Particularidades del cultivo de arroz
BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

 

ECONOMÍA DEL ARROZ: VARIEDADES Y MEJORA

Josep Maria Franquet Bernis
Cinta Borràs Pàmies

 

 

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5.8. Particularidades del cultivo

5.8.1. Preparación del terreno

El laboreo de los suelos arroceros de tierras húmedas o de tierras en seco depende de la técnica de establecimiento del cultivo, de la humedad y de los recursos mecanizados. En los países de Asia tropical, el laboreo de tierras húmedas es un procedimiento habitual. El método tradicional de labranza para el arroz de tierras bajas es el arado y la cementación, siendo este último muy importante, pues permite el fácil trasplante.

En general, el terreno debe nivelarse muy bien, con pendientes que no deben sobrepasar el uno por mil, e incluso es preferible nivelar “a cero”, lo que permite hacer tablas hasta de 15 Ha. Las modernas técnicas de nivelación por rayo láser, a las que nos referiremos posteriormente, simplifican y perfeccionan notablemente esta tarea.

Al final del invierno se realiza la labor de alzar con el arado de vertedera o con cultivador de ganchos. Con el fin de dejar el terreno lo suficientemente disgregado, puede ser necesario dar dos pases dobles cruzados de escarificador. Según algunos agricultores, no conviene dar la labor de “fangueo”, porque en la siembra directa parece que se dificulta la nascencia, aunque se va imponiendo, como más práctico, en la mayoría de los casos, dar un ligero pase de “fangueo”. Este pase se da con tractor provisto de ruedas de jaula metálica, pero sin dar solape entre las pasadas, como se hacía anteriormente.

5.8.2. Siembra

En la siguiente tabla se recogen los distintos métodos de siembra según el tipo de cultivo del arroz, así como la correspondiente altura máxima del agua del arrozal.

Puede realizarse la siembra a voleo, a mano, con máquina sembradora centrífuga accionada por tractor, o por avión o helicóptero. La siembra debe hacerse cuando el agua se encuentra clara y se hayan depositado los lodos en el fondo. En contadas ocasiones, se realiza la siembra en hileras.

La cantidad de semilla empleada debe dar lugar a un cierto número de tallos/m2, después del ahijamiento, que sea el óptimo productivo para cada variedad, y que produzcan espigas que maduren lo más uniformemente posible. Para las variedades de panícula corta a densa y tallo más bien grueso, el número de tallos/m2 más conveniente puede cifrarse en 250-300, mientras que en variedades de panícula larga y abierta, de tallo fino, este número debe estar comprendido entre 300-350 tallos/m2.

El mayor número de tallos principales produce una mayor sensibilidad al encamado, pero asegura una maduración más homogénea de las espigas. Las variedades de mucho ahijamiento, como por ejemplo la Bahía, dan lugar a granos de maduración escalonada. En todo caso, siempre es aconsejable aumentar algo la dosis de semilla, especialmente en siembras tempranas y con variedades de gran ahijamiento.

La dosis media de siembra sería de 140-180 kg de semilla por Ha.

La siembra debe hacerse con el terreno inundado, con unos 5 cm de altura o tirante de agua. Inmediatamente después de la siembra, todavía sin nacer el arroz, se suele aumentar el nivel de la lámina de agua a 10 ó 15 cm, lo que perjudica el desarrollo del Panicum. Esta subida del nivel del agua le va mal al arroz, porque al nacer se ahíla, pudiendo incluso perderse parcelas enteras.

En la siembra del arroz, éste no se tapa nada. Las máquinas llevan tubos que pueden ir por encima del nivel del agua. Cuando la siembra se hace con avión o helicóptero, éste no debe volar muy alto, pues en dicho caso penetra demasiado la semilla y no nace correctamente. El avión debe sembrar, por supuesto, cuando no hay viento apreciable, lo cual suele tener lugar a primeras horas de la mañana o bien a últimas horas de la tarde.

5.8.3. Abonado

-GENERALIDADES:

Las necesidades medias de nutrientes/tm de producción de arroz son, como media, de 22 kg de N, 11 kg de P2O5 y 15 kg de K2O. De estos datos podemos deducir que un abonado medio o “standard” (fórmula 6:3:4 = 3:1’5:2), pensando en una producción media de 7.000 kg/Ha. de arroz-cáscara, puede ser del orden de:

150 UF de N

75 UF de P2O5

100 UF de K2O

En los arrozales del Guadalquivir se empleaban tradicionalmente 750 kg/Ha de sulfato amónico del 21%, 500 kg/Ha de superfosfato de cal del 18% y 150 kg/Ha de sulfato potásico del 46%. Es muy frecuente, no obstante, que los cultivadores prescindan del abonado potásico. Otros agricultores, que llevan abonando siempre con superfosfato, limitan su utilización a una vez cada dos años, y no faltan los que siempre emplean nitrogenado. El potasio se debe emplear siempre en forma de sulfato potásico en vez de utilizar cloruro, habida cuenta de las características edafológicas de la mayoría de los terrenos arrozales y del riesgo subsiguiente de salinidad.

Con frecuencia, se añaden abonos foliares complejos (N-P-K) a los herbicidas selectivos, para contrarrestar la depresión que éstos pueden producir en la planta de arroz como consecuencia de su aplicación.

El sulfato de cobre se emplea para evitar la invasión de algas. Lo corriente es aplicarlo poniendo piedras de sulfato de cobre en las piqueras.

La urea (48% de N) se usa hoy tanto como el sulfato amónico. A veces se usa el amoníaco anhidro incorporado en forma de gas mediante equipos inyectores adecuados, así como también el nitrosulfato amónico (26%) y una extensa variedad de abonos complejos.

Cuando el arroz amarillea por falta de N debe realizarse una distribución de nitrato amónico del 33% a razón de 150 kg/Ha. Sin embargo, no es frecuente que esto se haga. Para ello se cierra la entrada de agua en la parcela y, después de un cierto grado de escurrido, se cierra también la salida y, ya sin corriente, se aplica el nitrato, que es absorbido por las plantas en un plazo de 24 horas.

Hay que cuidar las dosis de N a aplicar según las necesidades de cada parcela, para evitar el peligro de encamado, muy frecuente en este cultivo, y que reduce la producción al impedir un correcto acabado del grano, o al menos, encarece sensiblemente la recolección.

El superfosfato y el sulfato potásico se distribuyen sobre el terreno en seco antes de inundar la parcela, incorporándolos con un pase de cultivador o grada de discos. También es posible aplicarlos en la parcela inundada, incorporándolos con un pase de “fangueo”. También se pueden utilizar abonos complejos granulados repartidos con abonadora centrífuga.

Cada vez se están utilizando más los abonos líquidos en suspensión. Aparte de la comodidad de su uso, parece que hay una mayor y mejor absorción de N al principio, lo que prporciona una nascencia más vigorosa y adelanto de unos cuantos días en el cultivo.

La mayor absorción de nitrógeno y potasa coincide con el período de máximo ahijamiento de la planta. La de fósforo, magnesio y calcio, con la fase final del ahijamiento.

La mayor parte de los fertilizantes son absorbidos por las raíces antes de que empiece la fructificación. La absorción de elementos minerales nutritivos es mayor cuanto mayor es también el desarrollo de las raíces, el cual se ve favorecido por la oxigenación del terreno y por la circulación del agua de riego.

A continuación, pasaremos a tratar separadamente cada uno de los nutrientes fundamentales de este cultivo.

-NITRÓGENO: gran parte del nitrógeno del suelo se encuentra en formas orgánicas, formando parte de la materia orgánica y de los restos de cosechas anteriores, pero la planta de arroz sólo absorbe el nitrógeno de la solución en forma inorgánica. El paso de la forma orgánica del nitrógeno a las formas inorgánicas tiene lugar mediante el conocido proceso de mineralización de la materia orgánica, siendo los productos finales de este proceso distintos según sean también las condiciones del suelo.

En un suelo anaeróbico, la falta de oxígeno hace que la mineralización del nitrógeno se detenga en la forma amónica, que es la forma estable en los suelos con estas condiciones. Esta forma de nitrógeno se encuentra en dos maneras: disuelta en la solución del suelo y absorbida por el complejo arcillo-húmico del mismo, formando ambas la fracción de nitrógeno del suelo fácilmente disponible para el arroz.

El nitrógeno se considera el elemento nutritivo que repercute de forma más directa sobre la producción, pues aumenta el porcentaje de espiguillas rellenas, incrementa la superficie foliar y contribuye además al aumento de la calidad del grano. El arroz necesita el nitrógeno en dos momentos críticos del cultivo, a saber:

1.-En la fase de ahijamiento medio (35-45 días después de la siembra), cuando las plantas están desarrollando la vegetación necesaria para producir arroz.

2.-Desde el comienzo del alargamiento del entrenudo superior hasta que este entrenudo alcanza una longitud de 1,5-2,0 cm.

El nitrógeno se debe aportar en dos fases: la primera como abonado de fondo, y, la segunda, en cobertera, al comienzo del ciclo reproductivo. La dosis necesaria de nitrógeno depende de la variedad, el tipo de suelo, las condiciones climáticas, el manejo de los fertilizantes, etc. En general, la dosis de 150 kg de nitrógeno por hectárea, a la que nos hemos referido con anterioridad, debe ser distribuida en dos veces (75% como abonado de fondo, 25% a la iniciación de la panícula).

En el abonado de fondo conviene utilizar fertilizantes amónicos y enterrarlos a unos 10 cm de profundidad, antes de la inundación de la parcela, con una labor de grada. El abonado de cobertera se aplicará a la iniciación de la panícula, utilizando nitrato amónico (33%). Los abonos nitrogenados utilizados, son generalmente, como ya se ha apuntado, el sulfato amónico, la urea, o bien abonos complejos que contienen además del nitrógeno, otros elementos nutritivos, oligoelementos y microelementos.

-FÓSFORO: también influye de manera positiva sobre la productividad del arroz, aunque sus efectos son menos espectaculares que los del nitrógeno. El fósforo estimula el desarrollo radicular, favorece el ahijamiento, contribuye a la precocidad y uniformidad de la floración y maduración y mejora la calidad del grano.

El arroz necesita encontrar fósforo disponible en las primeras fases o estadios de su desarrollo, por ello es conveniente aportar el abonado fosforado como abonado de fondo. Las cantidades de fósforo a aplicar oscilan desde los 50-100 kg de P2O5/Ha. Las primeras cifras se recomiendan para terrenos arcillo- limosos, de granulometría fina, mientras que la última cifra se aplica a terrenos sueltos y ligeros (arenosos, o de textura gruesa).

-POTASIO: el potasio aumenta la resistencia al encamado, a las enfermedades y a las condiciones climáticas desfavorables. La absorción del potasio durante el ciclo de cultivo transcurre de manera similar a la del nitrógeno. Las dosis de potasio a aplicar varían entre 80-120 kg de K2O/Ha. Las cifras altas se utilizan en suelos sueltos y también cuando se empleen dosis altas de nitrógeno.

5.8.4. Riego

5.8.4.1. Introducción

Una vez implantado el cultivo, las labores a realizar se reducen al riego y a la aplicación de herbicidas y pesticidas, en su caso. En el riego hay que cuidar que el nivel del agua tenga la altura debida en relación con el desarrollo de la planta. En los primeros días, el nivel ha de ser alto, para proteger del frío a la plántula, entorpecer el desarrollo de las malas hierbas, impedir que el movimiento superficial del agua por el viento arranque a las jóvenes plantitas, aún no suficientemente arraigadas, y si se usan determinados herbicidas, impedir su degradación.

Según que la planta vaya creciendo, conviene rebajar estos niveles para permitir un mejor desarrollo y respiración de las hojas, que deben “puntear” por encima del agua.

Una vez implantado el cultivo, se mantiene el nivel de agua con ligeras variaciones, siendo conveniente la renovación de la misma para conseguir la mejor oxigenación y la temperatura adecuada.

Debe resaltarse la tradicional práctica de la “seca”, que tiene notable influencia en los resultados de la cosecha. La operación antedicha consiste en cortar la entrada de agua a la parcela y dejar que el suelo llegue a secarse en mayor o menor grado, lo que se realiza desde finales del ahijado hasta el comienzo de la formación de la panícula, a finales de junio y julio, pues si se hace en el ahijado se disminuye éste.

Los fines perseguidos con la “seca” son el de controlar el desarrollo vegetativo cuando éste es necesario, evitando riesgos de encamado, y preparar la planta para el período de fructificación, así como constituye una forma de defenderse contra las numerosas algas que se crían al amparo de la planta de arroz, que dificultan la circulación del agua y llegan a molestar a la propia planta.

La “seca” se suele aprovechar para la aplicación de los herbicidas de contacto, que precisan mojar a la planta, ya que al mismo tiempo la “seca” provoca una eclosión de malas hierbas que se encontraban frenadas por la presencia de la lámina de agua.

Los sistemas de riego empleados en los arrozales son diversos, desde los sistemas estáticos, hasta los de recirculación y de recogida de agua. Teniendo en cuenta las ventajas e inconvenientes de cada sistema y de su impacto potencial en la calidad del agua, ello permitirá a los arroceros elegir el sistema más adecuado a sus operaciones de cultivo. A continuación, se describe cada uno de ellos de manera breve y concisa.

5.8.4.2. Sistema de riego por flujo continuo

Es el método más convencional, siendo diseñado para autorregularse: el agua fluye de la parte alta del arrozal a la parte baja, regulándose mediante una caja de madera. El vertido se produce desde la última "caja de desagüe", que se usa para mantener el nivel del agua de la tabla. Entre los inconvenientes de este sistema destacan los vertidos de pesticidas a las aguas públicas, el hecho de que el aporte constante de agua fría por la parte alta de la tabla produce el retraso en la fecha de maduración y perjudica los rendimientos en las zonas cercanas a la entrada de agua y la otra circunstancia de que la introducción de agua en la fecha de aplicación de herbicidas, da lugar precisamente a un menor control de las malas hierbas.

5.8.4.3. Sistema de recuperación del agua de desagüe por recirculación

Este sistema facilita la reutilización del agua de salida y permite que no se viertan residuos de pesticidas a los canales públicos. Tiene la ventaja de proporcionar una flexibilidad máxima, requiriendo un periodo más corto de retención de agua después de la aplicación de los productos fitosanitarios que los sistemas convencionales. Consiste en elevar el agua de desagüe de la última tabla hasta la tabla de cota más alta mediante una motobomba de poca potencia (debido a la escasa altura manométrica de elevación necesaria) a través de una tubería o de un canal. Los costos derivados de la construcción y uso de un sistema recirculante dependen de la superficie cubierta por dicho sistema, así como del desnivel y la irregularidad del terreno. Tiene el inconveniente derivado del empleo de agua de menor calidad para el riego.

5.8.4.4. Sistema de riego estático

Mantiene las aguas con residuos de pesticidas fuera de los canales públicos y elimina la necesidad de un sistema de bombeo como el empleado en el recirculante; además, se controla de forma independiente la entrada de agua a cada tabla, limitándose la pérdida de agua por evapotranspiración y por percolación a la capa freática más o menos salobre del subsuelo. Este sistema consiste en un canal de drenaje que corre perpendicularmente a los desagües de las tablas. El canal está separado de cada parcela por una serie de válvulas que controlan la profundidad dentro de cada tabla. No resulta adecuado para suelos salinos y además se reduce el terreno cultivable debido a la construcción del canal de drenaje a cielo abierto.

5.8.4.5. Sistema de riego mediante recuperación del agua

La recuperación del agua se realiza mediante tuberías, utilizando el flujo debido a la gravedad para llevar el agua de una tabla a otra, evitando el vertido a los canales públicos de aguas con residuos de pesticidas. Este sistema es muy efectivo y presenta costos reducidos; además durante los periodos de retención del agua, permite una gran flexibilidad en el manejo. Sin embargo, cuando están conectadas varias tablas, debido a la gran superficie, se hace difícil su manejo preciso y eficaz; teniendo en cuenta también que, en los suelos salino-sódicos, la acumulación de sales puede resultar un verdadero problema.

5.8.5. Malas hierbas

La competencia de las malas hierbas en el arroz varía con el tipo de cultivo, el método de siembra, la variedad y las técnicas de cultivo (preparación del terreno, densidad de siembra, abonado, etc.). Esta competencia resulta más importante en las primeras fases de crecimiento del cultivo; por tanto, su control temprano resulta esencial para obtener óptimos rendimientos.

Los suelos inundados favorecen la abundancia de semillas viables de malas hierbas en el arrozal, dando lugar a una flora adventicia específica, de hábito acuático, que requiere métodos adecuados de control. La presencia masiva de malas hierbas puede reducir los rendimientos del arroz hasta un 50%.

Entre los métodos agronómicos para el control de las malas hierbas destacan el laboreo (profundidad y época de realización), riego (control de la capa de agua de inundación según la fase de cultivo), rotaciones y siembra (época, tipo y densidad). La determinación del límite de profundidad del agua es muy importante para maximizar la eliminación de las malas hierbas sin correr riesgos, ya que, por ejemplo, el incremento de la profundidad del agua aumenta la eficacia en el control de ciertas especies como Echinochloa oryzoides y Cyperus difformis.

Heteranthus limosa es una hierba común del arrozal, que se desarrolla mejor en cultivos densos, pero debido a su poca altura, ejerce escasa competencia en cultivos con densidades normales.

El control químico es el método más eficaz, incluyendo además de las malas hierbas del cultivo, la de los canales de riego y de desagüe, terraplenes, cordones o lomos de separación de las parcelas, etc., al ser éstos una fuente de invasión primaria de malas hierbas y también fuente de inóculo de diversas plagas y enfermedades. El control de las dicotiledóneas anuales se realiza aplicando Bensulfuron 0.08% + Molinato 8%, presentado como gránulo a dosis de 50-60 kg/Ha. Contra las gramíneas anuales se aplica usualmente Propanil 35%, presentado como concentrado emulsionable a dosis de 8-12 l/Ha. En la siguiente tabla se muestran las materias activas, dosis y presentación de los productos contra las dicotiledóneas:

En la siguiente tabla se muestran las materias activas, dosis y presentación del producto contra Ciperáceas: estos tratamientos se suelen dar tras la desecación del arroz, entre el ahijado y el encañado.

A continuación, se muestran las materias activas, dosis y presentación de productos contra las hierbas Alismatáceas: aplicados en post-emergencia temprana, se recomienda cortar el agua para hacer la aplicación y volver a inundar a las 24-48 horas, manteniendo el nivel que cubra las malas hierbas durante 10-15 días, utilizándose hasta el estado de mala hierba con dos hojas.

Para combatir las malas hierbas acuáticas se emplea Dimepiperato 5% como gránulo a dosis de 50-60 kg/Ha y contra Herantera se aplica Oxadiazón 2% como gránulo a dosis de 1-2 l/Ha.

Echinocloa spp. es la mala hierba más importante en el cultivo de arroz, pudiendo afectar considerablemente al rendimiento. Su emergencia es escalonada, precisando de tratamientos repetidos por la escasa persistencia de los productos que la controlan. Los tratamientos se realizan en pre y post-emergencia temprana, antes de la nascencia de esta mala hierba; los tratamientos se pueden realizar en seco, 1-2 días antes de la inundación para efectuar la siembra, o bien después de ésta con el campo ya inundado. Si la aplicación se realiza en seco, antes de la siembra, el herbicida debe enterrarse con la última labor a una profundidad de 4-5 cm. En la siguiente tabla se muestran las materias activas, dosis y presentación de productos contra Echinocloa:

5.8.6. Control de algas

En el arrozal inundado están presentes grandes colonias de algas microscópicas y macroscópicas que viven en asociaciones, que varían y evolucionan con mayor o menor rapidez en función de las condiciones ambientales; además las propias técnicas de cultivo determinan variaciones notorias en dichas asociaciones. Los daños producidos por las algas dependen de las especies, de la importancia de la masa de algas y de la etapa del cultivo; éstas compiten por la luz y el oxígeno, produciendo clorosis y marchitez de las plántulas e incluso su arranque del suelo, dificultando su alimentación y arraigo. Asimismo impiden la realización de tratamientos herbicidas, reduciendo su eficacia, al recubrir la masa de algas también las malas hierbas.

Las especies más perjudiciales pertenecen al grupo de las algas verdes o clorofíceas y corresponden a los géneros Oedogonium, Vaucheria, Hydrodictylon, Spirogyra y Cladophora. El desarrollo de las algas es tanto más rápido cuanto más alta sea la temperatura del agua y del aire y más elevada también la diferencia de temperaturas entre la superficie y el fondo de la capa de agua. Los métodos actuales para su control son los siguientes: tratamientos químicos a las semillas con fungicidas que contenga efectos alguicidas, la aplicación de productos en las acequias de riego y en las boqueras de entrada del agua y la realización de pulverizaciones en campo. Una de las materias activas que se emplea en la actualidad es el Propanil 35%, presentado como concentrado emulsionable a una dosis de 8-12 l/Ha.

5.8.7. Recolección y selección mecánica de la simiente

El momento óptimo de recolección se produce cuando la panícula del arroz alcanza su madurez fisiológica (esto es, cuando el 95% de los granos tengan el color paja y el resto estén amarillentos) y la humedad del grano sea del 20 al 27%.

En el precio del arroz tiene especial interés el rendimiento en molino o porcentaje de granos enteros sobre el total de los cosechados, pues este valor depende sobre todo de la variedad, pero también varía en función del momento de la recolección, ya que si el arroz se siega muy verde, el periodo de manipulación se incrementa en el secadero, con el resultado de una disminución de dicho porcentaje. Por el contrario, si el arroz se siega muy maduro también el grano poseerá menor porcentaje de humedad, aunque aumentan correlativamente los riesgos de pérdidas del mismo por desgrane.

La recolección se hace con cosechadora automotriz provista de orugas, acompañada de un tractor-tolva en el que vacía la propia máquina en la parcela de cultivo y otros vehículos de transporte hasta el secadero.

Cuando el arroz comienza a granar se suspende el riego. La madurez del arroz se prueba por la dureza del grano al diente, que debe ofrecer resistencia suficiente que impida cortarlo.

El secado puede efectuarse en eras al sol (hoy ya en desuso en la mayoría de las zonas arroceras) o bien mediante secaderos térmicos que queman gas-oil, fuel-oil o gas natural, proceso que tiene lugar, normalmente, en las Cooperativas arroceras.

Una vez finalizadas las operaciones de recolección, limpieza y secado de cada partida destinada a semilla, se llevan a cabo las determinaciones de calidad reglamentarias (impurezas, humedad, granos rojos, verdes y yesosos, germinación, etc.), eliminándose las que no reúnen las debidas condiciones. La selección mecánica tiene por objeto separar aquellas materias o tipos de granos que no interesa conservar junto a la semilla seleccionada, mejorando la calidad de la misma. Esta operación se realiza mediante máquinas limpiadoras y seleccionadoras, que eliminan las materias indeseables (cascarilla, pajas, granos partidos, semillas de malas hierbas o de otros cereales, etc.).

Por último, en el campo, después de la recolección normalmente se realiza la labor de “fangueo”, que consiste en mover el barro con unas ruedas metálicas “de jaula” especiales acopladas al tractor.

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