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La Nueva Fase de Desarrollo Económico y Social del Capitalismo Mundial

José de Jesús Rodríguez Vargas

 
V. EL RUMBO DEL CAPITALISMO


EPÍLOGO

Desde la segunda mitad del 2003, se encuentran en debate dos temas sensibles para el futuro crecimiento y desarrollo de Estados Unidos, al mismo tiempo que para el resto del mundo. Uno, es el déficit presupuestario, otro, la trayectoria de la productividad del trabajo.

V.2.1 DEFICIT PÚBLICO

Cuando el gobierno de Clinton terminó con el déficit público, se había cumplido uno de los principales objetivos desde la primera campaña electoral en 1992, que en algún momento se consideró inviable conseguirlo. La conclusión en 1998, por parte de la administración, fue la existencia de un circulo virtuoso entre un menor déficit y la prosperidad de la nación. Lo expresaron de la siguiente manera: si existe un menor déficit fiscal, entonces, habrá: menor petición de deuda pública, deuda nacional, deuda familiar, y menores tasas de interés, e inversamente mayor propiedad, ahorro familiar, ingreso, inversión, crecimiento, empleo y recaudación de impuestos, es decir, se llega finalmente al superávit público . Era la derrota de los keynesianos que basan su estrategia en el déficit público para obtener el crecimiento.
El gobierno de George W. Bush acabó con uno de los legados más importantes de la administración de Clinton, el superávit público; en el año 2000, el superávit fue de 2.4 por ciento, disminuyó a 1.3 en el 2001 y a –1.5 en el 2002. Después –en el 2003- se estimó que el déficit sería de 4.2 en 2003 y de 4.5 por ciento en 2004; a partir de aquí se planteaba la disminución gradual en un quinquenio.
Alan Greenspan advirtió del peligro por primera vez, en su obligado testimonio ante el Congreso en febrero y en julio de 2003, que si no se controlaba el déficit aumentaría las tasas de interés de largo plazo y sería más difícil mantener la tasa de crecimiento del producto. El presidente de la Fed, argumentó que los bajos déficit, y por un tiempo el superávit, contribuyeron significativamente a mejorar el ahorro nacional y a disminuir la presión sobre las tasas de interés real, y esto incentivó la inversión productiva; pero dicha situación positiva se había acabado debido a factores temporales como la crisis económica y los gastos extraordinarios dedicados a la lucha contra el terrorismo y la guerra. Greenspan estimó que en dos años se podría revertir la tendencia, al terminarse las eventualidades que provocaron el déficit, aunque llamó al Congreso y al gobierno para que tomen medidas que restauren la disciplina fiscal y puedan ser un apoyo al crecimiento a largo plazo .
La Administración Bush en los primeros tres años ha aplicado la mayor dosis de política fiscal expansiva, desde el gobierno de Reagan. En cada año de su gobierno el Congreso ha aprobado medidas que pretenden estimular el crecimiento económico, la creación de empleo y ayudar a los trabajadores, por medio de un mayor gasto público, aumento de subsidios y disminución de impuestos. La administración estaba confiada –en febrero de 2004- en que proseguiría el crecimiento y se revertiría el déficit; la proyección de la Oficina del Presupuesto y la Administración es que el déficit tenderá a disminuir a partir de 2005, a 2.6 por ciento y a 1.7 por ciento en 2008 . Por tanto, creen que no significará mayor problema.
El tesorero de Estados Unidos considera que los déficit nunca son bienvenidos, sin embargo, “hay tiempos, como los actuales, donde ellos son inevitables, particularmente cuando estamos obligados a enfrentar graves necesidades nacionales” . Hay confianza en que la política fiscal enfrentó adecuadamente la recesión, está estimulando fuertemente la recuperación y sentará las bases de un crecimiento económico sostenido sin inflación.
La política fiscal había pasado a un segundo plano en el debate teórico, sin embargo, ahora con la administración Bush, Keynes y el déficit público se han puesto de moda . Para los keynesianos el déficit fiscal es una política favorable, porque estimula la economía durante una recesión, y, cuando la economía se recupera, se cubre tanto el déficit como la deuda pública -se recaudan más impuestos, a la vez que se reducen los egresos de los estabilizadores automáticos. No obstante, en la década de los setenta dicho mecanismo retroalimentador se rompió, porque no fue posible restaurar el equilibrio fiscal.
Los antikeynesianos, ven al gasto, al déficit fiscal y a la deuda pública como factores inflacionarios y desestabilizadores, que reducen el ahorro nacional, los fondos preestables, elevan las tasas de interés reales, desplazan la inversión privada (crowding out), disminuyen la productividad y el nivel de vida; hoy los manuales de economía recogen dicho planteamiento como aceptado por la mayoría de los economistas . Pese a ello, durante el gobierno de Reagan, con “el mayor estímulo keynesiano en tiempos de paz” (Klein) , la administración justificó el déficit, porque no hubo aumento de inflación, tampoco se incrementaron las tasas de interés, y no disminuyó la inversión privada (ver II.3.2).
Actualmente se ha vuelto a discutir la política fiscal en la situación real de los últimos tres años y en las perspectivas. Algunos keynesianos –como el polifacético Krugman- están advirtiendo de las consecuencias del “desastre fiscal” que necesariamente elevará las tasas de interés; Krugman ya avisó a sus lectores del Times de Nueva York que recién optó por una hipoteca a tasa fija: “significa mayores pagos mensuales, pero me aterroriza lo que pasará con las tasas de interés, una vez que los mercados financieros se den cuenta de las repercusiones que tendrá el disparo de los déficit presupuestarios” .
Otros prominentes economistas keynesianos –entre ellos diez premios Nobel- se opusieron al programa de estímulo fiscal del presidente Bush del 2003, por no ser la respuesta a los problemas de empleo y crecimiento a corto plazo, y en cambio empeorara las perspectivas del presupuesto a largo plazo, incrementando los déficit crónicos, que reducirá la capacidad de financiar la seguridad social y la inversión; además, alegan que la reducción de impuestos provocará mayor desigualdad y, en cambio, proponen un plan de estímulo de la demanda que realmente provoque el crecimiento y el empleo en el corto plazo sin incrementar el problema del déficit a largo plazo .
Por el otro lado, algunos liberales no keynesianos, como Robert J. Barro, festejan el plan de Bush como “excelente” y “la mejor propuesta que hemos visto desde 1986” y considera que dadas las condiciones actuales de la economía se puede repetir el éxito de la reforma fiscal de Reagan y lograr una mayor inversión y más trabajo; Barro recurre a la experiencia de la era Reagan y niega que exista evidencia de que la brecha fiscal eleve las tasas de interés .
Hay que sumar a la corriente crítica y escéptica de las consecuencias positivas del déficit a la revista The Economist, que como acostumbra, tiene, desde principios del 2003, una campaña contra la administración de Bush, porque el gobierno esta subestimando el tamaño del déficit y sobreestimando las posibilidades de que el crecimiento del producto se haga cargo de él; la revista no confía que pueda ser revertido fácilmente el déficit .
Según estudio de la empresa Macroeconomic Adviser sin el estimulo fiscal la tasa de desempleo habría sido de un punto más alto, es decir, de siete por ciento total, la economía habría creado 1.5 millones menos de puestos de trabajo, y el producto real hubiera estado en dos puntos más bajo . Hay que sumarle a estos efectos positivos, una política monetaria muy acomodaticia, con una reducida tasa de interés, que estimula la inversión y el consumo. Como en pocas veces, una recesión y una recuperación son enfrentadas con dos poderosas armas coordinadas para lograr un objetivo común, en una situación donde la inflación no es un problema. La Fed no teme presiones inflacionarias por el déficit público o por la política monetaria expansiva a corto plazo, incluso durante 2003 y parte del 2004 le preocupó más la deflación. Por esto, también, mantuvo durante un largo tiempo la tasa de interés baja.
Al igual que en el periodo de Reagan -cuando los posibles efectos negativos del excesivo gasto gubernamental (“Keynesianismo militar” definieron algunos) fueron contrarrestados por la drástica política monetarista de la Fed- ahora con una fuerte política expansiva keynesiana (también militar), el déficit público no ha mostrado efectos negativos, y, por tanto, en condiciones de estabilidad monetaria y de “fundamentos sanos” es un importante estimulante del crecimiento a corto plazo, sin provocar inflación, ni altas tasas de interés y sin desplazamiento de la inversión privada.
El cuestionamiento que se plantea por los críticos es si se va a seguir manteniendo la situación ideal y, finalmente, si se lograrán mayores tasas de crecimiento, de empleo, de estabilidad de precios y de equilibrio fiscal. Me inclino a pensar que la probabilidad es alta, debido a la estabilidad macroeconómica y en la medida en que la aceleración de la productividad se mantenga en una tasa promedio anual del 2.5 por ciento, considerada adecuada para un crecimiento sostenido.


Actualización: Los resultados finales del presupuesto fiscal del año 2004, que terminó en septiembre, arrojan un panorama menos catastrofista o poco peligroso para los siguientes años, de lo que se había calculado, incluso por parte del gobierno. El déficit fiscal real de 2004 fue de 413 mil millones de dólares (mmd), 3.6 por ciento del PIB, menor a los 521 mmd estimados, que representaba un 4.5 por ciento del PIB. El déficit fue menor en 108 mmd y 21 por ciento más bajo de lo proyectado en el presupuesto (para el 2005) presentado en febrero del 2004, los ingresos fueron más altos en 82 mmd y los egresos más bajos en 27 mmd .
Estos resultados muestran que sí fue posible en un año de crecimiento de 4.4 por ciento del PIB y de una controlada inflación (3.3 por ciento) aumentar los ingresos fiscales, disminuir gastos y consecuentemente reducir el déficit. El riesgo del descontrol del déficit fiscal, como muchos temían, no se materializó y, entonces, adquiere mayor credibilidad las proyecciones de un 3.5 por ciento para el 2005, puesto que también será un año de crecimiento, y se incrementa la posibilidad de una tendencia decreciente en el déficit. Gráfica V.1.
Por lo pronto los nuevos datos reales (no retomados aún por los especialistas porque siguen con los estimados anteriores) , sientan las bases para creer que una política “de recortes para los ricos y no para las clases pobres y medias”, al estilo reaganeana y no kennediana, sí estimula el crecimiento (la oferta) y la demanda, y no produce un “costo enorme: un déficit fiscal colosal que pone en riesgo el crecimiento futuro” .


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