PROPUESTA METODOLÓGICA PARA EL ANÁLISIS DE LA SOSTENIBILIDAD REGIONAL

Josep Antequera Baiget

Capítulo 1
LA SOSTENIBILIDAD COMO PARADIGMA PARA UN MODELO DE DESARROLLO

En este capítulo vamos a analizar las diferentes perspectivas del paradigma de la sostenibilidad y la visión de diversos autores sobre el concepto, para llegar a una síntesis que nos servirá como base para la metodología planteada en esta tesis.

1. Sostenibilidad, definición.


Por definición, el término sostenibilidad, se refiere al mantenimiento de un sistema en el tiempo (García E. 1997). No vamos a distinguir aquí entre sostenibilidad y sustentabilidad ya que mediante el desarrollo del concepto creemos que aclaramos su significado y podemos usar los dos términos sin distinción (Gallopin 2009).

2. Los ecosistemas (sistemas naturales) y su funcionamiento


La permanencia de un sistema en el tiempo de manera autoregulada, los ecólogos la detectaron hace tiempo en el estudio de los ecosistemas y su evolución a partir de la energía del Sol (Odum H.T., 1980). En nuestro planeta los seres vivos mediante procesos de captación y apropiación energética y de materia  del entorno (fotosíntesis, fermentación, metabolismo oxidante), se desarrollan, perviven en el tiempo y se reproducen, desde los orígenes de la vida. Para ello provocan una disipación permanente de energía y materia a través de su metabolismo, y evolucionan a partir de la modificación de sus sistemas de reproducción celular (evolución genética-selección natural-adaptación) condicionando su supervivencia a los efectos que la selección natural del entorno ejerce sobre ellos. A través de dichos procesos de disipación de energía, teniendo como origen la energía solar, las especies se organizan en ecosistemas estructurados por las relaciones entre ellas (cadenas tróficas) extendiéndose en el marco planetario desde hace 4.000 millones de años (Margulis 1994).

La organización del ecosistema requiere la desorganización de sus partes en un proceso  de evolución permanente denominado sucesión natural (incremento de la complejidad del ecosistema y biodiversidad). En este proceso se mantiene la estabilidad del ecosistema en el tiempo de una manera dinámica, mediante las interacciones entre los seres vivos y su entorno,  unas especies son devoradas (transferencias energéticas o digestión de estructuras para mantener nuevas estructuras) o substituidas por otras en el tiempo (extinción), también se dan procesos de reestructuración general del ecosistema como respuesta a los impactos del entorno, como la regeneración de un bosque después de un incendio. (Margalef 1993).

El funcionamiento de los ecosistemas mantiene la autoregulación  de los ciclos biogeoquímicos planetarios. Según  Lovelock la hipótesis de Gaia dice que la temperatura, el estado de oxidación, la acidez y otros aspectos de las rocas y las aguas se mantienen constantes en cualquier época, y que esta homeostasis se obtiene por procesos cibernéticos llevados a cabo de manera automática e inconsciente por la biota: la energía solar sustenta estas condiciones favorables para la vida. Estas condiciones son tan solo constantes a corto plazo y evolucionan en sincronía con el cambio requerido por la biota a lo largo de su evolución: La vida y su entorno están tan íntimamente asociados que la evolución afecta a Gaia, no a los organismos o al medio ambiente por separado (Lovelock 1993).

La evidencia – sigue Lovelock -  nos muestra que la corteza  de la tierra, los océanos y el aire o son el producto directo de cosas vivas o han sido modificados de manera masiva por su existencia. Tengamos en cuenta que la creta o las rocas calcáreas son los caparazones de la vida que una vez flotaron en el  mar. La vida no se ha adaptado a un mundo inerte determinado por la mano muerta de la física y la química. Vivimos en un mundo que ha sido edificado por nuestros antecesores, antiguos y modernos, y que es mantenido cuidadosamente por todos los seres vivos que existen en la actualidad.

En este marco de equilibrio complejo, hay que destacar el concepto que los ecólogos denominan resiliencia. La resiliencia representa los límites dentro de los cuales es posible la conservación del equilibrio del sistema. Ello quiere decir que existen límites por fuera de los cuales ya no es posible reconstruir el equilibrio. El equilibrio de un sistema tiene, por tanto, una cierta movilidad dentro de los límites permisibles. Estos límites suelen ser en ocasiones precipicios bruscos. Los márgenes de equilibrio se pueden mover sin peligro hasta el límite extremo, pero un paso más significa la ruina total (Ángel Maya 2001). Es en este caso cuando sobreviene la crisis del sistema, antes mencionada y la perturbación amplificada generará un nuevo estado del sistema o su destrucción.

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