?>
alt="" class="" />

Laritza Guzmán Vilar
Gelmar García Vidal

' . $nRegistro; ?>

Volver al índice

 

DESARROLLO

RELACIONES TEÓRICAS ENTRE TURISMO, PATRIMONIO Y AUTENTICIDAD

Gestión del patrimonio

Rivera Oliveras (2004, pág. 36-38) expone la falta de consciencia que existía para salvaguardar el patrimonio en la antigüedad y hasta aproximadamente el siglo XVI; lo que llevó a que muchas edificaciones del pasado se desmontaran para construir otras (el primitivo templo de San Pedro, en el Vaticano, se levantó con piedras del Coliseo, la catedral de Santa Sofía, en Constantinopla,  se construyó con piezas de numerosos templos romanos). Fueron la nobleza, la corte y la iglesia las iniciadoras del cuidado patrimonial con su afición por el coleccionismo de obras de arte. Fue así que entre los siglos XVII y XVIII la ciudad y los espacios urbanos cobran valor, como expresión de poder, esplendor, posibilidad de atraer a viajeros y recaudar dinero; razones por las que el Estado, indirecta y subconscientemente, realiza una valoración económica del patrimonio. Esta época concluye inmersa en un fenómeno de incalculable trascendencia histórica y que marca la transición hacia el mundo contemporáneo, la Ilustración, que llevó al nacimiento del concepto de cultura y el interés consciente y académico por la historia, que se reflejará posteriormente en el nacimiento de las ciencias históricas: la Historia del Arte, la Arqueología, etc.
Fueron objetos del período de la ilustración, también, el estudio y catalogación, de manera sistemática, de las obras de arte, la definición de los períodos a que pertenecían y el estilo empleado en sus construcciones. Simultáneamente se gesta un incipiente sentimiento de valoración de la naturaleza, de amor al paisaje; ideas sistematizadas en la corriente romántica, “antecedente directo del concepto ecologista contemporáneo y de respeto al patrimonio natural”. Asunción Hernández (1998: 221)1 .
La Revolución Francesa, durante la etapa insurreccional,  repercutió gravemente y de forma directa sobre el patrimonio, propiciando su devastación equivocada, en el intento de destruir las propiedades de la derrocada monarquía. Afortunadamente la actitud de la  Primera República Francesa fue totalmente diferente al respecto y en su seno se formuló el concepto moderno de patrimonio, definida su esencia por el diputado Jean Baptiste Mathieu, en un discurso ante la cámara francesa en septiembre de 1793, como “una especie de existencia del pasado”. Asunción Hernández (1998: 221) 2.
El siglo XIX fue testigo de un esfuerzo sistemático, institucional, legislativo y cultural para construir el concepto de patrimonio concebido y guiado por documentos icónicos, llamados “Cartas Internacionales”, lo que generaliza la idea de que el patrimonio es la huella de los pueblos y sirve a estos como elemento de identificación nacional (Rivera Oliveras, 2004, pág. 37- 38):

Lo anterior deja en evidencia la polisemia del concepto patrimonio a lo largo de su continuo proceso de construcción y enriquecimiento. Según (Rivera Oliveras, 2004, p. 36), la palabra patrimonio surgió ligada a la propiedad,  según el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia procede del latín “patrimonium, hacienda que una persona ha heredado de sus ascendientes”; y ofrece como acepción actual “bienes propios adquiridos por cualquier título”. Siguiendo a esta autora se advierten las coincidencias en el término en lo referido a lo que se recibe de los antecesores, comprendiendo el patrimonio los bienes que poseía alguien y que le daba un lugar en la sociedad; concibiendo en primera instancia el patrimonio familiar, como herencia y luego ampliándose a los bienes en general que posee una persona natural o jurídica.
La autora analizada concluye que “el patrimonio no se limita a un individuo y los bienes materiales que hereda; si no que se extiende a un contexto mucho más amplio, que va desde la localidad, pasando por la nación, hasta alcanzar carácter universal y recoge como parte del mismo, la cultura acumulada en forma de conocimientos, tecnología, artes, leyendas, tradiciones, creencias, entre otros aspectos. Su evolución se amplía de lo personal a los bienes sociales, incluso los intangibles” (Rivera Oliveras, 2004, p.36). Dada la gran variedad que existen de conceptos del patrimonio es imposible referirse a ellos en su totalidad. No obstante, se hace necesario un análisis de algunas de las propuestas teóricas existentes.
Para García (1992) el patrimonio son los “recursos que en un principio se heredan, y de los que se vive, se pueden modificar, evolucionar hacia nuevas formas y hasta desaparecer”. Hernández (1998) lo cataloga como  “el testimonio de una sociedad, la pasada y la actual”. Por su parte Estepa (2001) lo considera “el legado que recibimos del pasado, lo que vivimos en el presente y lo que trasmitimos a generaciones futuras”. Querol y Martínez (2001) lo definen por “los compuestos tanto por la obra humana, nunca independiente de la naturaleza, como por la obra de la naturaleza, nunca independiente de los seres humanos”3 .
El patrimonio como se evidencia en los conceptos anteriores no es solo el pasado, se incluye el presente y el futuro. Es todo lo que produce un hombre en el transcurso de su existencia y poseerlo es lo que lo distingue de los demás. En la última década este término ha cobrado auge, se ha extendido y generalizado a varias esferas de la vida. Muchos investigadores se lo atribuyen al desarrollo de la industria turística y a la necesidad que tiene el hombre de encontrarse con sus antepasados.
Es recurrente que se haga referencia a la relación entre patrimonio, identidad y cultura; gran parte de los autores (Cornero y otros, 2002; Coca Pérez, 2002; Fernández y Guzmán Ramos, 2002; Martín de la Rosa, 2003; Nuryanti, 1996; Salemivie y otros, 1999; Venturini, 2002) entienden el patrimonio como evidencia, síntesis, sustituto de la identidad y la cultura (Troncoso y Almirón, 2005, p.59).
Desde estas miradas esencialistas, el patrimonio también es definido como un elemento vinculado a la herencia, es decir como un legado que se transmite de una generación a otra (Almirón y otros, 2006; Ballart Hernández y Tresserras, 2001: Barreto, 2003; Nuryanti, 1996; Teo y Huang, 1995; Timothy y Wall, 1997). Esta concepción del patrimonio restringe su mirada y comprensión a un elemento estático, un absoluto a ser recibido, indiscutible e inmodificable; en otras palabras, supone una concepción de sociedad como mera receptora y transmisora del patrimonio (Almirón y otros, 2006; Troncoso y Almirón, 2005).
No obstante, otros autores (Coca Pérez, 2002; Cornero y otros, 2002) no sólo reconocen la relación del patrimonio con el pasado, sino que destacan sus vínculos con el presente, en dos sentidos: primero, el patrimonio no es sólo aquello que se hereda o viene del pasado sino también aquello que se crea en el presente, que eventualmente también será legado como patrimonio a las generaciones futuras; y segundo, el patrimonio no es sólo lo que se hereda sino también lo que se modifica en el transcurso del tiempo (Martín de la Rosa, 2003; Salemme y otros, 1999; Venturini, 2002). Esta última forma de entender el patrimonio va más allá de considerarlo como un mero legado que se transmite entre las generaciones, a partir de advertir que las generaciones no transmiten un absoluto recibido del pasado, sino un legado en constante reformulación (Troncoso y Almirón, 2005, p.60).
El trabajo de Troncoso y Almirón (2005) reafirma que Graham y otros (2000) buscan desconstruir el concepto de patrimonio y plantean que no existe otro tiempo que el presente a la hora de definir qué elementos constituyen el patrimonio. Es desde un presente que se mira hacia el pasado para seleccionar elementos en función de los propósitos y necesidades actuales. También es desde el presente que se vislumbra un futuro imaginado, asignándoles a las generaciones futuras ciertas necesidades patrimoniales. Así, diferentes elementos cobran sentido como patrimonio en (y desde) el presente. Por ello, los autores precitados sostienen que el valor atribuido a los objetos patrimoniales reposa menos en su mérito intrínseco que en un conjunto complejo de valores, demandas e incluso moralidades contemporáneas. En una perspectiva similar, Santana Talavera (2002) enfatiza en la idea de patrimonio como resultado de un proceso social de selección, lo que permite pensarlo como interpretable y recreable.
El aporte más detallado es Prats (1998) quien señala que el origen del patrimonio remite a un proceso de legitimación de referentes simbólicos a partir de fuentes de autoridad o sacralidad extra culturales o más allá de los órdenes sociales, esenciales e inmutables: la naturaleza, la historia y la genialidad. Cualquier cosa procedente de la naturaleza, la historia o la genialidad constituye un elemento potencialmente patrimoniable que puede pasar a formar parte, una vez activado, de los repertorios patrimoniales existentes (Almirón y otros, 2006). Estos repertorios patrimoniales son activados por versiones ideológicas de la identidad. Toda formulación de la identidad, considerada una construcción social y un hecho dinámico, es una versión posible de esa identidad, y esta versión necesita de referentes patrimoniales que actúan como representaciones simbólicas (Troncoso y Almirón, 2005, p.60).
Asimismo, el análisis realizado por Troncoso y Almirón (2005) señala que en relación al proceso de activación de referentes patrimoniales, Prats (1998) sostiene que este proceso es llevado a cabo “por individuos concretos, al servicio, más o menos consciente, de ideas, valores e intereses concretos, aunque mediante la imagen del ‘sujeto colectivo’ se pretendan naturalizar dichos procesos”4 . Son los poderes políticos constituidos legalmente (gobiernos) y el poder político informal los actores principales que llevan adelante los procesos de selección patrimonial. Si bien la sociedad civil puede activar repertorios patrimoniales, siempre deberán contar con el soporte del poder político. Prats (1998) agrega que en estos procesos de selección los científicos tienen un rol importante en tanto cuentan con la capacidad de proponer interpretaciones y significados para establecer nuevos repertorios patrimoniales.
Entender que el patrimonio forma parte de una versión hegemónica de la identidad o la cultura no invalida la existencia de diferentes interpretaciones o significados otorgados por los distintos sectores o grupos de la sociedad (Troncoso y Almirón, 2005, p.61). En este sentido, lo que se define como patrimonio - muchas veces presentado como algo de valor universal y homogéneo para una sociedad-, puede no ser compartido por diferentes sectores o grupos (Almirón y otros, 2006; Cheung, 1999; García Canclini, 1999; Graham y otros, 2000; Miranda Noriega, 2002; Prats, 1998; Troncoso y Almirón, 2005; Waitt, 2000). Estas posturas contrastan con aquellas que se señalaron anteriormente, las cuales ven al patrimonio como la esencia de la cultura o de la identidad, y como un elemento representativo para todo el conjunto de la sociedad. Si existen diferentes versiones de la identidad y la cultura, esto nos lleva a pensar en las relaciones entre los distintos actores que definen o construyen estas versiones. Así, el patrimonio podría pensarse como un espacio de conflicto, lucha, tensión y negociación entre diferentes sectores atendiendo a las relaciones de poder entre los grupos involucrados (Almirón y otros, 2006; García Canclini, 1999; Graham y otros, 2000; Prats, 1998; Troncoso y Almirón, 2005).
En este sentido, desde estas miradas más críticas el patrimonio es una representación simbólica de una versión de la cultura y la identidad, producto de un proceso social de selección definido por valores, demandas e intereses contemporáneos, que es llevado a cabo por actores concretos, con intereses concretos y con poder suficiente para lograrlo. Esto permite pensar que otras versiones de la cultura y de la identidad quedarán subsumidas o silenciadas, y por tanto, no representadas por el patrimonio. También el patrimonio es concebido como un elemento interpretable y recreable, objeto de diferentes interpretaciones por distintos sectores de la sociedad, lo cual permite pensarlo como un espacio de lucha, conflicto y tensión. Esta última conceptualización es la que presenta una visión más dinámica y menos naturalizante del patrimonio (Troncoso y Almirón, 2005, p.61).
Autores como Arjona (1986), Pellicer (1996) y Rivera (2004) se empeñan en clasificar el patrimonio en natural y cultural, sin embargo en otros conceptos se aprecia la tendencia de incluir en el patrimonio cultural lo natural, dando más peso al primero y en otros casos, se llega a vincular por completo ambos conceptos conformando uno solo que se emerge como un todo.
Para (Rivera, 2004) el patrimonio natural esta conformado por: “los monumentos naturales, por formaciones físicas, biológicas y geológicas, zonas estrictamente delimitadas que pueden constituir el habitad de especies de animales y vegetales amenazados, que tienen un valor excepcional desde el punto de vista de la ciencia, de la conservación o de la belleza natural” 5.
Por otro lado y según Pellicer (1996) el patrimonio cultural está compuesto por un “conjunto de bienes (de un país, región o etcétera), perteneciente a la cultura, entendiéndose esta como el conjunto de modos de vida, costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico o industrial de una época o grupo social” 6.
Siguiendo a Arjona (1986) el patrimonio “lo conforman los paisajes que integran el territorio, con sus verdes costas, sus fértiles sábanas y las aguas que corren por nuestros ríos, así como las riquezas del subsuelo y el aire que cubre el territorio cubano. Se debe incluir en el, asimismo, las múltiples especies de animales que, de acuerdo con el clima y la geografía de cada región, han creado - junto con la vegetación- los grandes sistemas de equilibrio de la naturaleza denominados sistemas ecológicos o ecosistemas cuya protección permitirá que la vida continué floreciendo - y el patrimonio cultural como - “aquellos bienes que son la expresión o el testimonio de la creación humana o de la evolución de la naturaleza, y que tienen especial relevancia en relación con la arqueología, la prehistoria, la historia, la literatura, la educación, el arte, la ciencia y la cultura en general, como son los documentos y bienes relacionados con la historia de cualquier aspecto de la actividad natural y (o) humana del pasado o testimonio sobresalientes del presente, que conforman las evidencias por las que se identifica la cultura nacional”7 .
En el artículo 39 de la Constitución de la República de Cuba se hace referencia al patrimonio y por el estado de conservación por el cual hay que velar. De ahí que se han creado leyes, decretos y resoluciones para su conservación. Una de las más importantes es la Ley No.1 “Ley de protección al patrimonio”, creada el 16 de agosto de 1977. El reglamento para la ejecución de esta ley (Decreto 118), establece que el patrimonio cultural de la nación está: “integrado por aquellos bienes, muebles e inmuebles, que son la expresión o el testimonio de la creación humana o de la evaluación de la naturaleza y que tiene especial relevancia en relación con la arqueología, prehistoria, historia, la literatura, la educación, el arte, la ciencia y la cultura en general y fundamentalmente:

ch) Los elementos provenientes de la desmembración de los monumentos artísticos o históricos y de los lugares arqueológicos;

Dentro del patrimonio cultural aparecen dos definiciones vitales:

El patrimonio cultural material de una nación está integrado por bienes:

Se puede concluir que el patrimonio es la huella que deja el hombre en su ir y venir por la vida, impregnando un sello único capaz de desigualarlo de los demás tanto en el presente como en el futuro. Refleja con transparencia la identificación de países, localidades e individuos. Este contiene dos clasificaciones esenciales: natural y cultural, las cuales están completamente ligadas una a la otra. Se adiciona que hay patrimonios materiales e inmateriales; muebles e inmuebles.
El patrimonio es susceptible de ser gestionado en función de su correcta utilización, por lo que se  hace necesario abordar los elementos teóricos relacionados con la gestión del patrimonio. Además de una intención social y educativa, el patrimonio tiene que gestionarse con el fin de su protección para futuras generaciones (Castells Valdivielso, 1999). Como señala Menéndez (1995), "la conservación es un paso previo y necesario por rentabilizar el patrimonio como instrumento de dinamización científica educativa y lúdica dirigido a la comunidad, que es el objetivo capital y final de la gestión del patrimonio"8 .

La gestión del patrimonio está dada por “la eficiente administración de recursos (patrimoniales, humanos, económicos y de todo tipo) ordenada a la consecución de objetivos sociales” 9. Cualquier acción gestora explícita debe estar dotada de objetivos y ser integral, es decir, que contemple todas las actuaciones relacionadas con el bien patrimonial desde el momento de su planificación hasta la presentación de los resultados (Castells Valdivielso, 1999).

Para Castells Valdivielso (1999) se entiende por gestión del patrimonio “todo un conjunto de actuaciones destinadas al conocimiento, conservación y difusión del patrimonio, que necesariamente deberán ligarse con las necesidades y la demanda de la sociedad del tercer milenio. En este sentido, el patrimonio necesita una política gestora particular y explícita que responda a necesidades concretas y busque la dinamización de su potencial…” 10.

Un objetivo fundamental de la gestión del patrimonio consiste en “comunicar su significado y la necesidad de su conservación tanto a la comunidad anfitriona como a los visitantes. El acceso físico, intelectual y (o) emotivo, sensato y bien gestionado a los bienes del Patrimonio, así como el acceso al desarrollo cultural, constituyen al mismo tiempo un derecho y un privilegio”11 .

De ahí que para lograr una gestión integral del patrimonio las principales funciones deben estar encaminadas a la “investigación, conservación y difusión”12 (ver Figura 1.2).
La investigación se relaciona con valorar; determina la mayor o menor dimensión histórica de los objetos y, por tanto, el grado de interés de conservación. Dentro de la variada gama de valores que se pueden otorgar a las manifestaciones humanas, a las que se les adjudica un marcado valor histórico o de identidad resultan las más importantes (Martín, 2003b).
La conservación está destinada a preservar la memoria histórica a partir de intervenir adecuadamente en la restauración y el mantenimiento de todos los objetos materiales e inmateriales que conforman el patrimonio. La misma es una acción compleja - a la vez polémica - relacionada con los bienes culturales, tarea en constante evolución de
la cual depende, en gran medida, la certeza de que un bien permanezca en el tiempo como testimonio material o inmaterial de una comunidad (Martín, 2003b).
La difusión es una gestión cultural mediadora entre el patrimonio y la sociedad Martín (2003b). Este autor la considera gestión porque implica un proceso complejo que abarca documentar, valorar, interpretar, manipular, producir y divulgar no ya el objeto en sí, sino un producto comprensible y asimilable con relación a su pasado histórico y su medio presente; cultural, porque se opera con la obra del hombre, tangible e intangible, pasada y presente, que rodea e influye en el ciudadano de hoy hasta ser parte misma de su historia y, por tanto, de su identidad; y mediadora, porque requiere de una política, de un programa y de una técnica y un soporte material independiente del objeto y ajena al sujeto que la recibe.

La difusión se relaciona con dar sentido al patrimonio al canalizar el esfuerzo de la investigación hacia la sociedad, aun cuando ha de estar forzosamente precedida y acompañada de las actuaciones de planificación y control de las actuaciones (conservación, investigación, difusión). Ésta se orienta a desarrollar una actitud positiva, madura y correcta hacia el patrimonio, al permitir a la sociedad su identificación, valoración y salvaguarda, a la vez que incentivar también su disfrute (Castells Valdivielso, 1999).  

La difusión incluye la interpretación. Es la actividad que permite convertir al objeto patrimonial en producto patrimonial - “sistema diverso e integrado que mediante estrategias de interpretación, presentación, exhibición, conservación y promoción tenga como objetivo producir un complejo de mensajes, actividades y equipamientos que brinden al consumidor/turista una serie de pautas cognoscitivas, informativas y lúdicas, para que este satisfaga eficientemente su demanda de ocio cultural en su visita turística” 13 - a través de un proyecto que integre la interpretación en sí, es decir, la materialización de la definición conceptual del bien convertido en mensaje apropiable e inteligible, y la comunicación, comprendida como un proceso de identificación y satisfacción de las necesidades del usuario, y que implica un conjunto de actividades destinadas a dar a conocer, valorar y facilitar el acceso a la oferta cultural (Martín, 2003b).
La difusión del patrimonio está representada por todas aquellas herramientas conceptuales y prácticas que permiten establecer vínculos afectivos, educativos, lúdicos e identitarios entre el patrimonio y la sociedad. Es posible entender a la interpretación, como sistema de comunicación y herramienta de planificación; la museografía, la escenificación histórica, las técnicas expositivas, la animación cultural, las técnicas educativas no formales, la presentación, la puesta en valor y todas aquellas herramientas mediadoras que sirvan a los fines de la vinculación del patrimonio y la sociedad (Martín, 2003b).
La clave de una correcta gestión radica en el equilibrio entre los tres elementos comentados: investigación, conservación y difusión. La investigación sola remite a un mundo autista, elitista y vacuo; si se le suma solo la conservación, la tarea carecerá de fin social. Difusión e investigación remiten a una mera publicidad profesional, mientras que conservación y difusión habla de fines mediáticos carentes de contenido. Para ello es imprescindible una acción, una técnica y recursos materiales y humanos dirigidos y encaminados a ese propósito; se necesita también una interrelación y coordinación de agentes y objetivos comunes que permitan una lectura coherente del entorno cultural (Martín, 2003b).
En los párrafos anteriores, se abordó la gestión del patrimonio en general, lo específico del Gestor de Patrimonio Cultural es el hecho de que el principal recurso que se le encomienda es un bien de patrimonio cultural (un yacimiento arqueológico, un museo, un recinto histórico, un castillo, una ruta cultural, etc.), bien cultural que debe conocer en profundidad; al gestor de patrimonio cultural se le exige que conozca a fondo el elemento patrimonial cuya gestión se le ha confiado, entre los objetivos que se le fijan, el principal, explícita o implícitamente, es la salvaguardia de la integridad de dicho bien cultural (Zamora Baño, 2002). Por tanto se define la Gestión de Patrimonio Cultural como "la eficiente administración de recursos (culturales, humanos, económicos y de todo tipo) ordenada a la consecución de objetivos sociales que afecten al patrimonio cultural" 14.
El recurso patrimonial, tangible o intangible, adquiere una dimensión mayor que la que puede tener como bien de interés cultural aislado para ser considerado, con todas sus implicaciones históricas, ecológicas, culturales y sociales, por esta razón los autores asume el concepto de recurso patrimonial como “un medio y un bien que se ve afectado, por un lado, por todas aquellas normas de protección y conservación y, por otro, por la escala del proyecto, su contexto histórico y material y su capacidad de ser un acumulador cultural que permita ser reconocido por la sociedad en una dinámica de apropiación, uso, interpretación, disfrute y explotación sostenible” 15.
Teniendo el cuenta estos conceptos, la Gestión del Patrimonio Cultural se entiende entonces como “la acción que, vinculando a los distintos profesionales de un Proyecto de Patrimonio Cultural, integra y articula equipos multidisciplinares, consigue, asigna y distribuye recursos, promueve y alienta la colaboración entre instituciones y evalúa sistemáticamente los resultados obtenidos” 16.
Otra propuesta de definición se asocia al “conjunto de actuaciones destinadas a hacer efectivo el conocimiento, conservación y difusión de los bienes patrimoniales, lo que incluye ordenar y facilitar las intervenciones que en él se realicen” 17.
Por otra lado González Méndez (2003) entiende por gestión del patrimonio cultural, tal y como se hace en el contexto internacional actual, “la labor de identificación, preservación y presentación al público de los restos materiales del pasado de cualquier época, región o país” 18.
Son múltiples los factores que explican la oportunidad e incluso necesidad de la de Gestión del Patrimonio Cultural, en otros se pueden mencionar19 :

Del gestor de patrimonio cultural se espera que satisfaga una “triple demanda” 20:

1 Citado por: RIVERA OLIVEROS, Maria: Contribución del patrimonio cultural de la localidad al desarrollo del proceso de enseñanza y aprendizaje de la Historia de Cuba. Tesis presentada en opción al grado académico de Master en Historia y Cultura en Cuba, ISPH, Holguín, 2004, p.37.

2 Ibidem, p.37.

3 Citado por: RIVERA OLIVEROS, María: Contribución del patrimonio cultural de la localidad al desarrollo del proceso de enseñanza y aprendizaje de la Historia de Cuba. Tesis presentada en opción al grado académico de Master en Historia y Cultura en Cuba, ISPH, Holguín, 2004, p.39.

4 PRATS, Ll. El concepto de patrimonio cultural. En Política y Sociedad. Revista de la Universidad Complutense, Facultad de Ciencias Políticas y Sociología, N° 27. 1998, pp. 63-76.

5 RIVERA OLIVERAS, M. Contribución del patrimonio cultural de la localidad al desarrollo del proceso de enseñanza y aprendizaje de la Historia de Cuba. Tesis presentada en opción al grado académico de Master en Historia y Cultura en Cuba, ISPH, Holguín, 2004.

6 PELLICER, J. Recuperación del turismo en la protección del patrimonio cultural. En El impacto del turismo cultural en el patrimonio cultural-La Antigua Guatemala. Guatemala: Universidad de Alcalá (Agencia Española de Cooperación Internacional), 2006.

7 ARJONA, M. Patrimonio cultural e identidad. La Habana: Editorial Letras cubanas, 1986.

8 MENÉNDEZ, P. Els museus territorials com a dinamitzadors del patrimoni cultural local. Urtx, 8, 1995, pp. 153-164.

9 Concepto emitido por la Asociación Española de Gestores del Patrimonio.

10 CASTELLS Valdivielso, Margalida. Reencontrar el patrimonio. Estrategias de desarrollo territorial a partir de la interpretación. Disponible en: www.naya.org.ar/turismo_cultural/congreso/ponencias/margalida_castells2.htm, 1999. Citado por Torres Moré, P. Técnicas de interpretación del patrimonio cultural. Selección de Lecturas. La Habana, Cuba: Editorial Félix Varela, 2006.

11 La Gestión del Turismo con Patrimonio Significativo.  Carta Internacional Sobre Turismo Cultural. Adoptada por ICOMOS en la 12ª Asamblea General en México, en octubre en 1999.

12 Torres Moré, P. Técnicas de interpretación del patrimonio cultural. Selección de Lecturas. La Habana, Cuba: Editorial Félix Varela, 2006. PUJANTE IZQUIERDO, P. (Ed.): Gestión, Investigación y Conservación y Difusión del Patrimonio Cultural Subacuático. Actas de las I Jornadas Latinoamericanas de Arqueología Subacuática. Santiago de Chile, 25 al 28 de noviembre de 1997. Santiago de Chile: Ediciones de la Universidad Internacional SEK – Fundación Andes, 2001, p. 8.

13 MARTÍN, M. Patrimonio e interpretación. Citado  por Torres Moré, P. Técnicas de interpretación del patrimonio cultural. Selección de Lecturas. La Habana, Cuba: Editorial Félix Varela, 2006. p. 53.

14 ZAMORA BAÑO, F. La gestión del patrimonio cultural en España: presente y futuro. Conferencia en el Congreso sobre Patrimonio. Valladolid. Portal Iberoamericano de Gestión Cultural. Disponible en: www.gestioncultural.org, 2002.

15 Sobre la base de los trabajos del destacado arquitecto español Marcelo Martín, de otros conocidos especialistas, así como otros materiales publicados en los boletines de la Asociación para la Interpretación del Patrimonio con sede en España. Tomado de www.campusmed.net/cumcasto2.htm y citado por TORRES MORÉ, P. Técnicas de interpretación del patrimonio cultural. Selección de Lecturas. La Habana, Cuba: Editorial Félix Varela, 2006.

16 ZAMORA BAÑO, F. La gestión del patrimonio cultural en España: presente y futuro. Conferencia en el Congreso sobre Patrimonio. Valladolid. Portal Iberoamericano de Gestión Cultural. Disponible en: www.gestioncultural.org, 2002.

17 QUEROL, M. Á.; Martínez, B. La gestión del patrimonio arqueológico en España. Madrid: Alianza, 1996.

18 GONZÁLEZ MÉNDEZ, M. Herity o la calidad en la gestión de los bienes culturales. PH. Boletín del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, nº 43, pp. 102-105, 2003, p. 102.

19 ZAMORA BAÑO, F. La gestión del patrimonio cultural en España: presente y futuro. Conferencia en el Congreso sobre Patrimonio. Valladolid. Portal Iberoamericano de Gestión Cultural. Disponible en: www.gestioncultural.org, 2002.

20 TORRES MORÉ, P. Técnicas de interpretación del patrimonio cultural. Selección de Lecturas. La Habana, Cuba: Editorial Félix Varela, 2006.

Volver al índice