TEXTOS SELECTOS DE GRANDES ECONOMISTAS

 

Nassau William Senior (1790-1864)

Charla 1 sobre la Tasa de los Salarios
Ofrecida en la universidad de Oxford,
en el término de Pascua de Resurrección 1830
Con una introducción sobre las causas y soluciones de los disturbios presentes

Bellique causas et vitia et modos Tractas, et incedia per ignes Suppositos cineri doloso.

Por Nassau William Senior

Del Colegio Magdalen.

Profesor de economía política

Translated by Angela M. Arrey-Wastavino, Ph.D.

de la Segunda edición, Londres, John Murria, Albenarde Street., MDCCXXXI [sic] 


Para citar este texto puede utilizar el siguiente formato:

Senior, Nassau W.: "Conferencia sobre la Tasa de Salarios" en Textos Selectos de Grandes Economistas accesible libremente en www.eumed.net/textos/


CONFERENCIA I

 Definición de Salarios Altos y Bajos

Los trabajadores forman la masa de cada comunidad. Investigar las causas que afectan los salarios es, por lo tanto,  la rama más importante de la economía política. En las conferencias siguientes propongo, primero, explicar algunas ambigüedades en los términos altos y bajos salarios; en segundo lugar, indicar la causa aproximada que regula la cantidad de salarios; y finalmente, exponer algunos errores frecuentes referente a la causa; dejando las remotas, la causa de aproximada, para discutirlas en un curso subsiguiente.

Los salarios son la remuneración recibida por el trabajador como recompensa por ejercer sus facultades de mente y cuerpo; y se llaman altos o bajos, en proporción con el grado de esa remuneración. Ese grado ha sido estimado por tres diversas medidas; y las palabras altos y los bajos salarios, por lo tanto, se han utilizado en tres diversos sentidos.

Primero. Los salarios llamados altos o bajos, según la cantidad de dinero ganada por el trabajador dentro de un período dado, sin ninguna referencia a las materias que ese dinero compraría; así decimos que los salarios han surgido en el reinado de Enrique VII, porque el trabajador ahora recibe 1 centavo cuando trabaja 6 días, o 2centavos al día por un solo día, y solamente puede recibir 4 días y medio.

Segundo. Se han llamado altos o bajos, según la cantidad y la calidad de las comodidades obtenidas por el trabajador, sin ninguna referencia a sus recibos en dinero; como cuando decimos que los salarios han caído desde el reinado del Enrique VII, porque el trabajador entonces ganó dos raciones de trigo al día, y ahora gana solamente una.

Tercero. Se han llamado alto o bajo, según la parte o la proporción que el trabajador recibe del producto de su propio trabajo, sin ninguna referencia a la cantidad total de ese producto.

La primera nomenclatura que mide salarios simplemente por su cantidad en dinero, es la más popular. La segunda, es la que considera salarios simplemente referente a la cantidad y a la calidad de las comodidades recibidas por el trabajador, o hablando más correctamente, comprable con sus salarios de dinero, era la adoptada generalmente por Adam Smith. La tercera que considera salarios como altos o bajos, simplemente referente a la parte o a la proporción que el trabajador produce, la que fue introducida por el Sr. Ricardo, y ha sido usada por muchos de sus seguidores.

Este último uso de los términos salarios altos y bajos siempre me ha aparecido uno de los más desafortunados de muchas innovaciones del Sr. Ricardo en el lenguaje de la economía política. En primer lugar, tiene una tendencia a retirar nuestra atención, incluso cuando formamos arcos en el tema de salarios, en los hechos que la más influencian la condición del trabajador. Para comprobar si sus salarios son altos o bajos, debemos investigar, no si él es enfermo o pagado bien, -- no si él está bien o mal alimentado, o arropado, o alojado, o calentado, sino que simplemente qué proporción de lo que él produce retorna a él. Durante los cuatro o cinco años pasados, muchos tejedores artesanos han recibido solamente 8 centavos por 3 días por producir, por el esfuerzo de una quincena, una tela que el capitalista ha vendido para 8 centavos por 4días Un comerciante del carbón a menudo paga a sus hombres dos Guinea a la semana, y carga a sus patrones para sus servicios dos Guineas y  media. Pero, según la nomenclatura del Sr. Ricardo, los salarios del tejedor, en 4 centavos por 1 día, por una semana, es mucho más alta que las del carbonero por dos Guinea, puesto que el tejedor recibe 99 por ciento del valor de su trabajo, mientras que el carbonero tenía solamente 80 por ciento.

E incluso si la nomenclatura en cuestión estuviera libre de esta objeción -- incluso si el punto en el que se fija la atención fuera el más importante, en vez de ser el menos incidente en los salarios, todavía sería ser inconveniente por su oscuridad. Ningún escritor puede esperar ser constante en el uso de palabras familiares en un sentido siempre diferente de su significado establecido, y a menudo directamente opuesto a él; aún puede espera menos ser entendido siempre. Incluso el Sr. Ricardo, aunque él profesa decir que los altos salarios en gran proporción, en varios lugares son considerados como productivos de las consecuencias que continúan sólo si quiere decir una gran cantidad. Y sus seguidores y opositores tienen, casi uniformemente, supuesto que esas palabras signifiquen una gran cantidad. Desde la publicación del trabajo de Sr. Ricardo, se ha recibido como axioma, entre los aficionados en la economía política, que, según las doctrinas establecidas en ciencia, los altos salarios y los altos beneficios son incompatibles; y, por lo tanto, que cualquiera las doctrinas principales de la economía política son falsas, o los intereses y que el trabajador y el capitalista siempre son directamente opuestas la una a la otra. La opinión anterior ha sido adoptada por la gran clase que no pone atención a lo que leen; los últimos, por la gran clase que no pone atención a lo que ve.

Los dos otros significados de las palabras altos y bajos salarios, que se refiere al dinero, y el que refiere a las comodidades recibidas por el trabajador,  ambas son igualmente convenientes, si consideramos el índice de salarios en el mismo tiempo y lugar; para entonces ambos significan lo mismo. En el mismo tiempo y lugar, el trabajador que recibe los salarios más altos recibe necesariamente la mayoría de las comodidades. Pero cuando nos referimos a diversos lugares, o diverso tiempo, las palabras altos o  bajos salarios dirigen la atención a sujetos muy diversos, así los entendemos como más o menos en dinero, o más o menos en comodidades. Las diferencias que han ocurrido en la cantidad de dinero en diverso tiempo/horas, nos informa apenas como abundancia o escasez de los metales preciosos de aquellos tiempos: hechos que son raramente de mucha importancia. Las diferencias en la cantidad de salarios en dinero en diversos lugares en la misma línea de tiempo, son de mucho más importancia, puesto que indican los diversos valores del trabajo de diversos países en el mercado general del mundo. Pero incluso estas diferencias no producen ninguna premisa, de las cuales la condición positiva de las clases trabajadoras, en cualquier país, se puede deducir, solamente como argumentos imperfectos para estimar su condición relativa. Los únicos datos que nos permiten comprobar la situación real de los trabajadores en cualquier hora y lugar dado, o su situación comparativa de diverso tiempo y lugar, son la cantidad y la calidad de las comodidades que forman sus salarios, si está pagado de acuerdo, o con comprables con sus salarios, si está pagado en dinero. Y como la situación real o comparativa del trabajador es el objetivo principal de la investigación siguiente, yo utilizaré la palabra salario para expresar, no el dinero, sino las comodidades, que el trabajador recibe; y consideraré alza de salarios como la cantidad o la calidad de esos beneficios que aumentan o mejoran, o que caen así como la cantidad o calidad que disminuye o se deteriora.

Es obvio, también, que la situación del trabajador no depende de la cantidad que él recibe en cualquier momento, sino del promedio que recibe durante un período dado -- durante una semana, un mes, o un año; y que cuanto más largo es el período considerado, más exacta será la estimación. Los salarios semanales tienen, por supuesto, más tendencia a la igualdad que los diarios, y los anuales mas que mensuales; y, si podríamos comprobar la cantidad ganada por un hombre durante cinco, o diez, o veinte años, debemos saber su situación mejor que si concentráramos nuestra atención a un solo año. Hay, sin embargo, mucha dificultad en comprobar la cantidad de salarios durante períodos muy largos, por lo que pienso, un solo año será lo mejor que podemos tomar. Esto comprende que, en la mayoría de los climas, son muy diferentes, salarios de verano y de invierno; esto comprende también el período durante el cual las producciones de vegetales más importantes vienen a su madurez en climas templados, y en esa cuenta han sido adoptados generalmente por los economistas políticos pues es el período medio para el cual el capital se supone que avanzada.

Debo observar, que incluyo, como parte de los salarios del trabajador casado, los de su esposa y niños no independientes. Omitirlos conduciría estimaciones inexactas en la situación comparativa de los trabajadores en diversos países, o en diversas ocupaciones. En esos empleos que se continúen bajo riesgo, y con la ayuda de esa maquinaria que produce energía, y requiere la ayuda humana solamente para su dirección, la industria de una mujer, o un niño, se acerca en eficacia a esa de un hombre adulto. Una muchacha de catorce puede manejar un telar automático casi como su padre; pero donde la fuerza, o la exposición a las estaciones, se requieren, poco puede hacer la esposa, o las muchachas, o aún los muchachos, hasta que alcanzan la edad en la cual generalmente dejan la casa de su padre. Las ganancias de la esposa y de niños de muchos tejedores o hilanderos de Manchester exceden, o están a la par con los otros. Los de la esposa y de los niños de un trabajador agrícola, o de un carpintero, o del carbonero, son generalmente poco importantes -- mientras que el marido, en cada caso, recibe 15 centavos por semana; la renta semanal de la una familia puede ser de 30 centavos, y el del otro solamente 17 o 18.

Debe ser admitido sin embargo que el trabajador no conserva el total de la ventaja pecuniaria aparente. Sacan la esposa de los trabajos de casa, y una parte de los salarios se emplea en comprar, lo qué pudo de otra manera ser producido en casa. Las inconveniencias morales siguen siendo mayores. Los bebés sufren de atención maternal, y los que son más grandes de la deficiencia de educación religiosa, moral, e intelectual, y relajación y entretención infantiles. El establecimiento de guarderías infantiles y escuelas de domingo, y las leyes que regulan el número de horas durante las cuales los niños pueden trabajar, son paliativos de estos males, pero deben existir en cierto grado, cuando el trabajo de la esposa y de los niños es tema de venta; y sin embargo dentro de términos de economía política nunca debe ser omitido, en ninguna estimación de causas que afecten el bienestar de las clases trabajadoras.

El último punto el cual tengo que llamar su atención es la diferencia entre el índice de salarios y el precio del trabajo.

Si los hombres fueran los únicos trabajadores, y si cada hombre trabajara uniformemente, y por el mismo número de horas, durante el año, estas dos expresiones sería sinónimo. Si cada hombre, por ejemplo, trabajara trescientos días durante cada año, y diez horas durante cada día, un tercio de milésima parte de los salarios anuales de cada hombre sería el precio del trabajo de una hora. Pero ninguna de estas proposiciones es verdadera. Los salarios anuales de una familia incluyen a menudo, como nosotros hemos visto, los resultados del trabajo de la esposa y los niños. Y pocas cosas son menos uniforme que el número de días laborables durante el año, o las horas/trabajo, o el grado de esfuerzo experimentado durante esas horas.

Los días de fiesta anuales establecidos en los países protestantes; son entre cincuenta y sesenta. En muchos países católicos exceden de cien. Entre los Indúes, se dice que ocupan casi la mitad del año. Pero estos días de fiesta se confinan a cierta porción de la población; el trabajo de un marinero, o un soldado, o un simple criado, admite apenas alguna distinción de días.

Una vez más en latitudes norteñas y meridionales, las horas del trabajo al aire libre son limitadas por la duración de la luz; y en todos los climas por el tiempo. Cuando el trabajador labora bajo techo, las horas de trabajo diarias pueden ser uniformes a lo largo del año. Independientemente de las causas naturales, las horas del trabajo diarias varían en diversos países, y en diversos empleos en el mismo país. Las horas del trabajo diarias son, quizás, más largas en Francia que en Inglaterra, y, son ciertamente más largas en Inglaterra que en Indostán. En Manchester, el manufacturero trabaja generalmente doce horas al día; en Birmingham, diez: en Londres en un taller se emplea raramente más de ocho o nueve.

Aún hay más discrepancia entre los esfuerzos hechos por diversos trabajos en un período dado. Son a menudo no susceptibles a la comparación. No hay medida común en trabajos experimentados por un minero y un sastre, o de los del taller o de los fundidores de hierro. Y el trabajo que es igual en clase, puede variar indefinidamente en intensidad. El hombre de los testigos examinados por el Comité de Artesanos y  Maquinaria (sesión de 1824) eran los fabricantes ingleses, que habían trabajado en Francia. Están de acuerdo en cuanto a la indolencia comparativa del trabajador francés, incluso durante sus horas de empleo. Uno de los testigos, Adán Young, había trabajado dos años en uno de las mejores manufactureras de Alsacia. Le preguntaron: ' usted encontró a hilanderos allí tan industriosos como los hilanderos mecánicos en Inglaterra?' y contestó, ' no; un hilandero en Inglaterra hará dos veces el trabajo de un francés. Se levantan a las cuatro de la mañana, y trabajan hasta las diez de la noche; pero nuestros hilanderos harán el mismo trabajo seis horas, como el que ellos harán en diez.'

' Tenía empleados franceses usted?' -- ' sí; ocho, a dos francos por día.'

' qué ganaba por día?' -- ' doce francos.'

' supongamos que tuviese ocho hilanderos ingleses a sus ordenes, cuánto más trabajo habría podido usted hacer?' -- ' con un inglés, habría podido hacer más que 1 hizo con esos ocho franceses. No puedo llamar trabajo lo hacen: es solamente lo que se ve, y lo que se está deseando hacer.'

' hacen los franceses su hilado en un mayor costo?' -- ' sí; aunque sus manos cuestan menos salario que en Inglaterra.' -- pp. 590, 582.

Incluso en el mismo país, y en los mismos empleos, las desigualdades se observan constantemente. Todos están enterados que mucho más esfuerzo es experimentado por el trabajador especializado que por el jornalero; por el jornalero independiente que por el mendigo; e igualmente por el mendigo que por el convicto.

Es obvio que el índice de salarios es menos probable que sea uniforme que el orgullo por trabajo, pues la cantidad de salarios será afectada, en primer lugar, por cualquier variación en precios, y, en segundo lugar, por cualesquier variación en la cantidad, del trabajo ejecutado.

El promedio de salarios anuales medios de trabajo en Inglaterra, es tres veces más alto que en Irlanda; pero como dicen que el trabajador en Irlanda no hace más de la mitad de lo qué es hecho por el trabajador en Inglaterra, el precio del trabajo puede, en ambos países similar. En Inglaterra, el trabajador especializado gana mucho más que el jornalero; pero como es ciertamente provechoso que se le emplee, el precio de su trabajo no puede ser más alto. Se puede suponer, de hecho, que el precio del trabajo está en todas partes, y siempre, iguales; y, si no hubiera causas que perturbaban, -- si todas las personas supieran perfectamente sus propios intereses, y lo siguieran, y no hubiera dificultades en la trasladar el capital y el trabajo de lugar a otro, y de empleo en empleo, -- el precio del trabajo, al mismo tiempo, sería igual en todas partes. Pero estas dificultades ocasionan que el precio del trabajo varíe materialmente, incluso al mismo tiempo y mismo lugar; y las variaciones, en ambos: cantidad de salarios y precio del trabajo en diversos momentos, y en diversos lugares, son ocasionadas, no solamente las causas, sino por otras que serán consideradas en el curso subsiguiente.

Estas variaciones afectan muy diferentemente al trabajador y a su patrón. El patrón está interesado en mantener bajo del precio del trabajo; pero mientras ese precio sigue siendo el mismo, mientras se de un gasto y se de una cantidad de trabajo hecho, su situación “sigue inalterada. Si un granjero puede conseguir un campo arado por 12 al día. Es indiferente para él si es que paga  la suma total a tres trabajadores capitales, o por cuatro ordinarios. Los tres recibirían salarios más altos que los cuatro, pero como harían proporcionalmente más trabajo, su trabajo termina siendo igualmente barato. Si los tres se pudieran emplear a l0 centavos cada uno, los cuatro requerirían 3 Libras Esterlinas cada uno, aunque los salarios de los tres fueran más altos, el precio del trabajo hecho por ellos sería más bajo.

Es cierto que las causas que alzan la cantidad de los salarios del trabajador elevan a menudo el índice de los beneficios del capitalista. Éste; al incrementar la industria, un hombre realiza el trabajo de dos, la cantidad de salarios y el índice de ganancias será generalmente elevado. Pero el índice de ganancias se elevará, no por el alza de salarios, sino como consecuencia de la fuente adicional de trabajo que disminuye su precio, o habiendo disminuido el período por el cual había sido previamente necesario elevar ese precio.

El trabajador, por otra parte, está principalmente interesado en la cantidad del salario. La cantidad de salario que es dado, es interesante que el precio de su trabajo deba ser alto, porque de eso depende ciertamente el grado de esfuerzo impuesto. Pero si la cantidad de su salario es bajo, él comparativamente debe ser pobre, si esa cantidad es alta, él debe ser comparativamente rico, cualquiera sea su remuneración por cada acto específico de esfuerzo. En un caso él tendrá ocio y deseo, -- en el otro, el trabajo y la abundancia. Estoy lejos de pensar que los males del trabajo severo e incesante, o las ventajas de cierto grado de ocio, deban ser dejados fuera en cualquier estimación de felicidad. Pero no es con felicidad, sino con abundancia, en lo que estoy interesado como economista político; y no sólo se justifica omitir, sino, quizás, estoy limitado a omitir, todas las consideraciones que no tengan ninguna influencia en la abundancia. De hecho, sin embargo, abundancia y felicidad muy raramente están en contraposición. La naturaleza, cuando impuso ante el  hombre la necesidad de trabajar, templó su repugnancia haciendo la continuada inactividad dolorosa, y fuertemente asociando al esfuerzo la idea de su recompensa. Los pobres y el trabajador irlandés de medio tiempo, o el más pobre inmóvil y, salvaje menos industrioso, es tan inferior en felicidad como el artesano inglés está atado a su duro trabajado. La industria del inglés puede a veces ser excesiva, su deseo de mejorar su condición puede conducirlo a veces a trabajos productivos mal compensados por el aumento de su salario, pero ese no es el caso, probado generalmente comparando la actual duración de la vida en Inglaterra con su duración anterior, o con su duración en otros países. Se admite generalmente, que durante los cincuenta años pasados, un marcado incremento ha ocurrido en la industria de nuestra población de manufactureros, y ahora son quienes trabajan más duros en el mundo. Pero durante todo ese período la duración promedio de sus vidas ha aumentando constantemente, y aparece todavía aumentar más: y a pesar de lo no-saludable evidente en muchas de sus ocupaciones, a pesar de que la atmósfera de humo y de vapor en la cual trabajan por setenta y dos horas a la semana, ellos gozan de una vida más larga que los habitantes de trabajados ligeros en los suelos y  climas más favorables. La mortalidad promedio entre naciones salvajes es más grande de lo que se sabe. En el continente Europeo es cerca de uno en treinta y cuatro. En Inglaterra, alrededor de un siglo atrás, cuando más de mitad de nuestra población era agrícola, se suponía que era uno en treinta; cincuenta años atrás se calculaba una en cuarenta; hace treinta años una en cuarenta y siete; hace veinte años una en cincuenta y dos. Ahora, cuando dos tercios de nuestros trabajadores son manufactureros, y más de un tercio vive en ciudades, se estima a la uno en cincuenta y ocho.


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