LA GRAN TRANSFORMACIÓN: LA INTEGRACIÓN HACIA ADENTRO

Carlos R. Bello

Reconversión del sector

Es necesario apuntar a una reconversión de este sector, creando las bases que sustenten una mayor competitividad, que permita la penetración de sus productos agro-industriales tradicionales y no tradicionales en los mercados externos.
Con mayor razón, cuando estamos incorporados, sin soluciones de retorno, en el ámbito de un comercio regional totalmente desgravado y en un contexto arancelario común frente a terceros países. Estas circunstancias, unidas a las erráticas políticas monetarias y cambiarias de nuestros socios mayores, y a los subsidios practicados por los países en desarrollo en defensa de sus producciones, hacen de por sí tremendamente difícil lograr el crecimiento exportador al que aspiramos.
Dentro de este contexto, cabe preguntarse si el desarrollo incipiente y desordenado del modelo, permitirá su inserción en el mercado regional y por esa vía en el mercado internacional.
Sabemos de los esfuerzos que se vienen realizando para lograr una repuesta afirmativa a esta interrogante que se plantea, no sólo los industriales y los productores, sino la sociedad entera.
Es un momento crítico, donde los problemas sociales se han visto agravados a través de situaciones de quiebras, desempleo, y otros males sociales, que compartimos en mayor o menor medida con los países vecinos de la región.
Naturalmente, coexisten simultáneamente las preocupaciones básicas sobre los impactos que los acuerdos suscritos, las reacciones de los países desarrollados, la economía mundial en su conjunto, tendrán sobre nuestras economías, a través de las marcadas interdependencias sectoriales en la región.
En efecto, si bien separan a los países del área elementos estructurales básicos en su conformación económica y social, por otro lado, tienen las mismas preocupaciones y frustraciones.
De ese modo encontramos allí, en uno y en otro país, Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, sectores productivos pequeños y medianos, productores industriales o agropecuarios, afectados por similares problemas, por dudas, frustraciones, miedos con respecto a los riesgos que cada uno debe enfrentar, en una economía globalizada para algunos sectores, pero de cambios acelerados para todos.
Nuestra tarea consiste en comunicar a las fuerzas productivas, a la sociedad en general, las características del proceso que vivimos, hacer conocer las herramientas de que se dispone y cuales son los obstáculos que debemos sortear.
Cuáles, en definitiva, son las desventajas y ventajas que determinarán, la suerte que han de correr los actores sociales que intervienen, en el devenir de los años que transcurren ya en el tercer milenio.
Difícil, pero hermosa tarea la de nuestra generación, que comenzando a vivir las realidades políticas y económicas en las postrimerías de la segunda guerra mundial, nos ha permitido, más de medio siglo después, estar en los albores de un nuevo amanecer, que se caracteriza singularmente por el ingreso en el tercer milenio de la era cristiana.
Este proceso, que avanza a una velocidad inimaginable, en un universo cada vez más pequeño, se caracteriza por una dinámica que nos coloca permanentemente en la necesidad imperiosa de incorporar los últimos instrumentos de la tecnología, los avances intelectuales de última generación, el estudio y comprensión de las modalidades de la nueva sociedad de consumo.
Esto que es una premisa válida para todos los sectores de la economía, para nuestros países, agro dependiente, tiene fundamental importancia en relación con el sector agro -industrial.
Hay aspectos esenciales que tienen que ver con la organización del sistema productivo en lo relacionado con la capacitación que deben tener los productores en sus respectivas áreas.
El mundo complejo que nos aguarda es muy distinto del mundo en que han vivido nuestros antepasados.
La mera intuición, la creencia de que solo con la experiencia adquirida se resolverán los problemas, las decisiones tardías, la reacción a destiempo, no funcionan más en una economía donde el uso del capital y de la técnica han desplazado a otros factores de producción antes considerados básicos.
Los procesos de modernización, la aplicación de los altos estándares de calidad que hoy exige el consumidor mundial, la introducción de las economías de escala para producir la cantidad de productos homogéneos que se demandan, la penetración de los sofisticados mercados internacionales de gran poder adquisitivo y aún la posibilidad de acceder con nuestros productos a mercados secundarios menos exigentes, obligan a la utilización de las reglas básicas de un marketing creativo que no deben eludir quienes pretendan permanecer, aún, en sus respectivos mercados internos.
En ese sentido la regla básica es que debemos invertir la lógica del concepto de ventas. Ya no funciona el antiguo esquema que partía de los productos de la empresa y consideraba que la tarea a desarrollar consistía en utilizar el esfuerzo vendedor y la promoción para estimular un conveniente volumen de ventas.
Hoy, el concepto de marketing, parte de una orientación empresarial dirigida a dar satisfacción al cliente, única forma de alcanzar los objetivos de la organización.
Esta nueva orientación mercadológica exige poner énfasis en las variables de decisiones de marketing definidas por McCarthy como los cuatro factores denominados las "cuatro P".

  1. Producto
  2. Plaza
  3. Promoción
  4. Precio

A ello, podríamos agregarle, complementariamente, las "cuatro C"

  1. Calidad
  2. Cantidad
  3. Competencia
  4. Compañía
Por otra parte, la interdependencia que existía, desde largo tiempo, entre estado y factores de la producción, ha sido rota definitivamente. Es cierto que existen aún economías que protegen a sus producciones y que éstas políticas se dan fundamentalmente en países desarrollados en perjuicio de los países del tercer mundo.
Pero ¿hasta cuando podrán éstos soportar el enorme peso que significa desde el punto de vista fiscal esos subsidios y protecciones?
Nuestros productores tienen, pues, que asumir el proceso de una economía mundial que esta marcando cambios substanciales con respecto a viejos esquemas, hasta ayer enfrentados a la controvertidas tesis capitalismo versus marxismo.
Ahora el mundo, y por lo tanto los actores sociales que lo integran, no son ya simplemente marxistas o capitalistas.
El Estado, seguirá teniendo su rol de gran regulador, asumiendo las tareas básicas de un estado moderno, lejos del estado gendarme de otros tiempos, pero sin asumir el rol de exclusivo creador de todas las situaciones. Cumplirá sus cometidos bien o mal, pero esa es la realidad actual.
Se enfatiza entonces el protagonismo del productor, del empresario privado, del comerciante, de toda una sociedad moderna y capacitada. Pero de un protagonismo personal en cuanto a asumir decisiones eficientes y maduras en sus respectivos campos, aún un protagonismo también asociativo creando condiciones de trabajo en equipo que permitan suplir las carencias de un Estado que por circunstancias políticas que no es el momento de analizar, se aparta definitivamente del paternalismo que ha venido ejerciendo, y al cual nos hemos mal acostumbrado.
Esto es evidentemente un gran problema. Los productores se quejan, los industriales también, los exportadores, los comerciantes, etc. Todos tienen problemas, muchas veces controvertidos entre ellos mismos.
Nos agradaría seguir aquí a Neil Eskelin, el cual sostiene que los problemas no son nada nuevo. Todos tienen problemas de diferentes formas, tamaños y grados de magnitud. Sin embargo, en la opinión de este autor nadie se ha puesto a pensar que esos problemas "son en realidad oportunidades disfrazadas, que lo mantienen a usted alerta y vivo".
El escritor E. E. Hale, citado por Eskelin, afirma: "Nunca debiéramos intentar soportar más de una clase de aflicción a la vez.
Algunas personas soportan tres clases: todas las que han tenido, todas las tienen ahora y todas las que esperan tener".
Hale escribió el libro "El hombre sin patria" y tiene una filosofía de vida: para no ahogarse en sus propios problemas, se eleva por encima de ellos ayudando a otra persona. El fue líder de un movimiento denominado "Una mano de ayuda" cuyo lema era:
"Mira hacia arriba y no hacia abajo, hacia adelante y no hacía atrás, hacia afuera y no hacia adentro, da una mano de ayuda".
Con esta filosofía de vida positiva, encararemos pues nuestros análisis y propuestas de la problemática agro industrial con especial convocatoria a los productores rurales pequeños y medianos, adelantando que la solución de los problemas que los aquejan solo podrá lograrse por la vía de la mutua colaboración, el trabajo en equipo, con real participación de todos no solo en los sacrificios sino también en los beneficios que el proceso agro industrial ha de deparar seguramente.
Pretendemos no solo ayudar a través de estas páginas a una ubicación teórica del tema, sino también a encarar la constitución de diversos Complejos Agro industriales, que mejoren substancialmente las condiciones económicas, financieras, sociales y culturales de los productores, granjeros, y demás actores sociales vinculados al mismo.

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