LAS FAMILIAS  PEQUEÑAS FACTORÍAS AGREGADORAS DE VALOR

 

 

Ampliando el espectro que la teoría neoclásica fijó para lo que se considera producción, “cualquier bien o servicio que la gente pueda adquirir en el mercado” (ZERDA, 1995: 170), se ha procurado dejar establecido que las familias realizan actividades productivas pese a que los resultados no circulen por el mercado, sino que sólo adquieren el estatus de valores de uso que se aplican en la producción de energía humana, una parte de la cual se vende a manera de fuerza de trabajo - mercancía en el mercado de trabajo.

 

La gran mayoría de los procesos de producción, sin considerar el sitio ni el momento de realización, comienzan con la incorporación de materias primas de diferente variedad. En la transformación de estos insumos intervienen otros factores como trabajo, maquinaria, herramientas e instalaciones, para obtener así unos resultados en cada paso del proceso. En cada estado, lugar y momento, el producto es de mayor valor que el que tenía en el estado, lugar y momento precedente, de tal forma que, cuando el resultado obtenido en cierta etapa del proceso productivo deba ser medido, solamente debe ser considerado el valor agregado en aquel momento particular.

 

A manera de ilustración se considera el caso de una gran empresa productora de pan que tiene como política participar en todos los estados del proceso: desde la producción del trigo, hasta la puesta en venta del pan, no sin antes pasar por el molino para la obtención de la harina.

 

 

 

 

 

 

 

Valor agregado en cada estado del proceso de producción de pan[1]

 

Etapas del proceso                                Costos de               Valor agregado

                                                               Producción

1. Producción del trigo

 

Renta por la tierra                                           100

Valor de las semillas (materia prima)                100

Salarios                                                           100

Valor total del trigo                                         300                             200

 

2. Producción de harina

 

Materia prima (trigo)                                       300

Beneficios producidos por el molino                100

Salarios                                                           100

Valor total de la harina                         500                             200

 

3. Producción del pan

 

Materia prima (harina)             500                            

Beneficios que da el horno                               100

Salarios                                                           100

Valor total del pan                                           700                             200

 

TOTAL VALOR AGREGADO EN EL PROCESO                          600

 

Del ejemplo propuesto se puede deducir un concepto, un tanto esquemático, de Valor Agregado: La diferencia entre el valor total de producción en cada estado del proceso productivo y las materias primas utilizadas.

 

En un caso, un tanto más realista, de una panadería que sólo se ocupa de obtener el pan se tendrían que incorporar como materias primas la harina, la margarina, los huevos, la levadura, la sal y el azúcar; una vez obtenido el producto y establecido el precio de venta, se le descuenta el costo de los anteriores insumos y el resultado es el valor agregado que incorpora los salarios pagados y los beneficios para el empresario; en resumen, la remuneración a los factores productivos.

 

“Valor agregado: Diferencia entre el valor de los bienes producidos y el costo de las materias primas y los bienes intermedios que se utilizan para producirlos. En una barra de pan de $100 que contiene trigo y otras materias primas por valor de $60, el valor añadido es $40. Consiste en los componentes de los salarios, los intereses y el beneficio añadidos a la producción de una empresa o un sector”. (SAMUELSON, 1990: 1151).

 

La definición de Samuelson poco agrega a la antes consignada; sólo aclara que el valor agregado también puede aplicarse a niveles más amplios de la economía, en este caso, a sectores de la producción. Esto es sencillo de apreciar; basta con volver al ejemplo y asimilar la producción de trigo con el sector primario, el cual abarca la agricultura y otras actividades pastoriles y extractivas que se realizan próximas a las bases de los recursos naturales, asumir la fabricación de harina y de pan como el sector secundario, que es el que reúne los procesos industriales mediante los cuales las materias primas son transformadas. La disposición del producto al consumidor final mediante acciones de promoción y venta se corresponde con el sector terciario o de los servicios, que es el que atiende un gran conjunto de necesidades mediante actividades cuyo producto no tiene expresión material.

 

De la misma manera como el concepto de valor agregado es válido y efectivamente se aplica en cálculos para los grandes sectores de la economía, también se obtiene para las distintos grupos de la producción: alimentos, textiles, metalmecánica, etc. En este caso se trata de un valor agregado a un nivel intermedio que no hace referencia a lo reducido de la empresa, ni tampoco a lo amplio del sector.

 

En un nivel mucho más amplio que requiere pensar un país como una gran empresa, el valor agregado -VA- se presenta como idéntico al ingreso nacional -Y- y al producto nacional -P-; o en breve, el valor agregado de la nación es igual a su Producto Interno Bruto -PIB-. El conjunto de bienes y servicios de consumo final, más lo bienes intermedios y de capital, conforman el producto en un período determinado. Para su obtención, las empresas pagan remuneraciones representadas en salarios, ganancias, rentas e intereses lo cual constituye el ingreso de la sociedad. 

 

De lo anterior se derivan dos flujos de la economía; el primero es el real, representado por los servicios y los bienes finales, intermedios o de capital y, en conjunto, constituyen la oferta del mercado; el segundo es el nominal o monetario y, de éste, hacen parte los ingresos distribuidos por el sistema en su operación y refleja la capacidad de demanda. Oferta y capacidad de demanda se encuentran en el mercado, mediadas por el poder de compra que se establece gracias a la información que dan los precios.

 

“El producto es el valor efectivamente agregado, esto es, descontando del valor total bruto la adquisición de insumos (contabilizados como valor agregado por otras empresas). El producto es igual, por definición, al ingreso apropiado por los factores productivos:

 

VA = Y = P

 

Tenemos pues que en el proceso productivo se generan, simultáneamente, el producto y el ingreso; el flujo real y el nominal”. (PULECIO, 1995: 24)

 

De la cita anterior se infiere algo susceptible de aclaración; el valor agregado de una empresa, de un sector o de la economía en conjunto, puede definirse en términos netos y brutos. En el primer caso, se hace referencia al gran total de la suma de los sueldos y salarios, los intereses al capital, la renta de los recursos naturales y el beneficio del empresario, menos el valor de la depreciación experimentada por los elementos del activo fijo durante el correspondiente período de tiempo. Para el segundo, como es obvio, el valor agregado bruto contiene la depreciación que por su uso tienen las máquinas, los equipos, los muebles y todo aquello que se incorpore como activo fijo o inmovilizado.

 

Según se estableció anteriormente, un país recurre al valor agregado para medir su producto interno bruto y, en sus cálculos, “ignora aspectos como bienes y servicios producidos por las familias en sus respectivos hogares, intercambios a través del trueque, el trabajo voluntario en actividades desarrolladas en instituciones que actúan en la esfera donde no se buscan beneficios económicos” (BIVENS, 1986: 273). En el caso de la familia, una razón para dejar de lado lo que produce, es la dificultad para determinar el valor monetario del producto y con éste el valor agregado, pues para ello no existe un precio establecido en el mercado.

 

Pese a lo anterior, la familia emprende procesos de agregación de valor y actúa como una “olla mezcladora” de ingresos[2], capital, trabajo, estrategias y formas de organización. Inserta en una economía de mercado, un elemento homogenizante de la gran mayoría de las familias consiste en que para obtener ingresos es necesario que la fuerza de trabajo en calidad de mercancía, sea comprada, lo cual no sucede para todos -los desempleados por ejemplo-. La compraventa de fuerza de trabajo le permitiría al obrero y a su familia, obtener la energía humana, reponer cotidianamente su capacidad laboral, garantizando además su permanencia en el campo de la producción capitalista de mercancías (SHERIDAN, 1991).

 

El salario es tan sólo una de las variedades que se incorporan al proceso de producción de energía humana y a la consustancial reproducción del grupo. La actividad productiva de la familia requiere trabajo para transformar el salario en alimentos consumibles, vestido, recreación y educación; los alimentos comprados hay que cocinarlos y servirlos; la ropa hay que lavarla y luego plancharla; la casa hay que asearla y mantenerla; en estas faenas el trabajo de las personas es el que conjuga materias primas y capital representado en el equipamiento doméstico, para obtener una producción expresada en una serie de satisfactores materiales, afectivos y culturales, que poseen un mayor valor al de los insumos requeridos en virtud del trabajo incorporado; y aunque éste no se remunere, no significa que no se verifique una operación de agregación de valor.

 

“La compra de mercancías no es consumo, la compra es un proceso previo al consumo. En la compra de mercancías no se agota el consumo, por el contrario, se inicia el proceso de consumo que se complementa con el tiempo de consumo, que es el tiempo y trabajo de elaboración de las mercancías compradas para ser efectivamente consumidas, es decir con el trabajo doméstico (agregador de valor)”. (SHERIDAN, 1991: XX)

 

 

En los procesos de agregación de valor en las familias, surgen elementos de heterogeneidad y de homogeneización. Entre los primeros se ubica la división del trabajo doméstico según género; ésta obedece a condiciones culturales y afectivas que señalan diferencias entre una familia y otra; pese a que es muy posible generalizar respecto a una casi omnipresente[3] distribución de tareas, surgen particularidades de la complementariedad entre las condiciones internas y externas de la unidad. Para ilustrar lo anterior, se cita el caso de la diferencia de horarios entre los cónyuges lo cual que puede determinar la organización de los procesos, y no todas las familias coinciden con la misma problemática; para unas su problema puede ser la lejanía del sitio de trabajo con respecto a la vivienda; para otras serán las dotaciones de servicios públicos; en fin, se perciben una serie de singularidades que determinan la heterogeneidad aludida.

 

Retomando los elementos de homogeneización, ya se mencionó que lo común para la mayoría de las familias es que dependan de un salario para sus procesos productivos; pero además, y, al menos para las familias obreras,[4] que busquen su sobrevivencia, todas ganan más o menos lo mismo y lo gastan en productos muy similares (SHERIDAN, 1991) que se incorporan como insumos y que son sometidos a procesos de agregación de valor mediante la adición de trabajo, en “ramas de producción” que también son factor de homogeneización en que tanto se identifican en la gran mayoría de unidades inmersas en una sociedad capitalista. Tales “ramas de la producción” doméstica o de “actividades domésticas productivas figuran en el Informe de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Humano y se agrupan en ocho amplias categorías.[5]

 

PREPARACIÓN DE ALIMENTOS (actividades relacionadas con los alimentos): Su preparación, hacerlos consumibles y otras tareas conexas como servir.

 

LAVANDERIA Y LIMPIEZA (textiles): Lavado, planchado, cuidado de la ropa y otras tareas domésticas relacionadas principalmente con la limpieza y el orden.

 

COMPRAS (administración y compras): compra de bienes y servicios; viajes asociados con las actividades de compras de insumos representados en bienes y servicios.

 

CUIDADO INFANTIL: cuidados físicos de los niños propios y de los ajenos; cuidados relacionados con enfermedades o discapacidades; juegos y supervisión de su recreación; actividades de enseñanza; viajes asociados con el cuidado infantil; otras actividades propias de la “rama”.

 

JARDINERÍA: Cuidado de plantas, prados y jardines; incluye también la atención a las mascotas y otros animales de explotación.

 

REPARACIÓN Y MANTENIMIENTO (construcción, reparación y mantenimiento): Mantenimiento de la casa, reparaciones generales que incluyen el carro.

 

OTRAS TAREAS DOMÉSTICAS: Administración doméstica (pago de cuentas, elaboración de agendas, solicitud de citas, etc); cuidado de los adultos, transporte de las personas, viajes asociados con las anteriores tareas y reuniones escolares.

 

TRABAJO COMUNITARIO VOLUNTARIO (trabajo comunitario no remunerado): Trabajo voluntario y participación no comunitaria.

 

Una apretada síntesis con base en SKOUSEN (1994). Se refiere a lo que tienen de común las empresas buscadoras de beneficios económicos y las familias que intentan maximizar su bienestar, ambas a pesar de sus diferentes metas, procuran, aunque no sean conscientes de ello, generar unas condiciones más amables de vida, alterando el estado actual de las cosas -insumos- para convertirlas en bienes y servicios útiles para el beneficio y para el placer de los miembros de una sociedad. Se resalta lo de bienes y servicios útiles, pues de esto realmente tratan los procesos de agregación de valor.

 

En general, los bienes y productos no se pueden utilizar en estado natural o a medio terminar. Como insumos, los recursos naturales casi nunca están listos para su uso o consumo; las personas no pueden usar directamente los productos en bruto, ni los bienes manufacturados a medio terminar. El mineral de hierro no puede ser utilizado por nadie;  transformado en varillas, láminas o lingotes adquiere más utilidad y convertido en una herramienta, un tornillo o una puntilla adquiere su mayor utilidad. En cada paso se vuelve más útil y a la vez adquiere mayor valor. El trigo debe sembrarse, cosecharse, transformarse en harina y por último ser convertido en pan antes de que se pueda comer. Un pedazo de carne crudo tiene un valor y cierta utilidad; cortado especialmente y aderezado tiene más valor; asado y servido como churrasco es mucho más útil; en cada paso del proceso, al tiempo que se agregó valor, se incrementó la utilidad. Casi todo de lo que se usa o se consume requiere de alguna mejora mediante trabajo humano, para maximizar su utilización.

 

 

Gráfico No.1 La estructura del producto agregado

 

Cada actor de la economía, empleado o empresario, ama de casa o trabajador en un empleo remunerado, participa con su trabajo en procesos de transformación y consustanciales a éstos, de agregación de valor. Los mineros extraen metales y minerales valiosos y con la aplicación de trabajo, tecnología, herramientas y equipos los convierten en materiales más útiles. Los fabricantes adquieren materia prima y la transforman en cosas más utilizables. Los pintores requieren de pinturas, de pinceles, de bastidores, de caballetes y crean imágenes para el disfrute propio y el de los demás. Los maestros inculcan conocimientos y habilidades a los estudiantes para que ellos puedan participar más eficientemente en la sociedad.

 

En el caso de las familias, las amas de casa y demás miembros transforman recursos naturales y productos semiterminados para el uso y consumo por parte del grupo. El proceso exige tiempo de trabajo y también el arte de administrar  para transformar los insumos en el proceso de producción. El “capital fijo” (electrodomésticos, herramientas, construcciones, mobiliario) se utiliza como transformador del “capital circulante” (bienes intermedios semiterminados: alimentos, vestuario) con miras a la mejor utilización posible. A los productos consumibles o utilizables se les ha añadido en cada paso cierto valor, y la sumatoria de valores agregados en preparación de alimentos, lavandería y limpieza, cuidados infantiles, jardinería y demás renglones, determina un valor agregado general, que se puede presentar en dos formas; valor agregado bruto -VAB-,en el caso en que no se efectúe ningún descuento por la depreciación del capital fijo; en caso contrario, es decir, con depreciación sería el valor agregado neto -VAN-.

 

La lista de actividades es interminable pero el propósito es común; convertir bienes no terminados y poco útiles en bienes útiles, mediante la incorporación de trabajo y la utilización de bienes de capital, de tal forma que, en el proceso,  cada bien obtenido tenga un mayor valor del que posee en una etapa o paso precedente.

 

En las familias, los procesos de agregación de valor requieren  trabajo doméstico y según CAMPILLO (2000) es posible remplazarlo de diversas maneras: contratando empleo doméstico, mediante la adquisición de mercancías en el mercado o con base en la utilización de equipos y tecnologías que ahorren tiempo y disminuyan aplicación de fuerza muscular.[6]

 

Cada forma de las mencionadas, tiene unos condicionantes que responden a las  restricciones presupuestarias. La contratación de empleo doméstico, se presenta diferenciada de acuerdo con  la solvencia económica de las sociedades, en países desarrollados o en estratos socioeconómicos altos, por las posibilidades que brinda un buen nivel de ingresos; en países en desarrollo o estratos de ingresos moderados por la presencia de mano de obra abundante y barata. El reemplazo de producción doméstica por mercancías son procesos de comodificación del consumo que se sabe que están mas generalizados en sociedades desarrolladas o en niveles sociales con muy buena capacidad económica; no obstante no todo llega listo del mercado o hay cosas para lo cual no hay oferta o su calidad genera inquietud, por tanto habrá un “remanente de trabajo doméstico” que por lo general realizan las mujeres. La utilización de equipos depende del nivel de ingresos; poseerlos puede que aminore esfuerzos pero no elimina el trabajo, ni libera de responsabilidades.

 

Además de las restricciones de presupuesto, cuentan también las preferencias en la decisión de sustituir el trabajo doméstico. Hipotéticamente al menos en una economía de mercado, en un extremo estarán quienes consideren que para todos o para ciertos bienes, por ejemplo alimentos o cualquiera otro, nada supera lo hecho en casa; por tanto se decide obtener los insumos necesarios y someterlos a transformación mediante el trabajo doméstico y así dejarlos dispuestos para el consumo final; en el otro extremo se ubicarán quienes opinen que es mucho mejor lo que ofrece el mercado y que no vale la pena dedicar recursos adicionales al dinero para proveerse de lo necesario. 

 

Entre los límites antes establecidos, cabe cualquier preferencia que recoja la combinación entre producción doméstica y producción de mercado; esto determina el nivel de valor agregado que produce cada familia. La opción de producirlo todo, sin intercambio con el mercado, generará el máximo valor agregado; en el extremo opuesto será el mínimo, aunque no necesariamente cero. 

 

En un análisis simplificado, la ubicación entre estos extremos que determina el nivel del valor agregado por las familias, es una decisión que considera entre muchos otros aspectos las preferencias, la capacidad económica, la valoración del tiempo, el grado de penetración del mercado, los ciclos económicos. Generarán más valor agregado las familias que por distintas razones particulares, conceden un alto aprecio a “lo hecho en casa”; aquellas a quienes sus ingresos monetarios no les permiten muchas posibilidades de sustituir la producción doméstica por la de mercado; las que consideran que una unidad de tiempo dedicada a trabajar por una remuneración, les reporta menos que si la destinaran a trabajar en casa; las que habitan en un contexto de ninguno o poco contacto con las ofertas del mercado que estimulen la aceleración de los procesos de comodificación; o las que atraviesan por una época de crisis.[7]


 

[1] Ejemplo tomado de LÓPEZ, Enrique A. “Macroeconomía Elemental”. En: BONILLA, Ricardo y Otros. Economía para Todos. Bogotá, Tercer Mundo Editores, 1995. 

[2] Pese a que más adelante se hace especial énfasis al ingreso monetario producto de la venta de fuerza de trabajo, no hay que perder de vista las diferentes clases de ingreso que circulan por la familia. Para el caso de familias con alto componente de ingreso de subsistencia –caso familias campesinas– significa que los procesos de agregación de valor empiezan a un nivel anterior al de las familias cuyo gran componente del ingreso es el salario.

[3] Un sentido que toma la “omnipresente” división del trabajo entre hombres y mujeres lo referencia Becker (1987) y alude a la especialización de los primeros en trabajar para el mercado laboral y de las segundas en lo doméstico. Otra interpretación surge de la segregación del trabajo doméstico que determina ciertas tareas -lavar, planchar, cocinar, etc- para las esposas- mujeres y otras -compras, pagar cuentas, etc.- para los esposos - hombres. En esta última línea ver a Serrano y Villegas (2000).

[4] Sheridan (1991) hace referencia a la familia obrera como al conjunto formado por el obrero y su familia que sobrevive en un contexto de bajos salarios, escasez de vivienda, desempleo y situaciones que determinan unas precarias condiciones de vida.

 

[5] Los ocho grupos de actividades domésticas productivas son tomados de Ironmonger (1996). “Counting Outputs, Capital Inputs and Caring Labor: Estimating Gross Household Product. Según el autor, la sistematización fue realizada por Luisella Goldschmidt - Claremont y Elisabetta Pagnossin- Aligisakis en un artículo para las Naciones Unidas en 1995.

 

[6] La citada autora, propone una manera más de sustitución de trabajo doméstico, al hacer referencia a las experiencias de Chile, Perú y Bolivia para enfrentar la crisis provocada por la deuda externa; concretamente alude a los “comedores populares” y a las “ollas comunes”. Para ella, son nuevas formas de sobrevivencia que conjugan el trabajo doméstico y el productivo fuera del hogar. CAMPILLO, 2000. “El trabajo doméstico no remunerado en la Economía”.

[7] Para cada uno de los anteriores aspectos se supone la condición “ceteris paribus”.