El enfoque de la Nueva Ruralidad ha dado cuenta de la necesidad de reconocer la multifuncionalidad de los ámbitos rurales y sus oportunidades para el desarrollo desde las diferentes dimensiones que se interrelacionan de forma transversal en el territorio, lo ambiental, lo económico, la cultural, lo político, institucional y social, entre otros aspectos. Es aquí donde considero pertinente abordar el desarrollo territorial sostenible que se define como: un proceso de transformación productiva e institucional en un espacio rural determinado, cuyo fin es reducir la pobreza rural. Schejtman y Berdegué (2003).
Así, pues, conscientes de la complejidad y gravedad de esta problemática, luego de más de 30 años de experiencias y estudios de caso en torno a las bondades pero también los nocivos efectos que puede tener el turismo masivo y no planificado sobre las economías rurales, locales y regionales, así como sobre la diversidad biológica y cultural, entre otros, han surgido nuevas tendencias más sensibles hacia las comunidades y más responsables de las impactos negativos del turismo.