TEXTOS SELECTOS DE GRANDES ECONOMISTAS

 

Nassau William Senior (1790-1864)

Sobre las causas y soluciones de los disturbios presentes

Bellique causas et vitia et modos Tractas, et incedia per ignes Suppositos cineri doloso.

Por Nassau William Senior

Del Colegio Magdalen.

Profesor de economía política

Translated by Angela M. Arrey-Wastavino, Ph.D.

de la Segunda edición, Londres, John Murria, Albenarde Street., MDCCXXXI [sic] 


Para citar este texto puede utilizar el siguiente formato:

Senior, Nassau W.: "Causas y soluciones de los disturbios presentes" en Textos Selectos de Grandes Economistas accesible libremente en www.eumed.net/textos/


 

INTRODUCCION

Las siguientes charlas tienen poco que no sepan mis lectores, y aun menos que sea peculiar y exclusivamente apropiada a la emergencia presente. Fueron escritas y ofrecidas en un periodo de profunda tranquilidad, pero ahora estamos en un estado que requiere que se llame a cada individuo en la clase educada, y muchos deberán apoyar y ejecutar, e incluso en medidas originadas para calmar la población trabajadora, quienes no están lo suficientemente familiarizadas con los principios de acuerdo a los que este alivio se puede proveer. 

Bajo tales circunstancias, parece que la ventaja podría derivar de una explicación corta de las ambigüedades y de los errores que el más oscuro el tema de salarios -- el más difícil y el más importante de todos: las ramas de la economía política.

Mi objetivo principal, sin embargo, ha sido bosquejar la atención al asunto elemental, que el índice de salarios depende del grado del fondo para el mantenimiento de los  trabajadores, comparado con el número de trabajadores que se mantengan. Esta proposición es casi tan evidente que puede parecer apenas para merecer una declaración formal; incluso menos que para ser acogida como si fuera un descubrimiento. En realidad es obvio y trivial; pero, quizás, en eso mismo yace que se hayan descuidado sus consecuencias prácticas. En primer lugar, si se admite este asunto, muchas opiniones prevalecen frecuentes las que respetan los efectos del consumo improductivo, de maquinaria, y del libre comercio, deben ser abandonadas; y para demostrar esto, es el objetivo de la segunda y tercera de las conferencias siguientes. Y en el segundo lugar, se debe también continuar con el alza de índice de salarios, o, lo que es casi igual, mejorar la condición de las clases que trabajan, sólo aumentando el fondo para su mantenimiento, o disminuyendo el número de trabajadores que se mantendrán.

Los principales medios en los cuales -el fondo para el mantenimiento de trabajadores puede ser aumentado, es aumentando la productividad del trabajo. Y esto se puede hacer,--

Primero, permitiendo a cada hombre que ejerza de la manera en la que por su experiencia, encuentre más beneficiosa; liberando la industria de la masa de restricciones y  prohibiciones, y protegiendo los deberes, con los cuales la legislación, a veces en ignorancia bien intencionada, a veces en la compasión, y a veces en celo nacional, ha trabajado para aplastar o mal dirigir sus esfuerzos; y,

En segundo lugar, poniendo fin a ese sistema infeliz que, en los condados meridionales, ha disociado el trabajo de la subsistencia – ha vadeado no una cuestión de contrato entre el amo y el trabajador, sino un derecho, y un impuesto sobre el otro; y, quitando los motivos para el esfuerzo, se rende, tanto como ha sido posible, el no valuado trabajador de su contrato.

El único medio eficaz y permanente de prevenir el aumento indebido del número que se mantendrá, es levantar el carácter moral e intelectual de la población que trabaja; para mejorar, o, me temo que debemos decir, crear hábitos de la prudencia, del amor propio, y del dominio de sí mismo; igualar, como por naturaleza son igual, los salarios del soltero y casado, y ya no hacer la familia el pasaporte para la mesada. Pero éstas son necesariamente medidas graduales -- son preservativas, no remediadoras. El único remedio inmediato para un exceso real en una clase de la población, es el antiguo y probado, coloniam. deducere.

Es de gran importancia tener presente, que es no sólo la emigración el único remedio inmediato, sino que eso es un remedio preparatorio para la adopción y necesario para la seguridad de cada uno.

La causa principal de las calamidades que estamos atestiguando, ha sido el disturbio que las malas leyes, como se administra actualmente en el sur de Inglaterra, han creado la más extensa y más importante de todas las relaciones políticas, la relación entre el empleador y el trabajador.

El esclavo (usando la palabra en su sentido estricto) no puede elegir su dueño, su empleo, o su residencia; sus servicios enteros son propiedad del otro, y su valor, aunque alto, no le da ninguna derecho adicional. Por otra parte, le dan derecho a la subsistencia para si mismo y su familia: vestuario, hospedaje, alimento, atención médica -- todo, en  breve, lo que es necesario para mantenerle saludable y fuerte se le proporciona, por los mismos motivos, y con la misma liberalidad, que se proporcionan a los otros animales domésticos de su amo. Él está limitado a trabajar, y tiene el derecho a ser mantenido. La ociosidad extrema puede sujetarlo al latigazo, pero la diligencia extraordinaria no mejora su condición. Él es igualmente incapaz de ser beneficiado por el dominio de sí mismo, o el ser dañado por la adversidad. Mientras sea soltero, recibe mínima subsistencia; si tiene familia, sus mantenimiento sube en proporción exacta al suyo: el cheque prudencial a la población no existe -- es mantenido abajo, si es que existe, bajo opresión de parte del amo, o del vicio del esclavo. Ésta, a pesar de los varios grados de mitigación que han sido introducidos por costumbre o por la ley, es en sustancia la condición de los esclavos, dondequiera que exista la esclavitud.

En tal país una señal de socorro comienza, no, como en el caso de un país libre, con los círculos más bajos, sino con el más alto. Un mal sistema, por lo tanto, puede continuar allí por largo tiempo, porque la clase afectada está lejos de caer; y, por la misma razón, la ruina, cuando viene, es repentina e irrecuperable. Mientras que el mal gobierno, por impuestos excesivos o equívocos, por restricciones comerciales, permitiendo la inseguridad de la persona o la propiedad, aplicando cualquier estímulo artificial a la población, o bajo cualquiera de sus numerosas formas, está perdiendo gradualmente la plusvalía que pertenece a los propietarios y a los capitalistas, la población de esclavos apenas sienten sus efectos. La subsistencia es todo a lo que se les da derecho, y eso es lo que reciben mientras su trabajo produzca. Pero al instante que la plusvalía se ha ido, y señal de perturbación  alcanza a aquellos cuya previa mantenimiento era solamente igual a sus necesidades, ¿qué hay entre ellos y la destrucción absoluta? Si los males que han sido acumulados por largo tiempo en algunas de nuestras islas de las Indias del oeste hubieran afectado un país libre, la población entera se habría levantado para repararlas. Pero hasta ahora, han alcanzado solamente al dueño de los esclavos. Él ha encontrado que su propiedad gradualmente ha perdido valor; él ha encontrado que los esclavos cada año consumen una proporción más grande y más grande de lo que él produce; pero igualmente todavía tiene algo que perder: y mientras que ése es el caso, la situación de ellos no se ve afectada. Cuando el producto total ha llegado a ser solamente suficiente alimentar a los negros, -- una época que, bajo actual sistema, está avanzando rápidamente en algunas de las islas más antiguas, -- los blancos deben abandonar los esclavos como especto moral y mal físico, los esclavos desamparados por la carencia de educación y desesperados, mutuamente sufrirán lo infligido (1)

El hombre libre (usando ese término en su significado completo) es el amo de sus esfuerzos, y de su residencia. Él puede rechazar lo ofrecido, o cambiar el empleo, en el cual su trabajo ha llegado a ser improductivo. Como él puede rechazar trabajar del todo, puede pedir servicios cualquier remuneración que él piense que sea justa; pero como nadie está limitado a comprar sus servicios, y mientras que nadie está obligado a abastecerle con alimento, ropa, o cualquiera de lo necesario de la vida, él está forzado, si desea subsistir, a seguir el sistema, y permanecer en el hospedaje, y ejerce la diligencia que hará de sus servicios dignos de compra; y por la misma necesidad que fuerza el capitalismo a ofrecerle salarios por intercambio de ellos. Y el acuerdo se ha hecho, tal como el resto del mercado libre, por los valores comerciales respectivos ofrecidos por el mercado por el intercambio. Como el matrimonio no tiene ninguna tendencia a aumentar el valor de su trabajo, no ejerce ninguna tendencia a aumentar su remuneración. Lo difiere, por lo tanto, hasta que los ahorros que a producido mientras fuera soltero, se conviertan en un fondo para resolver los costos de una familia; y mantienen un abaja población debido al único cheque que guarda que consiste en bienestar moral o físico -- un cheque prudencial:

A este estado de cosas hay un acercamiento estrecho entre las clases que trabajan en los distritos más avanzados del continente de Europa, en las tierras bajas de Escocia, e incluso a lo largo del imperio británico, entre los mas educados de esas clases que derivan su principal sustento de sus esfuerzos, incluyendo profesionales, criados domésticos, artesanos expertos, y la porción de los comerciantes cuyas ganancias son, de hecho, principalmente los salarios de su propio trabajo.

Las malas leyes, administradas en los distritos meridionales de Inglaterra, son una tentativa de unir las ventajas irreconciliables de la libertad y el servilismo. El trabajador debe ser un agente libre, pero sin los peligros de la agencia libre; estar libre de la coerción, pero gozar de la asegurada subsistencia del esclavo. Se espera que sea diligente, que no tenga ningún miedo de avanzar; siempre y cuando, su pago aumente mientras su familia aumenta; unido a un amo que lo emplea de acuerdo a resoluciones de la sacristía; y agradecido por la mesada que los magistrados ordenan para el como derecho.

En el estado natural de la relación entre el capitalista y el trabajador, cuando la cantidad de salarios que se pague, y de trabajo que se haga, sean los temas de abierta negociación; cuando el trabajador sepa lo justo que debe obtener por sus servicios valen para su patrón, él debe sentir cualquier caída en el precio de su trabajo como un demonio, pero no es probable quejarse de él como injusticia. El mayor esfuerzo y una economía más severa son sus primeros recursos en señal de debilidad; y lo qué él no puede proveer, él lo recibe con gratitud del benévolo. La conexión entre él y su amo tiene el benevolencia de una asociación voluntaria, en la cual cada sector está consciente del beneficio, y cada uno siente que su propio bienestar depende, hasta cierto punto, del bienestar del otro.

Pero los salarios instantáneos dejan de ser negociados --  cuando el trabajador es pagado, no según su valor, sino de lo que el desea, deja de ser un hombre libre. Adquiere la indolencia, la improvisación , la rapacidad, y la malignidad, pero no la subordinación de un esclavo. ¿Le dicen que él tiene derecho a los salarios, pero está el limitado para trabajar? ¿Quién debe decidir que debe trabajar o que tan duro trabaja, o a cómo él trabaja? ¿Quién decide a qué cantidad de salario tiene derecho? Hasta ahora, la decisión ha sido tomada por los observadores y los magistrados. Pero eran partes interesadas. El trabajador debe pensar como corregir esa decisión. En el presente él piensa que tiene el derecho a 2 veces 3 días libres en invierno, y 2 veces 6 días en verano. Y nuestra única esperanza, parece ser, que la promesa de tales salarios le soborne para quedarse sin protestar. ¿Pero quién puede dudar que él medirá sus derechos por sus deseos, o que sus deseos se extenderán con la perspectiva de su satisfacción? La actual marea no puede completar la inundación, sino que será un error terrible si confundimos el reflujo con un retroceso permanente de las aguas. Una abertura se ha hecho en el malecón, y con cada siguiente erupción que tenga éxito se abrirá cada vez mas. Lo que estamos sufriendo no es nada en comparación  con lo que viene. El año próximo, quizás, el trabajador pensará que es injusto que deba tener menos de 4 días en invierno, y 5 en verano; ¡-- y aflíjanse los tiranos que le niegan su derecho!

Es verdad, que tal derecho puede no ser cumplido permanentemente; -- es verdad, que el trabajador se quema el almacenamiento de maíz que tiene para subsistencia por el año -- si se consume en ociosidad o alborota el tiempo y los esfuerzos de los cuales la cosecha del año próximo depende -- si malgasta extravagantemente su salario, o se va a países extranjeros, el capital que es de apoyo para  asistir y rendir  un trabajo productivo, será la víctima más grande de la ruina común.. Aquellos que tienen propiedades pueden escaparse con una porción de ella a algún país en el cual sus derechos sean protegidos; pero el trabajador debe permanecer gozando su propio trabajo -- sentir que las recompensas verdaderas por pillaje y la devastación fueron su deseo y su enfermiza administración.

¿Pero las consecuencias del actual sistema alguna vez se le han explicado al trabajador? No tiene derecho a buenos salarios, ecos en todas las partes del país que no se le ha dicho -- ' vive en la tierra que es la que te alimenta?' ¿No es acaso honorable el que ha puesto este lema a su trabajo, que asuma, que el trabajador alimentado es prácticamente inagotable? ¿Y pueden las palabras más fuertemente implicar que sus sufrimientos se presentan debido a la injusticia de sus superiores? ¿Acaso los magistrados y los propietarios no han recomendado la destrucción, o, lo que es lo mismo, ambos en efecto en principio, el desecho de las maquinarias en las cuales el objeto es rendir más eficientemente en la producción de los artículos consumidos por el trabajador -- en la producción del mismo fondo en el grado de el cual, comparado con el número que se mantendrá, depende la cantidad de salarios? ¿Y hay diferencia verdadera entre esta conducta y quemar de una yarda de almacenamiento? Las máquinas trilladoras son el actual objeto de la hostilidad, los arados serán las siguientes; las espadas entonces serán encontradas para disminuir el empleo; y cuando haya sido penalizado para dar ventaja al trabajo por cualquier herramienta o cualquier instrumento, el último paso debe deber prohibir el uso de la mano derecha.

¿Los suficientes dolores para exponer la absurdidad qué aparece tan obvia al populacho -- que los propietarios deban reducir sus alquileres y al clero su diezmo, para dar al granjero salarios mejores? Si el granjero tuviera su tierra para nada, no sería de su interés dar a ningún hombre más salarios por el trabajo de un día que lo que valga un día de trabajo. Sería mejor sin duda, ser pagado como impuesto; ¿pero por qué debe el granjero pagar ese impuesto más que el médico o el comerciante? ¡Si el granjero debe emplear, en este índice avanzado de salarios, sólo a quién él elige, el peligro se verá aumentado, puesto que él empleará solamente un número más pequeño de trabajadores cuyo trabajo valga la pena su incremento de pago. Si debe emplear una cierta proporción de trabajadores, sin embargo numerosa, en su parroquia, de hecho, debe pagar alquiler y diezmo como antes, con la única diferencia solamente, ésa deben ser pagada a los mendigos, en vez del propietario y ministro eclesiástico; y que el pago no es una suma fija sino indefinida, y una suma que cada año debe aumentar. en una proporción acelerada, así como aumenta la acometida de la población para llenar este nuevo vacío, alquiler, los diezmos, el beneficios, intereses y capital, son todos consumidos, y el pauperismo produce lo que se puede llamar efectos naturales – porque son los efectos que, si es desenfrenado, debe producir en última instancia -- hambre, pestilencia, y guerra civil.

Para que este país pueda preservar su prosperidad, o aún su existencia social, si el estado de la sensación que he descrito se hace universal entre las clases más bajas, creo que nadie será capaz de mantener. Que es extensivamente frecuente, y que, bajo actual administración de las equivocadas leyes, en un período no alejado, serán universales en los distritos meridionales, me aparece igualmente claro. ¿Pero quién, en el estado actual de esos distritos, se aventurará a ejecutar una alteración verdadera y eficaz de las malas leyes? Removida por la emigración, el pauperismo que ahora oprime esos distritos, y tal alteración sigue siendo difícil, y dejará de ser impracticable.

Una vez más las leyes del maíz, por su tendencia a subir el precio por la subsistencia, por la ruina que han infligido en la negociación interna, y el estímulo que han dado al aumento de la población agrícola, sin la duda están entre las causas de la actual señal de ayuda; y si, mientras la población de Inglaterra y de País de Gales continúa aumentando en el índice de 500 personas al día, la introducción del maíz extranjero está sujeta, bajo precios ordinarios, a un impuesto prohibitivo, esas leyes llegarán a ser cada día más dañinas, y menos remediables. Pero la abrogación de esos leyes, no obstante gradual (y solamente una abrogación gradual puede ser pensada), bajo la actual presión del pauperismo, tiende a  agravar el problema agrícola. Aligerando esa presión,  podemos invertir gradualmente al único sistema seguro -- el sistema de la libertad.

Esta observación, es de hecho solamente un ejemplo de una regla general. La naturaleza ha decretado que el camino a lo bueno será hecho a lo largo del mal -- que ninguna mejora ocurrirá que no sea acompañada por ventaja general y por sufrimiento parcial. El remedio obvio es enviar el trabajo que ha dejado de ser provechoso, a un país que pueda pagar sus esfuerzos. Pocas invenciones, durante el actual siglo, han conferido mayores ventajas a las clases que trabajan que aquella del telar mecánico. Disminuyendo el costo de la ropa, ha sido una fuente, no simplemente de la comodidad, sino de la salud y de la longevidad. Pero su efecto próximo era esparcir la ruina entre los tejedores artesanales;

reducir casi todos a una subsistencia mísera, y muchos a la más despreciable posición. Desde su introducción, millares han caído en la miseria, no aliviada ni siquiera por la esperanza; sin expectativa racional, pero asegurando que el año será más calamitoso que el pasado: y esto sin falta, sin miopía uniforme.' Si se ha pensado que el retiro de un compañero-criatura de la miseria a la felicidad, este vale 12 Libras Esterlinas, puede que ahora hayan formado un floreciente enclave en América británica.

La hostilidad de muchos, junto con la indiferencia de casi todos los otros, a cualquier plan sistemático de emigración, es un suelo para arrepentirse y alarmarse, considerada no solamente como causa, sino como un síntoma. Es una prueba lamentable de la ignorancia en cuanto al estado verdadero del país, o del descuido en cuanto a su bienestar, o de una determinación para no hacer ningún sacrificio para su mitigación.

Se dicen que la emigración sería costosa, y nos dicen otra vez que el vacío sería llenado.

Es verdad, quitar un millón de personas puede ser que, quizás, que cueste 12,000,000 de Libras Esterlinas; es decir, puede costar tanto como el gasto directo de una guerra de tres meses; y que un gasto de 12,000,000 de Libras Esterlina es un mal. Pero en primer lugar, se ha demostrado(2) que el costo de mantener mendigos en el país es mucho mayor que el sacarlos. Es necesario repetir, aunque se ha comentado a menudo antes, que el alivio es producido no solamente por los individuos que emigran, sino por al número mucho mayor que permanece. Si hay 450 trabajadores en un distrito que requieren del empleo de tiempo completo, y produzca la subsistencia completa de solamente 400, todo, o casi todo, tambaleará, y por la emigración de cincuenta todos se aliviarán. Y, en el segundo lugar, incluso si el costo de quitar a una porción de nuestro superhábit de población, es ningún costo más allá del costo de su mera subsistencia y a la que se le temerá su presencia? Si la actual insurrección se expande (y él se expandirá si se le dice al  campesino, como prácticamente ya se le ha dicho, que por los disturbios y la rebelión, el encarcelamiento será de tres días como castigo, y una subida de salarios la recompensa); si el depredador del país reacciona, pues reaccionará, en las ciudades; si, cuando el comercio comience a languidecer, los fabricantes principales, según su última práctica, despiden a sus trabajadores, y los manufactureros por su lado, destruyen la maquinaria; ¿si las fundaciones, no simplemente de nuestra riqueza, sino de nuestra existencia, son así impedidas, ¿ representan la pérdida doce millones, o veinte millones, o aún cientos millones  de libras esterlinas?

Es verdad, eso si adoptamos medidas preventivas, si persistimos enceguecidos en nuestro curso del error, el alivio temporal producido por la emigración se acabará, y el vacío, en dieciséis o diecisiete será llenado. ¿Pero no es cierto que no nos beneficiarnos por la experiencia? ¿Tenemos el derecho, o, más bien, se nos empuja a asumir, que asuma, como un enlace del argumento, que nosotros y nuestros sucesores debemos estar locos? ¿Si un hombre ha malgastado su dinero, es absolutamente cierto que podemos hacerle ningún bien pagando sus deudas, en base a que si continúa gastando sin pensar, él estará envuelto otra vez tan profundamente como siempre? ¿E incluso asegurando que el vacío será llenado, no se obtendrá nada en el plazo de dieciséis años? ¿-- han resistido a la tormenta existente? ¿-- han finalizado la crisis en un período que puede ser más favorable, y no puede ser posible menos aún?

Nos dicen que los trabajadores forman la fuerza del país, y que para disminuir su número se debe incurrir voluntariamente en insustancialidad. ¿Pero el mendigo, -- el hombre a quien el trabajo no es digno de su subsistencia, que consume más que produce, -- es él quien se suma a la fuerza del país? Cuando oigo tales observaciones, deseo hace una pausa a la cabecera del paciente apopléjico, y oír cuidadosamente a la enfermera y a los amigos que le prohíben la lanceta de cerámica. ' La sangre, ' dice uno, ' es la ayuda de la vida: cómo puede usted pensar en disminuirla en un estado actual de tal debilidad ' ' si usted lo disminuye, grita otro, ' con sus hábitos de vida libre, será renovado; en un año el vacío será llenado.' ¿Pero es imposible que la sangre pueda estar en exceso? ¿Es cierto que sus hábitos no se pueden cambiar? ¿Le dejamos morir lentamente, debemos tener que desangrarlo otra vez en un año más?

Se observa, que he asumido que los mendigos están dispuestos a emigrar. Lo han hecho, es indiscutible: Espero, casi había dicho confío que, que todavía continúen haciéndolo. Pero si se les permite, para reparar el trabajo que da, y los salarios que deben recibir; si se deben ayudar a si mismos, mientras dure, basado en  la entera propiedad del país, es demasiado esperar que no prefieran la ociosidad, el alboroto, y pillaje en su país, para subsistir, al amplia, ser obtenido por el esfuerzo y tesón de trabajo en el exterior. Pero  esto muestra solamente el peligro, la locura del retardo. Mientras estamos deliberando, o incluso antes que hayamos comenzado a deliberar, ' el momento para aplicar el remedio ya ha pasando.

Hasta ahora, ha sido común defender cada práctica existente como conforme al sentido común, en oposición a los esquemas visionarios de teóricos políticos; para abogar por la experiencia en favor de todo que ha prevalecido por largo tiempo, y desaprobar nuevos experimentos. Es tiempo culminante para los que profesan venerar la experiencia, demostrar que pueden aprender de ella. ¿Qué nos ofrece a lo que se tiene prejuicio común, reinando bajo título de sentido común? ¿ Los hombres prácticos que han administrado hasta ahora nuestro sistema de leyes pobres nos han protegido de caer al borde de la ruina? ¿O han sugerido medios eficaces para detener nuestra caída? El sentido común, si es que hay tal cosa en el país, ahora de seguro finalmente, esbozará un testimonio a la verdad de la máxima de Bacon, que él que trae nuevos remedios, debe contar con nuevos males!'

 Lincoln Inn, Diciembre 3 de 1830.


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