EL TAMAÑO EMPRESARIAL COMO FACTOR DE DIVERSIDAD

 

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El tamaño empresarial como factor de diversidad

Alfonso Galindo Lucas

Capítulo II: Diversidad y Tamaño empresarial
 

2. EL TAMAÑO EMPRESARIAL

Aunque los antecedentes acerca de las PYME son muy abundantes, según se detalla en el capítulo 1, los estudios acerca de la definición del tamaño son escasos (Bueno, Lamothe y Villalba, 1981; Bueno y Lamothe, 1986, Bueno, Cruz y Durán, 1990; Osteryoung et al., 1993, 1995). La mayoría de trabajos acerca de la dimensión óptima han usado normalmente al volumen de producción o el número y superficie de las plantas industriales. Este enfoque no está relacionado con el tema que nos ocupa, pues hace referencia un concepto restringido de tamaño, relativamente fácil de cuantificar e incluso optimizar, que no necesita ser definido en relación con la diversidad.

Con todo, al tamaño empresarial se le ha otorgado una gran importancia, en la mayor parte de la bibliografía consultada, a pesar de que se reconozca la precariedad de su definición. Se afirma en Martín y Sáez (2001) que “la dimensión de la empresa constituye una variable decisiva en su financiación”. Sin embargo, a lo largo de la lectura de dicho trabajo, se puede llegar a la conclusión de que la financiación de la empresa constituye una variable decisiva en su tamaño.

Fundamentalmente, procede del artículo de Camisón (2001) la recopilación sobre PYME y grandes empresas que vamos a seguir para presentar las distintas clasificaciones de la dimensión empresarial, incluyendo la que se aporta en dicho trabajo, para obtener de ahí un marco de definición del tamaño propicio a los objetivos de esta investigación.

La trascendencia del factor tamaño como determinante de la competitividad se plantea de forma recurrente en ese y otros artículos (Fernández et al., 1996). En ellos, se asume su poder explicativo de los resultados de las empresas, en el sentido de que el pequeño tamaño llega a ser precisamente uno de los aspectos que lastran la competitividad de las mismas.

La competitividad ha sido identificada con la generación de resultados (Barney, 1991; Acosta et al., 2000; Fernández y García, 1996, inter alia) y éstos proceden de las inversiones. Puede deducirse que el volumen de ventas no sería una buena medida del tamaño, sino una consecuencia de la ventaja competitiva.

En el marco teórico que manejamos, otorgaremos al propio factor tamaño, “empleado como variable que aproxima la disponibilidad de garantías y la diversificación de actividades” (Azofra y Fernández, 1999), la categoría de activo intangible. Se trata de un recurso productivo específico y escaso, susceptible de generar resultados duraderos, que multiplicaría las ventajas competitivas, abriendo cada vez más la brecha a favor de las grandes empresas.

Uno de los núcleos de investigación en el tema del tamaño y las PYME es el concepto y la forma de su medición. Otros tres que destacan son los intentos de explicación la variabilidad entre sectores y dentro del sector, por tamaños, especialmente concerniente a los resultados, y los modelos de organización de la producción por tamaños de empresas.

El primer tema es el objeto básico de este trabajo y a menudo se lo ha definido como un aspecto teórico, hasta el punto que, en gran parte de la bibliografía empírica, los objetivos de la investigación son los que definen ad hoc el tamaño en cada trabajo científico.

Siguiendo a Brooksbank (1991), la naturaleza de este problema puede descomponerse en: Concepto, criterio de definición y valores de delimitación. Desde esta secuencia, en el orden en que se expone, es lógico pensar que el concepto de PYME o gran empresa se formule a modo de definiciones teóricas que, según los mismos autores, se caracterizan por el escaso rigor teórico dedicado a su justificación. En nuestros planteamientos, abordamos dicha problemática justo de modo inverso, pues a la cuantificación de los posibles subrogados del tamaño y de otras variables se les intentará extraer como resultado unos factores que determinen el mejor criterio de distinción entre empresas y, en función de ello, nos permitan definir a la pequeña y mediana empresa como concepto y tal vez a la mediana empresa, si es que existe (Marchesnay, 1997), en relación con la pequeña.

Prescindiendo de la consabida consideración al carácter cuantitativo, cualitativo o mixto que puedan tener las distintas definiciones del tamaño, podemos clasificar los criterios actualmente utilizados, según el esquema: de la figura 4. El concepto de tamaño “en conjunto” ha sido estudiado en una acepción material (dotación de recursos), una organizativa (capacidades y recursos intangibles, en la que se incluye el aspecto material, según el trabajo original) y otra contextual (Cuota y poder de mercado). El primer punto de vista es el menos explotado, a pesar de estar más relacionado con la creación de empresas y ser, conceptualmente, un problema previo a la consideración de elementos organizativos y estratégicos catalogables como intangibles. Para Camisón (2001), la clasificación de Damanpour sólo es aplicable a criterios cualitativos. Además, considera que la distinción entre éstos y los cualitativos es la clasificación más interesante. Dicho autor añade una componente estratégica al concepto de tamaño. En su trabajo de 1996, establece una clasificación por características estratégicas. Dado que no es frecuente que los estudios sobre PYME se centren en aspectos materiales, este autor no hace una excepción, aunque admite que la estrategia de la empresa está condicionada de forma determinante por su base de recursos.

A pesar de ello, se ha detectado el carácter relativamente escaso y reciente de la literatura existente en España sobre el contraste del comportamiento inversor de las empresas, a partir de datos microeconómicos (Raimond et al., 1999).

Otras clasificaciones, dentro de los criterios cuantitativos, la podemos encontrar en Illueca y Pastor (1996), que distinguen entre medidas basadas en los input y en los output. En el primer grupo estarían los activos y el empleo y en el segundo la cifra de ventas, la producción o el valor añadido. Los primeros son más congruentes con el marco conceptual que se expuso, pero, de acuerdo con estos autores, “incorporan aspectos organizativos”, si se consideran aisladamente unos de otros, ya que clasifican a la empresa en función de la intensidad en capital o trabajo de su diseño productivo. En el segundo grupo de variables, advierten el fatal inconveniente de captar, adicionalmente, la eficiencia con que se han empleado dichos imput, sin poder discernir el efecto tamaño del efecto “asignación” en la cuantía total de cada variable. Como se expuso en el marco teórico, la atención que prestamos al factor tamaño es independiente de la eficiencia en la toma de decisiones. Por este motivo, será lógico que se prefieran variables basadas en los input.

La definición del tamaño, en la práctica, podría venir dada, de forma alternativa, por dos medidas netamente distintas:

a Una medida del activo y el gasto de personal, como manifestación de la potencialidad de organizar transacciones, de forma alternativa al mercado, manteniendo un cierto equilibrio entre la posibilidad de tener un proceso productivo intensivo en capital o en mano de obra.

b Una estimación de la cuota de mercado para un horizonte temporal determinado, que ponga de manifiesto el tamaño en términos relativos y la importancia de la empresa en la economía, recogiendo la faceta basada en el output, por contraposición a la medida “a”.

Entre las definiciones de tamaño basadas en el input y en el output empresarial, se puede percibir parte de la rivalidad teórica entre seguidores de Penrose (1959) y de Porter (1990), que se ha tratado en obras como Barney (1991) o Acosta et al. (2000), como Teoría de recursos frente a Teoría de la empresa.

La mayoría de las clasificaciones oficiales de tamaño y de las definiciones adoptadas en la bibliografía empírica toman en consideración alguna o varias de las variables recogidas en la Figura 4, aunque con límites cuantitativos muy diversos. Además, unas veces se establece la opcionalidad entre dos o más de esos límites o se exige, conjuntamente, dos o más de una lista de limitaciones cuantitativas. Siguiendo a Laffarga (1999a), mostramos una recopilación de esta diversidad de definiciones en la Tabla 3.

 

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