Una Posición Firme de Uruguay ante el convenio entre Argentina y Brasil
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URUGUAY UN DESTINO INCIERTO


Jorge Otero Menéndez

 

 

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Una Posición Firme

Volviendo a nuestros vecinos, un año antes del planteo argentino de reestructura de su deuda externa, en 1856, es que se concreta el primer convenio[i] (el 7 de marzo) entre la Confederación Argentina y el Brasil, que nos involucra sin haber sido consultados. Lo cual dio lugar a diversas protestas uruguayas.

Uruguay se opone con singular firmeza a lo acordado entre ellos. Eran otros tiempos.

Por el referido Tratado de 1856, las partes contratantes "se obligan a defender la independencia e integridad de la República Oriental conforme a las estipulaciones de la Convención de 1828". Compromiso que, a simple vista, podría no representar inconvenientes sino fuera porque implicaba una soberanía tutelada ...

De inmediato surge el lógico rechazo, apoyado en el hecho que el Tratado de Paz – cuya concreción suponía la Convención de 1828 por la cual obtuvimos nuestra independencia - nunca quiso ser instrumentado por la Argentina.

Por solicitud del representante uruguayo en Río de Janeiro, Andrés Lamas - quien realiza un fuerte planteamiento[ii] a las autoridades brasileñas que incluye la revisión de la alianza de 1851 -, el gobierno imperial pide las disculpas del caso y aclara su intención. Como luego lo hace la Confederación Argentina.

Se obtiene así, además, la corrección en la interpretación de los acuerdos con Uruguay que habían dado lugar a diversos pedidos de intervención norteña en nuestro territorio por distintas fuerzas políticas del país y que incluyen el golpe de Estado sostenido por las tropas imperiales[iii] contra Venancio Flores, el 28 de agosto de 1855, y la instalación, primero, del efímero gobierno - no completó los quince días - de Luis Lamas (1793-1864) y, después, del presidente del Senado, Manuel Bustamante (1785-1863), quien estuvo al frente de la Administración desde setiembre de 1855 hasta febrero de 1856[1], contando con el apoyo de Flores y Oribe.

Posteriormente, aquél incidente ocasionado por el Tratado de Panamá fue felizmente superado dando lugar a los planteos de neutralización nacional. Pero este es otro tema.

El Tratado de 1856 afirma, en su artículo segundo, que ninguno de los países apoyaría “directa o indirectamente la segregación de porción alguna de los territorios de la otra, ni la creación en ellos de gobiernos independientes, en desconocimiento de la autoridad soberana legítima respectiva". Disposición que ponía a cubierto al Imperio de los afanes separatistas de Río Grande que hacía no tanto tiempo conociera su República de Piratiní, ni Buenos Aires tendría posibilidad de encontrar en Brasil un respaldo. Asimismo, el gobierno de Urquiza obtenía la ansiada ayuda económica que le permitiría desarrollar algunas obras de infraestructura en la Confederación.

En dicho Tratado se confirma y ratifica la independencia de Paraguay. La que será reasegurada en Río de Janeiro el 6 de abril de ese año de 1856, con lo acordado entre el ministro brasileño, el vizconde de Río Branco - padre del barón de Río Branco - y el canciller paraguayo.

Y se ratifica en Paraná la libre navegación de los ríos, la cláusula para Brasil de nación más favorecida y el consecuente estímulo del comercio recíproco. 

No existía todavía el concepto de globalización, que aun hoy no se entiende bien cuál es, fuera de la velocidad en que ocurren algunas cosas y las abruptas detenciones o desvíos de los flujos financieros (circunstancia que nuestro país conoció con creces a la salida del primer militarismo). Sí se sabía que habían resultado negativas las consecuencias sobre casi toda Europa de la guerra de Crimea[iv] y, luego, debido a la Guerra de Secesión en los EE.UU. (1861-1865)[v].

Pero, por sobre ello, debe tenerse en cuenta la contundencia que adquirían en nuestro país los problemas internos de la Argentina. Como sucede hoy día y como aconteció en la otra gran crisis que siguió a la de 1868: la de 1890.

Aquellos llevaron en la época y en lo político institucional a la separación de la provincia de Buenos Aires del resto de la Confederación Argentina (1852-1962).

El reencuentro con la unidad llega luego de la batalla de Pavón[vi] (1861) en la que participaron diversas figuras orientales[vii] y triunfa el gobernador de Buenos Aires, general Bartolomé Mitre (1821-1906), sobre las tropas del ex - presidente de la Confederación Argentina, general Justo José de Urquiza (1801-1870).

[1] Como presidente del Senado, ejerció asimismo la presidencia interina de la República entre el 7 y el 28 de marzo de 1855, cuando el gobierno de Venancio Flores.

[i] El Tratado de Paraná, denominado Tratado de Amistad, Comercio y Navegación fue firmado el 7 de marzo de 1856, entre la Confederación Argentina y el Imperio del Brasil, haciéndose el canje de ratificaciones el 25 de junio de ese año.  

[ii] Sostiene Andrés Lamas en su planteamiento al gobierno brasileño, en cita que recoge Eduardo Acevedo, op. cit.: “El Brasil y la Argentina se comprometen a defender la independencia del Uruguay, estipulación gravísima, en que no ha intervenido el Gobierno oriental, que implica un desconocimiento de la independencia absoluta del Uruguay. La Convención de 1828 debió ser seguida del tratado definitivo de paz, varias veces promovido sin éxito por el Uruguay por efecto de la resistencia de la Argentina. Y ahora se reúnen los plenipotenciarios de la Argentina y del Brasil para redactar ese tratado sin la intervención uruguaya!

La República Oriental del Uruguay será independiente mientras existan orientales. En este punto no hay partidos ni disidencias, y como lo decía el infrascrito al Gobierno imperial en 1854, ningún proyecto de dominación encontraría en ellos ni en ninguna parte de ellos, cooperadores, cómplices, ni aún indiferentes, y el que quisiera dominarlos tendría tantos enemigos como hay orientales... Quieren ser, serán independientes, pero por su derecho, por su voluntad, no porque la independencia les sea impuesta, no porque inconsultos ellos, sus vecinos tengan la benevolencia de constituirse los campeones perpetuos de la independencia oriental.

No son sólo el Brasil y la Confederación Argentina los que se consideran interesados y con derechos a mantener la independencia oriental. La Inglaterra lo deduce de su mediación para la Convención de 1828. La Francia, del artículo 4 del tratado del 29 de octubre de 1840. En virtud de estos títulos más o menos contestables y por otros que valían más que ellos, todas esas naciones han intervenido en el Estado Oriental, todas han asistido a sus desastres, todas han dado sin quererlo alimento y asidero a las intrigas, a los cálculos, a las esperanzas, a las decepciones, a los enconos de las pasiones encendidas y ciegas, ciegas de esa ceguera horrible, vertiginosa, suicida que produce la sangre de las guerras civiles. Esta es la verdad dolorosísima, pero incontestable. La experiencia ha demostrado que la intervención de una o dos potencias por actos aislados no es conveniente. El aislamiento produce celos, rivalidades, sospechas de predominio o de propósitos de predominio...

La independencia oriental ¿es un interés común al Brasil, a la Confederación Argentina, a la Inglaterra y a la Francia?... Bien: reconozcamos y formulemos las garantías de esa independencia, con el concurso de todos los interesados... La garantía sea de todos, pues todos tienen el mismo interés en ella.

Tal es en breves palabras la base capital de la revisión que solicita el Gobierno de la República del tratado de alianza de 1851”.

[iii] La política imperial en el Río de la Plata es merecedora de un detenido trabajo. Es de consignar, sin embargo, la simplificación que supone observar el accionar brasileño de mediados del siglo XIX como una mera proyección del llevado adelante por la corona portuguesa contra Madrid.

La anterior afirmación no implica desconocer la presencia en la Corte brasileña de gente que soñaba con una realizable vocación hegemónica de Brasil en la región. Para ello, sin embargo, este país debía contar con armas, recursos y una economía que respondiera a dichas aspiraciones. Cosa que no ocurría. Lo cual no significa que no pudiera sostener una posición, en ocasiones, dominante en la zona, en la medida en que no se asentaran las atormentadas repúblicas sureñas, ni llegaran éstas a coordinar sus políticas externas. Orientación presente asimismo, cuando el cambio de política realizado por Itamaraty luego del golpe de estado de 1964 y continuado hasta la fecha.

De ahí la radical oposición a los planteamientos de Lucas Obes. En la ocasión Brasil contó con el apoyo de Juan Manuel de Rosas. Ambos contrarios a la formación del primer bloque de países planteado en el área para la solución pacífica de los problemas regionales. En ese entonces, los limítrofes. Ver de Pivel Devoto, La misión de Francisco J Muñoz... op. cit. Esa convergencia de Buenos Aires con Brasil no es la primera vez que ocurría.

“Al general Rivera y al grupo de los cinco hermanos, motejados de abrasilerados, por sus anteriores vinculaciones con el Imperio, se les acusaba sin fundamento por la prensa lavallejista, de realizar trabajos para volver al país a aquel dominio extranjero”, señala Pivel.

Y mientras el lavallejismo continuaba plenamente con la doble vertiente del pensamiento de su líder: concretar aunque fuera otro golpe de estado exitoso y la torpeza en el manejo de las ideas, el gobierno uruguayo insistía con los vecinos la cuestión de los límites del país.

“El fracaso de esta bien inspirada tentativa de la Cancillería de Montevideo –señala Pivel Devoto -, debe atribuirse, más que al Gobierno del general (Juan Ramón González) Balcarce (1773-1836), a la poderosa ingerencia que en él tuvo Rosas, verdadero inspirador de sus actos, como pudiera comprobarlo el general (José) Rondeau al recoger de los propios amigos del gobernador, la manifestación de que éste se hallaba con las manos atadas.”

Y más adelante agrega: “Vivía el país, las horas trágicas de la guerra civil, a raíz de la tercera revolución encabezada por el general Juan Antonio Lavalleja, cuando, a mediados de 1834, el doctor Lucas José Obes, Ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores, tomó la iniciativa de promover nuevamente ante el Imperio, el negocio de los límites”.

....

... “el claro talento del doctor Obes, robustecido por la experiencia que le daban 20 años de fecunda actuación pública, al abocarse en 1834 a la solución del problema de los límites, lo hiciera, no con un criterio meramente nacionalista, sino abarcando horizontes más amplios

Casi la totalidad de los países de Sudamérica, se dijo el doctor Obes, tienen pendientes la determinación de sus fronteras con el Brasil. ¿Porqué, pues, no intentar la discusión de ellas en común, mediante la formación de una liga que nos haga fuertes y que vigorice las razones que cada Estado haya de aducir en su favor, al discutirse los territorios en litigio?

El Tratado celebrado entre España y Portugal, en 1777, cuya demarcación reclamaban los países hispanoamericanos, afectaba a todos los territorios limítrofes con el Brasil, constituidos ahora en naciones independientes, y en ello residía precisamente, la razón fundamental del plan del doctor Lucas Obes: en que los países integrantes de la Liga reclamarían de acuerdo, los límites establecidos en aquel instrumento común a todos los Estados”

......

... A esta época de su vida (la de Lucas Obes), la más brillante y fecunda, pertenecen una serie de notables proyectos e iniciativas. Obes atravesaba, en 1834, una etapa de singular brillantez intelectual. Al mismo tiempo que recaían sobre él las responsabilidades de la política interna del país, ausente el general Rivera de la Capital, a extremos de ejercer, casi, la jefatura civil de un partido político, concebía sensatos proyectos económicos; propiciaba fórmulas de colonización; propendía a la difusión de la cultura decretando el establecimiento de bibliotecas circulantes para la campaña, e intentaba, en el campo de la lucha internacional, llevar a la práctica ideas que daban al país personalidad propia.

El mes de julio de 1834, lo vivió dedicado al estudio de estos negocios, y en la misma fecha en que se dirigía a los Estados Americanos para formularles el proyecto del plan sobre límites, redactaba de su puño y letra, aquel notable documento en el que solicitaba del Gobierno de Gran Bretaña, la anulación del Convenio de Paz de 1828.”

......

..... “formalizar las bases del acuerdo para constituir la Liga, debió ser la norma del Gobierno del general Oribe, si Rosas hubiese apoyado la ejecución del plan; pero éste, por una causa o por otra, se mostró siempre reacio a conceder importancia a todo lo que se relacionaba con los asuntos que había dejado pendientes la Convención de 1828.”

“Planteadas así las cosas, no quedaba al Uruguay otra solución que dar por no realizados los trabajos de Muñoz y desistir del propósito de continuarlos.”

“Así lo resolvió nuestra Cancillereía en setiembre de 1835, y sin ambajes se dispuso a comunicarlo al Gobierno de Bolivia”.

“Tal había sido la finalidad perseguida por el Brasil, hábilmente lograda, al invitar a la República para la celebración del Tratado Definitivo, lo cual equivalió a decretar el fracaso de la proyectada Liga”

“Era esto precisamente lo que había querido evitar el doctor Lucas Obes, cuando, al dar a conocer su pklan, solicitara del gobierno de S.M.B. la anulación del Convenio de Paz de 1828.

“Libre de él, la República habría podido existir por el mismo derecho que los demás países del continente: otro pudo ser el resultado del Plan Obes, si los actos diplomáticos de nuestra Cancillería no hubiesen estado sujetos a la voluntad de los países vecinos”. (Pivel Devoto. La misión ... op, cit.)

[iv] El desvío comercial que dicho conflicto aparejó para el Cono Sur representó que en el interior de nuestros países se empezaran a usar las “bombachas”, como indumentaria de nuestro hombre de campo. La confección de dicho tipo de pantalón estaba destinada al mercado oriental. 

[v] En la primera, la Guerra de Crimea (1853-1856), es cuando se inaugura en el mundo el uso del telégrafo para trasmitir noticias desde el teatro del conflicto, siendo el periodista irlandés W.H. Russell, del diario The Times, quien lo hizo, con el consiguiente impacto “globalizado”.

Este conflicto es considerado “la madre” de un haz de problemas que llegó hasta nuestros días.

Iniciado por el acceso a los Santos Lugares de Palestina, enfrenta al gobierno de Rusia con los de Francia, Gran Bretaña y el Imperio Otomano.

Como consecuencia del mismo, ni Rusia que lo desata, ni el Imperio Otomano que era el motivo del mismo permanecieron iguales en sus estructuras internas.

De cualquier modo, en esta guerra, tres cosas resultaron evidentes en lo inmediato: a) que las enfermedades provocaron más bajas militares que las torpezas desplegadas por los generales y altos oficiales de cualquiera de las partes en lucha, particularmente Gran Bretaña en su famosa carga de la caballería Ligera; b) la dedicación profesional y la bondad de Florence Nightingale; c) la corrupción en todas los ejércitos en lo referido al abastecimiento de las tropas.

La Guerra de Secesión, por su parte, como es conocido, tuvo inicio en el enfrentamiento entre dos posiciones referidas a la esclavitud de los negros y al proteccionismo y subsidios para la producción agrícola e industrial.

Precipitada la guerra en 1861, el presidente Abraham Lincoln promulga la ley de emancipación de los negros a comienzos de 1863, la que es ratificada constitucionalmente dos años después. Al final del conflicto.

Ello no supuso el que los integrantes de la colectividad negra fueran consideradas personas de pleno derecho en los EE.UU. sino hasta hace poco tiempo atrás.

El norte propugnaba por la abolición de la esclavitud y por los consignados beneficios para su producción, todo lo cual llevó a la separación de la Unión de un grupo de Estados que se declararon independientes, constituyendo los Estados Confederados de América, cuyo presidente fue Jefferson Davis. El nuevo Estado si bien obtuvo un relativo apoyo internacional – reflejado, por ejemplo en la condición de beligerante que en los hechos le dio Gran Bretaña -, este no resultó suficiente para compensar el mayor potencial económico y militar de los Estados Unidos. 

[vi] El presidente de la Confederación Argentina en esa época era Santiago Derqui (1809-1867), quien renuncia al cargo que ejercía desde 1860 y se asila en Montevideo. 

[vii] El ala derecha del ejército de la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, estaba bajo el mando del general Venancio Flores, y actuaron también diversos oficiales al frente de varios cuerpos de ejército: Abella, Aguilar, Caraballo, Ortega, Patiño, Rivas, Sandes, Vidal y Villar, entre otros.

Respecto a su intervención El Nacional de Buenos Aires consignaba: “Nuestro ejército está lleno de la mas brava, distinguida y caballeresca juventud oriental. Buenos Aires, la República toda, tiene gran deuda para con esos denodados jefes y oficiales del heroico partido de la Defensa de Montevideo.”

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