TEXTOS SELECTOS

CURSO DE ECONOMÍA SOCIAL

 

R. P. Ch. Antoine

 


 

 

 

ARTICULO V: EL SOCIALISMO MITIGADO

Independientemente del colectivismo internacional que admite en su integridad los dos dogmas fundamentales del evangelio socialista: la propiedad colectiva y la administración por el Estado democrático del orden económico, se encuentran diferentes concepciones sociales, que rechazan uno u otro de esos dogmas o limitan su significación. El socialismo agrario y el neo-colectivismo, quieren una socialización parcial de los medios de producción; el socialismo conservador, el socialismo evangélico, el socialismo de cátedra y el socialismo de Estado conservan la propiedad privada. Digamos algo sobre cada uno de estos sistemas.

Socialismo agrario.

Enrique George, Wallace, W. H. Dawson, Emilio de Laveleye, Flürscheim y Hertzka suprimen el derecho de propiedad privada en relación al suelo y a la tierra, y proponen la nacionalización de la tierra mediante la confiscación por el Estado de la renta territorial. Eso es lo que Loria llama por eufemismo la eliminación de la renta (1).

Neo-colectivismo.

Para atraer a las redes del colectivismo a los rurales y patronos de la pequeña industria, los leaders del partido socialista les prometen conservar la propiedad privada en el pequeño cultivo y en la pequeña industria. «La expropiación, escribe Van der Velde, no se impone desde el punto de vista del interés social, más que en las ramas de industria donde la concentración de capitales ha hecho desaparecer la pequeña propiedad fundada en el trabajo (2).» M. Jaurés es en Francia el portavoz de la nueva escuela: «Si somos colectivistas, dice, es porque el colectivismo, muy lejos de destruir la propiedad individual en lo que tiene de legítima, es hoy el único medio, no sólo de extenderla, sino de universalizarla... Defenderemos la pequeña propiedad aldeanesca que realiza la idea socialista por la unión de la propiedad y del trabajo (3)

Socialismo conservador de Alemania.

El socialismo conservador no reclama ni la propiedad colectiva, ni el Estado democrático; pero no ve la salud para la sociedad, más que en el retorno a las instituciones que garantizaban a los hombres bajo el antiguo régimen el orden y el reposo. He ahí por qué, pide el restablecimiento de la tradición de los Hohenzollern, confiando directamente al soberano la organización del mundo del trabajo, el cuidado y sostenimiento de los pobres y de los débiles. Esto es lo que él llama la tesis de la realeza socialista. Lo que quiere es, de parte del Estado, una protección más eficaz de los trabajadores, ampliando las atribuciones del Estado en el orden económico.

Los principales representantes del socialismo conservador son Von Gerlach, Herbert Wagner y R. Meyer.

Socialismo evangélico.

El partido de los socialistas cristianos monárquicos se ha fundado por el instigador enérgico de los antisemitas M. Stócker, predicador de la corte de Alemania, que pertenece al matiz de los protestantes conservadores ortodoxos. Es evidente, por lo que resulta de las confesiones de los periódicos protestantes, que uno de los propósitos de los que han formado este partido, es arruinar la creciente influencia del centro en el terreno social, y también conciliar la monarquía prusiana con las reivindicaciones del cuarto Estado.

He aquí los principios generales del socialismo cristiano:

1.° El partido cristiano-socialista se sostiene en el terreno de la fe cristiana y del amor al rey y a la patria. 2.° Declara impracticable la democracia social sin el sentimiento cristiano, sin el patriotismo. 3.° Tiende a una organización pacífica de los obreros por la prosecución de reformas prácticas y necesarias, sin que por eso prescinda de los demás factores de la vida política. 4.º Tiene por objeto acercar ricos y pobres y traer una mayor seguridad económica (4).

Socialismo de cátedra. (socialisme cathédrant: Kathedersocialisten).—La escuela liberal inglesa llama socialistas de cátedra, a un grupo de economistas alemanes que en las cátedras universitarias, profesan ideas socialistas. El profesor Schmoller, en el Congreso de economistas alemanes de Eisenach, ratificó y adoptó este calificativo.

Los Kathedersocialisten admiten: 1.0, que debiera presidir más equidad en el reparto de las riquezas y que en consecuencia, la parte de los trabajadores debe ser mayor; 2.0, que este resultado no se puede conseguir como efecto de la libertad o de lo que se llaman leyes naturales, sine solamente por la acción de la ley o del Estado (5).

¿Cuál es el limite de esta intervención? Las opiniones varían según los numerosísimos grupos de esta escuela que van de la extrema derecha, representada por Lujo Brentano, hasta la extrema izquierda, representada por el profesor Wagner.

Los socialistas de cátedra pertenecen a la escuela histórica. En sus reformas dejan a un lado la religión y pretenden resolver la cuestión social por la sola acción legislativa. Algunos de ellos, exagerando considerablemente el papel del Estado, entregan casi por completo a su capricho la reglamentación de la propiedad privada, de la producción y del reparto de las riquezas.

Los principales Kathedersocialisten son Roscher, Knies, Hildebrand, Schmoller, Conrad, Lujo Brentano, Ad. Wagner y Schönberg.

Socialismo de Estado (6).-El socialismo de Estado es objeto, especialmente en Francia, de oscuras discusiones. Este término es una palabra de efecto que se usa a diestro y siniestro sin definir su sentido. Así no es raro ver escritores que llaman a sus adversarios socialistas de Estado sin más razón que la de no participar de sus concepciones económicas o sociales. Se cree que con gritar socialismo de Estado se puede arruinar una teoría molesta.

¿Qué es, pues, el socialismo de Estado? Para responder a esta pregunta busquemos un ejemplo muy claro que no pueda ser recusado por nadie. Ese tipo lo encontramos en Alemania, que, como observa M. Leen Say, es la tierra clásica del socialismo de Estado (7).

El socialismo de Estado en el orden de la acción está representado en Alemania por el príncipe de Bismarck; en el orden de las doctrinas por la escuela de los Kathedersocialisten, y especialmente por M. Wagner.

El Canciller de hierro, decía con frecuencia en sus discursos que quería resolver completamente solo la cuestión social sin trastornar el orden económico actual o el régimen de la propiedad con sólo instituir cajas de seguros, administradas y subvencionadas por el Estado.

Si se consultan los escritos del profesor Wagner y los artículos del periódico Staatssocialist, se concluye que el socialismo de Estado, es un régimen político y social, que atribuye al Estado, sólo al Estado, la reforma social concediéndole un derecho de intervención ilegítima, en la economía privada y en el régimen del trabajo (8).

Esta información nos permite determinar el socialismo de Estado en sí mismo, independientemente de toda influencia local o nacional y de las formas particulares de gobierno. «El socialismo de Estado, dice perfectamente M. de Mun, es una concepción social en la que el Estado, el poder central posee y administra directamente todas las grandes empresas financieras o industriales del país, dirige todas las instituciones sociales, atesora todos los recursos de la nación; y, en cambio, provee por sí mismo a todas las necesidades materiales y morales de los ciudadanos, convirtiéndose, de este modo, en el cajero y banquero universal, en el agente general de los transportes y del comercio, en el exclusivo redistribuidor del trabajo, de la riqueza, de la instrucción, de los empleos y de los socorros; en una palabra en el motor y regulador de toda la actividad nacional (9)

Por consiguiente, se reconocerá que una decisión o institución gubernamental está contaminada de socialismo de Estado, cuando, sin motivo legítimo, el poder público, se entromete en la esfera de los intereses privados.

Conviene notarlo: el Estado puede intervenir de dos maneras, ya bajo el pretexto más o menos vago o arbitrario de utilidad pública, ya con el objeto concreto de procurar un bien necesario y determinado que las fuerzas individuales y colectivas no pueden ciertamente obtener. En el primer caso, existe abuso; en el segundo, ejercicio legítimo de la autoridad pública.

En el fondo, el socialismo de Estado no es más que la aplicación al orden económico de un régimen político fundado en la omnipotencia del Estado, aplicación que ha llegado a ser más fácil con la pulverización social, resultado del individualismo. La centralización moderna, según M. A. Leroy-Beaulieu, está preñada de socialismo de Estado. «Al romper todos los lazos entre los. ciudadanos, al abolir los cuerpos espontáneos y las agrupaciones naturales formadas por la vecindad o los intereses comunes, al arrasar todas las franquicias municipales y todas las autonomías provinciales, al no dejar nada en pie en esta Francia desnuda, semejante a una tabla rasa, más que el Estado omnipotente frente al individuo aislado lo infinitamente grande frente a lo infinitamente pequeño al nivelar todo con el pesado rodillo de su burocracia, la centralización moderna ha preparado el suelo para el establecimiento legal del socialismo de Estado (10). He ahí por qué el único medio eficaz de combatir el socialismo del Estado es atacarle en el corazón rompiendo la centralización y devolviendo a la sociedad su organismo natural. A esta obra eminentemente patriótica se consagran los reformadores cristianos, y a ella deben aportar tanto más ardor cuanto más amenazador sea el peligro socialista.


(1) Conrad, Handwörterbuch, art. «Socialismus», y más adelante, cap. XVI, art. 4.

(2) Revue Socialiste, Febrero de 1894, p. 130.-Jorge Renard pide «la reducción al minimum de la propiedad privada como medio de suprimir el antagonismo de las clases y el régimen del salariado.» (Ibid, Mayo de 1894, p. 515.)

(3) Ch. Gide, le Neo-Collectivisme (Revise d'économie polit., 1894, p. 423 y sig. -- Loria, Problemes sociaux contemporains.

(4) De Laveleye, le Socialisme contemporain, págs. 112 y 199.—Rae, II Socialismo comtemporaneo, p. 236 y sig. -- Lujo Brentano, la Question ouvriére, p. 123.

(5) De Laveleye, op. cit., p. 205.

(6) E . Lavisse, les Partís socialistas et la agitation ouvriere en Allemayine (Revise des Deux Mondes, 15 de Septiembre de 1883).–Ch. Grand, le Socialisme d'Etat dans l'empire allemand, (Ibid, t.° de Noviembre de 1887). D'Eichthal, l'Economie politique et le Socialisme (Ibid, 1.° de Octubre de 1888). --- Weiss. O. P., Sociale Frage, págs. 575 y 839.- Revue catholique des Instit., t. XXIII y XXIV.—H. Pesch, Der Staats socialismos (Stimmen aux. María-Laach, t. XLVI, 1894, p. 1 y sig.)

(7) Le Socialisme d'Etat (initio).

(8) Lehr und Haudbuch, I, págs. 38 y 63.--Rede über die sociale Frage (le Socialisme d'Etat, initio).

(9) Quelques mots d'explication, p. 23.

(10) Revue des Deux Mondes, t. CX, 1892, p. 99.


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