TEXTOS SELECTOS

CURSO DE ECONOMÍA SOCIAL

 

R. P. Ch. Antoine

 


 

 

 

II. La Reforma social.

El mal que padece la sociedad es, principalmente un mal religioso y moral; en este punto se hallan de acuerdo todos los católicos. Pero la divergencia se pone de manifiesto en los juicios que se emiten de una y otra parte sobre el orden económico y social. Los reformistas católicos estiman que el orden económico actual, basado en la competencia ilimitada y en el individualismo; que el orden social establecido sobre la igualdad de los derechos y de las condiciones sobre el interés personal y la carencia de bienes profesionales, estiman, digo, que este orden. es radicalmente vicioso. Que no se grite contra la teoría del pedrusco del antiguo régimen, de la reacción... qué sé yo. Las palabras gordas no son más que espantajos. Si tienen efecto en una proclama electoral y suscitan los aplausos de un club, nada tienen de común con la ciencia social.

El partido social cristiano quiere una reforma que vuelva a conducir a la sociedad a su estado natural (1) quiero decir a su constitución orgánica, tal como la hemos descrito en el capítulo IV. A los dos males de que está atacado el orden económico y social, la libertad exagerada y el individualismo quieren aplicar los dos remedios verdaderamente eficaces: una legislación protectora y la asociación profesional. Así, la restauración social cristiana que proponen los reformistas católicos comprende tres factores absolutamente necesarios: la acción y la influencia de la Iglesia y de la caridad cristiana; una legislación del Estado sabia, moderada y progresiva; la iniciativa de los individuos y de las corporaciones autónomas. Monseñor Kijcher (obispo auxiliar de Colonia) decía en el Congreso de Lieja:

«El problema social consiste en ordenar las relaciones entre el patrón y el obrero, según la moral cristiana y los preceptos de la justicia y de la caridad... De este problema y de su solución dependerá el porvenir de la sociedad y de la religión. Para resolver el problema social es preciso el acuerdo entre el patrono y los obreros; pero, además de esta buena inteligencia, hace falta una legislación social que regule de una manera justa y equitativa las relaciones entre patronos y obreros (2)

El P. Liberatore, en la conclusión de su Tratado de Economía política, no es menos explícito. He aquí los términos en que se expresa: «Es indispensable cierta intervención del Estado en la vida económica de la sociedad. Abandonarla al conflicto de las fuerzas egoístas es transportar a la industria la idea darwinista de la lucha por la existencia, lucha en que es seguro el triunfo de los más fuertes. En esta materia la tarea del Estado se reduce, pues, a estas dos funciones: proteger a los débiles y dirigir a los fuertes (3)

En otros términos: no basta la simple protección, sino que debe completarse con la dirección.


(1) Véanse los documentos citados por Nitti en su obra El Socialismo Católico, cap. VI, IX y X.

(2) Congrés de Liége, 1.er sect., p. 81.

(3) Principios de Economía política.

 


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