Se Enteró por los Diarios 
BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

 

URUGUAY UN DESTINO INCIERTO


Jorge Otero Menéndez

 

 

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Se Enteró por los Diarios 

La dinámica "integradora" de la subregión se caracteriza por decisiones de Argentina y Brasil que luego aceptan Uruguay y Paraguay, los cuales solicitan alguna que otra cosa en cada ocasión y reconocen a cambio que el liderazgo siga apoyado en el quejumbroso eje. La cumbre de jefes de estado de 1999 ratificó esa marcha: Convalidó lo acordado previamente entre Menem y Cardoso.

El antecedente más notorio de "olvido" bilateral de los compromisos asumidos con nosotros fue el Acta de Buenos Aires (julio 1990), de la cual el gobierno uruguayo de entonces se enteró por los diarios que estaba destinado a ahondar lo acordado en noviembre de 1988.

Fue en ese acuerdo de 1990 donde se adelantó la fecha de entrada en vigor del mercado común entre Argentina y Brasil. Que luego y ya como Tratado de Asunción, de marzo de 1991, habilita lo que ahora vivimos. Éste y lo acordado en Ouro Preto, en diciembre de 1994.

Cuando convinieron los jefes de Estado de los cuatro países en el Banco Nación - en Buenos Aires, en agosto de 1994 - respecto al Arancel Externo Común, es que el presidente uruguayo puso las cosas en su lugar...: El acuerdo, dijo, "convierte a nuestros países en grandes actores del mundo, junto con la Unión Europea, el Nafta y los Tigres asiáticos". Nunca nada fue mejor caricaturizado, aunque no haya sido esa la intención original de la observación.

En esta misma curiosa dimensión del conocimiento es posible recordar la anécdota de aquel jugador de fútbol de Divisiones inferiores a quien, luego de una jornada en que había demostrado un cierto esfuerzo en el campo de juego, un cronista deportivo, animándolo, le comenta: “¡Cómo ha corrido! ¿Cuántos pulmones tiene?” Y el volante, bajando los ojos, intentando disimular su orgullo con forzada humildad, le contesta: “Normal. Uno. Como todo el mundo.”

Las propuestas uruguayas llevaron al eje a invitarnos a participar de una reunión en Brasilia que convalidara lo arreglado previamente y donde el presidente Fernando Collor - como dijimos - propuso la incorporación de Paraguay que estaba relativamente al margen de todo el proceso.

Pero la idea del MERCOSUR se apoya en un discutido valor, aceptado empero sin objeciones por sectores formadores de opinión: que la ampliación de un mercado es, por sí misma, una condición suficiente para un crecimiento más o menos rápido del producto nacional.

El análisis histórico comparado, sin embargo, dice otra cosa. O, por los menos, no expresa eso.

Por ejemplo, a poco menos de un año de crearse el Mercado Común Europeo (MCE) por el Tratado de Roma y a siete años de vigencia de la Comunidad Económica del Carbón y del Acero (CECA) ya se hacía notar que la tasa de crecimiento alemana era inferior a la de Suecia, Austria y Suiza, tomados en forma separada, los cuales tres países no formaban parte de ninguna de las áreas europeas de integración. Y que mucho del crecimiento germánico, atendiendo a la evolución económica francesa de entonces, se debía a la cooperación estadounidense[i].

Asimismo, "los datos recientes sugieren que ha habido crecimiento económico dentro de la Comunidad Europea pero mas o menos al mismo ritmo que en otros países industriales. Los períodos de estancamiento y de recesión o depresión, como los ocurridos en los años setenta, han frenado el crecimiento dentro de la CE y los Estados Unidos, al igual que en los países industriales situados fuera de estos grandes mercados"[ii].

Pero también es de notar que los niveles de desarrollo al interior de los países industrializados no son homogéneos. El Mercosur tampoco prevé esta circunstancia que traducida a términos prácticos podría resumirse en la siguiente pregunta: ¿Porqué Uruguay va a obtener más beneficio de su relacionamiento con Brasil, que el que gozan los Estados brasileños de su propio país?

De ahí la importancia de la formación de fondos compensadores, como ocurre en la Unión Europea despreciada por un poco ilustrado – no hay nada como una fuerte ignorancia para sostener una débil auto estima - presidente de la época.

Otro supuesto igualmente erróneo es que la apertura de un país al exterior implica necesariamente un incremento de la eficiencia competitiva de la industria nacional del país que se abre.

Se saltean así las dificultades en superar las tendencias oligopólicas de los mercado, con las consecuencias conocidas en materia de precios, calidades y diversidades de los productos presentados para su consumo. Es imposible que las fuerzas de la oferta se equilibren con las de la demanda sin una fuerte intervención del Estado y mas aun en los países en vías de desarrollo donde el concepto de ciudadanía se encuentra demasiado asimilado al de mero habitante con espaciada capacidad electoral, como única instancia, además, de intervención en la adopción de políticas públicas.

Por otra parte, "si se examina cuándo se produce el crecimiento en la mayoría de los Seis (la Comunidad Europea, entonces), uno se ve tentado a afirmar ‑ como muchos observadores superficiales ‑ que la causa del fenómeno fue el Mercado Común. Se trata de un razonamiento post hoc ergo propter hoc ...... los beneficios proporcionados por el Mercado Común fueron muy pequeños en comparación con los aumentos de renta que experimentaron sus miembros. Por otra parte, los estudios estadísticos con respecto al Mercado Común sugieren que los beneficios de un comercio mas liberalizado no bastan para explicar un considerable desarrollo económico"[iii].

Y el mismo autor consigna que "se ha ensayado o se ha propuesto la creación de mercados comunes para países en vías de desarrollo, que poseen ventajas comparativas en los mismos bienes, y por lo tanto, no tienen demasiados motivos para comerciar entre si. Es imposible que esto promueva el crecimiento. Por esta razón y por otras, no se puede decir si una unión aduanera será conveniente para el desarrollo de un país. Hay que examinar el nivel previo de proteccionismo, la estructura de coaliciones, los beneficios potenciales del comercio entre los miembros, y otros factores presentes en cada caso".

Sin entrar a considerar el grado de validez de las observaciones citadas, cree usted lector que la inquietud formó parte de la ilustrada élite que empujó la integración al bloque sureño?

Aun dejando de lado el hecho que no existen trabajos académicos importantes sobre economías pequeños abiertas, bueno es recordar el crecimiento, la productividad y competitividad, por ejemplo, de Taiwán y Corea del Sur que no se caracterizaron por políticas aperturistas, ni siquiera en el plano comercial. Así como tener presente también, que en la otra mitad de esa misma dimensión es posible ver hoy día las dificultades para la apertura en el área de los productos sensibles (nuevo nombre para cubrir viejas políticas proteccionistas), por ejemplo en la Unión Europea.

Al respecto de este último caso, es oportuno señalar que las uniones aduaneras son, por definición, una nueva modalidad de la política de sustitución de importaciones desde que se crean para favorecer frente a terceros, nuevos socios además de los nacionales: los integrantes de esa unión. Y traspasarse “ineficiencias”. ¿Porqué lo soportaran.? ¿Por qué son masoquistas?

En economías con alto proteccionismo - en el entendido que no existe una forma sola de protección como puede ser un arancel externo - como la japonesa o en economías mas abiertas pero de todos modos protegidas, la eficiencia económica no pasa por ser un fin en sí mismo.

En efecto, ya sea por políticas sociales, por su humus cultural o la compulsión de una concepción ética internalizada, los valores en juego son otros, diferentes al economicismo en boga por América Latina.

Este último, que se viste como una suerte de contra cara del populismo - en la acepción peyorativa de éste -, no pasa de ser una modalidad de un agravio moral e intelectual.

De todo lo cual surge una inquietud que abordaremos de inmediato y que constituye también una hipoteca surgida en el nacimiento del Tratado de Asunción.

Se ha observado que no existe antecedente relevante en que la integración de diferentes mercados se realice sin tomar en cuenta los costos sociales que puedan estar en juego.

En particular, la Comunidad Económica condicionó su propia formación a la "igualación hacia arriba" de las políticas sociales.

En efecto, como se ha hecho notar, "uno de los principales objetivos de las instituciones de la CECA fue el de promover la mejoría de las condiciones de vida y de trabajo de la mano de obra, procediendo a su uniformización en el progreso, es decir, mediante la igualación hacia arriba. El cuerpo normativo de la Comunidad Económica del Carbón y del Acero (CECA) a estos respectos es quizás el mas completo de los que se han adoptado en los sistemas de integración.

En la Unión Europea la consideración de estos temas determinó la adopción de principios y el establecimiento de normas concretas. La mejora de las condiciones de empleo es objetivo básico del Tratado de Roma. Para darle aplicación práctica a este principio se dispuso la creación del Fondo Social"[iv].

Los subsidios que la Unión Europea distribuye a sus países miembros como ayudas a la producción agropecuaria suman alrededor de 45 mil millones de dólares anuales, siendo España uno de los más beneficiados. Es el país que mayores réditos recibe de los llamados fondos estructurales: unos 8 mil millones de dólares anuales. No es difícil entender las razones que tuvo Madrid para evitar la ampliación de la Unión Europea. Esta supondrá una caída en esos ingresos, siendo destinatarias de ayuda económica solamente las regiones menos desarrolladas de la Península: Galicia, Extremadura y Andalucía, en las que el ingreso per cápita de su población está por debajo del 75% de la media europea.

Pero no es Europa el bloque que más distorsiona los precios de la producción agropecuaria. EE.UU. acaba de acordar un aumento del 70% de la subvención en dicho sector, que alcanzó los 180 mil millones de dólares.

Quien más contribuye a dicha distorsión es Japón. Al subvencionar con el 65% del costo de su agricultura y sin tomar en cuenta sus múltiples barreras no arancelarias, es el país mas proteccionista del mundo. Inmediatamente lo sigue la Unión Europea con una subvención del 49% de su agricultura, y después los Estados Unidos, que gastan 24% de su presupuesto en ayudas agrícolas. A todo ello debemos agregar su fomento a la producción alimenticia no natural.

Estos países son quienes quieren convencernos que debemos abrir nuestras economías, no sostener ni alentar nuestra producción y ajustar nuestro comportamiento comercial a lo que llaman, para nosotros, leyes del mercado. En realidad, lo grave no es eso. Lo preocupante es prestarle atención y actuar acorde a ello.

Peor aún: Tiene décadas de existencia esta distorsión de la producción agrícola. Y por estos lares se continúa con la insistencia en que sea, precisamente, esta actividad la que debe apoyar nuestro desarrollo económico y nuestro crecimiento social. ¿No es algo francamente ridículo?

[i] Karl W. Deutsch. Las naciones en crisis. Fondo de Cultura Económica. 1981. 

[ii] Mancur Olson. Auge y decadencia de las naciones. Ariel. 1986  

[iii] Mancur Olson. Op. cit. 

[iv] Gustavo Magariños. Op. cit.

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