gobierno interino de Tomás Gomensoro
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URUGUAY UN DESTINO INCIERTO


Jorge Otero Menéndez

 

 

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Nuevamente Inglaterra

Es durante el gobierno interino de Tomás Gomensoro (1872-1973) y estando al frente del Ministerio de Relaciones Exteriores Julio Herrera y Obes (1841-1912) que se tensan nuevamente los lazos con Inglaterra a raíz del reclamo uruguayo por el Correo nacional, en los hechos bajo dominio británico. Posición, desde ya, que Argentina expresamente no acompaña por considerarla de exclusivo interés para la carrera política del joven secretario de Estado uruguayo.

Las relaciones con Londres recién serán formalmente normalizadas – como dijimos - unos años después, por el coronel Lorenzo Latorre. Logrando éste que Inglaterra destinara a Montevideo, además, un ministro residente: Edmund John Monson. Claro, obtiene Latorre ese, su ansiado triunfo diplomático, después que comenzara a poner al día los adeudos uruguayos con los capitales británicos. Ocurrió esto último en julio de 1878.

El préstamo que dio lugar a la suspensión primero y a la reprogramación de los pagos después, fue el propuesto por la casa Thomson, Bonar y Cª, y que ya recordamos.

Al fin del mandato constitucional de Lorenzo Batlle, dado que no fue posible convocar a elecciones por el levantamiento del entonces coronel Timoteo Aparicio, lo sucede en el cargo el presidente del Senado, Tomás Gomensoro (1810-1900).

Con referencia al período con alcance al siguiente, Eduardo Acevedo formula una síntesis de los factores económicos actuantes, predominantemente los internos: “Durante los años 1866, 67 y 68 todos los valores , y muy especialmente el de la propiedad territorial, se inflaron considerablemente bajo la presión del mayor bienestar de la población, de las remesas de oro del Brasil con destino a la guerra del Paraguay y del crédito bancario difundido con una intensidad desconocida hasta entonces.

De lo primero da suficiente idea la cifra de 2,806 casas construidas de 1866 a 1871. Tan formidable era el impulso, que todavía en agosto de 1868, en lo mas recio de la liquidación de la crisis, el Fomento Montevideano colocaba la piedra fundamental del pueblo de Atahualpa, y el Fomento Territorial obtenía en octubre, por cada vara de terreno en la calle 25 de Agosto esquina Misiones, desde 42 hasta 65 pesos y un producto total de $ 141,000, por el mismo lote que dos años antes había adquirido en $ 80,000.

Las remesas de oro brasileño al Río de la Plata con destinos a los gastos de la campaña del Paraguay, fueron calculadas a fines de 1868 por “La Nación Argentina” en setecientos millones de pesos papel, que entonces se cotizaban a razón de 4 centésimos oro, y por “El Siglo” en treinta millones pesos oro. Una estadística reproducida por don Adolfo Vaillant en su Anuario y Almanaque para 1871, establecía que en los cinco años corridos de 1864 a 1869 la plaza de Río de Janeiro había embarcado con destino al Río de la Plata $ 21.497,063, o sea algo mas de cuatro y medio millones de libras esterlinas. “La Libertad”, órgano de la prensa de Montevideo que respondía al barón de Mauá, publicó una relación del oro importado por ese solo banquero a nuestra plaza durante los cinco años transcurridos desde 1863 hasta 1868, que subía a $ 12.138,000.

Y el incremento de las operaciones bancarias instruyen estas cifras que extraemos en los balances de marzo y agosto, que corresponden al máximo y mínimo del movimiento comercial de la época:

Comparamos los términos extremos del mes de marzo, resulta en números redondos que de 1865 a 1868 el encaje sube de un millón y medio a siete millones; la cuenta de deudores de quince y medio a treinta y uno y medio millones; la cuenta de capital de tres y medio a ocho y medio millones; la cuenta de emisión de cuatro y medio a once y medio millones; y la cuenta de acreedores de nueve millones. No extendemos la comparación al mes de agosto por efecto de las quiebras ocurridas en junio de 1868, que dejan incompleto uno de los extremos de nuestro cuadro.

Contribuyó también a la crisis de 1868 el desequilibrio de la balanza económica. Durante el cuadrienio 1866 – 1869 el Uruguay importó mercaderías por valor de $ 65,199,162 y exportó productos nacionales por un valor de 48.812,582. Ese desnivel de diez y seis y medio millones y los demás compromisos con el mercado internacional dan la explicación de los embarques de metálico que tanta alarma provocaban en la plaza.

(...)[i]

Otro factor hay que destacar: el decaimiento de nuestra producción nacional del doble punto de vista de la cantidad de los productos y de sus precios corrientes en el mercado internacional. Los animales vacunos y lanares, que en 1866 se habían negociado respectivamente a seis y tres pesos, bajaron a tres y uno en 1868, bajo la presión de terribles mortandades que desprestigiaban el negocio de estancia, agravadas por el cólera que debilito la faena saladeril de ese año y las grandes lluvias del año siguiente que destruyeron totalmente la cosecha agrícola. El ministro de Hacienda don Fernando Torres apreciaba la perdida de 1868 y 1869 en treinta millones de pesos. La riqueza lanar había sido en su concepto la mas castigada por las epidemias y por la depreciación de la lana[1]. (...[ii]).”[2]

No se piense, empero, que nuestro país o la región fue una isla mediterránea exclusiva, problematizada y problemática del mundo.

En el centro de Europa, Prusia – que venía del triunfo militar sobre Austria en 1866 -, guiada por Bismarck[iii] pretenderá unificar bajo su égida a Alemania y reducir la importancia de Francia, dando lugar a la Guerra Franco-prusiana (1870-1871).

París, a su vez verá caer al imperio de Napoleón III (1852-1870), la creación de la Comuna de París (1871) y más tarde nacer su Tercera República.

Por su parte, España vivirá el derrocamiento de su reina Isabel II (1830-1904) – hija de Fernando VII (1784-1833) - por la revolución conocida como La Gloriosa (1868), la que logra una Constitución que ubica a España en el mundo político de entonces. Debido a dicha revolución, la monarca huye a Francia acompañada de su último amante, Carlos Marfori, donde residirá hasta su muerte.

A este período español correspon­den la guerra de África, la expedición a México, una nueva subleva­ción carlista - la de San Carlos de la Rápita -, y la sublevación republicana de Loja, en Granada, cuna del general Ramón María Narváez (1800-1868)[iv], que supone el levantamientos de más de diez mil campesinos armados a las órdenes de un veterinario, no registrado siquiera como carismático... Y una crisis económica que abrevó en una extensa y profunda sequía,

Mientras tanto, continuaban los desvaríos morales de Isabel II, llevada por su irresponsabilidad política. O la inversa. Y el futuro infalible[3] Pío IX[4] le entregaba la Rosa de Oro, símbolo de la virtud.

Cuando desde Cádiz se anuncia el levantamiento contra su presencia en el trono, es aconsejada volver a Madrid sin la compañía de su favorito de turno, desde que se encontraba con éste, veraneando en San Sebastián. Lo hace casi inmediatamente, pero con él. Y nuevamente corrió sangre española. Algo, desgraciadamente, normal. Unos defendiendo la institución monárquica, otros contra ella.

Finalmente, el 30 de setiembre, Isabel deja definitivamente España. Lo hizo treinta y cinco años más un día del fallecimiento de su padre quien supo pasar con indiscutible holgura de "El Deseado", como efectivamente se le llamó popularmente – aunque parezca inconcebible dada su inhumanidad y su ilimitada capacidad de general deslealtad - a "El Ominoso", como se conoció también la década regada por su mediocre inspiración e imaginativa crueldad.

Precisamente la candidatura a la sucesión del trono planteada por Prusia es lo que lleva al enfrentamiento con Francia.

Y en ese año de 1868 accedía por primera vez a la jefatura de Gobierno de Gran Bretaña, el tenaz político y justificadamente admirado estadista Benjamín Disraeli (1804-1881).

Mientras tanto, por estos lares pareciera que se buscaba una confirmación clara e indiscutible de un dicho de este admirable estadista y reformador inglés: Como regla general, no tiene dinero nadie que debiera tenerlo...

[1] Y esto pese a los conflictos bélicos y los preparativos de otros más fuertes, ocurridos en Europa en esos años.

[2] Eduardo Acevedo. Op. cit. 

[3] En el Concilio Vaticano I desarrollado entre 1869 y 1870 se resolvió, entre otros temas, que era principio sustancial de la Iglesia la infabilidad del Papa en materias que hacen a la fe y moral católicas.

[4] Giovanni Maria Mastai-Ferretti (1792-1878) ocupó el más largo papado de la historia (1846-1878) y con él, contra su firme pero inútil voluntad, desaparecen los Estados Pontificios.

Cuando el establecimiento de relaciones entre la Iglesia católica y los países americanos, el futuro Pío IX visita Montevideo. Integró la delegación de quienes acompañaban en su viaje al primer nuncio en Chile. Su estancia en nuestra ciudad motivó diversos actos y reuniones. La concurrencia a una de éstas últimas dio lugar a que un arroyo pasara a nombrarse Quitacalzones, dadas las imaginables vicisitudes que hubo que vivirse para cruzar el desbordado cauce de aguas.

Las relaciones de la Iglesia con las repúblicas americanas corrió en paralelo al absolutismo español al cual acompañaba. Cuando la revolución liberal de 1820 en España, el Papa Pío VII decide reacomodar la posición ante los países emergentes en América. El viaje fue realizado en 1823 y para entonces recién había fallecido Pío VII sucediéndolo León XII quien restablece los lazos con el absolutismo español – al retomar sus funciones Fernando VII apoyado por las tropas francesas de la Santa Alianza – y vuelven a agrariarse las relaciones del Vaticano con América.

[i] En 1866 el cambio sobre Londres osciló de 54 a 50 a peniques por peso y el de París de 5.57 a 5.20 francos; en 1867 el de Londres osciló de 52 ½ a 48 ½ y el de Paris de 5.5 a 5.05. En 1868 oscilo el de Londres de 52 ½ a 42 ½ y el de Paris de 5.42 a 4.50 En 1869 el de Londres de 51 ¾ a 50 ¼ y el de Paris de 5.46 a 5.28. (Cambio a la par: 51 1/16 sobre Londres y 5.36 sobre París). Son datos que extraemos de las revistas comerciales de “El Siglo” correspondientes a la primera quincena de cada mes.

Demuestran las mismas revistas comerciales de la época que el interés de plaza oscilaba en marzo y agosto de 1865, del 1 1/8 al 1 ¼ % mensual; del 1 ½ al 2 % mensual en marzo de 1866; del 12 al 15% en marzo de 1868, y del 15 al 18% en marzo y agosto de 1869. 

[ii] En 1863 la arroba de lana fina superior se cotizaba de 4 pesos a 4.30, la regular de 3.40 a 3.80 y la criolla de 2.80 a 3.20, mientras que en 1868 las cotizaciones eran de pesos 2.50 a 3.25 la lana fina, 2.20 a 2.45 la regular y de 1.70 a 1.80 la criolla 

[iii] Otto von Bismarck (1815-1898) fue canciller prusiano y, posteriormente, creador y primer canciller (1871-1890) del II Imperio Alemán.

[iv] El general Narváez, príncipe de Vergara, fue regente de España. Considerado un liberal progresista es quien derrota a los carlistas. Pero antes estuvo en América en las luchas en favor del vasallaje y luego, en España, reprimió duramente los movimientos republicanos. En suma, un liberal a la española.

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