De “El Inconstante” Vino Todo 
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URUGUAY UN DESTINO INCIERTO


Jorge Otero Menéndez

 

 

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De “El Inconstante” Vino Todo 

En Castilla, mientras tanto, se presenta una guerra civil entre el hijo legítimo del rey fallecido y uno de sus bastardos. El lector ya sospechará que finalmente triunfará éste último. En efecto. E Isabel “La Católica” será una de sus descendientes.

Aquél Fernando portugués, conocido también como “ El Inconstante”, resuelve inmiscuirse en el vecino conflicto intestino, plenamente seguro del acierto de su decisión, abandonada su intrínseca vacilación.

Como sucede muchas veces con los irresolutos, cuando deciden adoptar una posición lo hacen de manera drástica, y equivocada. Lo mismo ocurrió con este protagonista del fin dinástico.

Con la paciencia de un monje benedictino y la involuntaria desatención periférica de un miope, desarrolla Fernando una política exterior limitada a lo regional porque se consideraba con derecho al trono de Castilla, y a éste lo creía al alcance de su mano: no veía a Castilla como la España que aún no era. Simplemente le parecía una vecina apetecible por tradición y necesidad familiar. Aquello de “una vez puesto en la silla se va ensanchando Castilla delante de mi caballo” era para él la descripción de su destino.

Como si una cosa fuera causa o consecuencia de la otra, su participación y su política se sostenían por pretender derechos debido a un ascendiente, no un Alfonso pero sí un Sancho que había sido su bisabuelo y rey castellano. Para alcanzar su objetivo realiza acuerdos surtidos: con el cristiano rey de Aragón - el apoyo de éste lo logra a cambio de casarse con una hija suya de nombre Leonor -, con el moro rey de Granada y con otros pequeños monarcas de la Península. E invade un buen día Galicia.

No contó Fernando, parecería a la luz del resultado, que además de establecerse sobre el papel, su estrategia tenía que mostrarse en el campo de batalla: tuvo que firmar una deshonrosa paz con su contrincante, un Trastámara[i]. Y comprometerse a casarse con una hija de éste último, también de nombre Leonor. Posteriormente incumple este aspecto de los compromisos (con el Trastámara y con el de Aragón), pero respeta el nombre de quien debía ser su cónyuge: lo hace con otra Leonor. La de Teles. Matrimonio éste que debe haber satisfecho a todos porque ninguno – que se sepa - presentó queja al respecto.

El destino, que en más ocasiones de las necesarias aparece con vocación de desmentido de los pensamientos o actitudes presentes, le jugó una mala pasada al sobrenombre que le atribuyeron. Así, “El Inconstante” fue quien inició una alianza entre Portugal e Inglaterra que perduró por los siglos de los siglos y cuya consecuencia más importante para nosotros fue la presión ejercida por el gobierno británico sobre Pedro I de Brasil con el fin que se aviniera a declarar la Independencia de nuestro país. Hecho que concretó casi quinientos años después de los acontecimientos que ahora nos ocupan.

Fueron aquellos los tiempos del apodado Príncipe Negro, por el color de su armadura. El mismo que llevaba en su escudo el lema del rey Juan de Bohemia, muerto con extrema gallardía el 26 de agosto de 1346 en la batalla de Crècy[ii]: “Ich Dien“. Vendría a significar “Yo Debo”. El lema – que ostentan desde entonces los príncipes de Gales - señala Ortega y Gasset que debería ser el de todo quien aspire superarse: el auto imponerse obligaciones.

El arreglo con Londres fue concretado en el Tratado de Westminster de 1373. En este período la corona lusitana opta por tener un respaldo de fuera de la zona – más allá del barrio dirían ahora nuestras ilustradas cúpulas - y elige para ello a la monarquía inglesa.

A la muerte de Fernando lo sucede, no sin inconvenientes, su medio hermano Juan. Hijo ilegítimo de Pedro I pero de Portugal y una mujer gallega: Teresa Lorenzo.

 A éste Juan, Fernando lo había puesto preso porque sospechaba que trabajaba la intriga con éxito en su exclusivo favor y sus propias ambiciones. Le molestaba más de su medio hermano la ausencia de envidia – que desde los etruscos se sabía que es el sentimiento que resalta las virtudes ajenas - que su desamor.

Mediación británica por medio – efectivizada por el jefe de la tropa inglesa sita en Lisboa, el conde de Cambridge - se le permite a Juan obtener su libertad.

Agradecido, Juan, maestro de la Orden de Avis, una vez hubo accedido a la Corona portuguesa firma el Tratado de Windsor con Ricardo II rey de Inglaterra, hijo del Príncipe Negro. En dicho documento se asegura una alianza y asistencia permanente, recíproca y perpetua entre ambos países que él sella casándose con Filipa, hija de Juan de Gantes, duque de Lancaster y posteriormente de Aquitania (Guyena) – tío carnal del monarca inglés -, quien se creía con derechos sobre el trono castellano por haberse casado con la hija del rey de Castilla, asesinado por orden del medio hermano ilegítimo de ésta última, Enrique II de Trastámara - hijo ilegítimo de Alfonso XI y su prolifera amante Leonor de Guzmán. Expectativa, la de Gantes, que apoya no sólo Fernando de Portugal, en su momento, sino también el rey de Navarra.

El de Trastámara era respaldado por Francia y Aragón. Normal. Todo quedó dentro de la Guerra de los Cien Años, que duró 116 y no fueron todos de conflicto[iii].

Desde esa época Castilla muestra - se ha hecho notar - su estrategia con Europa, pero fuera de ella, respaldando a Francia contra Inglaterra por motivos peninsulares, es decir, debido a Portugal.

El hijo de Enrique II, el primer Trastámara que llega a ser rey, de nombre Juan quiere apropiarse de Portugal y es derrotado en la batalla de Aljubarrota (1385). Fundaba sus derechos sobre el trono lusitano en estar casado con Beatriz de Portugal, hija del fallecido Fernando, a quien había derrotado, obteniendo en la paz que se alcanzó entonces, la de Elvas (1381), la mano de la hija del rey vencido.

Años después, la asunción de Isabel no resultó tampoco fácil. Su Castilla arrastraba las consecuencias de los afanes – en el doble sentido del término - de la nobleza generada por Enrique II (“mercedes enriqueñas”, las llamaron) y vivía una guerra civil en la que Enrique IV, quien defendía el poder de la monarquía debió hacerlo contra su hermano Alfonso, a quien sostenían los grandes nobles. A la muerte de éste último y luego de distintas vicisitudes hace la paz[iv] con su media hermana Isabel[v] nombrándola heredera del trono, en perjuicio de su hija Juana, conocida como "La Beltraneja" (sus enemigos sostenían que no era hija de él, sino de un valido de éste, Beltrán de la Cueva).

Al mostrar Isabel una misma posición respecto a las potestades reales, los nobles se levantan nuevamente, defendiendo ahora la legitimidad de la antes vilipendiada Juana. A la muerte de Enrique IV se produce la llamada Guerra de Sucesión de Castilla, en el 1474, que dura casi un lustro y en la que se involucra Portugal. Termina con el tratado de Alcáçovas, por el cual Juana, la legítima heredera, es internada en un convento...

De caballerosidades, lealtades y misiones trascendentes había poco o nada. De pura ambición, censurables argucias y escaso humanismo, todo o casi todo. Porque aun cuando de asesinatos de familiares, de trampas y traiciones está llena la historia del poder, en pocas ocasiones se han considerado como los fundamentos habilitantes de la existencia de los valores que negarían los hechos de donde proceden. Y si lo hacen, lo es por poco tiempo. No como modelo a congelar e imitar para siempre. No parecería que fuera el cinismo un sólido apoyo para la generación de una manera de ser que pretendía encarnar su negación. 

El panorama que surgió en los reinos de Castilla y Aragón, en particular en el primero, hacía imposible pensar en una administración ordenada. E Isabel I de Castilla y Fernando V[vi] de Aragón (Tanto Monta[vii], como decía el lema del rey católico) no eran precisamente unos ilusos. Menos aún este últi­mo, nieto de Fernando el "de Antequera"[viii] quien fuera regente de Castilla cuando la minoridad de su sobrino Juan II, y ubicó muy bien a sus hijos en dicho reino[ix], dando la pauta de la estrategia peninsular y exterior de esa monarquía.

[i] La Casa de Trastámara era originaria del condado del mismo nombre, ubicado en Galicia - en la Galicia de las sagradas reliquias -, a cuyo frente estuvo Enrique, uno de los diez hijos bastardos que Alfonso XI "El Justiciero” tuvo con Leonor de Guzmán, que sucedió a su padre en el trono de Castilla y León, no de un modo pacífico, por cierto.

Diversas revueltas nobiliarias contra el sucesor legítimo, conocido como Pedro I "El Cruel" (quien se podría decir que promovió los derechos del común) terminaron por hacer triunfar - luego de tres años de guerras civiles - a su hermanastro Enrique – cuya madre fue asesinada en ese entonces -, el cual asume el trono de Castilla como Enrique II y entrega a quienes lo apoyaron las llamadas "mercedes enriqueñas" que generaron, de algún modo, nuevos y más fuertes nobles, que luego se convertirían en trascendente problema.

Fue apoyado éste Enrique por el rey de Aragón Pedro IV "El Ceremonioso", admirado por ser quien extendió los territorios de dicha corona. Apoyó éste al Trastámara a cambio de recibir del mismo el reino de Murcia. Promesa que aquél no cumplió ya como Enrique II.

La Casa de Trastámara en el trono castellano se inicia con Enrique II de esa manera y tiene su última expresión con Juana “La Loca” a la que “golpean” institucionalmente su padre, Fernando El Católico y, posteriormente, su hijo Carlos I.

En el lapso entre uno y otra se producen diversas traiciones culminadas en distintos crímenes –magnicidios incluidos - y la primera campaña antisemita que trae aparejada miles de muertos, iniciada en Sevilla en 1391. El antisemitismo de Isabel La Católica, así como el modo como accede al trono y l manera que lo ejerció no fueron más que la continuidad de una tradición familiar.

[ii] La más importante batalla en los inicios de la Guerra de los Cien Años que, desde ya duró mucho más tiempo (116) y no fue continua. Se desarrolló entre 1337 y 1453 por el trono francés que reclamaba el rey inglés Eduardo III. Como los franceses eran más anti feministas que monárquicos – lo de anti ingleses estaría demás porque el motivo se continuó, pasándose el impedimento a España.... – se consideró que siendo la fuente de la legitimidad de Eduardo su madre, era imposible que éste asumiera. La madre de Eduardo era hermana del rey fallecido y el trono pasó a un primo de éste último. Felipe de nombre.

[iii] Dio comienzo en mayo de 1337 – cuando Felipe IV de Francia toma Guyena (es decir, Aquitania), propiedad inglesa - y terminó en 1453 sin un tratado que así lo reconociera. En el último tramo de la misma es que se forja la leyenda de Juana de Arco. 

[iv] Reconocida en la denominada Concordia de los Toros de Guisando

[v]Isabel era hija de Juan II de Castilla y de su segunda mujer, Isabel de Portugal. Su medio hermano Enrique, era hijo de la primera mujer de Juan II, María de Aragón. 

[vi] O Fernando II de Aragón todo depende como se cuente. A los efectos de la corona española, sin embargo sería el V.

El modo de ser de Fernando puede tener una referencia en dos anécdotas que protagonizó. Una, liberar luego de que cayera prisionero, convirtiéndolo en su aliado, a Boabdil el Chico, el último rey del último reino moro de la Península Ibérica. La otra, ante sus vasallos que le reclamaban el hacerse besar su mano por el propio Boabdil luego que de la entrega de las llaves de Granada: "Diéragela por cierto, si estoviera libre en su reyno; é no gela daré, porque está preso en el mío". 

[vii] Al respeto Joseph Pérez señala que el origen se encuentra en la leyenda de Alejandro el Magno y su resolución del nudo gordiano. Recuerda Pérez que el escudo del yugo así como el propio nudo tienen ese referente el que se complementa con el lema Tanto Monta que quiere decir "da igual". A fines del siglo XIX ese lema se extiende al conocido como Tanto Monta, Monta Tanto Isabel como Fernando, lema que niega Pérez haya existido nunca. Joseph Pérez. Isabel y Fernando - Los Reyes Católicos. Nerea 1988. 

[viii] A principios del siglo XV conquista Fernando, el abuelo del rey católico, la ciudad de Antequera ubicada en la frontera entre Granada y Castilla, procediendo de la ciudad de Córdoba. Luego de varios meses de cerco Fernando toma ese bastión islámico por entonces recientemente amurallado. Desde ese entonces se le conoce como el de Antequera. Era hijo de Juan I de Castilla y Leonor de Aragón, perteneciente a la Casa de Trastámara. Cuando quedó vacante el trono de Aragón se presentó al mismo y fue aceptado por los nobles en el llamado "Compromiso de Caspe". Se casó con Leonor de Albuquerque y manifestó particular interés por los asuntos del Mediterráneo, siguiendo los pasos de Pedro IV "El Ceremonioso", enfrentándose al papa Benedicto XIII. 

[ix] Los mismos infantes de Aragón por lo cuales preguntaba Jorge Manrique en sus versos. Qué se fiço el rey Don Juan / los infantes de Aragón que se fiçieron / qué fue de tanto esplendor / como trujeron... Crearon un fuerte grupo que los apoyaba.

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