El Disfraz del Progreso
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URUGUAY UN DESTINO INCIERTO


Jorge Otero Menéndez

 

 

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El Disfraz del Progreso

La dictadura de Latorre (1876-1879)[i] como la de Máximo Santos (1882-1886) se caracterizaron por la violenta y sistemática persecución a opositores, escándalos de corrupción – en realidad el último le ganó con creces a su predecesor[ii] - y la división política territorial del Estado uruguayo asentada por el primero al aceptar él también la conocida como Paz de Abril de 1872 que puso fin a la Revolución de las Lanzas y aseguró el dominio de territorios por fuera de la voluntad de las autoridades del Estado nacional, postergando así la consolidación del mismo.

Si éste pacto puede ser considerado inevitable y fructífero en su momento, su prolongación desmiente esa labor de afianzamiento estatal atribuida a Latorre. Tanto como la de fortalecimiento del principio de autoridad. Lo violó no sólo en el momento en que golpea las instituciones, sino también luego de ser derrocado. Esto, sin perjuicio de haber estimulado en diversas ocasiones distintos tumultos.

Ambos, Latorre y Santos, han sido últimamente referentes ineludibles del pensamiento autoritario nacional, a los cuales se los viste de estadistas. Desde ese punto de vista, justamente, más al primero que al segundo. El coronel Lorenzo Latorre - quien acompañó siempre de lejos el borde de los caminos de la lealtad - inauguró en el país la desaparición forzosa de enemigos del gobierno de facto[iii] y le dio al Ejército tareas policiales, llegándole a recriminar a Varela una cierta debilidad en la represión política, pese al referido degüello de prisioneros en Guayabo realizada en su período. Asimismo, fue Latorre quien cumplió con el deseo de Varela: despidió al cincuenta por ciento de los funcionarios públicos. Santos, por su parte, se sabe, entregó gustosamente a sus opositores el monopolio de la honestidad. Y su gestión hizo nacer la idea que su predecesor militar era de una indulgente y sobria sordidez. 

En noviembre de 1875, Latorre, que era ministro de Guerra del gobierno de facto, le escribía a su presidente Varela desde la localidad de Averías[iv] – despreocupándose por la coincidencia entre el nombre del sitio y la calificación de su persona -, que de no haberse perdido tiempo, “ningún revolucionario habría escapado y entonces hubiera tenido el placer de decir: los hemos concluido y hemos dado paz al país”. Y, poco después, pero ahora en Fraile Muerto, insistía: “Si dentro de quince días la montonera no ha desaparecido por completo y si el Superior Gobierno me lo permite yo daré una orden terminante en un plazo reducido y todo el que en el citado plazo no se presente y fuera tomado en armas será ejecutado incontinentemente pues la montonera, como V.E. comprende, comete toda clase de crímenes”.

Razones sobran para explicar la devoción del pensamiento autoritario por el personaje de marras y, en particular, la que le prestó a éste, a Latorre, la dictadura iniciada en junio de 1973. Antes, de quienes profesaban notorias simpatías por el Eje Tokio-Berlín-Roma, en la Segunda Guerra Mundial, precedidas por su solidaridad con el franquismo (1936-1975), a partir del falangismo[v]. Es difícil superar el artilugio de deshonestidad intelectual sostenido por estos últimos quienes, más tarde, agobiados por la carga de desprecio colectivo que supuso su adhesión al Eje, a partir de una posición que declaran como antiimperialista criticaron la actuación en estas tierras, por ejemplo, de José Garibaldi. Se ha llegado a afirmar - la imaginación suele ser vasta cuanto se trata de aliviar el desconsuelo - que los garibaldinos contribuyeron (algunos tienen la cortesía de precisar que lo hicieron involuntariamente) a la división de nuestros países (como si estos hubieran estado unidos antes y salvo una inexplicada nostalgia por el Virreinato del Perú) ayudando así a establecer los lazos imperiales europeos en la región. ¡Fantástico!

Se debe tener en cuenta, asimismo, que es Latorre quien logra restablecer la normalidad de relaciones con Inglaterra.

Decía a su respecto, en 1879, el enviado británico a Montevideo para negociar los finales del restablecimiento de relaciones, Francis Clare Ford: “... (para traer) el capital superabundante en los países más ricos .... dos cosas son necesarias: la certidumbre del fiel cumplimiento de los contratos que se establezcan y la perspectivas de una completa seguridad en la vida y la propiedad junto con la confianza en la estabilidad de los poderes gubernativos.... Las pruebas de patriotismo y de habilidad administrativa ya desplegadas por V.E. son prendas para el futuro y no me cabe duda que con la ayuda de la Providencia y de los ilustrados consejos de vuestros ministros este país se elevará pronto al alto rango que por su posición geográfica y la prodigalidad de sus dotes naturales, está destinado a ocupar en la familia de las naciones”.

Poco después se formalizaba el relacionamiento diplomático, comprometiéndose a pagar nuestro país, a sus residentes que fueran súbditos británicos, las indemnizaciones previamente acordadas. 

La elección de diputados y senadores que debió llevarse a cabo en noviembre de 1875 fue traslada a febrero de 1876 por la Revolución Tricolor (julio de 1875), contra el gobierno surgido del motín de Latorre.

En la fecha prevista y viviendo el país bajo estado de sitio – aun cuando ya eran prácticamente inexistentes los focos revolucionarios – el oficialismo hace votar casi exclusivamente a la policía, de cuyo sufragio emergieron las nuevas Cámaras que homologaron la designación del nuevo jefe de Estado.

Una vez derrocado Varela, Lorenzo Latorre dispone el estudio y la preparación de una nueva ley electoral, para lo cual crea un Consejo Consultivo[vi] encargado de pronunciarse a ese respecto.

Dicho cuerpo elabora un proyecto que, inspirándose en la legislación recientemente establecida en Buenos Aires[1] – la cual consagraba el doble voto simultáneo – propone asimismo ir hacia un régimen proporcional en la traducción de sufragios a escaños legislativos.

Demás está decir que Lorenzo Latorre desecha la propuesta que le formula el Consejo y profundiza el mecanismo del fraude.

Respaldó sí a Latorre y lo acompañó en alguna conspiración27 que el ex dictador intentara desde el exterior, el coronel Pablo Ordóñez[vii] (1849-1889) quien fue nombrado jefe del 2 de Cazadores por aquél, en 1876, siendo cuñado del ministro de Guerra, general Eduardo Vázquez. Participó el coronel Ordóñez en la defensa de Latorre, incluso cuando la votación que llevaron a cabo los jefes de los cuerpos militares de Montevideo para decidir si se aceptaba o no su renuncia como presidente de la República, el 13 de marzo de 1880.[viii] Era Pablo Ordóñez sobrino de la señora de Lorenzo Batlle e hijo de su ministro de Guerra, el coronel Trifón Ordóñez, un anti florista radical. Se ausentó Trifón Ordóñez del país para residir en Entre Ríos luego de la derrota de la revolución de César Díaz[2] – colorado conservador - en enero de 1858 y recién retornó en mayo de 1868 para sustituir al coronel Máximo Pérez como jefe político de Soriano, cargo que desempeñó durante un breve lapso.

[1] Justino Jiménez de Aréchaga. La libertad política. Librería Nacional, 1884. 

[2] César Díaz (1812-1858) fue el jefe de la División Oriental (integrada por los batallones, Resistencia, Voltígros, Guardia Oriental, Orden y un regimiento de artillería) que participa en el triunfo de Monte Caseros el 3 de febrero de 1852, comandando el ala izquierda del Ejército aliado, ingresando en Buenos Aires a la cabeza de la columna en mérito a su actuación en aquella batalla. “ La campaña contra Rosas fue popular y tuvo – dice el doctor Luis Melián Lafinur – general asentimiento la medida acordada a la División Oriental entregada por el gobierno del que era en ese ministro de Guerra el entonces coronel José Brito del Pin(blanco)”. (Sosa, 1902).

El presidente de la República, Juan Francisco Girfó, refiriéndose a los integrantes de la División Oriental señaló: “ Representantes armados del principio de libertad e inependencia de la Patria en la gran jornada de Monte Caseros”.

Ocupaba la presidencia del Senado Bernardo P. Berro y la de la Cámara de Representantes Atanasio Aguirre. Y entre quienes tomaron la iniciativa de los festejos populares cuando el retorno de la División Oriental a Montevideo se encontraban Cándido Juanicó y Leandro Gómez.

[i] Lorenzo Latorre (1840-1906). Han sido citadas como obras de la iniciativa de Latorre su aceptación de las demandas del sector rural del país. Asimismo, se le atribuye el desarrollo del ferrocarril y los servicios públicos, y el alambrado en los campos comenzados durante gestiones anteriores a la de él. Acrecienta sí, Latorre, la influencia del capital inglés en el país. En su breve período constitucional – un año – logra restablecer las relaciones diplomáticas con Inglaterra. 

[ii] No sería correcto asimilar plenamente ambos casos, en lo que hace, al menos a la imagen pública de su moralidad. Santos hizo del robo a las arcas del Estado una estricta política a la cual ajustó escrupulosamente su gestión gubernamental, agravando el hecho el que fuera para él una norma de conducta la ostentación de lo hurtado.

El caso de Latorre no fue el mismo que el de Santos en lo que hace a su actitud ante los dineros públicos y su exhibicionismo en ese sentido. No son muchos los casos confirmados de una actitud desviada respecto a los bienes del Erario, por parte del ex dictador. Aunque, por cierto, no lo pasó nada mal en su exilio argentino.

Uno de los hechos que ocupó la atención del público entonces fue el relacionado con un número de lotería premiado. Pasado un tiempo desde la realización del sorteo no aparecía el nombre del afortunado beneficiario, por lo cual la prensa exigió que las autoridades señalaran qué había ocurrido al respecto ya que el premio era excepcionalmente alto. Se dijo oficialmente que estaba en el paquete de los billetes enviados a Río de Janeiro. Finalmente, y luego de diversas aclaraciones que oscurecían aún más el incidente, se pidió la apertura de los libros respectivos, habiendo ya abandonado Latorre el poder. Se constató que se había imputado la mitad del dinero correspondiente al número premiado, dejándose constancia en Libros que el resto había sido retirado por Latorre.

Con motivo de estas circunstancias se supo que el concesionario de la distribución y venta de los billetes de la Lotería, de la cual supuestamente debería contribuir con el Hospital de Caridad, Francisco Vidiella, quien cobraba un subido porcentaje sobre el total de números vendidos, entregaba mensualmente, por orden de Latorre, un “salario informal”, es decir, una coima, al administrador de la Lotería, Francisco L. Barreto, al capitán del Puerto, el francés Coronel Ernesto Courtín – quien se desempeñó como jefe de la custodia de los deportados en la barca "Puig"”-, y al jefe del 5ª de Cazadores, Coronel Máximo Santos. Todo lo cual fue oficialmente confirmado por la Comisión de Caridad y Beneficencia Pública. 

[iii] La irresolución de los problemas políticos, económicos y financieros conducirán a un sangriento cuartelazo primero, la sistemática eliminación de disidentes y al primer caso claro de pretorianismo – cuya manifestación es la votación de altos oficiales con el fin de ratificar – a poco de iniciado su mandato - la permanencia de Latorre o su destitución -, cúspide del período denominado militarista, en el que la institución armada actúa corporativamente o, mejor dicho, dentro del ámbito castrense. Este, aunque no asentado, es donde, en ese momento, se plantean y se resuelven los problemas referidos al ejercicio del poder político. 

[iv] Tiempo después, ya instalado Latorre en su dictadura, en este sitio se vivirá una experiencia que mostraba el carácter del “modernizador” . Un hombre de color, sospechoso de haber dado muerte a dos mujeres, es sumariamente juzgado (fue torturado hasta que confesó) y pasado rápidamente por las armas, sin siquiera darse cuenta a la justicia competente. El cadáver del fusilado fue colgado de una horca instalada a esos efectos en el pueblo. Todo realizado a expreso pedido de Latorre. El Jefe político que, orgulloso, se encargó de la tarea fue el comandante José Etcheverry.  

[v] Traducción española del fascismo italiano. Su principal ideólogo fue José Antonio Primo de Rivera (1903-1936) - hijo del dictador español en el período 1923-1930, Miguel Primo de Rivera – quien defendía un corporativismo orgánico y un totalitarismo nacionalista que muchos proyectaron a lo que se llamó la hispanidad, alcanzando así a los países que denominaban Hispanoamericanos. 

[vi] Es probablemente por esa circunstancia que preside Lorenzo Batlle el Consejo Consultivo convocado por el Coronel Lorenzo Latorre (1840-1916), en 1877, para la elaboración de una nueva ley electoral nacional. Actuó entonces, en la secretaría del mismo, Manuel Herrera y Obes (1806-1890), integrándolo Justino Jiménez de Aréchaga (1850-1904) y Aurelio Berro (1834-1911), quien sería uno de los candidatos presidenciales votados por tres legisladores nacionalistas – los que fueron amonestados por la Convención de su partido - cuando la elección presidencial de José Batlle y Ordóñez, el 1 de marzo de 1903. 

27 La que tuvo en Yaguarón uno de sus ejes. Brasil se encontraba asilado, asimismo, el lugarteniente del coronel Latorre: el coronel Nicasio Galeano (1841-1887). Este alto oficial fue uno de los principales ejecutores de la dura represión organizada por Latorre. Siendo jefe político en Minas comandaba personalmente los operativos de persecución. Demás está decir que, cuando es destituido del cargo por Santos, lanza un manifiesto en defensa del derecho y contra Santos yéndose al Brasil a participar de un supuesto levantamiento que estaría organizando Latorre. Frustrado éste, pasa a vivir en Buenos Aires y a participar de las conspiraciones contra la dictadura santista. 

[vii] Cuatro semanas después de la deposición de Latorre fue sustituido el coronel Ordóñez de dicho mando por el hermano de Máximo Santos, el mayor Joaquín Santos. 

[viii] En la fecha, Latorre presenta renuncia a la condición de presidente de la República que había asumido el 1 de marzo de 1879, ostentando hasta ese entonces el título de Gobernador Provisorio. Reunidos los jefes militares de Montevideo deciden, por iniciativa del Coronel Máximo Santos, aceptarle la renuncia. Dicha posición es coincidente con la adoptada por la caricatura de Asamblea General elegida en 1878 por intervención de Latorre. Asume con el fin de completar el mandato el presidente del Senado, el Dr. Francisco Vidal. El mismo médico que había huido a Maldonado cuando la epidemia de fiebre amarilla en Montevideo, en 1857, en actitud que reitera en otras ocasiones.

Pablo Ordóñez, no sólo lo apoya en esta ocasión, en la que se ha afirmado que Latorre pretendió generar un vacío de poder que lo habilitara a retornar a una situación de facto. Figura entre los oficiales que respaldan a Latorre en su golpe de Estado y lo acompaña durante toda su gestión.

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