestión y que mantiene siempre abiertos los márgenes del pensamiento y la acción a lo nuevo, a lo inédito. Aparecemos marcados en la dirección preferente de nuestros desplazamientos diarios en una vocación lineal, simplista, apegados a un ahorro del perseverar intelectual. Nuestra atención, al conferir una amplia preeminencia al medio televisivo (al asumirnos meras entidades receptivas), establece los repliegues categóricos de la sensibilidad, de la reflexión esmerada, meticulosa, indispensables a los enfoques racionales de nuestra condición humana, una condición multi-referencial, pluridimensional.

El asedio cotidiano de la t.v., ha abierto paso a procesos de constitución de seres humanos profundizando su condición de entidades inertes, imponiendo en sus conciencias la adecuación irreflexiva a los contenidos trasmitidos, la aceptación incuestionable de sus supuestos tornando las creencias resultantes en verdades inobjetables, certezas indubitables. Miseria de la visión y de la mirada, pobreza de la percepción, incluso un extrañamiento del sí mismo, de la posibilidad de problematización de la propia experiencia. La fuerza de la televisión comercial impone todo un universo enajenante, reiterativo; impedidos para el pensamiento creador, nos vemos sometidos a la mera comodidad de la reproducción de los dictados y prescripciones ajenos asumiéndolos como propios. Nuestros sustentos de juicio aparecen situados en la lógica de que el conjunto de las actividades humanas debe aparecer orientado ineluctablemente a la rentabilidad, al cálculo financiero concluido en la ganancia. Esquemas que nos supeditan a formas y contenidos ideológicos, a abstracciones vacías en las imágenes dispuestas en artilugios de aventuras, caricaturas, comedia, concursos, deporte, musicales, noticieros, películas extranjeras, películas mexicanas, telenovelas, talk shows. Reforzamiento de la expulsión de las individualidades y colectividades de la esfera de las decisiones. Promoción continua de un eterno retorno de lo mismo, un más de lo mismo. Puesta en suspenso del despliegue de las posibilidades más propias, del deseo de desear, del deseo de pensar y actuar desde uno mismo, del deseo de formular los propios proyectos y de disponer de los medios apropiados para realizarlos, del deseo de que otros no deseen, piensen o decidan por uno. La t.v., ha expropiado nuestro tiempo sometiéndonos a los ritmos cotidianos de la seducción. Nos seduce el contenido de los comunicados tornándonos seres avocados a un consumo arrebatado. Toda una atmósfera plagada de reducciones de la constitución de sujetos a la manera de sujetos autónomos.

Renuncia de la autonomía en el ajuste mecánico de las conciencias a los elementos producto de las transmisiones televisivas. Las líneas conductuales que nos someten modelan a tal grado actitudes y conductas, que se concluye en una incursión amplia en la atmósfera de lo heterónomo. Se cierra y se pierde el espacio para las elecciones y decisiones razonadas, para la meditación responsable, para el examen meticuloso de las cuestiones concernientes a nuestro vis a vis con lo real. Se nos ha tornado tan familiar ese escenario que terminamos por asentir espontáneamente a lo más de sus comunicados en cuanto solidez inobjetable. En este sentido, la razón técnico-instrumental viene incrementando los efectos de su resonar. El desplazamiento de lo humano en torno de la intervención en los asuntos de la vida pública, de la ciudad; el menoscabo del espacio de la cultura (los intercambios lingüísticos, lo moral, lo estético, lo filosófico, lo histórico, etc.), se reafirman en el desdoblamiento del campo del televidente. A pesar de que el mundo de la vida resiste a la asimilación de la instrumentalidad tecnicista, su campo está continuamente amenazado por lo ecos permeantes transferidos por el medio televisor. Nuestro apego a los modelos y pautas de ese marco racionalizador permite la refuncionalización de los lineamientos de una vida receptiva admitida como natural, como normal. Las tareas concernientes a los problemas que salen al encuentro en los entramados que supone la res pública, son ubicadas en el margen exclusivo de las actividades de grupos de especialistas en funciones técnicas de administración capaces de dar cuenta de los mismos, desde el diseño de las medidas, instrumentos, modos de proceder. Todo ello preservando el enfoque de que las cuestiones prácticas de la vida social quedan fuera de toda posible interacción comunicativa, un no lugar para la necesaria obtención de consensos, la promoción de la opinión pública, la conciliación de intereses, para la discusión pública de los asuntos comunes. Aparecemos entrampados en una atmósfera despolitizante profundizada por el impacto de los espacios virtuales que nos advienen en la comodidad de nuestros hogares. Despolitización de la población, debilitación de la voluntad pública democrática, desinterés e indiferencia por los asuntos político-sociales, un no lugar para la intervención, discusión y resolución de las cuestiones relativas a la vida en común, al ámbito de la ciudad.

¿Cómo no considerar el reforzamiento de esa tendencia constitutiva a partir de los alcances perniciosos que activa el media virtual en el terreno de la educación? A los amplios vicios alojados en el espacio educativo —la corporativización histórica que ha subordinado a los agentes magisteriales a los requerimientos del aparato de Estado, la estratificación operativa del sistema, las prácticas de simulación y corrupción instauradas a lo extenso del campo de esa institución, particularmente en los programas de actualización y profesionalización docente que desplaza las condiciones de posibilidad de mejoramiento en la calidad educativa— se suma el arremeter seductor del artefacto televisivo. La perversión dominante en la práctica educativa tiene su correlato en la asimilación social generalizada del artefacto de nuestra atención. La marginación y periferia en que se circunscribe un amplio número de hogares, no impide el disponer de esa tecnología; se puede prescindir de bienes indispensables a formas mínimas de vida digna (el vestido, el calzado, los servicios indispensables, incluso hasta el alimento), de lo que no se puede prescindir es del entretenimiento aportado por la t.v. Sartori ha prevenido acerca del impacto nocivo del medio en el desarrollo intelectual de las individualidades y de las sociedades: los sujetos atados al carro del dispositivo televidente aparecen incorporados a la incapacidad para interpretar, entender y comprender lo que sucede con ellos y con su entorno. El avenirse social al atractivo ofertado por la condición de televidente ha venido a generar un estado en el que se considera que el entretenimiento y la diversión, y con el ello la posibilidad de goce y disfrute, quedan más que realizados, quedan satisfechos plenamente en el marco de ese espacio. Simplificación de las mentes a contracorriente con la complejización de lo real, disociación de las posibilidades de articulación del placer de conocimiento aportado por los procesos educativos en sus distintos niveles, con esa suerte de satisfacción que confiere el alcanzar niveles de comprensión acerca de variadas vicisitudes de la realidad, a partir de lo cual se abren ante nosotros perspectivas inéditas para otras aventuras del espíritu.

El encuentro con el televisor, al sucederse a edades tempranas, colma ampliamente las experiencias del ser humano. No sólo se ha posesionado del papel del cuidado de los niños, funge a la vez, como bien apunta Sartori, como una paideía generadora de otro tipo de ser humano, como la primera escuela. Adicción temprana al ambiente de la imagen, instalación apresurada en un espacio que cancela profundamente la alegría y el deleite por la lectura, por el disfrute de los aspectos que salen al paso en el recorrido diario de la vida, convocándonos a cuestionarlos y cuestionarnos a propósito de ellos, desafiándonos a responderles de alguna manera. La verdad emitida por t.v., además de concluyente es animada, graciosa, entretenida, es esa suerte de escuela divertida que antecede a la escuela aburrida. Esta última, ha dejado de ser un espacio vital atractivo quedando circunscrita al significado de un escenario donde se ensayan variadas técnicas de disciplinamiento dirigidas a someter la voluntad, el gusto, el deseo del alumno, una suerte de reclusión obligada, un plano rutinario de tedio al que se debe acudir por criterios coercitivos, una especie de encierro forzado carente de sentido. La actitud de un buen número de docentes permite el reforzamiento de ese sentimiento en los educandos. Los marcos de autoridad desbordan una dimensión pertinente situándose en una práctica autoritaria, a la par con el oscilar continuo entre una concepción del conocimiento como un ejercicio reiterativo de contenidos inalterables y un criterio del aprendizaje como la aptitud para la memorización y la repetición mecánica de contenidos.

La conjunción del carácter devaluado del sistema educativo y el influjo de la tecnología del televisor, marca derivaciones que separan de sustentos apropiados al mejoramiento cualitativo de los procesos de educación tanto formal como informal. La rutina a la que nos vemos sometidos tanto en el panorama nacional como estatal, nos colma de significados ajenos al empeño del mayor esfuerzo posible para aportar lo que aparezca a nuestro alcance para franquear los límites impuestos por esa asociación. Resistimos a renunciar al arraigo, a los hábitos cómodos brindados por un ordenamiento de la vida social estrecho, confinado a la reproducción de los mismos modelos, aparecemos situados en cursos constitutivos de sujetos impedidos para ejercicios de una buena vida —a la manera aristotélica— en gran medida derivados del impacto televisivo. Porque nuestra mentalidad aparece instalada en un cierre traducido en la simplificación, transfigurando nuestros aportes a la guía de las nuevas generaciones en una suerte de cuidado delegado ampliamente a la t.v. Como señala Sartori: “... un video-niño que no crece, un adulto que se configura para toda la vida como un niño recurrente”. El itinerario del mundo adulto deviene campo fértil para la estrechez en la orientación formativa de la niñez y la juventud; la actividad educativa disminuye sus alcances en cuanto que un amplio margen de las docentes y los docentes se abandonan a los marcos prescriptivos de la imagen televisora, condicionando sus decisiones y elecciones a dictados y líneas escasamente propicias a una necesaria conformación autónoma, a esa vocación tan cara a la ciudad griega denominada phrónesis, esa razón práctica que hacia de lo humano un ser meticuloso, prudente, recto, reflexivo, sensible, indispensable para la buena vida en común, un poder ser encauzado siempre hacia el ser más y mejor.

Nuestra condición se encuentra demasiado distante y ajena a esa experiencia. Nuestros planos vitales discurren en suertes de vivencialidad aislada, solitaria, en los límites de una cotidianidad cercada por los espacios virtuales que nos escinden de la promoción de prácticas que permitan generar una conciencia en torno de la vida a manera de un proceso que requiere del ejercicio creativo individual y colectivo que evite el adelgazamiento del lazo social, una racionalidad comunicativa que posibilite la comprensión de la vida social contemporánea, sus tendencias presentes y futuras, la discusión de los problemas sociales, en suma, visualizar y leer el mundo de la vida como un ámbito complejo, contradictorio y conflictivo que requiere la realización de fines prácticos, la consecución de consensos, la conciliación de intereses, un sentido humano y social, concreto, integral, formativo. La distancia que nos separa de esas condiciones de posibilidad es enorme. El sitio de nuestra instalación preserva hasta ahora un carácter pobre, deficiente. El atraso nos marca abarcando lo más de nuestras formas de convivencia y de los espacios que le traducen, entre ellos, el aspecto de la educación. Nos ubicamos en niveles poco honrosos en el concierto planetario y en el terreno nacional.

En Guanajuato la mayoría de las personas ve la televisión para entretenerse 72%.

En su opinión, ¿para qué sirve más; para entretenerse, informarse o aprender? Ver televisión

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