TEXTOS SELECTOS

 

LA ECONOMÍA DE LAS DONACIONES INTERNACIONALES

Por Kenneth Boulding

Capítulo sexto del libro: "La Economía del Amor y del Temor", Ed. Alianza Editorial, Madrid, 1976. The Economics of Love and Fear - A Preface to Grants Economics, Ed. Wadsworth Publ. Co. Belmont CA, USA, 1973.


Para citar este texto puede utilizar el siguiente formato:

Boulding, Kenneth E.: "La Economía de las Donaciones Internacionales" en Textos Selectos de EUMEDNET. Accesible a texto completo en http://www.eumed.net/textos/07/boulding-donaciones.htm


El sistema internacional, que incluye las transacciones de todo tipo que atraviesan las fronteras nacionales. siempre ha implicado una compleja mezcla de intercambios y donaciones. El sistema político internacional -esto es, las relaciones directas entre Estados se ha apoyado ampliamente en la coacción como principal organizador social. Frecuentemente, este elemento de coacción ha originado tributos en forma de pagos en concepto de indemnización después de una guerra perdida, tales como los de Francia a Alemania después de 1871, o de Alemania a los aliados después de la Primera Guerra Mundial. Las subvenciones a aliados, principalmente para fines militares, han supuesto también una parte importante del sistema internacional casi desde sus comienzos. Las donaciones de los pueblos conquistados a sus conquistadores también han sido un elemento significativo en el sistema internacional. En el caso de un imperio es difícil decir dónde termina el sistema interno y comienza el sistema internacional. La explotación de esclavos y campesinos es tanto parte del sistema interno como del sistema internacional. No obstante, puede hacerse una distinción a grandes rasgos entre una comunidad interior, en la que el pueblo, incluso si está explotado, tiene conciencia de pertenecer a una misma nación o pueblo, y una relación imperial, en la que gobernados y gobernadores se consideran mutuamente extraños y no partes de la misma comunidad nacional.

En el siglo XX, y especialmente desde el final de la Segunda Guerra Mundial, se ha desarrollado un nuevo tipo de transferencia internacional bajo el encabezamiento general de «ayuda extranjera». En gran medida, la ayuda extranjera es todavía parte del viejo sistema de pagos a aliados con fines militares, o pagos para evitar que los recursos caigan en manos de un enemigo, que han caracterizado al sistema internacional durante tanto tiempo. Sin embargo, una parte es algo diferente. Es el progreso y lento reconocimiento de la comunidad mundial. La clara división entre países ricos y países pobres no sólo puede tener elementos de inestabilidad, sino que también es moralmente incómoda para los ricos. También puede observarse en el sistema internacional algo así como el sentido de comunidad o «comensalidad» que hace surgir las distribuciones internas, dentro de un país, de los ricos a los pobres. Esto tiene lugar incluso en ausencia de un gobierno mundial, si exceptuamos el embrión y posible forma abortiva de las Naciones Unidas. Como otras donaciones integradoras, la ayuda extranjera puede estar motivada, en cierta medida, por consideraciones de prestigio, por un deseo de tener una imagen favorable en el mundo o por un deseo de construir una identidad nacional que sea más satisfactoria para los ciudadanos de la nación. Las naciones, en sus relaciones internacionales, son mucho más crueles, despiadadas, egoístas e inmorales que la mayor parte de la gente en sus relaciones personales, aunque si la nación como organización no ha de perder el amor y el respeto de sus propios ciudadanos, debe crear un aspecto de su identidad que sea algo generoso, filantrópico y con las miras puestas en el bienestar de la humanidad. Estos fines son bastante reales en la ayuda extranjera, a pesar de que están muy mezclados con los motivos de carácter más tradicional de los sistemas estratégicos o coactivos.

Como el sistema internacional opera tan extensamente a nivel de coacción y contracoacción, se ve implicado en carreras de armamento [1] y en las construcción de grandes industrias de defensa, que conllevan donaciones públicas internas muy grandes. La industria mundial de guerra, medida por los gastos militares, es del orden de 200.000.000.000 de dólares, un poco más de la tercera parte de los cuales corresponde a Estados Unidos, algo menos de la tercera parte a la Unión Soviética y el sobrante al resto del mundo. Una paradoja frecuentemente no reconocida es que el coste de mantener una industria de guerra es generalmente mucho mayor que cualquier perjuicio real que causa a un enemigo. Aunque una industria de guerra está proyectada para producir «males» en vez de «bienes», su producto más esencial, especialmente en una era de amenazas, es la coacción de producir males en lugar de la producción real de éstOs. Por consiguiente, en tiempo de paz, la industria de guerra produce directamente muy pocos males, pero su capacidad se logró sólo con el sacrificio de los bienes que podrían haberse producido en otro caso. Los 200.000.000.000 de dólares de la industria mundial de guerra representan recursos que podrían emplearse en producir viviendas, escuelas, hospitales, carreteras y otros bienes para la población civil. En Estados Unidos, por ejemplo, a causa del crecimiento de la industria de guerra durante los últimos cuarenta años, desde menos del 1 por 100 de la economía en los años 30 hasta aproximadamente el 8 por 100 en los años 60, las compras de las economías domésticas han disminuido desde cerca del 70 por 100 del PNB hasta aproximadamente el 60 por 100. Este es un «coste real» de la industria de guerra, ya que la economía doméstica media de Estados Unidos sólo puede comprar aproximadamente cinco sextas partes de lo que podría comprar en ausencia de una industria de guerra. En el mundo, en general, la industria de guerra tiene que considerarse como un tipo de potlach [2], una «donación desperdiciada» de los pueblos del mundo a la nada, lo cual no sólo reduce el bienestar actual, sino también el bienestar futuro, por debajo de lo que sería en otro caso. La conclusión parece inevitable: el sistema internacional en la actualidad es la más patológica de todas las partes del sistema social mundial y su control, modificación e incluso su abolición, es uno de los principales temas que están sobre el tapete para la raza humana.

El desarrollo de las armas nucleares ha intensificado en última instancia la naturaleza patológica del sistema internacional, aunque puede haberle dado estabilidad a corto plazo. El arma nuclear ha acentuado el aspecto de amenaza del sistema, en oposición a la conquista o el tributo, y sus organizadores venden el sistema al público como uno de amenaza estable. A largo plazo, sin embargo, la amenaza no puede ser estable, o cesaría de causar temor. Si la probabilidad de que las armas nucleares sean disparadas fuese cero, sería lo mismo que no tenerlas en absoluto. La amenaza, por lo tanto, tiene que conllevar una posibilidad positiva, no importa cuán baja, de que se lleve a cabo la puesta en práctica real de las coacciones de destrucción. Si hay una probabilidad positiva de una guerra nuclear, es evidente que, si esperamos lo suficiente, ésta tendrá lugar. Incluso si la probabilidad es sólo del 1 por 100 anual, esta cifra se acumula inquietantemente en cien años. Además, a los 200.000.000.000 de dólares de coste corriente directo actuales de la industria mundial de guerra, tenemos que añadir el valor descontado de la destrucción nuclear esperada, que no es una cifra insignificante.

A causa del fracaso del sistema internacional para tratar el problema de la industria mundial de guerra, ésta aún domina la economía de donaciones públicas. No obstante, ha habido un pequeño cambio, aunque bastante perceptible, especialmente en la última generación, desde las donaciones coactivas hacia las donaciones integrado ras, como se refleja. especialmente en el largo, lento y fluctuante crecimiento de lo que podría llamarse ayuda extranjera «genuina». Este fenómeno es todavía más sorprendente porque en muchas formas va en contra de la dinámica del sistema coactivo internacional. La situación relativa de un país en el sistema coactivo depende sustancialmente de su nivel de desarrollo económico, especialmente medido por su producto nacional bruto. Por' consiguiente, si el sistema internacional estuviera regido totalmente por consideraciones de coacción, no se esperaría que una nación cualquiera disminuyera su poder relativo tratando de aumentar el PNB de cualquiera otra. Por 10 tanto, es un indicador importante del lento crecimiento del sistema integrador mundial, como hoy en día se reconoce casi universalmente, el que las naciones más ricas tienen algún tipo de obligación de ayudar a las naciones más pobres a aumentar su riqueza. La ayuda extranjera integradora está formada por donaciones realizadas específicamente con este fin a la vista. El volumen total de ayuda extranjera integradora es, desde luego, todavía muy pequeño, muy por debajo del 1 por 100 del producto nacional bruto de los países ricos. Es difícil decir cuánto es, a causa de la mezcla de donaciones' integradoras y coactivas que conllevan casi todos los programas de ayuda extranjera. No obstante, es significativo el hecho de que existan. Representa una ampliación del principio de «comensalidad» a toda la humanidad. Una familia que se sienta alrededor de una mesa (mensa, en latín) es un ejemplo de una economía de donaciones integradoras. La comida se distribuye de acuerdo con la necesidad y no según un principio cualquiera de intercambio. Históricamente, la «mesa» ha estado creciendo constantemente; desde, la familia, al dan, a la nación, y ahora, al mundo entero. Sin embargo, la analogía no tiene que llevarse demasiado lejos, porque no hay padres presidiendo la mesa a la que se sienta la humanidad. Es una mesa muy grande, de forma que las personas sentadas al otro lado de ésta pueden no ser visibles por encima de la línea del horizonte. No obstante, es esta conciencia de la unidad de la humanidad, por muy débil que sea, la que está detrás del aumento de la ayuda extranjera y, sin ella, el sistema internacional quedaría en un estado de pura coacción y contracoacción.

Unido a la comensalidad, existe otro principio que todavía tiene elementos del lado integrador o de «amor» del espectro, pero que está mezclado con la coacción y el temor. Este principio puede ser denominado «expansionismo», y ha sido un elemento crucial en el sistema internacional. Es el deseo por parte de una comunidad concreta de tener más personas asociadas a ella y, por tanto, en cierto sentido, de una identidad mayor para sus miembros. Las religiones misioneras son un buen ejemplo, ya que la comunidad religiosa dedica recursos a la expansión de su fe particular. Casi todas las religiones tienen períodos alternativos de expansionismo y consolidación. Es especialmente probable que las religiones que reclaman validez universal -tales como el Cristianismo, el Islam y el Budismo- sean expansionistas. Es mucho menos probable que lo sean las religiones que están ligadas a escenarios y dioses locales, tales como el Shinto o el Judaísmo del precautiverio.

Para las naciones, el expansionismo se convierte en imperialismo, que de nuevo puede tomar muchas formas, desde las crudas conquistas y la explotación de los pueblos sometidos, por un lado, a las asociaciones más o menos voluntarias de naciones, como la Commonwealth británica y la Comunidad Francesa o la Organización de Estados Americanos, por otro. A menudo, el expansionismo religioso y el político caminan juntos, como en Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos en el siglo XIX y comienzos del XX, cuando las actividades misioneras de las iglesias y las actividades políticas de los imperios en expansión con frecuencia caminaban de la mano. Generalmente eran los propios británicos los que cantaban en la iglesia, «Jesús reinará allí donde el sol / recorre sus jornadas sucesivas», y luego escuchaban con aprobación el Land of Hope and Glory, de Elgar, con su increíble verso, «Todavía más y más amplios serán establecidos tus límites. / Dios, que te hizo grande, te haga más grande aún.» De igual forma que las actividades misioneras del protestantismo británico y americano estaban relacionadas con la expansión del constitucionalismo en que vivían, la actividad misionera católica francesa y la ortodoxa rusa tenían algo que ver con el desarrollo del Imperio Francés y del Imperio Ruso. Alemania e Italia entraron retrasadas en el campo expansionista; Suecia abandonó el expansionismo en el siglo XVII, después de un período considerable; Portugal es un ejemplo interesante de una sociedad expansionista fosilizada, que dedica una cantidad desproporcionada de energía para resistir una contracción de su imperio, cuya pérdida sería ciertamente beneficiosa para su propio pueblo. Cuando uno observa los patrones de la ayuda extranjera, ve muy claramente que están relacionados con el expansionismo pasado, si no con el presente. Los franceses destinan una proporción relativamente grande de su PNB a la ayuda extranjera, y la dedica casi exclusivamente al área del antiguo Imperio Francés. Esta ayuda casi puede considerarse como una expresión de gratitud por parte de Francia a pueblos que tienen la merced de hablar francés y una tradición francesa, impuesta sobre ellos en los viejos días por la Francia imperial. Por supuesto, siempre es difícil desentrañar los aspectos de seguridad nacional o de sistema coactivo de los aspectos integradores en la ayuda extranjera, pero es difícil creer que los franceses obtienen mucha seguridad nacional de la ayuda que proporcionan a Gabón, o pierden por el hecho de no ayudar a la «desagradecida» Guinea. De igual forma, los británicos destinan una cantidad desproporcionada de ayuda a la Commonwealth, y Estados Unidos ha mantenido una Alianza para el Progreso en América Latina. En los casos de Estados Unidos, Rusia y China, parece haber un mayor elemento estratégico en la ayuda extranjera, ya que estos países tienden a apoyar a los países ideológicamente afines a ellos. La ideología, sin embargo, parece ser un sistema integrador bastante débil en comparación con el nacionalismo y las expansiones nacionalistas, como la Comunidad Francesa y la Commonwealth Británica. Entre Rusia y Alemania del Este, la comunidad ideológica pareció trabajar a la inversa, ya que hasta 1956 los alemanes orientales estaban forzados a realizar enormes donaciones a los rusos, sumando en total, quizá, 12.000.000.000 de dólares [3], y es bastante posible que, haciendo un balance, todos los países de Europa oriental realizan donaciones netas a los rusos en vez de recibir donaciones de ellos. De igual forma, la ayuda rusa a los chinos, incluso en los años anteriores a la ruptura, era muy pequeña, sumando como mucho unos pocos céntimos por chino al año. En contraste, la economía de donaciones internas dentro de la Unión Soviética parece ser bastante sustancial, aunque es difícil obtener cifras. Parece haber pocas dudas de que los rusos han realizado sustanciales donaciones internas desde la República Socialista Soviética Rusa a los Uzbeks, Kazaks y otros pueblos no rusos dentro de la Unión Soviética, nueva indicación de que la expansión nacional es una fuente mucho más poderosa de relación integradora que la expansión ideológica, y reflejando de nuevo el hecho de que la comunidad nacional es el sistema integrador más poderoso en el mundo moderno.

Las «donaciones integradoras» más puras son aquéllas realizadas por los países ricos más pequeños, tales como los países escandinavos, donde la justificación política de la ayuda extranjera es, bastante deliberadamente, una llamada a la comunidad y compasión humanas, donde no hay pretensiones de que las donaciones sean, en realidad, intercambios por los cuales la nación donante recibirá algún tipo de sutiles beneficios, que demasiado frecuentemente es el argumento empleado en Estados Unidos. La llamada realizada en este caso apela realmente a la identidad nacional benevolente, y hay indudablemente una demanda, y quizá una demanda latente muy grande, de una llamada de este tipo, especialmente hacia aquellos que ya son ricos y están razonablemente asentados.

Por tanto, cuando observamos los determinantes totales de la «propensión a realizar donaciones internacionales», no nos sorprenderá que ésta también presente un cuadro extremadamente complejo y confuso. Tenemos, de un lado, el espectro de motivación que va desde las donaciones coactivas a las donaciones integradoras que ya hemos señalado. Del otro lado, tenemos el problema de la percepción de la eficiencia de las donaciones, y es este aspecto del problema el que ahora tenemos que considerar.

La «eficiencia de las donaciones» se refiere a la percepción, especialmente por parte del donante, de lo que podría llamarse «relación coste-efectividad»; esto es, el coste para él, por un lado, y su percepción del valor del efecto de la donación, por otro. Por ejemplo, en las donaciones coactivas 10 vemos con respecto a la efectividad del coste de las armas: más disparos (o muertes) por dólar. En las donaciones integradoras 10 vemos en la efectividad del coste de las transferencias desde la perspectiva del bienestar del recipiendario. Aquí, de nuevo, tenemos un espectro que va desde lo que podría llamarse «donaciones de emergencia y socorro», por un lado, a las donaciones para el desarrollo a largo plazo, por otro. Las donaciones de emergencia para las víctimas de desastres hace mucho que forman parte de la vida social. quizá porque los desastres hacen surgir la pena y el sentido de comunidad humana. Nos vemos a nosotros mismos en la situación de las víctimas y nos sentimos horrorizados ante su desgracia. También puede haber en esto un elemento de seguro contra el temor; sentimos que nosotros mismos podemos encontramos algún día en la misma situación, y nos sirve como un tipo de seguro informal contra los infortunios de este tipo. Es más, es claramente probable que las donaciones a personas en situaciones temporalmente desesperadas tengan una alta relación coste-efectividad. El dólar que eliminamos de nuestro propio consumo, que puede significar una diferencia pequeña para nosotros, representa para el recipiendario la diferencia entre la vida y la muerte. Sólo necesitaremos tener una pequeña dosis de benevolencia para considerar que merece la pena realizar el pequeño sacrificio implícito por parte de los donantes. Si considero que el sacrificio de un dólar por mi parte va a valer al menos 100 dólares para el recipiendario, evidentemente estoy obteniendo satisfacciones muy baratas a causa de mi generosidad.

El gran problema de las donaciones de emergencia es que su magnitud depende de la notoriedad y de las cualidades dramáticas de la situación de emergencia. Así, el desastre en la aldea minera galesa de Aberfan, cuando de golpe se derrumbó la mina y derribó la escuela, produjo una extraordinaria ola de compasión y un flujo de donaciones, que eran desconcertantemente grandes para esta pequeña comunidad. El desastre mucho mayor de, por ejemplo, Pakistán del Este (Bangla Desh), en las inundaciones de 1971 y la guerra de 1972, provocó una respuesta relativamente menor; tal vez porque es demasiado grande para ser imaginado; quizá también porque los donantes potenciales sienten que cualquier cosa que pudieran dar representaría sólo una gota en el mar, de forma que realmente no había ninguna diferencia en relación con la naturaleza colosal de la tragedia. Por lo tanto, hay una cualidad interna del sistema que conduce a la mala asignación de las donaciones de emergencia para socorro en el sector de las donaciones privadas. Mientras que el sector de las donaciones públicas podría contrarrestar en alguna medida estas desproporciones este sector se ve afectado por el mismo tipo de motivaciones que operan en el sector de las donaciones privadas. También es probable que el socorro estatal e interestatal se dirija a los casos más espectaculares y visibles y que se concentre sobre problemas de tamaño moderado. Tanto a nivel privado como público, cuando los desastres son demasiado pequeños para ser notados, así como cuando son demasiado grandes para ser aprehendidos, no producirán demasiada compasión pública. Un buen ejemplo de una operación de donaciones que tuvo éxito, con un considerable elemento de donaciones de emergencia, fue el Plan Marshall después de la Segunda Guerra Mundial. Aunque este plan estaba indudablemente ligado a consideraciones estratégicas y al sistema coactivo, también contenía un poderoso elemento de socorro para otros seres humanos. Una gran cantidad de apoyo político para el Plan Marshall en Estados Unidos provino de aquellos que se sentían emocionalmente afectados por las condiciones de la posguerra en Europa y que querían hacer algo a este respecto. En este caso, la efectividad por dólar donado fue muy alta, tanto en Europa Occidental como en las operaciones similares en Japón. Este tipo de donación de emergencia de posguerra se ha convertido en una parte altamente aceptable del sistema internacional. Así, Estados Unidos espera dedicar donaciones considerables a la reconstrucción de Vietnam. Esta rehabilitación, incluso de anteriores enemigos, y más sorprendente, de enemigos potenciales, es un rasgo muy curioso en el siglo XX y es relativamente nuevo. Representa una ampliación de la vieja emoción humana de la pena y la compasión a un campo mucho más extenso.

A medida que nos movemos desde la ayuda a la reconstrucción y desde las donaciones de emergencia a las donaciones para el desarrollo, el cuadro se hace menos claro y también menos alegre. El socorro es bastante fácil de prestar, y generalmente sabemos cuándo lo hemos hecho. Cuando damos alimento a un hombre hambriento, su hambre cesa, al menos por el momento. El desarrollo no es fácil de llevar a cabo, y a menudo no sabemos cuándo lo hemos realizado. Las donaciones para el desarrollo, por lo tanto, adolecen de un problema muy real de efectividad del coste, y allí donde el donante se siente inseguro sobre esta efectividad, se hace mucho más al coste.

El desarrollo puede definirse como un cambio cualquiera en el estado o condición total de una sociedad que aumenta su productividad en términos de bienestar humano. El input fundamental en este caso son veinticuatro horas diarias de vida humana; el output es el bienestar, por muy inexactamente que éste pueda medirse. Lo que realmente estamos tratando de medir es el bienestar por habitante. Una medida muy burda e inexacta es la renta nacional real por habitante, o el producto nacional neto real por habitante. Sin embargo, ni siquiera el bienestar por habitante es la única variable significativa. También hemos visto que no podemos olvidamos de los aspectos distributivos de este proceso, Y si el incremento del producto nacional neto por habitante, por ejemplo, se concentra sobre un 10 por 100 de la población, mientras que el restante 90 por 100 no ve aumentado su bienestar -peor incluso, si disminuye-, entonces esta condición no puede ser considerada como "desarrollo". Junto con la medida de producto nacional neto por habitante, tenemos que incluir una medida del avance hacia una distribución más satisfactoria de la renta. Una medida generalmente de desarrollo sería algún tipo de medida ponderada de estas dos, pero las ponderaciones que asignaríamos dependerían, por supuesto, de nuestro sistema interno de valores. Las sociedades igualitarias radicales de Cuba y China asignan una ponderación tan alta al cambio a favor de la igualdad que incluso pueden estar dispuestas a comprarlo a costa de un descenso de la renta real por habitante. En el otro extremo, tenemos sociedades que parecen asignar una ponderación de cero al factor distributivo y están dispuestas a obtener rentas mucho más desiguales si sólo por ese medio aumenta el producto nacional neto por habitante. Estas ponderaciones tienen que ser evaluadas, tanto por individuos como por sociedades enteras, a través de procesos políticos. No hay una norma «objetiva» que pueda ser aplicada, al menos en muchos terrenos. El problema se complica más por el hecho de que no hay un índice escalar individual satisfactorio de distribución, ya que muchos de los diferentes momentos estadísticos de la distribución pueden ser significativos al ser evaluados [4].

Por muy difícil que sea definir el desarrollo como una cantidad existe un amplio consenso acerca de que el proceso de desarrollo puede ser reconocido y que consiste en un incremento del saber del conocimiento práctico y del capital, que conlleva un aumento de la complejidad de las estructuras de la sociedad. Por ejemplo, nos movemos desde las azadas a los azadones, desde los arados tirados por bueyes a los tractores, y quizá en última instancia, a la producción hidropónica de algas artificiales en invernaderos. En este proceso, la acumulación de capital físico no humano desempeña una función importante, pero mucho más importante es la acumulación de capital dentro del sistema nervioso humano; esto es, el proceso de aprendizaje. El desarrollo es un proceso de aprendizaje y poco más. No consiste meramente en la acumulación de todo tipo de bienes, en la acumulación de capital en su sentido más simple. Consiste en desarrollar existencias de nuevos tipos de bienes y, lo más importante, consiste en desarrollar conocimientos prácticos y saber en el sistema nervioso humano que anteriormente no existían. No es de ningún modo absurdo considerar todo el proceso de acumulación de capital esencialmente como un proceso de aprendizaje, no sólo en el sentido de que el aprendizaje humano es crucial, sino también en el sentido de que incluso el capital físico está formado realmente por conocimiento humano impuesto sobre el mundo físico. El dictáfono y la máquina de escribir con los que este libro está siendo producido se originaron en alguna estructura correspondiente al sistema nervioso de alguien, que fue entonces traducido a la complejidad física organizada del dictáfono y la máquina de escribir. Tales objetos ciertamente nunca existen en ausencia de conocimiento humano.

Sin embargo, si ha de tener lugar el desarrollo, deben dedicarse recursos al mismo. Tenemos que distinguir en todas las sociedades entre lo que podría llamarse el «sector de mantenimiento» y el «sector de desarrollo». El sector de mantenimiento sustituye el consumo existente por la producción de personas, objetos y conocimientos de los mismos tipos de los que están siendo consumidos. La manzana que se come es sustituida por una manzana que se cultiva. La casa que se incendia es sustituida por otra casa de exactamente el mismo tipo. Un hombre viejo, a medida que crece, decae y muere, es sustituido por un hombre más joven con exactamente el mismo tipo de conocimientos e ideas. Este es el aspecto de «sistema abierto» de la sociedad, ya que su estructura se mantiene en medio de un flujo de personas, materiales e información. Si todos los recursos de una sociedad se dedican al mantenimiento, evidentemente no habrá desarrollo, y la sociedad simplemente se reproducirá a sí misma generación tras generación. Ha habido muchos ejemplos históricos de estas sociedades estacionarias. Si una sociedad ha de desarrollarse, una cierta parte de su actividad tiene que estar dedicada al desarrollo; cuanto mayor sea esta proporción y más eficientemente se emplee, mayor será la tasa de desarrollo.

Podemos ahora empezar a comprender el significado de la economía de donaciones dentro del proceso de desarrollo. Una sociedad pobre e improductiva con poco conocimiento humano y una estructura de capital primitiva, tendrá que gastar casi todos sus recursos en su mantenimiento. En realidad, hay una fuerte tendencia a que las sociedades en un estado dado de cultura y tecnología se desarrollen hasta el punto en que todos sus recursos hayan de dedicarse a mantener las condiciones existentes. Esto es parecido al «estado estacionario» que los economistas clásicos familiarizaron, y es una condición a la que muchas sociedades, especialmente las sociedades primitivas, se han aproximado durante largos períodos de tiempo. Incluso sociedades complejas y desarrolladas, como la de Mohenjo Daro, la antigua civilización de los hindúes, pareció mantener un estado estacionario (si podemos juzgar por sus artefactos) durante muchos cientos de años. La China clásica es un ejemplo de una sociedad que alcanzó un estado estacionario a un nivel bastante alto de desarrollo para la tecnología de su tiempo. Por lo tanto, existe la tendencia a que un proceso de desarrollo cualquiera llegue a su fin cuando todos los recursos se dedican a su mantenimiento. Si la sociedad ha de escapar a esta condición y comenzar un nuevo proceso de desarrollo, sólo parece haber dos procedimientos que puedan emplear, aunque en combinaciones diferentes. Puede ser capaz de liberar recursos internos por medio de algún tipo de reorganización o cambio en sus patrones de vida, de forma que aumente su producto total por encima del nivel de mantenimiento. Esto lo puede hacer, por ejemplo, transfiriendo gente que está ociosa en la agricultura a la industria o manejando su capital existente más intensivamente; por ejemplo, organizando el trabajo en las fábricas en tres turnos, en lugar de funcionar sólo ocho horas diarias. El otro proceso consiste en obtener recursos del exterior, que puede entonces dedicar directamente al desarrollo o empleados para liberar recursos del mantenimiento interno, para dedicados también al desarrollo. La importación neta de recursos implica una donación a corto plazo del mundo exterior en términos reales. Esto es, para que una sociedad estacionaria entre en este sendero de desarrollo tiene que ser capaz de importar más de lo que exporta. Esto puede hacerse bien por medio de! intercambio diferido, bien por medio de donaciones. El intercambio diferido es la inversión extranjera tradicional, bien a través de préstamos contractuales o a través de un excedente de bienes de importación sobre los que los extranjeros retienen títulos y de los que esperan derivar un beneficio en el futuro. Desde el punto de vista del país en desarrollo, la inversión extranjera está justificada si el aumento de productividad y el crecimiento de la renta interior resultantes son mayores que los pagos por intereses y beneficios que han de realizarse Así, tomando un ejemplo muy sencillo, supóngase que un país toma prestados un millón de dólares y promete devolver dos millones de dólares en diez años. Si con el excedente real de importaciones (exceso de importaciones sobre exportaciones) que obtiene con el millón de dólares, es capaz de dedicar recursos a la construcción de capital o a la educación, que entonces aumentan la productividad del pueblo, de forma que en diez años la renta nacional ha aumentado en más del millón de dólares pagado por intereses, el exceso es pura ganancia, y la inversión ha valido la pena para el país en desarrollo. Si la inversión se dedica a fines poco sabios e improductivos, entonces el millón de dólares de intereses es una carga para las generaciones futuras impuesta por la generación anterior; y es esencialmente una transferencia intergeneracional.

Hay muchos ejemplos de países cuyo desarrollo ha estado materialmente asistido por la inversión extranjera. Por otra parte, hay también muchos ejemplos en que ésta no ha impulsado un proceso de desarrollo sostenido en el país en desarrollo, y en el que sus costes, por lo tanto, han sido mayores que sus beneficios. Evidentemente, cuanto menor sea el tipo de interés o de beneficio que un país ha de pagar, mayor será la oportunidad de que la inversión le sea ventajosa. En el caso de una donación directa, o ayuda extranjera, el tipo de interés es realmente igual a menos infinito. Si el tipo de interés fuera de cero, un país pagaría exactamente la cantidad que había tomado prestada. Evidentemente, la probabilidad de que una donación directa sea beneficiosa es mucho mayor que la de cualquier inversión, a un tipo de interés positivo o incluso negativo finito. No obstante, el apoyarse en donaciones como medio de desarrollo es evidentemente apoyarse en una parte muy pequeña del espectro total de transferencias a corto plazo, de forma que una confianza demasiado grande en las donaciones puede limitar grandemente la tasa de desarrollo. También vemos esto en el caso de individuos. Muchas más personas se han hecho ricas tomando prestado que pidiendo limosna.

Por supuesto, esto no significa que la ayuda extranjera sea indeseable. Sin embargo, estaremos equivocados si pensamos que es probable que las donaciones de este tipo representen un factor importante en el desarrollo mundial, al menos en el estado actual de la comunidad mundial. En realidad, el desarrollo de una pequeña economía de donaciones internacionales es un sustituto muy pobre de un gran sistema de inversión extranjera eficiente y bien salvaguardada, y las donaciones, de hecho, pueden ser empleadas mejor para subvencionar a la inversión extranjera en lugar de realizar donaciones directas. Como dice el viejo proverbio chino, «Es mejor dar a un hombre pobre una red de pescar que pescado»; esto sólo es verdad si es un buen pescador. El equilibrio adecuado entre donaciones e inversiones todavía es un problema que requiere una gran cantidad de estudio.


1 Una carrera de armamentos es un proceso por el que a un nivel dado de armamentos en una nación, A, otra nación, B, aumenta sus armamentos, lo que induce a A a aumentar aún más los suyos, y así sucesivamente, hasta que, o bien se alcanza un equilibrio, o el sistema desemboca en guerra.

2 Un «potlatch» era una ceremonia celebrada entre los indios de la costa noroeste de Norteamérica, por la que los miembros ganaban prestigio por medio de la destrucción de grandes cantidades de mantas y otros bienes útiles.

3 Heim: Kohler, Economic Integration in the Soviet Bloc (Praeger Publishers. Nueva York, 1966).

4 Supóngase que el x por ciento más pobre de la población recibiera el y por ciento de la renta total. Si las rentas fueran perfectamente iguales, entonces x = y para todos los valores de x. Cualquier 10 por 100 de la poblaci6n obtendrá el 10 por 100 de la renta; cualquier 20 por 100 obtendrá el 20 por 100, etc. Una medida de desigualdad es el índice Gini, que es y/x. Así, una sociedad en la que el 10 por 100 más pobre de la población obtiene el 2 por 100 de la renta total es presumiblemente más igualitaria que una en la que el 10 por 100 más pobre recibe s610 el 1 por 100 de la renta total. Sup6ngase, sin embargo, que los pobres se hacen ricos y que tanto la clase media como los ricos se hacen más pobres, en contraste con la situación en que los pobres se hacen más ricos, los ricos se hacen más pobres y la clase media permanece inalterada. Estas dos situaciones podrían fácilmente tener el mismo índice Gini pero unas redistribuciones de tipos muy diferentes. ,


 

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