Observatorio de la Economía y la Sociedad China
Número 15 - junio 2011

LA RELACIÓN DE VASALLAJE ENTRE CHINA Y LA COREA CHOSON

 

Armando Francisco Azúa García (CV)
Departamento de Historia
Universidad Iberoamericana, Ciudad de México
aazua@yahoo.com




Introducción: La histórica relación entre China y Corea, y la introducción del modelo confuciano en la península coreana

La fuerza de la civilización china sobre Asia Oriental, se ha hecho sentir desde épocas remotas sobre diferentes pueblos, que en una mezcla de admiración y temor, han entrado bajo su influencia y un control que va de lo político (Tíbet, Mongolia Interior, Manchuria) a lo cultural (Mongolia Exterior, Vietnam, Corea y en cierta medida también Japón), lo que ha hecho girar en gran medida el desarrollo cultural de los pueblos de Asia Oriental, en tormo a patrones socioculturales desarrollados en China.

Las influencias, si bien con matices locales, resultan claras hasta hoy, el uso de patrones culturales de origen chino, marcan la vida de algunos países, bien dice Dolors Folch:

La huella del modelo chino ha sido decisiva por lo que respecta a la organización histórica de sus estados, a las grandes corrientes culturales que han formado sus respectivas tradiciones y a las formas de organización social que han impregnado su vida cotidiana; en concreto, el uso de la escritura china en este ámbito ha configurado de forma distintiva la educación y el funcionamiento del ente político y el uso de los palillos para comer es prueba de una influencia profunda en el ámbito decisivo de la vida cotidiana.
No es fortuito que Japón, Corea y Vietnam hayan escrito con caracteres chinos y coman con palillos

            Si bien el presente trabajo, se centra en la relación China – Corea en un momento determinado, el estudio de esta relación concreta resulta relevante en la medida que puede ejemplificar la visión de los gobiernos imperiales chinos sobre sus vecinos y la forma como se condujeron ante estos, y más aun,  revisar estas relaciones ancestrales, pueden darnos una luz sobre la visión que  China tiene en la actualidad sobre su rol en Asia Oriental, lo que de ninguna forma equivale a decir que es la misma que en el pasado.

            La influencia China en Corea, estuvo presente desde épocas antiguas, encontramos constantes migraciones tanto de personas como de técnicas y artes desde épocas remotas, así es posible documentar migraciones de granjeros chinos hacia la península desde las dinastías Shang y Zhou (ca 1600-1050 a.C.) que introdujeron tecnologías para la fundición del bronce y el cultivo del arroz, y alrededor del año 1000 a.C., también encontramos la construcción de tumbas en forma de túmulos y con grandes objetos de bronce, similares a los que se construían en China para rendir culto a los antepasados. Ya alrededor del año 300 a.C. la influencia resulta mucho mas clara pues se han encontrado monedas y espejos de origen claramente chino en esas tumbas.

            Alrededor del siglo IV a.C. por primera vez surge una unidad política en la península, posiblemente resultado de una alianza de tribus, esta unidad política será conocida como el Antiguo o Viejo Choson, ubicado entre el norte de Corea y partes de la actual Manchuria. Esta formación estatal alcanzará su máximo apogeo con Wiman en el siglo II a.C.; pero este auge solo sirvió para despertar el interés Han en Corea, conquistando  Choson por primera vez en 108 a.C., estableciendo una serie de colonias militares en la península, dentro de las que destacará Nangnang (coreano) o Lelang (chino) cerca de la actual ciudad de Pyongyang

            Posteriormente las tribus coreanas evolucionaron en reinos que lograron recuperar el control del país durante el periodo conocido como los Tres Reinos (57 a.C.–668 d.C.). De los tres reinos coreanos Silla, Paekche, y Koguryo, además de la federación tribal de Kaya, es Koguryo el que más cercano estará del modelo chino, ya que si bien sus fronteras con China serán motivo de frecuentes enfrentamientos militares, también será el reino más expuesto al comercio y la influencia de los patrones chino, teniendo por ejemplo el establecimiento de la primera universidad de modelo Confuciano en el año 372 y la introducción del budismo ese mismo año; también en las artes Koguryo y después el resto de los reinos coreanos, se verán copiando patrones chinos en  tumbas, palacios, y formas rituales en la corte.

Los tres reinos coreanos activamente comerciaron con China y buscaron fortalecer su posición política cultivando alianzas con los gobernantes chinos. Como un producto de estos contactos, los coreanos  complacientemente aceptaron elementos de la cultura política china y el confucianismo, que hace énfasis en la lealtad al soberano y en la deferencia a los mayores y superiores, el confucianismo se adoptó para fortalecer la autoridad real. La escritura china, que fue introducida en Corea aproximadamente al mismo tiempo que las tecnologías del manejo del hierro, se adaptó a la lengua coreana. Koguryo exportaba oro, plata, perlas, pieles, gingseng y textiles entre otros productos a China e importaba armas, seda, libros y papel.

Así observamos que aun desde los momentos fundacionales de la nación coreana, el vínculo y la influencia de China es clara y abarca todos los aspectos de su vida diaria: política, alimentación, comercio, religión, comunicación, etc. y dentro de los aspectos ideológicos importados de China, probablemente uno de los que más han influido en la conformación de Corea ha sido el pensamiento confuciano.

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Azua Garcia, A.F.:: La relación de vasallaje entre China y la Corea Choson; en Observatorio de la Economía y la Sociedad de China Nº 15, junio 2011. Accesible a texto completo en http://www.eumed.net/rev/china/


I. “Bajo el Cielo” el concepto del vasallaje entre China y sus estados vecinos.

Desde tiempos ancestrales, los chinos, han usado el término “bajo el cielo” para referirse al mundo, o mejor “al orden mundial”. El término  “bajo el cielo”, parece no tener límites claramente definidos, indicando un sistema con una periferia “infinitamente” abierta. Se ha usado para referirse no solamente a China y sus límites, sino también para las áreas fuera de China. Como se menciona en un poema clásico “Bajo el cielo, todas las tierras pertenecen al rey; la gente en la tierra, todo el mundo es un vasallo”, tres frases que reflejan perfectamente la perspectiva de los antiguos chinos.

Con esta cita podemos iniciar nuestra comprensión de la visión China clásica sobre la soberanía en su país y en el resto del mundo, y la conclusión fácilmente salta a nuestros ojos: Todo en el mundo es propiedad del emperador, lo que está a su alcance visual, lo que está dentro de los límites de su imperio definido y más aún, todo aquello que no conoce, sin importar que se encuentre fuera del alcance de su poder efectivo, también le pertenece, “Todo el mundo es un vasallo” y no existe forma de escapar a su control. Los chinos, poseedores de una cultura superior y ampliamente reconocida por todos los lugares por los que pasaban, concluyeron que si el emperador era descendiente del propio cielo, y el cielo cubría todo el mundo, simplemente su dominio se extendía infinitamente con el cielo, y como vasallos trataron a todos aquellos con los que se encontraban.

Ya desde la dinastía Zhou, el concepto de “Bajo el cielo” tenía amplia aceptación, principalmente por que China ya se identificaba como una unidad a pesar de estar compuesta por una multiplicidad de estados, los cuales a pesar de su división política, compartían preceptos culturales y visiones comunes que  generaron una concepción trans-estatal, situación que es muy clara durante el periodo de los Reinos Combatientes (474 al 221 a.C.), donde una buena parte de la actividad política de reyes y ministros no estaban limitados por los estrechos límites de sus propios estados. En buena medida la unificación Qin y su consolidación con los Han sobre las antiguas lealtades a los reinos locales, se debe a este concepto de un orden mundial. China era el mundo y los chinos la humanidad.

Actualmente nos podría costar entender estas ideas sobre el Estado, pero Shaojun nos explica que:

En la antigua China, el concepto de “estado” era muy diferente del significado moderno. “Estado” se refería a un feudo. Los feudos que estaban dominados por duques y príncipes  se denominaban “guo” y los feudos dominados por oficiales se denominaban “jia”. En la lengua china moderna “guojia” se refiere al estado, la nación o el país. Pero en la antigua China existía otro significado para el termino “guo”. “Guo” se refería a la dinastía, mientras que “Bajo el cielo” se refiere a lo que es gobernado por la dinastía.

Desde esta perspectiva, observamos que China no era un “Estado” en el sentido contemporáneo del término, más bien es una forma de supra-estado o una gran unidad político-cultural o “Un Estado Bajo el Cielo”

El concepto mencionado: “Bajo el cielo”, jugó un papel importante en la conformación del estado chino, y se fue extendiendo poco a poco a las naciones periféricas. La adopción de la cultura china (lo que implica también reconocer la superioridad china sobre la cultura local), convertía a las naciones periféricas en civilizadas y por lo tanto naciones con las que se podía establecer contacto  político y comercial, los que se resistieran a adoptar la cultura china, seguirían siendo bárbaros y por lo tanto habría que desconfiar de ellos y perderían los enormes beneficios del comercio con China. Donde la penetración militar y el expansionismo chino fracasaron, la penetración cultural, impulsada por la educación confuciana y el budismo resultaron altamente eficientes.

La conjugación de las ideas de origen confuciano “Bajo el cielo” y “Gran armonía”, fueron el ideal de la cultura china y la meta confuciana, que pretendía integrar a toda la humanidad y lograr la realización de una vida pacífica en el mundo. El deber de todo ser humano era ser leal, benevolente, tener amor filial y fraternal, respetuoso y el deseo de conservar a la familia, al país y el orden “Bajo el cielo”, aseguraban la paz y la prosperidad a todas las naciones que aceptaran las formas chinas y el cultivo del carácter moral.

Corea desde el periodo de los tres reinos, conoció los beneficios de vincularse al mundo cultural chino, y así recibir flujos comerciales y protección frente a amenazas externas, representadas tanto por los pueblos nómadas del norte (de origen manchú y mongol) y de Japón, por lo que aceptará más o menos de buena gana en convertirse en vasallo de China, aunque manteniendo amplia autonomía interna. El alcance de este vasallaje cambiará varias veces a lo largo de la historia pero al menos formalmente continuará hasta finales del siglo XIX.

II. El establecimiento de las dinastías Ming y Choson.

Como ya se ha mencionado, la influencia de China en Corea, fue determinante en la política peninsular. El reino Silla, prevaleció sobre los tres reinos antes mencionados y unificó la península en el siglo VI, gracias a su alianza militar con la dinastía Tang. Más adelante entre el año 936 y el 1392, el Reino de Silla dio lugar al Estado de Koryo, modelado en la tradición del estado centralizado chino: se controlo a las aristocracias locales, en 958 se introdujo el sistema de exámenes para la burocracia, el budismo y el confucianismo arraigaron, la fortaleza del modelo chino, permitió al Estado Koryo durar por 475 años y sobrevivir a múltiples invasiones como la mongola en 1270 y la khitán en 1130 y 1140.

La llegada de la dinastía mongola de los Yuan, no representó un gran cambio en la concepción del vasallaje coreano frente a China, pero si se caracterizó por su dureza, destacando la obligación de participar contra su voluntad en los dos intentos de invasión a Japón por parte de Khublai Khan en 1274 y 1281, y la obligación de enviar constantemente a altos funcionarios a la corte en Pekín como medida de control, lo que a la larga resultó benéfico para le país.

Los intelectuales coreanos que visitaron Pekín como diplomáticos, rehenes y cautivos, fueron expuestos a las nuevas ideas y tecnologías chinas y a los europeos. Uno de los letrados de Koryo que visito Pekín en 1270 regresó a Corea con libros sobre el Neo-Confucianismo, exponiendo al los letrados coreanos por primera ves a lo la ideología que sería la ortodoxia estatal durante la dinastía Choson.

El cambio dinástico ocurrido a finales del siglo XIV, en el que los Ming substituyeron la dinastía Yuan fue bien recibido por los coreanos, pero pronto el país se vio dividido, cuando el nuevo gobierno Ming reclamó en 1388 territorios que tradicionalmente habían conformado las provincias del norte de Corea

El gobierno Koryo envió fuerzas militares a reclamar la zona en 1392, encabezadas por el general Yi Song-gye -héroe por haber combatido a piratas japoneses y bandidos mongoles-, pero el general Yi en lugar de marchar sobre las fuerzas Ming, decidió erradicar del gobierno coreano a los reductos pro-Yuan y proclamarse como rey de una nueva dinastía coreana denominada Choson (en referencia al antiguo reino Choson que en la antigüedad había unificado la península). A partir de ese momento Yi Song-gye será conocido como el rey Taejo y Corea como el Reino Choson, reforzando su fidelidad a los Ming y al confucianismo.

Yi cuidadosamente planeo el golpe de estado, asistido por un grupo de oficiales letrados (sadaebu) imbuidos en el idealismo Neo-Confuciano y ansiosos de una renovación ideológica. La nueva dinastía se basó en Hanyang (hoy en día Seúl) y duró por más de cinco siglos hasta 1910. Fue la última casa reinante en la historia de Corea.

III. La relación entre los reyes Choson y las dinastías Ming y Qing.

La entrada de la nueva dinastía, trajo inmediatamente cambios en la estructura, la organización y aun en la ideología coreana.

En un intento por distanciarse de la antigua corte Koryo y rejuvenecer al país, los gobernantes de la nueva dinastía Choson (1392-1910) cortaron severamente las prácticas budistas y abrazaron el Neo-Confucianismo como ideología oficial del estado…El compromiso con las prácticas educativas y gubernamentales Neo-Confucianas se basó en la influyente escuela filosófica confuciana y las políticas chinas establecidas por el letrado de los Song del Sur  Zhu Xi (1130–1200), es espacialmente difundida entre la nueva clase influyente de letrados o yangban, quienes dominaron tanto las ramas civiles y militares del gobierno

En buena medida, los yangban, serán los guardianes del sistema de vasallaje coreano durante las dinastías Ming y Qing, pues los patrones culturales que siguen son los mismos que los practicados por los letrados chinos, ellos son los responsables tanto de la administración, como de mantener los ritos y de cultivar la moral, entendida esta bajo las tradiciones chinas.

La sociedad coreana, conforme avanza al dinastía Choson, se va dividiendo en dos mundos, uno el del pueblo y las mujeres, apegada a las antiguas tradiciones chamánicas y budistas, desarrollando una cultura popular con sus propias manifestaciones artísticas (como el teatro y la literatura), frente al mundo de los nobles yangban, que escribe en chino clásico (a pesar que el coreano ya tiene desde el 1446 su propio sistema de escritura, el hangul, creado por el rey Sejong).

La relación con China, se maneja en el principio de virtud básico de la jerarquía  conocido como sadae o “Servir al mayor”, es decir a China. El gobierno Choson, enviará embajadas regulares a las cortes Ming y Qing, para celebrar los cumpleaños del emperador, el año nuevo, el nacimiento de príncipes, las coronaciones, bodas, funerales, etc., y al mismo tiempo solicitará el beneplácito del emperador, para la coronación de sus reyes. Si bien China no intervenía siempre en la sucesión, siempre tenía la posibilidad de legitimizar o hacer caer a los reyes Choson a su conveniencia, además de que con alguna frecuencia instigaba intrigas en la corte coreana que afectaban los proceso de sucesión, como ejemplo de esto, encontramos la sucesión del rey Sojon en 1608, el trono sería ocupado por el príncipe Kwanghae gun, pero al no contar este con el reconocimiento imperial chino, será derrocado en 1623 por el rey Injo (1623–59).

En 1636 Choson tendrá que reconocer la soberanía de los manchú (QIng), nuevos dueños de China y si bien, el sistema de vasallaje se mantuvo formalmente hasta 1895 cuando Japón derrota a China en la primera guerra Sino-japonesa, la imagen de China dentro de Corea se deteriora lentamente. La idea de estar nuevamente gobernados por un pueblo bárbaro y que no sigue rigurosamente las normas confucianas, llevará a Corea a voltear al interior y aislarse del resto del mundo, reconoce la soberanía China, pero ve a los manchúes como bárbaros. Ellos serán ahora el último baluarte de la tradición confuciana.

IV. Fin del sistema de Vasallaje.

El visible deterioro del poder del Imperio Chino, manifiesto a lo largo del siglo XIX con las sucesivas guerras que lo enfrentan a las potencias euro americanas y a Japón, terminará poniendo a la Corea Choson en el juego de las potencias: Rusia, Japón y los Estados Unidos, presionarán  progresivamente para que el “Reino Ermitaño” se abra al mundo. A partir de 1866 la presencia extranjera en las costas coreanas se incremente, primero un buque norteamericano, el “General Sherman” es atacado al navegar por el río Taedong, y meses después un escuadrón naval francés ocupa la isla de Kanghwa en el estuario del río Han, así a la fuerza, para 1880 Corea comenzará a establecer relaciones con naciones extranjeras y sin la autorización de China.

Como se ha mencionado, la guerra Sino-Japonesa de 1894-1895, tendrá una profunda influencia en Corea, la derrota China, llevará a que grupos reformistas coreanos, desbanquen a los yangban y establezcan la reforma Kabo, que suprime la ideología oficial Neo-Confuciana y permite en Corea un giro a la modernización pro-japonesa. La Reforma Kabo, terminará con la milenaria orientación de Corea hacia el continente y será el preludio de una cada vez mayor dependencia de Japón. Las nuevas formas de la administración pública y el ejército, serán las mismas que los japoneses importaron de Europa.

Si bien esta nueva independencia de China aparentemente significaba la plena soberanía coreana, al grado que el rey Kojong se proclamo Emperador de Corea, dejando en claro el fin del vasallaje a China, esta nueva soberanía solo era una ficción la lucha entre Rusia y Japón por el control de Corea se acentuaba y con la guerra de 1905 la balanza favoreció a los Japoneses. Con la derrota de Rusia en septiembre de ese año, Corea se transforma en un protectorado japonés que si bien fue denunciado por Estados Unidos y el Reino Unido, posteriormente es aprobado por el tratado Taft-Katsura. Todo estaba decidido y en agosto de 1910 Corea se integra formalmente al Imperio de Japón.

Bibliografía:

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