ENCUENTROS ACADÉMICOS INTERNACIONALES
organizados y realizados íntegramente a través de Internet



Cultura y organización: fuentes trayectoria y una propuesta conceptual

Por Rigoberto Soria Romo
Universidad de Occidente, Unidad Culiacán
Universidad de Guadalajara
Centro Universitario de Ciencias Económico Administrativas
Resumen:
En la presente ponencia cuenta con 7 apartados. En el primero se plantea el poder de la cultura, como antecedente. En el segundo apartado se estudian las raíces disciplinarias de los estudios organizacionales, para pasar a revisar la evolución y consolidación del paradigma dominante en el análisis organizacional, que es la teoría de la contingencia, para después plantear a la cultura como vertiente para el estudio de la organización en la posmodernidad. Se continua planteando la fusión entre los desarrollos de la teoría de la organización y las perspectivas de la cultura, para terminar proponiendo un marco de análisis para las organizaciones en base a los capítulos posteriores.

Palabras clave: cultura, teoría de la organización, modernidad, posmodernidad
 

Este texto fue presentado como ponencia al
SEGUNDO ENCUENTRO INTERNACIONAL SOBRE
Economía, educación y cultura
realizado del 6 al 24 de febrero de 2006


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Cultura y organización: fuentes trayectoria y una propuesta conceptual
Por Rigoberto Soria Romo
1 El poder de la cultura
Cuenta la Biblia que una vez que el pueblo judío salió de Egipto, donde vivían esclavizados, anduvieron vagando 40 años en el desierto antes de atreverse a cruzar el Mar Rojo en busca de la tierra prometida. Los que conocen la geografía de esta región saben que el trayecto entre el antiguo Egipto y la tierra prometida se recorre, caminando a paso normal, en dos semanas. La pregunta es ¿porqué durar 40 años vagando en el desierto cuando lo podían haber cruzado y llegar a la tierra prometida en dos semanas? La respuesta es: el poder de la cultura.
Entre los líderes que se atrevieron a dar el paso de abandonar Egipto existían varias tendencias: había quienes querían avanzar hacia su destino lo más rápido posible, pero había quienes querían regresar, argumentado que era preferible vivir esclavos que morir en el desierto y finalmente se encontraban quienes buscaban una solución intermedia. En estos debates duraron 40. Tuvo que morir la generación de líderes que tomó la decisión de salir de Egipto, pero que no se atrevían a llegar a la tierra prometida para que surgiera un nuevo liderazgo que se atrevió a dar el paso decisivo de llegar a su destino final. La cultura de los líderes tradicionales les inhibió para dar el paso final, hasta que nuevos líderes con una nueva cultura lograron alcanzar la tierra prometida.
En un caso actual, relata el San Francisco Chronicle (julio 2004) que Sarah, joven nacida en Irán, de apelativo difícil de recordar y más difícil de pronunciar, es estudiante del Doctorado en Psicometría en la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA). Ella fue traída muy pequeña a los Estados Unidos por lo que creció en California y aprendió el inglés como si fuera su idioma nativo. Es una excelente estudiante cuyas calificaciones son sobresalientes, pero cuando desarrolla exámenes estandarizados que son muy comunes en Estados Unidos y se están generalizando en nuestro país (SAT, GRE, GMAT), su desempeño es muy pobre y no es por carencia de conocimientos, ni por falta de dominio del idioma, sino por que su cultura ancestral no le posibilita pensar en los exámenes estandarizados en los mismos términos que sus compañeros anglosajones. El comprender su diferente desempeño en este tipo de evaluaciones es una de las razones por la que estudia psicometría, que tiene como una de sus aplicaciones el diseño y evaluación de exámenes estandarizados.
Los anteriores ejemplos dan una idea del poder de la cultura, de los universos simbólicos que, dada su persistencia a través del tiempo y su lento cambio, son un factor determinante, para la toma de decisiones y otros acontecimientos que de otra manera serían difíciles de explicar, como el caso de la joven Sarah y el prolongado éxodo del pueblo judío. Los casos relatados señalan la importancia de estudiar la cultura y su relación con las organizaciones y la economía, lo cual es el propósito de este trabajo.
Para lo anterior se comienza con el planteamiento de las raíces disciplinares del pensamiento organizacional para posteriormente pasar a estudiar la evolución y consolidación del paradigma dominante en el análisis organizacional, que es la teoría de la contingencia, para después plantear a la cultura como vertiente para el estudio de la organización en la posmodernidad. Se termina proponiendo un marco de análisis para las organizaciones en base a los capítulos posteriores.
2 Las raíces disciplinarias de los estudios organizacionales
Los estudios organizacionales son un conjunto de acercamientos disciplinares que toman a la organización como objeto de estudio. En este sentido, es una multidisciplina, bajo la cual se analiza e investiga dicho objeto.
En la literatura organizacional se hace frecuente referencia a la organización moderna, al modelo de racionalidad instrumental, al modelo mecánico y términos similares, lo que da la idea de que esta multidisciplina tiene sus orígenes en la llamada época moderna caracterizada por el predominio del pensamiento racional.
2.1 Del “siglo de las luces” a la modernidad
Se puede afirmar que la matriz de las organizaciones modernas se encuentra en tres hechos ocurridos, casi de manera simultánea, en el Siglo XVIII. Estos fenómenos son por una parte la Ilustración francesa, cuyo punto culminante es la publicación de la Enciclopedia en 1751 con la participación de Diderot, D´Alembert, Voltaire, Rousseau y otros. De la misma época datan contribuciones individuales del propio Rousseau que tuvieron y aún ejercen hoy día una gran influencia como El Contrato Social, Discurso sobre la desigualdad y Emilio o la Educación. No menos trascendente es la obra de otros participantes del siglo de las luces como Montesquieu, autor de El Espíritu de las Leyes y otras grandes obras.
Un segundo hecho ocurrido en el Siglo XVIII, pero en Inglaterra, es la revolución industrial, cuyo inicio se marca convencionalmente con la invención de la máquina de vapor por James Watt en 1769, innovación que generó una gran corriente de desarrollo tecnológico como el barco y la locomotora de vapor que revolucionaron el transporte de personas y mercancías y con ello la ampliación y unificación de los mercados y por ende la expansión del capitalismo. Esta innovación tecnológica se vio reforzada por la eliminación del sistema feudal y la conversión de los siervos en trabajadores asalariados con capacidad de compra y por lo tanto con la potencialidad de convertirse en mercado. Aunado a este cambio en el proceso económico se da un notable avance en el pensamiento económico, pues Quesnay publica su “Tabla económica” en 1758 y en 1776 sale a la luz La Riqueza de las naciones publicada por Adam Smith, con lo que se independiza la ciencia económica y adquiere un estatus de disciplina científica.
El tercer hecho se da en la esfera política con el inicio de la Revolución Francesa con la toma de La Bastilla en París y la Independencia de Estados Unidos en 1776 y, posteriormente, la liberación de América Latina a inicios del Siglo XIX. Estos tres hechos que se observan al nivel de las ideas, de lo económico y de lo político marcan el inicio de la llamada época moderna y del predominio de la racionalidad en la vida social.
Un cuarto elemento en la esfera del pensamiento, que también contribuyó a configurar la modernidad, es la publicación de “El origen de las especies por medio de la selección natural” en 1859. Esta obra de Charles Darwin muestra que la evolución de una amiba al ser humano, no es la obra de un creador todopoderoso, sino el resultado de una combinación de pequeños procesos aparentemente insignificantes, que en el curso de millones de años crearon la maravilla de la humanidad. Este gran proceso es regulado por leyes que explican la adaptación de los seres vivos a su ambiente y la supervivencia del más fuerte (http://www.blupete.com).
Los cuatro hechos anteriores destacan como determinantes en la conformación de lo que se considera la modernidad y son elementos precursores de lo que se denomina la “organización moderna”.
2.2 De la modernidad a las fuentes de los estudios organizacionales
Del siglo de las luces y de las revoluciones políticas y económicas se pasa, casi un siglo después, a la sistematización del pensamiento organizacional que tiene sus fuentes originales, aunque no únicas, en cinco disciplinas: la administración, la psicología, la sociología, la teoría política y la antropología.
La administración y su contribución pionera. Las primeras aportaciones a los estudios organizacionales provienen de los intentos por mejorar la eficiencia y la productividad de las empresas. De esta manera destacan la “administración científica” de Taylor. Esta obra se centra en el estudio del trabajo y de los trabajadores, para desarrollar principios aplicables a determinado tipo de labor que cualquier obrero pueda realizar. Taylor se concentró en las actividades de los obreros, en encontrar el hombre correcto en el lugar correcto y la única forma de hacer mejor las cosas.
Un complemento a los desarrollos de Taylor fueron los planteamientos de Henri Fayol (1841-1925) ingeniero de origen francés, que se concentró en la sistematización del trabajo del dirigente, desde la previsión hasta el control, pasando por la decisión. Esta sistematización se basó en el postulado de los principios administrativos, planteando su aplicación universal a todo tipo de organización, bajo el supuesto de que el mundo es previsible, planificable y controlable, por lo tanto dominado por la racionalidad. Bajo este modelo, la organización debería operar como un mecanismo de relojería: sincronizado y siempre funcionando bajo la regulación de los llamados principios administrativos. Estos principios se tomaban como verdades absolutas en la dirección de organizaciones.
Sin embargo la gran limitante de este enfoque es que no toma en cuenta los sentimientos, creencias y modos de comportamiento de los individuos que se relacionan e interactúan en la organización, que son los que generan iniciativas y permiten su avance, de ahí que a los elementos administrativos hay que agregar los factores psicológicos en el análisis de las organizaciones.
De la psicología a los estudios organizacionales. Encabezada por Elton Mayo, de la psicología surge a principios del siglo XX, la escuela de las relaciones humanas que visualiza a la organización como un sistema social, que contiene a una organización humana que modela y recrea constantemente la organización técnica para alcanzar más efectivamente el propósito económico común o para asegurar una mayor satisfacción a sus miembros. En la organización humana se encuentra un grupo de individuos trabajando juntos hacia un fin común. El individuo también tiene un papel en el sistema, ya que trae un conjunto de sentimientos, historia personal y situación social al lugar de trabajo, al igual que un antecedente cultural, creencias y expectativas. Una aportación adicional de la psicología a los estudios organizacionales es el estudio del líder y del liderazgo, iniciado por psicólogos en los años treintas del siglo pasado afiliados a la Universidad Estatal de Ohio y a la Universidad de Michigan, entre los que destacan Paul Hersey y Kenneth Blanchard.
La aportación de la sociología. Una tercera fuente de los estudios organizacionales es la sociología, más específicamente Max Weber y su planteamiento de los tipos ideales, destacadamente el tipo ideal racional-legal comúnmente conocido como modelo burocrático, origen del modelo racional-instrumental. Weber publicó obras importantes como La ética protestante y el espíritu del capitalismo en 1905 y Economía y Sociedad en 1922. Aunque Weber tenía en mente un propósito muy diferente, pues él pretendía explicar el devenir de la humanidad a través del dispositivo metodológico de “los tipos ideales”, se le ha adoptado como uno de los pilares de los estudios organizacionales.
En la década de los cincuentas del siglo pasado toma fuerza una subdisciplina de la sociología: la sociología del conocimiento, en la que participan autores tan relevantes como Alfred Schutz, científico social alemán refugiado en Estados Unidos después de huir de la Alemania nazi, a quien se le atribuye haber realizado la síntesis de la fenomenología de Husserl y los desarrollos de Weber. Apoyados en los planteamientos de Schutz, dos de sus alumnos más avanzados, Peter Berger y Thomas Luckman publican La construcción social de la realidad en 1968, obra que ha influenciado el llamado neoinstitucionalismo sociológico de DiMaggio y Powell, Meyer y Rowan, Scott etc. corriente de moda en la sociología y en los estudios organizacionales. Esta obra también ha sido determinante en la sociología del conocimiento y junto con otros desarrollos como los de Michel Polanyi y Edgar Morin son la base de esta subdisciplina de la sociología y muy cercana a algunos de los desarrollos de los estudios organizacionales posteriores.
De la teoría política a los estudios organizacionales. Una aportación disciplinaria adicional proviene de la teoría política, más específicamente el tratamiento del poder en la organización. El poder ha jugado un papel prominente en el discurso y el debate acerca del comportamiento humano. Aristóteles clasificó los sistemas políticos de acuerdo a su distribución interna del poder. Maquiavelo instruyó a su príncipe sobre cómo llegar al poder y conservarlo. Hobbes consideró el deseo de poder como la fuente del comportamiento humano. Montesquieu planteaba que el poder se controla con poder como base de su propuesta de pesos y contrapesos. Madison y sus colegas de la Convención de Filadelfia buscaron diseñar un sistema constitucional que limitara y dispersara el poder y, Marx argumentó que el poder político se acumula inevitablemente a la clase económicamente dominante, entre otros pensadores que han tratado este tema (Nagel, 1975: 3). De esta manera la teoría política clásica se revitaliza como poder en la organización.
Existen tres perspectivas acerca del poder en la organización: la funcionalista, la radical y la posmoderna. La corriente funcionalista se puede trazar a Hobbes que definió poder como “los medios presentes para obtener algún bien futuro”. De esta definición básica, Hobbes identifica al poder con algunos atributos y posesiones como la fuerza física, la destreza personal, la riqueza y los instrumentos de guerra, entre otros. A partir de esta visión clásica, el funcionalismo percibe al poder para hacer algo, como un recurso, como un capacidad, habilidad o atributo de quien lo ejerce o posee.
El segundo esquema, denominado perspectiva crítica se deriva de los “tipos ideales” o modelos de dominación planteados inicialmente por Max Weber a principios del siglo XX. Para este enfoque, el poder es una relación, generalmente asimétrica, que implica al mismo tiempo, dominación y resistencia. El poder se ejerce sobre personas o grupos y se utiliza para resolver conflictos, conciliar intereses y negociar los equilibrios al interior de la organización. El poder también implica dependencia con diferentes grados de autonomía relativa. A diferencia del enfoque funcionalista, el poder no se determina por los atributos de los actores, no es un poder para, sino un poder sobre personas o grupos.
Los desarrollos de la perspectiva posmoderna tienen su base en El Príncipe de Maquiavelo, quien desarrolla su concepción del poder como estrategia, que surge de alianzas, agrupamientos y reagrupamientos, posicionamientos y reposicionamientos; resistencia y contraresistencia; como una expresión inestable que obedece a las contingencias y eventos siempre cambiantes y como una microfísica del poder y es retomada por autores como Foucault (Soria XXX).
La antropología y su aportación. La Antropología ha hecho diversas contribuciones a los estudios organizacionales. La primera de ellas se asocia al funcionalismo de Bronislaw Malinowski y A. R. Radcliffe-Brown que al fusionarse con la teoría general de sistemas de Bertalanffy, que parte de la Biología, dan origen al estructural funcionalismo de Parsons, Merton y otros ilustres sociólogos norteamericanos y a la concepción de la organización como sistema abierto, de notable y permanente influencia en los estudios organizacionales. Una segunda contribución se da en la década de los cincuentas con los estudios sobre la cultura asociados con Geertz y de los métodos de la etnología aplicados al estudio de la cultura en las organizaciones, lo que ha generado un auge en el estudio de este tema.
La confluencia de una variedad de disciplinas que toman como objeto de estudio a la organización determina que la naturaleza de los estudios organizacionales sea la de una multidisciplina. Existe claramente un objeto de estudio, que es la organización, en busca de una disciplina unificada. El reto, desde la perspectiva disciplinar consiste en responder dos preguntas: ¿pueden convertirse los estudios organizacionales en una disciplina, con sus propios paradigmas, su propios métodos y técnicas de investigación y análisis? O, alternativamente, ¿será que el estudio de las organizaciones no puede ser mas que una profesión, similar a la del médico, el cual se equipa con un conjunto de disciplinas como la administración, la sociología y la economía, entre otras para cuidar la “buena salud” de la organización?
3 La ortodoxia en los estudios organizacionales
Este apartado tiene el propósito de analizar la evolución del pensamiento sobre la organización, hasta llegar a la teoría de la contingencia, considerada la ortodoxia dominante en los estudios organizacionales hasta hace pocos años, y su crisis. Paralelamente se estudia la incorporación de la cultura en el análisis organizacional, como variable y como metáfora, que comenzó con la escuela de las relaciones humanas en la década de los treintas, pero se consolidó cincuenta años más tarde. Realizado lo anterior, se establecen las convergencias entre ambas corrientes de pensamiento y se sientan las bases para comprender la organización como objeto de estudio de manera integral. Se concluye con una serie de reflexiones basadas en la obra de Martín acerca de un enfoque multidisciplinario y subjetivo y comentarios desde un enfoque posmoderno.
3.1 Desarrollo y consolidación de la ortodoxia
La teoría de la contingencia se convirtió, entre la década de los treintas y hasta los setentas, en el paradigma dominante en los estudios organizacionales. Esta teoría tiene sus raíces en los trabajos de Comte, hasta Parsons y la teoría general de sistemas, lo que integrado con la escuela de las relaciones humanas permitió su consolidación.
Las raíces de la ortodoxia. Se reconoce que los orígenes del funcionalismo y la teoría de sistemas en la ciencia social se inspira en aquellos escritos que sugieren un paralelismo conceptual entre sociedades y organismos, y esto se remonta al origen mismo de la sociología.
Auguste Comte (1798-1857) es considerado el padre del positivismo y fundador mismo de la sociología como disciplina. El positivismo se funda en dos tesis principales, la primera sugiere que el desarrollo de la mente humana evoluciona de lo teológico a través de lo metafísico hacia el modo de pensamiento positivo. La segunda tesis postula una jerarquía de ciencias en las cuáles la matemática se coloca en la base y la sociología en la cúspide, con cada una de las ciencias, pasando a través de las tres fases: teológica, metafísica y positiva. En la fase teológica los fenómenos se explican en términos de fuerzas supernaturales, por ejemplo espíritus o dioses. En la etapa metafísica se explica en términos de fuerzas abstractas o entidades personificadas y en la etapa positiva se plantea el establecimiento de relaciones normativas sistemáticas similares a leyes entre fenómenos empíricamente observables.
El núcleo de la investigación positivista es el señalamiento de que se puede obtener conocimiento verdadero de los fenómenos explícitos y las relaciones entre ellos. Los científicos deben identificar fenómenos sistemáticamente conectados unos con otros por medio de leyes universales invariables. Comte resalta la liga entre la biología, que es el estudio del hombre y la sociología, que es el estudio de la sociedad, al señalar que la biología es el punto de transición entre las ciencias, ya que marca la distinción entre lo orgánico y lo inorgánico y enfatiza la comprensión sistemática de la totalidad de lo viviente. Su enfoque positivista rescata modelos de las ciencias naturales y usa analogías tanto mecánicas como orgánicas para desarrollar un enfoque holístico y sistemático del análisis social.
John Stuart Mill (1806-73) parte de la creencia de que nada puede ser objeto de conocimiento excepto la experiencia directa y lo que puede ser inferido de ella. Mill señala que se pueden deducir leyes de bajo nivel de leyes más elevadas y políticas pragmáticas de principios generales. El progreso científico implica la reducción del número de leyes, junto con un incremento en la cantidad de fenómenos que dichas leyes pueden explicar. Con esto señala que los principios de inducción y deducción son de explicación general.
Herbert Spencer (1820-95) encuentra una analogía entre el cuerpo social y el organismo humano. Spencer argumenta que hay algunas similitudes entre estos dos cuerpos, ya que ambos comienzan como pequeños agregados e incrementan su masa y desarrollan una infraestructura más compleja en la medida en que crecen, observando cómo sus partes indiferenciadas se convierten progresivamente en interdependientes.
Spencer argumenta que el concepto de evolución es de aplicación universal, es la clave para conceptualizar todos los fenómenos ya sean inorgánicos, orgánicos o superorgánicos (sociales). Según su concepción, las leyes de las ciencias pueden, en principio, ser resumidas y unificadas bajo la única ley suprema de la evolución y la disolución. Esta ley ofrece un recuento sistemático genérico de la totalidad del cosmos: un recuento de la transformación de las cosas y de las uniformidades últimas que ellas representan. El aspecto más importante es el concepto de sociedad como superorganismo y su sugerencia de que la evolución de las sociedad es un proceso similar a la evolución de las especies. En particular, Spencer cita la interdependencia funcional dentro del organismo viviente, en el cual hay una integración funcional de partes difenciadas, como la base para su modelo de sociedad.
Para Spencer la evolución representa un proceso que puede ser visto en todos los elementos de la naturaleza, un proceso de especialización de funciones (diferenciación progresiva) combinado con la interdependencia mutua de partes diferenciadas estructuralmente (integración positiva.) En suma Spencer es el primero en emplear sistemáticamente los términos estructura y función en forma aproximada al uso actual. También desarrolla la noción de sistema autorregulado y sus analogías biológicas le permiten generar concepciones orgánicas de la sociedad de una manera sofisticada. Spencer sugiere que las instituciones están relacionadas y argumenta que algunas formas institucionales tienen una tendencia a subsistir de sociedad en sociedad.
Emile Durkheim (1858-1917) aunque crítico de los escritos de Comte, Mill y Spencer, está profundamente influenciado por ellos. Durkheim trata de dar a la sociología un cuerpo y desarrollar un método científico para descubrir hechos sociales. Su metodología enfatiza el papel de los científicos sociales como receptores pasivos de los hechos sociales. Él se interesa por las obligaciones, contratos, responsabilidades y costumbres, es decir los hechos sociales externos que regulan y norman el comportamiento. En la sociedad industrial, con su extensa división del trabajo (diferenciación funcional) Durkheim observa que la solidaridad mecánica basada en la similitud de las partes es reemplazada por una solidaridad orgánica que emerge por la interdependencia de las mismas. La última es una solidaridad basada en un sistema normativo de creencias, lo que es un antecedente de la utilización del concepto de cultura.
En resumen para los positivistas el enfoque científico enfatiza la experiencia directa de una realidad social externa, que se presta al análisis racional empírico cuyo propósito es descubrir los motivos de la solidaridad y la integración, considerados como motores del orden social. Sus explicaciones se basan principalmente en analogías de la biología darwiniana y la mecánica de Newton. Estas analogías enfatizan las relaciones sistemáticas y la integración y diferenciación de estructuras y funciones. Los desarrollos positivistas, notablemente la analogía orgánica y el estructural funcionalismo impactan la sociología moderna y los estudios organizacionales.
El funcionalismo en las ciencias sociales. Los orígenes de un enfoque explícitamente funcionalista en las ciencias sociales se derivan de la antropología y particularmente de los trabajos de Bronislaw Malinowski y A.R. Radcliffe-Brown. Malinowski sugiere que las características de una sociedad primitiva pueden ser explicadas en términos de su función dentro de un sistema social. Establece que las sociedades son complejas y deben ser comprendidas en términos de las relaciones entre sus partes constituyentes y el medio físico. Radcliffe-Brown, por su parte, sugiere que el concepto de función, involucra el supuesto de condiciones necesarias para la existencia de las sociedades humanas. Expande la analogía orgánica al argumentar que las sociedades deben ser concebidas como estructuras con continuidad dinámica. La diferencia entre organismos sociales y animales radica en el concepto de ciclo de vida, es decir, en circunstancias normales las sociedades no mueren en la misma forma que lo hacen los organismos. Para este autor los fenómenos sociales deben explicarse en términos de su continuidad y su sobrevivencia, las instituciones se distinguen por su contribución a la integración, estabilidad y mantenimiento del sistema social como un todo.
Talcott Parsons (1902-79), planteó la sociología estructural funcionalista. El intentó construir una teoría general de sistemas para analizar el mundo social, es decir, capaz de explicar toda manifestación de la vida social. Para Parsons el término función se refiere a las varias soluciones que un sistema debe adoptar para sobrevivir, lo que lleva a su noción de imperativos funcionales. Parsons identifica cuatro imperativos funcionales (el sistema AGIL) que deben satisfacerse para lograr el equilibrio social. Estos son: adaptación, es decir, los actos que establecen relaciones entre el sistema y su medio ambiente; logro de objetivos, es decir los actos que definen los objetivos de un sistema y movilizan los recursos para alcanzarlos; la integración, son los actos que establecen el control y mantienen la coordinación entre las partes; y latencia (o mantenimiento de pautas), son los actos que proveen a los actores con la motivación necesaria. Parsons señala que es posible incorporar los sistemas de personalidad en los sistemas culturales que a su vez pueden integrarse en el sistema social, y a través de ellos se resuelve el problema del orden.
Parsons aplica su modelo a la organización definiéndola en términos funcionalistas y sugiere que la orientación hacia el logro de un objetivo específico es su característica definitoria. Él ve a las organizaciones como sistemas en sí mismos y como partes constituyentes de sistemas mayores. El problema básico es integrar tanto vertical como horizontalmente las funciones que operan a diferentes niveles. Parsons utiliza su modelo de subsistemas y lo aplica a las organizaciones diferenciándolas en organizaciones económicas (problema de adaptación), organizaciones políticas (problema de obtención de resultados), organizaciones integrativas (problema de control) y organizaciones de mantenimiento de pautas (problema de motivación). Esta tipología se desarrolla en las líneas del esquema de Parsons.
La escuela de las relaciones humanas. Otro elemento que se integra a la teoría de la contingencia es la escuela de las relaciones humanas. Los estudios de Hawthorne aportan dos elementos adicionales: el surgimiento del hombre social y la propuesta del primer enfoque de sistemas para el análisis organizacional, alejándose de esta manera del enfoque determinista del taylorismo y la administración clásica y hacia un equilibrio de sistemas mecánico basado en las ideas de Pareto.
Roethlisberger y Dickson (1939), sugieren un enfoque de sistema social al análisis organizacional y anticipan el enfoque sociotécnico al diseño organizacional. También se reconoce la influencia del medio ambiente, especialmente la historia personal del individuo. La tradición de las relaciones humanas desarrollada a partir de los estudios de Hawthorne, introdujo el término cultura en el vocabulario de la investigación organizacional al desarrollar métodos que combinan entrevistas y observaciones de interacciones en situaciones específicas de trabajo, anticipándose por muchos años a los estudios de cultura organizacional de los ochentas.
3.1 Consolidación del enfoque de la contingencia
Estos avances en la década de los cuarenta sentaron las bases de la teoría de la contingencia, enfoque que se convirtió en el dominante hasta los años setenta . La teoría de la contingencia señala que para ser efectiva una organización necesita desarrollar coincidencias entre la organización interna y las demandas de su medio ambiente. Esta teoría utiliza la investigación empírica para analizar variables como estilo de liderazgo, motivación, satisfacción en el trabajo, tecnología y estructura organizacional. El trabajo que establece con mayor claridad esta teoría es el de Lawrence y Lorsch (1967), quienes intentan un análisis sistemático de las relaciones entre las variables contingentes de la estructura organizacional interna y la naturaleza del ambiente externo. Mediante investigación empírica buscan descubrir las formas de organización más capaces de tratar con diversas condiciones económicas y de mercado. Ellos basan su análisis en la metáfora orgánica y adoptan un enfoque de sistema abierto y ven a la organización como un conjunto de partes interrelacionadas influenciadas por el medio ambiente más amplio.
Estos autores buscan identificar patrones estructurales regulares asociados con el funcionamiento de sistemas organizacionales particulares en diferentes medios. El primer principio es que un sistema, en la medida que crece, encuentra demandas de una mayor diferenciación e integración de las partes. La segunda es la perspectiva que la función central de cualquier sistema es su adaptación a las demandas de su medio ambiente.
La teoría de la contingencia se basa en la definición de la estructura de la organización, como el conjunto recurrente de las relaciones entre los miembros de la organización. Esto incluye, pero no está restringido a relaciones de autoridad, relaciones de información, patrones de toma de decisión como descentralización, patrones de comunicación, el comportamiento requerido por las reglas de la organizaciones. Ésta comprende tanto la organización formal como la informal.
Esta teoría establece que no hay una estructura organizacional única altamente efectiva para todas las organizaciones. La estructura óptima depende de los denominados factores de contingencia entre los que se encuentran estrategia, tamaño, incertidumbre de la tarea y tecnología. Para ser efectiva la organización necesita ajustar su estructura a los factores de contingencia de la organización y por tanto a los del medio ambiente. Su tarea es identificar el factor o factores particulares a los cuales un aspecto particular de la estructura organizacional necesita ajustarse. Esto involucra la construcción de modelos teóricos de ajuste entre factores contingentes y estructurales y su prueba con datos empíricos.
Los pioneros del enfoque de contingencia fueron Burns y Stalker (1961) quienes distinguieron entre una estructura mecanicista en la cual los roles organizacionales fueron definidos por superiores que poseen el monopolio del conocimiento organizacional. Por otro lado se encuentra la estructura en la cual los roles organizacionales fueron definidos vagamente y acordados por medio de una discusión entre empleados con conocimiento disperso entre los miembros que poseen diferentes experiencias relacionadas con la misión organizacional. Joan Woodward (1965) usó medidas cuantitativas de la estructura organizacional como el tramo de control del supervisor de primera línea, el número de niveles en la dirección de la jerarquía y la relación entre trabajo directo e indirecto. Hage (1965), postula una teoría axiomática de la organización en la cual las organizaciones centralizadas y formalizadas son más eficientes pero generan tasas menores de innovación y las descentralizadas y menos formalizadas son menos eficientes pero tienen tasas más altas de innovación. Blau (1970) propone una teoría de la diferenciación estructural donde asevera que en la medida en que una organización crece en tamaño, su estructura se incrementa en numerosas subunidades, más niveles en la jerarquía y así sucesivamente. El grupo Aston distinguió empíricamente dos divisiones de la estructura organizacional: la estructuración de actividades (medida por la especialización por funciones, reglas y documentos) y la concentración de autoridad.
Esta teoría señala que cuando existe un cambio en un factor de contingencia genera como respuesta un cambio en la estructura organizacional, es decir, la estructura se ajusta a la contingencia, la que a su vez se ajusta al medio ambiente. Las organizaciones avanzan por medio de ajustar su estructura a sus contingencias y esto produce la asociación que se observa entre contingencia y estructura. El énfasis de la adaptación de la organización a su medio ambiente hace de la teoría de la contingencia parte del funcionalismo adaptativo.
3.2 El quiebre del paradigma dominante y la explosión de enfoques
El enfoque de la contingencia dominó los estudios organizacionales durante cuarenta años, desde los treintas hasta los setentas del siglo pasado. Sin embargo en la década de los sesentas comenzaron una serie de cambios que hizo estallar el consenso acerca de los paradigmas dominantes en las diferentes disciplinas.
Desde la década de los sesentas el mundo ha vivió fenómenos que lo han transformado radicalmente. El nacimiento del movimiento hippie, acompañado de nuevas corrientes musicales, los Beatles, Bob Dylan, Joan Baez, la liberación femenina, la rebelión juvenil ante la guerra de Viet-Nam, los movimientos estudiantiles (Francia, Estados Unidos y México, entre otros países), el abandono del patrón oro por parte de Estados Unidos y el desorden monetario y financiero mundial, la caída del muro de Berlín, el avance impetuoso de la ola conservadora en el mundo occidental que llevó al poder a Margaret Tatcher en Inglaterra y a Ronald Reagan en los Estados Unidos, la consolidación de la globalización en sus diversas formas y modalidades, la emergencia de la Cuenca del Pacífico como potencia eco¬nómica; la sustitución del fordismo como método de produc¬ción domi¬nante; la recon¬versión in¬dus¬trial al interior de las na¬ciones y, la globalización en la esfera económica y en la financiera, la descentralización y el resurgimiento de lo local como problema prioritario, entre otros factores. Desde el punto de vista social se da el surgimiento de movimientos inéditos como el feminista, el ambientalista y la proliferación de Organizaciones No Gubernamentales (ONG´S).
En años más recientes han impactado las caída de las torres gemelas, el conflicto en el oriente medio y las guerras de Estados Unidos, a nombre de occidente, contra Afganistán e Irán y la consolidación de bloques económicos, como el TLC, Mercosur, la Comunidad Europea y la APEC, entre otros.
Los fenómenos señalados marcan el fin de la era moderna, iniciando lo que se da en denominar posmodernidad. Estos cambios en el mundo de `lo real´ han impactado de manera definitiva los diversos campos del conocimiento. Por ejemplo en las ciencias sociales, la disciplina de la administración pública fue declarada en `crisis´ a principios de los setentas (Ostrom 1974) por lo que se inició la búsqueda de nuevos paradigmas (Waldo 1980, Kliksberg 1994, Cabrero 1995), que tomaron diversas denominaciones como política pública, gerencia pública ó management público, dependiendo de las fuentes y orientación de los diversos tratadistas. En economía es claro el abandono del enfoque keynesiano y su sustitución por modelos monetaristas y otros de vena más conservadora como las expectativas racionales y el ofertismo, entre otros.
En el campo de los estudios organizacionales, la llamada ortodoxia o `ciencia normal´ también entró en crisis, por lo que se han producido cambios fundamentales en las perspectivas teóricas, enfoques y categorías para analizar las organizaciones como objetos empíricos de estudio, la organización como discurso teórico y el organizar como proceso social (Clegg y Hardy, 1996: 3). En pocos años se observa una transformación en las condiciones en que se desenvuelven y evolucionan la teoría de la organización y los estudios organizacionales. De esta manera surgen la teoría económica de la organización, el enfoque de la población ecológica, los enfoque basados en la sicología y en el psicoanálisis y la cultura como paradigma organizacional. De esta manera la cultura aplicada a la organización es un enfoque posmoderno, aunque sus bases y antecedentes provienen de la época moderna.
4 La introducción de la cultura en el análisis organizacional
El concepto de cultura fue introducido en los estudios organizacionales por la escuela de las relaciones humanas, pero su aplicación comenzó en la década de los setentas y se generalizó en la década de los ochenta “cuando el concepto de cultura organizacional fue ampliamente identificado como tal y se propagó en el medio organizacional” (Dávila y Martínez, 1999 a: 18). Estas autoras señalan como razones de esta generalización a dos factores: “la competencia acelerada y de cambios sociales profundos en el contexto contemporáneo; por otro, un factor de cambio paradigmático en el mundo de la academia” (Dávila y Martínez, 1999 a: 18). Un elemento adicional en este sentido fueron las modificaciones “con respecto a los papeles sexuales, la inmigración acelerada y la internacionalización” (Dávila y Martínez, 1999 a: 19).
Una de las autoras pioneras, Linda Smircich (1983) examina la significación del concepto de cultura para el análisis organizacional, encontrando cinco temas comunes. En los primeros dos, la cultura es una variable, ya sea dependiente o independiente, interna o externa a la organización. En los otros tres, la cultura es una metáfora para conceptualizar la organización. Cada uno de estos tópicos representa un modo de analizar la organización.
La cultura como variable independiente se utiliza en el campo de la administración comparada. En estos estudios, la cultura es considerada como un factor implícito (casi sinónimo de país), una variable explicativa o un enfoque amplio que influencia el desarrollo y refuerza las creencias al interior de la organización. Un segundo enfoque reconoce que las organizaciones producen por sí mismas a la cultura. Esta concepción se basa en el enfoque de sistemas y como tal su interés es la articulación de patrones de relaciones contingentes entre las colecciones de variables que impactan la sobrevivencia organizacional. La implicación es que la dimensión cultural o simbólica contribuye al balance sistémico general y a la efectividad de una organización. La cultura es usualmente definida como el pegamento que une y sostiene a la organización. Expresa los valores, creencias e ideales que los miembros de la organización comparten. La cultura cumple varias funciones importantes, ya que otorga un sentido de identidad a los miembros de la organización y facilita la generación de compromisos a algo superior que a sí mismo. También incrementa la estabilidad social del sistema y sirve como mecanismo que puede guiar y moldear el comportamiento.
La cultura como metáfora propone que las organizaciones sean comprendidas como tales, en este sentido, se abandona la perspectiva de que una cultura es algo que la organización tiene en favor de la perspectiva de que la cultura es la organización, por lo que se convierte en expresión y manifestación de la conciencia humana. La organización se comprende y analiza en términos de sus aspectos simbólicos, de sus expresiones e ideas en lugar de términos materiales o económicos.
Existen varias perspectivas acerca de la cultura como metáfora, cada una se desprende de diferentes ramas de la antropología. La perspectiva cognositiva se asocia a la etnociencia (antropología cognositiva), para la cual la cultura es un sistema de conocimientos y creencias compartidas. Así mismo es vista como un sistema único para percibir y organizar fenómenos materiales, cosas, eventos, comportamientos y emociones.
Desde la perspectiva simbólica, los antropólogos tratan las sociedades o culturas como sistemas de símbolos y significados compartidos. Al aplicar esta perspectiva, una organización, al igual que una cultura, se concibe como un patrón de discurso simbólico, por lo que requiere interpretar, leer, o descifrar dicho patrón para que éste sea entendido. En este enfoque se articulan los temas recurrentes que representan los patrones de los discursos simbólicos y que especifican las ligas entre valores, creencias y acciones en una situación determinada y la forma en que los individuos interpretan y comprenden su experiencia y cómo estas interpretaciones y comprensiones se relacionan con sus actos.
La cultura también puede ser considerada como la expresión de procesos sicológicos inconscientes (perspectiva psicodinámica). En este enfoque las formas y prácticas organizacionales se entienden como proyecciones de procesos subconscientes y son analizados en su relación con la dinámica entre procesos no voluntarios y su manifestación conciente. El propósito de la cultura, es revelar las dimensiones universales y ocultas de la mente humana. La tarea del análisis estructural es “descubrir un orden de relaciones que se traducen en un conjunto de arreglos, cuyo significado es limitado por sí mismo en un todo inteligible. Este orden puede ser denominado la estructura” (Turner, 1989: 117, citado por Martin 1992).
Las perspectivas cognositiva, simbólica, estructural y psicodinámica tienen distintos focos de interés, sin embargo adoptan la idea de cultura como un instrumento epistemológico para enfocar el estudio de la organización como un fenómeno social en el que se considera a la organización como una forma particular de expresión humana.
5 La cultura en la obra de Joanne Martin
Como se desprende de los párrafos anteriores, y en acuerdo con Martin (1992: v) la literatura (sobre cultura en las organizaciones) “continua desintegrada desde la perspectiva teórica”, por lo que Martín, se propone “consolidar un conjunto complejo de estudios teóricos y empíricos en un enfoque analítico que clarifique y rete los supuestos que han guiado los estudios de las culturas en la organización” (Martín, 1992: v).
5.1 El concepto de cultura en la obra de Martin
Para Martín, (1992: 3) “el conjunto de patrones o configuraciones de las interpretaciones que los individuos (actores) hacen del modo de vestir, las historias de las gentes, las reglas y procedimientos formales de la organización, sus códigos de comportamiento informal, rituales, tareas, sistemas de pago, léxico y bromas entendidas únicamente por los participantes y otros elementos que se consideran manifestaciones de la cultura organizacional”. Las interpretaciones acerca de la cultura organizacional diferirán de acuerdo a las distintas percepciones, memorias, creencias, experiencias y valores de los actores de la organización, por lo que la interpretación será diferente para distintos participantes. Para Martín, existen tres perspectivas acerca de la cultura organizacional: integradora, diferenciadora y fragmentaria.
La perspectiva integradora. Existen tres características que distinguen a la mayoría de los estudios realizados desde la perspectiva integracionista (Martin, 1992: 45.)
a) Existe consenso en toda la organización acerca de un número específico de temas, valores o supuestos básicos. Las organizaciones son descritas en términos de armonía, de familiaridad. Consenso es sinónimo de conformidad.
b) Estos temas son incorporados, consistentemente, en una amplia variedad de manifestaciones culturales. La consistencia es de tres tipos: de acción, simbólica y de contenidos. La primera se da cuando los temas son consistentes con las prácticas formales e informales de la organización. La segunda ocurre cuando los significados simbólicos de las formas culturales, tales como los arreglos físicos, cuentos, rituales y lenguaje especial se describen de manera congruente con los temas. La consistencia de contenido se presenta cuando los temas son congruentes entre sí, por lo que se refuerzan unos con otros.
c) La claridad se da cuando los miembros de la organización conocen lo que deben hacer y porqué lo deben hacer. Todo es claro y no hay lugar para la ambigüedad. La cultura existe para aliviar la ansiedad, controlar lo incontrolable, introducir predictibilidad a lo incierto y clarificar lo ambiguo.
En suma la perspectiva integracionista no tiene espacio para la duda, la incertidumbre y el disenso colectivo. Cuando se presentan desviaciones, estas son excluidas y los `desviantes´, que presentan valores y características étnicas y geográficas diferentes, son excluidos. Por otra parte, la presencia de pocos y poco poderosos desviantes fortalece y ayuda a perpetuar la hegemonía. También pueden ser aislados, corridos o dominados.
Generalmente se describe a los líderes (principales dirigentes o gerentes) como creadores de la cultura en primer lugar y transformadores de la misma en segunda instancia. A los líderes se les otorga la capacidad de visualizar, proponer e instrumentar una cultura que inspira lealtad, compromiso, productividad creciente y en ocasiones mayor rentabilidad (Martín, 1992: 44). Les permite sobrevivir las crisis, reorientarse ante circunstancias cambiantes y mantener a las organizaciones firmes (Martín, 1992: 63).
La perspectiva diferenciadora. Esta perspectiva tiene tres características definitorias: la interpretación de los temas, prácticas, y formas son frecuentemente inconsistentes; se reduce el consenso de toda la organización al nivel de una subcultura o grupo organizacional y la ambigüedad, aunque se reconoce, se descarta y canaliza.
a) La inconsistencia es una forma de razonamiento dicótomo y es de tres tipos: de acción, simbólica e ideológica. La inconsistencia en la acción ocurre cuando un tema proclamado en teoría, es incongruente con la práctica. Este tipo de inconsistencia también se presenta cuando existe conflicto de intereses entre la coalición dominante dentro de la organización y el medio ambiente, representado por la ley o la opinión pública. La inconsistencia simbólica puede surgir de las desviaciones con respecto a la política oficial, cuando existen dos interpretaciones en conflicto de diversas formas culturales como cuentos, rituales, lenguaje. Estas interpretaciones pueden revelar conflictos subyacentes. La inconsistencia ideológica se presenta cuando los temas de la organización entran en conflicto entre ellos. Mientras la perspectiva integradora busca similitudes subyacentes a las aparentes disparidades, la perspectiva diferenciadora busca comprender las inconsistencias subyacentes a las abstracciones aparentemente unificadoras.
b) El consenso. Se admite la existencia del consenso, aunque se rechaza que exista en la totalidad de la organización. El consenso se localiza dentro de los límites de las subculturas existentes en la organización. Esta perspectiva trabaja con dicotomías, usando razonamiento oposicional para destacar diferencias subculturales. No niega la existencia de similitudes, consistencias y unidad de la perspectiva integradora, pero la lleva al nivel de las subculturas existentes al interior de la organización que pueden definirse por niveles jerárquicos, áreas funcionales, ocupaciones, sexo, edad, raza, entre otros factores.
c) La ambigüedad. Dentro de una subcultura, reina la claridad, mientras que la ambigüedad es relegada a la periferia. La ambigüedad surge cuando debido a ausencia de claridad, alta complejidad o la existencia de situaciones paradójicas, es posible hacer una multiplicidad de interpretaciones. Esta perspectiva señala que dentro de una subcultura existe claridad, pero entre subculturas se presenta la ambigüedad. La ambigüedad es reconocida, pero es canalizada y limitada a los intersticios de las subculturas. Al igual que para la perspectiva integradora, la ambigüedad no es parte de la cultura, sino el caos subyacente a la misma.
La perspectiva diferenciadora afecta también la forma en que se autoidentifican los individuos, ya que las subculturas se sobreponen unas con otras y los individuos, pueden pertenecer a varias subculturas, contraculturas o culturas neutras, por lo que se dividen para responder a demandas conflictivas. Los individuos que se desvían son frecuentemente héroes o heroínas, aunque corren el peligro de ser despedidos o excluidos de la organización.
La perspectiva fragmentaria. La perspectiva fragmentaria, tiene varias diferencias con las anteriores. En primer lugar no se percibe consenso en una organización como un todo, ni dentro o entre subculturas. Esta perspectiva presenta una multiplicidad de interpretaciones que raramente evolucionan hacia un consenso estable. En segunda instancia la ambigüedad se visualiza como parte integrante de la organización, más que ser excluida (integración) o canalizada (diferenciación). Finalmente, esta perspectiva abandona tanto la firmeza de la consistencia, como la claridad de la inconsistencia sustituyéndola por la visualización de un conjunto de relaciones complejas entre las diferentes manifestaciones culturales.
a) La ambigüedad. Según March (1994), uno de los autores proponentes de este concepto, la ambigüedad se refiere a la ausencia de claridad o consistencia en la realidad, la intencionalidad o la causalidad. Las situaciones ambiguas no se encuadran en categorías mutuamente excluyentes o mutuamente exhaustivas. Los objetivos ambiguos son intenciones que no pueden ser especificadas claramente. Las identidades ambiguas, se caracterizan por reglas o situaciones imprecisas o contradictorias. Los productos ambiguos son aquellos cuyas características o implicaciones son borrosas. Las historias ambiguas no proveen interpretaciones únicas y comprensibles. La ambigüedad se relaciona pero es diferente a la incertidumbre. Esta perspectiva incorpora la ambigüedad como factor principal en el análisis de la cultura. Mediante el enfoque del nexo, se visualizan los límites de las subculturas como permeables y fluctuantes, en respuesta a los cambios ambientales de las culturas alimentadoras.
En un ambiente de ambigüedad, caracterizado por interacciones complejas entre actores, soluciones, problemas y oportunidades de decisión, la más simple fuente de orden es el tiempo y la introducción de información nueva, información fresca. Las actividades pueden ordenarse por tiempo y conectarse por sus relaciones temporales. Los eventos que ocurren al mismo tiempo, están asociados unos con otros y los eventos que son distantes en el tiempo, se tratan como distantes en su conexión.
Cuando existe ambigüedad, es difícil que opere el análisis dicótomo. Prevalece lo que el autor denomina differance, basándose en el filósofo francés Jacques Derridà. Este concepto representa un modo de pensar que implica una sola forma de ser él mismo, pero muchas formas de ser diferente. Differance es un concepto difícil, sensible al contexto, útil para examinar diferencias en la interpretación. Differance enfatiza que las categorías utilizadas en el razonamiento dicótomo son subjetivamente percibidas y socialmente construidas. Los límites entre y los contenidos de una categoría surgen del contexto. Differance da margen para la complejidad, multiplicidad y el flujo asociados a la perspectiva fragmentaria, superando las limitantes de formas de pensar más simplificadas ó dicótomas. Differance permite también incorporar lo ausente y lo que se omite (los silencios) en la interpretación de los fenómenos. El problema es cómo leer los cortes (gaps), resbalones (slides) y silencios. Esto lleva al “giro lingüístico” señalado por Scavino (1998).
La ambigüedad también se presenta en la acción. Esto se relaciona con las anarquías organizadas y los modelos de toma de decisiones tipo “bote de basura”, desarrolladas por March, Olsen, Cohen y asociados. En términos de Cohen et. al., (1971: 294-295), las anarquías organizadas son organizaciones, o situaciones de decisión, caracterizadas por tres propiedades: las preferencias son problemáticas, es decir no se ajustan o satisfacen los criterios normales de la teoría de la elección (transitividad, jerarquía e insaciabilidad). La segunda propiedad es la tecnología no clara, es decir, aunque los directivos de la organización sobreviven y producen, no comprenden sus propios procesos. Finalmente, se observa una participación fluida, ya que sus miembros varían la cantidad de tiempo y esfuerzo dedicado a sus diferentes compromisos y su involucramiento cambia de un momento a otro.
Un concepto complementario es la toma de decisiones concebida como un cesto de basura donde se introducen diversas clases de problemas y soluciones por los participantes. En este modelo la atención se concentra en cuatro asuntos: a) Los problemas, que son relevantes para la gente dentro y fuera de la organización; b) Las soluciones que son producto de alguien, en ocasiones se encuentran primero las respuestas, que los problemas; c) los participantes llegan y se van, por lo que la distribución de ellos es una variable dependiente del conjunto de elecciones disponibles y d) oportunidades de elecciones, son ocasiones cuando una organización produce una decisión, por ejemplo firma de contratos, contratación de gentes, asignación de responsabilidades, etc. Estas variables no son independientes unas de otras, aunque cada uno de sus flujos se visualizan como exógeno al sistema.
En una anarquía organizada, las decisiones se hacen en tres formas. Primero, por resolución, cuando se solucionan los problemas, después de tomar una decisión. La segunda es por omisión, que ocurre cuando se activa una elección y los problemas están asociados a otra elección. Y tercero, por evasión, cuando las elecciones son asociadas con algún problema por algún tiempo hasta que una elección más atractiva se presenta. Algunas elecciones involucran tanto evasión como omisión, algunos problemas se alejan y otros son resueltos.
6 La evolución del pensamiento organizacional y la cultura
Hasta este punto se han revisado tres elementos: a) la evolución de la ortodoxia en los estudios organizacionales, su consolidación y crisis; b) el surgimiento de la cultura como un enfoque posmoderno para el estudio de las organizaciones y su diferentes modalidades y c) las tres perspectivas de la cultura (integradora, diferenciadora y fragmentaria) planteadas por Martin (1992). Dado que la organización es el objeto de estudio común, aunque en los primeros dos la organización en abstracto y el tercero de ellos una organización concreta, es razonable esperar algunos desarrollos paralelos entre la teoría de la organización y las perspectivas de la cultura, lo que configura y tres escenarios.
6.1 Escenario 1: Perspectiva integracionista, cultura como variable y sistema cerrado
En primera instancia existe una gran coincidencia entre considerar la organización como sistema cerrado, es decir, como entidad autosuficiente, la cultura como variable, en la cual se acepta que las organizaciones producen por sí mismas la cultura y la perspectiva integradora de Martin. Los elementos comunes son su base en el enfoque de sistemas y como tal su interés en la articulación de patrones de relaciones contingentes entre las colecciones de variables que impactan la sobrevivencia organizacional. Un segundo elemento unificador es el supuesto de que fuerzas objetivas, detectadas por la observación científica controlada, pueden ejercer una influencia directa sobre la actividad humana. El tercer elemento es que la dimensión cultural o simbólica contribuye al balance sistémico general y a la efectividad de una organización.
De los anteriores enfoques se desprende que la cultura es percibida como el pegamento que une y sostiene a la organización y el medio que expresa los valores, creencias e ideales que los miembros de la organización comparten, acerca de los cuales existe claridad, consenso y consistencia. La cultura otorga un sentido de identidad a los miembros de la organización e incrementa la estabilidad del sistema.
A estos elementos se les han dirigido una serie de críticas metodológicas. La primera es que la mayoría de los estudios en esta perspectiva suponen que existe un mundo objetivo `exterior´ el cual puede ser abordado, analizado e interpretado sin que intervengan juicios de valor subjetivos. Por esta razón utilizan principalmente técnicas cuantitativas como las encuestas por muestreos aleatorios, representativos de los universos a analizar. Éstas técnicas se complementan con métodos cualitativos como análisis de contenido de textos y conversaciones, entrevistas estructuradas y abiertas, participación observante y no observante, análisis semiótico, entre otros. Las críticas metodológicas también son principalmente de carácter cuantitativo como muestreos inadecuados, muestras seleccionadas por conveniencia y no aleatorias (solamente gente bien educada y vestida, blancos, anglosajones.)
Una crítica de fondo, señalada por Martin, es que el enfoque de sistema cerrado, la cultura como variable y la perspectiva integracionista presentan un escenario improbable, que refleja más los deseos de la alta dirigencia de la organización que la realidad de la vida diaria de la mayoría de los empleados. Si la teoría se basa en este escenario y excluye la mayor parte de la vida organizacional, sus recomendaciones serán limitadas y poco prácticas. Más aún, el consenso, la claridad y la consistencia, en dos palabras el equilibrio estático que implica, puede ocultar la imposición de algo sobre alguien y legitimar la dominación dentro de la organización y las prácticas que discriminan, ignoran o excluyen ideas, opiniones o intereses de los dominados.
6.2 Escenario 2: Perspectiva diferenciadora, cultura como variable independiente, sistema abierto y teoría de la contingencia
También existe coincidencia entre la conceptualización de un sistema abierto, la teoría de la contingencia, el enfocar a la cultura como variable independiente y la perspectiva diferenciadora. En primera instancia si se considera a la organización como sistema abierto se visualiza una relación dinámica de la organización con su medio ambiente: recibe insumos, los transforma y exporta productos. También se concibe a la organización como abierta en relación a sí misma, ya que las interacciones entre sus componentes, que pueden ser las subculturas coexistentes en la organización, afectan al sistema como un todo. El sistema abierto se adapta a su ambiente por medio del ajuste de las estructuras y procesos de sus componentes internos y logra el equilibrio dinámico conservando al mismo tiempo su capacidad para transformar el trabajo y la energía. La estabilidad y el cambio organizacional se explican por una tendencia hacia la homeostasis que gobierna las relaciones entre subsistemas.
La teoría de la contingencia es claramente basado en la concepción de la organización como sistema abierto al señalar que cuando existe un cambio en un factor de contingencia también existe como respuesta un cambio en la estructura organizacional, es decir, la estructura se ajusta a la contingencia, la que a su vez se ajusta al medio ambiente. Las organizaciones avanzan por medio de ajustar su estructura a sus contingencias y esto produce la asociación entre contingencia y estructura.
El enfoque de la cultura como variable independiente permite afirmar, como en el caso de la perspectiva integracionista, que la cultura expresa los valores, creencias e ideales que los miembros de la organización comparten. Además de que las organizaciones producen por sí mismas la cultura y que la dimensión cultural o simbólica contribuye al balance sistémico general y a la efectividad de una organización. Sin embargo esta afirmación no es aplicable a la organización como un todo, sino al nivel de subcultura, que es un segmento de la organización definido por áreas funcionales, divisiones, jerarquías, raza y género entre otros elementos.
La perspectiva diferenciadora tiene tres características definitorias: la interpretación de los temas, prácticas, y formas son frecuentemente inconsistentes al nivel de toda la organización; se reduce el consenso de toda la organización al nivel de una subcultura o grupo organizacional y la ambigüedad, aunque se reconoce, se descarta y canaliza. Se admite la existencia del consenso, aunque se rechaza que exista en la totalidad de la organización y se localiza dentro de los límites de las subculturas. Esta perspectiva trabaja con dicotomías, usando razonamiento oposicional para destacar diferencias subculturales. En relación a la ambigüedad, señala que dentro de una subcultura existe claridad, pero de una subcultura a otra se presenta la ambigüedad. Ésta es reconocida, pero canalizada y limitada a los intersticios de las subculturas. Esta perspectiva utiliza el enfoque de sistema abierto ya que introduce el medio ambiente a través de dos mecanismos: un choque externo (jolt) y el enfoque del nexo (nexus approach) para superar la llamada paradoja de la singularidad (uniqueness) al basarse en la premisa de que una organización es, en muchas formas, un microcosmos de la sociedad que le rodea. Se reconocen culturas alimentadoras del medio ambiente y se establece que lo que es `único´ y `organizacional´ es la forma en que una mezcla particular de las culturas se combina e interactúa dentro de los límites de una organización.
Existen varias críticas a este conjunto de elementos. Al igual que la perspectiva integracionista, generalmente se asume una posición objetivista. Suponiendo que métodos mejor seleccionados producirán mejores resultados. Existen tres dilemas metodológicos: profundidad vs superficialidad, etic (interno) vs emic (externo), muestreo sistemático vs muestreo opinático. También utiliza técnicas cualitativas, al igual que la perspectiva integradora. Una crítica de fondo sería la utilización por parte de esta perspectiva de razonamiento dicótomo, que implica centrase en los extremos e ignorar la riqueza del existente entre los polos.
6.3 Escenario 3: Perspectiva fragmentaria, cultura como metáfora, anarquías organizadas y ambigüedad
Este conjunto de elementos se relacionan estrechamente para comprender la organización, constituye un rompimiento radical con la ortodoxia dominante para encuadrarse en lo que se conoce como organización moderna. La perspectiva fragmentaria presenta una multiplicidad de interpretaciones que raramente evolucionan hacia un consenso estable; la ambigüedad se visualiza como parte de la organización, más que ser excluida o canalizada. Se sustituye la claridad de la consistencia o la inconsistencia por la predominancia de un conjunto de relaciones construido socialmente y caracterizado por la complejidad, la multiplicidad y el movimiento o flujo (flux). De igual forma, visualiza los límites de las subculturas como permeables y fluctuantes, en respuesta a los cambios ambientales de las culturas alimentadoras y utiliza el modo de razonamiento denominado differance para explorar significados múltiples, tomando en cuenta tanto lo presente como lo ausente.
La perspectiva fragmentaria también se identifica con las anarquías organizadas, es decir situaciones de decisión caracterizadas por preferencias problemáticas, tecnología no clara y una participación fluida de sus miembros. Un concepto complementario es la toma de decisiones concebida como un cesto de basura donde se introducen diversas clases de problemas, soluciones, participantes y oportunidades de elecciones. Estas variables no son independientes unas de otras, aunque cada uno de sus flujos se visualiza como exógeno al sistema.
La perspectiva fragmentaria y las anarquías organizadas se complementan con la consideración de la cultura como metáfora, lo que implica abandonar la idea de que la cultura es algo que la organización tiene en favor de la visión de que la cultura es la organización, por lo que ésta se convierte en una expresión y manifestación de la conciencia humana, es decir, se comprende y analiza en términos de sus aspectos simbólicos, de sus expresiones e ideas en lugar de términos materiales o económicos. En este enfoque, la cultura es un instrumento epistemológico para enfocar el estudio de la organización como un fenómeno social y una forma particular de expresión humana.
En relación al método utilizado, virtualmente todos los estudios desde esta perspectiva son cualitativos. Sus técnicas son análisis de contenido, observación, differance, semiótica y lingüística. Pocos estudios usan métodos cuantitativos, pues consideran que es difícil capturar modos de razonamiento, aspectos ideográficos y subjetivos con las técnicas restrictivas de la estadística, que suponen una racionalidad y reducen los fenómenos a estados binarios o `multivariables´. Los estudiosos desde esta perspectiva se reclaman como poseedores de la verdad, es usual su afirmación “mi interpretación de estos hechos culturales es correcta”.
7 Propuesta conceptual para aplicación de la cultura en el análisis organizacional
El estudio de una situación concreta implica abandonar la idea de que una sola perspectiva sería suficiente para analizar una situación concreta, bajo el supuesto que es la posición objetiva, es decir la correcta o mejor que las otras. Si bien el tipo de organización y el medio ambiente en que ésta se desenvuelve indican si se puede utilizar una perspectiva como la principal (home), las otras dos requieren incorporarse para agregar información nueva y útil (insights) que no es captada e incorporada por la principal. Esto se debe a tres razones (Martin, 1992: 174): a) cualquier contexto cultural contiene elementos que pueden ser comprendidos únicamente cuando se incorporan los tres escenarios; b) un enfoque multiescenario ofrece información no disponible desde una sola y c) se puede estudiar un sólo caso desde las tres perspectivas.
Con el cambio de circunstancias o el transcurso del tiempo la importancia de el escenario puede cambiar y una perspectiva secundaria puede convertirse en principal y las otras en secundarias. En todo caso la cultura debe ser subjetivamente percibida, no existe un estándar para determinar la precisión relativa de cada una de las perspectivas (Martin, 1992: 178).
Otra posibilidad es moverse a través de las diversos escenarios, recorriendo diversas etapas (integración-diferenciación-fragmentación-nueva integración) o aplicando los escenarios en forma paralela debido a que ninguna de ellas es asociada consistentemente con posiciones o supuestos metodológicos o epistemológicos particulares. El cruzar las fronteras de una perspectiva, no implica que el investigador abandone su posición personal, sus compromisos políticos o sus creencias personales. En resumen, señala Martin (1992: 187), el uso de perspectivas múltiples, moviéndose entre ellas, presentando sus resultados, es posible y deseable.
Tampoco es recomendable recurrir o pretender construir una metateoría intentando abarcar y absorber sus teorías predecesoras, esto, según los posmodernos, es un intento inútil y erróneo, ya que siempre vendrá alguien que intente construir otra metateoría sobre la anterior, proclamando estar más cerca de la `verdad´. El enfoque posmoderno no busca `cerrar´ el sistema con una abstracción unificadora, una síntesis dialéctica o una metanarrativa, sino que procede de una manera no lineal, haciendo preguntas más que dando respuestas. El conocimiento evoluciona como una espiral a través de las diversas perspectivas, analizando un asunto desde sus diferentes ángulos. Este examen es un proceso sin punto final, la comprensión de los fenómenos es profundizada y ampliada, pero nunca terminada (Martin, 1992: 197). Sobre este punto es importante señalar que las deconstrucciones son necesariamente subjetivas y siempre habrá un sujeto que haga una interpretación alternativa, avanzándose, de nuevo en una espiral del conocimiento, no necesariamente ascendente.
Un mensaje importante que puede dejar este análisis es la introducción de variables contextualizadas. Esto implica que la introducción del análisis basado en la cultura en el caso de nuestras organizaciones se debe incorporar variables latinas o nacionales y buscar no trasladar desarrollos hechos en los países avanzados a un contexto cuyas variables relevantes puede ser diferente. Por ejemplo la raza y el color pueden no ser tan importantes como el autoritarismo o el corporativismo en el contexto nacional. La obra de Joanne Martin nos muestra un excelente ejemplo de análisis organizacional basado en la cultura. Corresponde a nosotros hacer un uso adecuado de su herramientas al aplicarlas al estudio de nuestra organizaciones.








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XII Congreso EUMEDNET sobre
Globalización y Crisis Financiera




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Próximos congresos

 

10 al 29 de
octubre
II Congreso EUMEDNET sobre
Arte y Sociedad

4 al 21 de
noviembre
XI Congreso EUMEDNET sobre
Migraciones, Causas y Consecuencias

17 al 28 de
noviembre
II Congreso EUMEDNET sobre
El Derecho Civil en Latinoamérica y Filipinas: Concordancias y Peculiaridades

24 de noviembre al 12 de
diciembre
II Congreso EUMEDNET sobre
Transformación e innovación en las organizaciones

3 al 20 de
diciembre
XI Congreso EUMEDNET sobre
Desarrollo Local en un Mundo Global

 

 

 

 

Encuentros de economia internacionales a traves de internet


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