Una Casa que es Prisión
BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

 

URUGUAY UN DESTINO INCIERTO


Jorge Otero Menéndez

 

 

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“Una Casa que es Prisión”

¿Cuándo nuestras cúpulas dejarán de habitar el voluntarismo, vencidas ideologizaciones o vanas esperanzas? Pienso que difícilmente lo harán. Son su casa y su prisión, como se dijera, con otro motivo, en otras circunstancias. Constituyen parte de sí mismas. A esta altura bien vale la pena pensar que no vivimos problemas políticos, sociales o económicos, sino que ellos son las nefastas consecuencias de una grave situación grupal que nos afecta directamente.

El mentado conservadurismo nacional se apoya en naturales prevenciones, originadas en experiencias análogas a las propuestas que se han conocido en el área (la Argentina es tal vez el más claro, por cercano, pero no por cierto el único); las desregulaciones buscadas, por ejemplo, no son sino deseos de grupos “lobbistas” que buscan un mejor posicionamiento en el mercado nacional generadores de distintas y mayores ineficiencias, desde que nadie puede ignorar que lo necesario es un nuevo tipo de ordenamiento de actuación de los intereses en el mismo, no una desregulación que ofrezca mayores inclemencias al trabajo nacional, es decir, la formación de nuevos protocorporativismos; el denominado “estado de bienestar” para definir a nuestra legislación social es una desatinada exageración: basta observar las normas que al respecto existen en las economías desarrolladas para percibir que no es precisamente en la insolidaridad social reclamada en que éstas apoyan su propia fuerza; el pensar que existe un mundo homogéneo y distinto al nuestro es una contundente falta de verdad.

De ser el mundo como lo describen o comentan estos apocalípticos disfrazados de modernidad, sería sencillísima una constructiva actuación externa. Su fracaso en la elaboración de una política en ese sentido es tal vez la mejor prueba que dicha uniformidad es inexistente.

Lo señalado no significa justificar todas y cada una de las actividades o normativas vigentes. Lejos de ello. Pero esto de llevar a la intemperie lo que mejor debemos cuidar es otra cosa. El trabajo y la producción nacional no se beneficiarán nunca según la pretendida receta única.

La sintonía con ese exterior que se envidia se da, precisamente, en ser capaces de invertir en el desarrollo de las ofertas que exigen los nichos de demanda existentes en el mundo. Y esto se logra gracias al avance tecnológico. Desarrollarlo es una decisión política de asignación de los recursos el Estado.

No nos olvidemos que en Uruguay – y en general en toda Latinoamérica – la inestabilidad económica tiene indiscutibles fundamentos políticos. Baste citar las distintas orientaciones instrumentadas en materia cambiaria, de importaciones o de supuesto fomento de la producción para percibir la gravedad que la señalada circunstancia trae siempre aparejada, y dónde se originan – más allá de las ingenuidades de algunos espontáneos oportunistas - las interpretaciones sobre la necesidad de estabilidad de algunas absurdas normas jurídicas y quiénes son los beneficiarios de esa posición.

En muy pocas ocasiones nuestra gente tiene la posibilidad concreta, no ya de pronunciarse, sino de enterarse oportunamente de la adopción de normas que afectan directamente su vida cotidiana y sus intereses. El funcionamiento del régimen descansa sobre la voluntad de algunas elites, y estas no integran, por cierto, un grupo de premios Nobel.

Esta negativa característica no es novedosa. Se hizo notar ya en el acontecer colonial – fundamentalmente cuando ocurrían conflictos armados en los que participaba España. El cambio abrupto, verbigracia, sin permitir a la economía prepararse debidamente para una transformación fue la característica del siglo XVIII.

Se ha recordado al respecto[i]: “Los testimonios de la época señalan el comercio libre entre España y América como el factor que liquidó las antiguas industrias, afirmación que no se puede tomar en sentido tan absoluto; en la primera mitad del siglo, ya los barcos franceses e ingleses y los navíos españoles de registro habían introducido manufacturas europeas en gran cantidad, y luego las demás reformas y el contrabando jugaron su parte. Por otro lado, las industrias no desaparecieron completamente. Lo más exacto es decir que a partir del comercio libre, en 1778, se agudizó, con caracteres cada vez más fuertes, la competencia con las industrias coloniales que llegaron a resentirse en forma notable”. Y agrega el autor más adelante: “La competencia de las manufacturas extranjeras llegó a ser tan fuerte, en los últimos años, que ni siquiera aquellos productos considerados autóctonos, y que pudieron haber resistido el embate, escaparon a su influencia”. .... “El ahogo que experimentaba la industria tenía sus períodos de relajamiento sólo en tiempos de guerra, cuando las dificultades de las comunicaciones impedían el abastecimiento de las colonias”.

¿No aprendimos nada a éste respecto? Hubo años, décadas en que sí.

Por otra parte, un Estado como el uruguayo – ya en su actividad central, ya en la departamental - que en términos de política comparada no tiene un peso importante, muestra, en todo caso, la declinación de su conducción.

A mi modo de ver, lo reitero, dos vertientes de factores negativos inciden directamente en nuestra situación: la política externa y algunas características del régimen político que nos hemos dado.

Esos dos haces de problemas son consecuencia, a su vez, del lastre mayor que arrastra el país: nuestras elites, sean estas políticas o empresariales (más la primera, obviamente, que la segunda) que nos ataron, con meticulosa imprudencia y en ocasiones vistosa enajenación, a la pasión por los escombros políticos y económicos que caracterizan la historia de nuestros vecinos, y anclaron nuestra democracia en la acepción débil de la misma: la meramente electoral.

Esta circunstancia no puede ser imputada a la imposibilidad de prever las consecuencias de ese determinado accionar gubernamental en la materia, desde que sobran experiencias al respecto. Hubo, si se quiere, una subestimación de los antecedentes y una sobrevaloración de la complejidad de los problemas que se presentaban.

No es producto de la casualidad que nuestras elites – en su conjunto, no todos o cada uno de sus integrantes – sean consideradas de muy baja calidad en términos comparados. Inferiores, como se ha dicho, a las paraguayas: “.....son (las elites paraguayas) significativamente más educadas” (que las uruguayas).[ii]

El Uruguay no vive por primera vez una fuerte depresión económica, ni ella tiene ribetes originales que permitan hablar de su excepcionalidad, como ya hemos visto.. Sin embargo, la reacción que el núcleo duro ha manifestado y actuado a ese respecto no es tampoco novedoso: persiste en el error.

[i] Sergio Villalobos R. Comercio y contrabando en el Río de la Plata y Chile. Eudeba 1986.

[ii] Estudio de la variable política en el proceso de integración regional de los países pequeños del MERCOSUR y análisis de las opiniones de sus élites sobre dicho acuerdo. Diego Achard, Manuel Flores Silva, Luis Eduardo González. BID-INTAL. Buenos Aires 1993.

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