LA ÉTICA PROFESIONAL DE LOS INVESTIGADORES EN TECNOLOGÍA DE LA INFORMACIÓN

Virginia Morales Sánchez

CONCLUSIONES


La exposición de nuestros comentarios concluyentes la haremos seccionándolos en dos partes. En la primera, haremos referencia a nuestras conclusiones en relación con cada uno de los casos de estudio y en la segunda se presentan algunos comentarios globales.
En relación con el caso UNAM, cuya estructura de organización disciplinaria por departa­mentos hace pensar en una comunidad con orientación en el trabajo de cuerpos colegiados, la investigación mostró un grupo operando bajo arreglos individuales, con una orientación en los temas de investigación en los que predominan los intereses del propio investigador, mismo que busca vincular estos intereses con los grandes temas de las comunidades internacionales, pero decide individualmente los problemas de investigación que abordará.
Como grupo se observa una comunidad de mediano tamaño, en proceso de consolidación como investigadores dentro de la institución, sus miembros aún están en curso de conseguir las más altas categorías laborales en su institución, pero tienen un excelente manejo de los procedimientos para conseguirlo, pues conocen bien y hacen un uso intenso de los instrumentos que pone a su disposición la UNAM y el CONACYT.
El sistema de valores de la comunidad del IIMAS responde a las regulaciones normativas del sistema nacional de Ciencia y Tecnología, en especial a las regulaciones normativas del sistema de evaluación tanto de la UNAM, como del CONACYT, los principales motivos de esta orien­tación son: la obtención de moyores ingresos económicos y el reconocimiento a su trayectoria. Incluso, los resultados arrojan que, el reconocimiento a su trayectoria se traduce en beneficios económicos.

En el caso IPN encontramos a la comunidad más consolidada en el campo, con 11 especiali­dades distintas, y tres cuartas partes de sus miembros con la máxima categoría laboral.

La acuciosa participación del grupo en los procesos de evaluación institucional demuestra un buen nivel de conocimiento de los mecanismos para obtener mejores ingresos, pero al mismo tiempo, se observa una cierta desestimación, en un poco más de la mitad de sus miembros, por las normas dictadas desde el CONACYT, razón por la que no se afanan por adherirse al Sistema Nacional de Investigadores.
Se trata de una comunidad con una inclinación al trabajo colegiado, aún cuando su organiza­ción disciplinaría sea por cátedra, sin embargo, los investigadores forman grupos y deciden los temas y problemas de investigación colectivamente, considerando en la decisión, los intereses de todos los participantes y los núcleos de problemas marcados por las tendencias internacio­nales del campo de conocimiento.
Para los investigadores de las comunidades del IPN, tienen mayor importancia los premios y constituyen el reconocimiento de su trayectoria, más que la mejora en sus ingresos económicos. Además el reconocimiento de los estudiantes no es menospreciado.
El sistema de valores de las comunidades del IPN, se construye más a partir de la influencia normativa del propio instituto que del CONACYT, lo que da un poco más de margen a sus miembros para incluir otros valores de corte académico y no circunscribirse sólo a los valores económicos de su trabajo.
En el caso UAM, se trata de una comunidad con un tercio de sus miembros con la categoría más alta en el plano laboral, pero casi todos sus miembros participando en los programas de estímulos institucionales y una cuarta parte de ellos en el SNI. Lo que presenta a un grupo no consolidado, pero ávido por alcanzar una mejor posición dentro de la estructura laboral y científica.

Son pocas las especialidades que cubren, pero existe una orientación al trabajo en grupo, lo que corresponde con su organización disciplinaria, a base de departamentos. Las decisiones sobre qué problemas de investigación se toman entre los participantes y se contemplan para ello, los núcleos problemáticos señalados por las comunidades internacionales, así como las solicitudes del sector empresarial.
Para los investigadores de las comunidades de UAM, son tan importantes los estímulos eco­nómicos como los premios, y su valía tiene que ver con lo que ellos consideran es el reconoci­miento a su trayectoria y la mejora en sus percepciones económicas. Pero en este grupo tam­bién se da cabida a otros valores como el reconocimiento de los colegas y el de los alumnos, y sólo una cuarta parte de sus miembros está bajo la influencia de la normatividad del SNI, lo que implica que tres cuartas partes de la población se rigen por los valores institucionales.
Con los resultados obtenidos en la investigación fue posible rastrear el origen de estas influen­cias valorativas en las instituciones estudiadas. Por lo que en nuestra conclusión no puede quedar fuera la revelación de la articulación entre la cadena de mecanismos establecidos des­de los sistemas de evaluación y sus alcances como influencia valorativa en las comunidades científicas de estudio, pero las expondremos a la luz de nuestras hipótesis.
Una de las tendencias que llama la atención es la que presenta los resultados de la UNAM en lo referente a su predilección por el trabajo individual en la elección de temas de proyectos y su desarrollo. La tendencia indica que en la comunidad estudiada de esa institución el indi­vidualismo, la competencia y el antagonismo se han fortalecido como valores prevalentes por encima incluso de los valores que su propia estructura organizacional exige. Relacionamos esta tendencia con su marcada composición de investigadores pertenecientes al SNI, pues en los otros dos casos estudiados, cuya composición indica que muy pocos de sus integrantes pertenecen al SNI, todavía se aprecia la existencia del trabajo en grupo. Es por esto que no resulta osado relacionar la inserción del individualismo, el antagonismo y la competencia en las comunidades de investigadores con la adopción y participación, de sus miembros, en el sistema de evaluación nacional de investigadores.

En lo concerniente a la influencia más prominente a la hora de definir los problemas de inves­tigación que serán emprendidos, nuestra primera hipótesis afirma que es el sector público el que mayormente aporta el financiamiento. La hipótesis es verdadera, pues efectivamente casi el total del financiamiento a proyectos proviene del sector público, por alguna de sus vías, lo que indica que las áreas de investigación quedan limitadas a la gama de opciones temáticas que la institución donde se labore, o que el CONACYT prioricen, pues el momento definitorio sobre cuáles proyectos serán favorecidos con el financiamiento, es cuando son evaluadas las propuestas de proyectos recibidas en base a la convocatoria, el único encargado de tomar la decisión, es la institución convocante, a través de sus comités evaluadores, quienes decidirán a partir de sus normas para la aceptación o el rechazo. Es ahí cuando realmente se decide qué proyectos serán desarrollados en el siguiente periodo y cuáles no.
En un primer momento, los investigadores elaboran la propuesta, ya sea con base en los intereses individuales o los grupales, y a las tendencias de los núcleos problemáticos a nivel internacional; pero nada asegura la realización de su propuesta de proyecto. Es decir, la última toma de decisiones proviene de las regulaciones normativas del sector público, a través de ellas se lleva a cabo una selección y orientación del tipo y temática de la investigación que se hace en las tres instituciones que estudiamos.
Para la toma de decisiones en el proceso de asignación de los recursos, se enlazan dos mecanis­mos de evaluación: el de los investigadores y el de los proyectos de investigación; al condicionar el financiamiento a la posesión de cierto tipo y nivel de estímulos, por parte del investigador responsable y de los participantes. El incumplimiento de dicho condicionamiento, deja fuera automáticamente toda posibilidad de obtención de recursos para el desarrollo de proyectos.
El conflicto se acentúa debido al doble efecto que tiene esta disposición: por un lado, debido a la demanda de estos requerimientos tanto por las instituciones como por el CONACYT, que cierra opciones de financiamiento, y por otra parte, propicia la postergación, en el mejor de los casos, o hasta impide la realización de actividades de dirección de proyectos a los investi­gadores.
El efecto, en el sistema de valores de los grupos de investigadores que incluimos en el estudio, es la orientación de sus fines hacia la obtención de esos niveles y tipos de becas, y consecuen­temente, la búsqueda de los medios para lograrlos. En este proceso, sus elecciones y decisiones estarán limitadas a las opciones que ofrecen los procesos de evaluación para investigadores, que como discutiremos en los siguientes párrafos, están arregladas para limitar la cantidad de participantes en cada nivel.
Nuestra segunda hipótesis postula una fuerte injerencia por parte de los programas de estí­mulos y de financiamiento a proyectos en la definición de los tipos de resultados de la inves­tigación, limitándola a los productos contemplados en las tablas valorativas y favoreciendo o estimulando la obtención de ciertos productos, y desalentando la realización de otros, a través de los puntajes asignados. Esta hipótesis, también resulta verdadera, en virtud de los resulta­dos. La marcada tendencia en las tres instituciones a priorizar la producción de artículos en detrimento de otros, apunta hacia una nueva definición de la investigación en la que adquiere como principal característica el convertirse en discurso.
Atribuimos estas tendencias a la efectividad de tres mecanismos propios del sistema de evalua­ción de los investigadores que impactaron la preferencia de los investigadores de las comuni­dades que estudiamos, orientándolas por productos mejor valorados a satisfacer los requisitos para lograr financiamiento de proyectos:
1. La vinculación de los resultados de evaluación al otorgamiento de estímulos econó­micos. La creación de esta relación produjo la instauración de tablas de actividades en las que se tipifican y asignan puntos a cada actividad, confiriendo así el valor recono­cido a cada actividad por parte de la institución evaluadora. En apariencia los puntos representan el valor numérico de la productividad, por lo que su conversión en dinero se hace en los reglamentos para la evaluación; en éstos se organiza el puntaje en nive­les de productividad y a cada nivel le corresponde una cierta cantidad de dinero. Los investigadores entonces trabajan para acumular los puntos que les aseguren los niveles más altos de productividad y consecuentemente más recursos económicos. Es por esta razón que afirmamos que sus modos, medios y fines quedan determinados por los reglamentos para la evaluación y las tablas de valoración, y sus grados de libertad de elección quedan circunscritos a las opciones de estos dos instrumentos, demostrándose la predilección de aquellos productos mejor valorados en ellos.
Es evidente que es casi imposible escapar a los efectos de este mecanismo, pues la libre decisión de no participar en los sistemas de estímulos implica la sanción, no explícita, de no obtención de beneficios económicos adicionales por el mismo trabajo desarrollado. Además representa una forma sutil de marginación y exclusión, ejercida sobre quienes toman tal decisión, pues son considerados como improductivos y fuera de los patrones de calidad y excelencia estipulados por el sistema de ciencia y tecnología. Esto último abre la visión de los alcances que posee este mecanismo, pues va más allá de los efectos materiales, insertándose de plano en las formas de pensar, al introducir criterios de valor para calificar las conductas de los individuos.
2. La diversificación de los tipos de estímulos. Establece una diferenciación de los tipos de actividades realizadas al interior de las IES, otorgando un estatus a cada tipo de acti­vidad, además de reconocer y estimular sólo aquellas actividades que desde el referente gubernamental son prioritarias. Como fue visible en los resultados de la investigación, se aprecia la existencia de diferentes tipos de becas para estimular la investigación, en los que se tipifican los mismos productos, pero se valoran de distinta manera.
Esta separación y la atribución de valor a las actividades crea la idea de que existen ac­tividades valiosas y secundarias, otorgándoles una categoría o estatus. En esta medida la investigación es más importante que la docencia por lo que sus productos serán más apreciados y por ende mejor remunerados. La escala valorativa trasciende hasta los investigadores quienes consecuentemente otorgan mayor importancia a sus actividades de investigación que a las de docencia, así como dan mayor reconocimiento a quien se destaca como investigador, que al que sobresale como docente. Lo dicho aquí explica el desdén de los investigadores de sistemas y computación hacia el reconocimiento de los estudiantes y colegas.
3. La evaluación diferenciada de las actividades: investigación, docencia, difusión, ex­tensión y formación. Este mecanismo es un nivel más de especificidad, en el estableci­miento de distintas calidades en las actividades que conllevan a una diferenciación en su ponderación. Incluso en los últimos ajustes de los reglamentos para la evaluación se ha incorporado el requerimiento de un cierto puntaje en cada uno de los tipos de actividades para alcanzar cierto nivel, marcando la importancia del tipo de actividades en base a su valoración en porcentaje, o bien del puntaje que se otorgue a los productos agrupados en ella.
Las implicaciones en el sistema de valores de los investigadores se concentran en el sen­tido valorativo que se otorgan a las clases de actividades y al grupo de productos que la conforman, orientando sus elecciones hacia las de mayor puntaje, y marginando en su elección las de menor puntuación. Lo anterior se traduce en una orientación deliberada de la producción de ciertos tipos de resultados, lo que explica, la alta producción de artículos y direcciones de tesis, así como la ausencia de otros productos.
Sin embargo, en estos resultados encontramos una tendencia en los investigadores, que nos lleva a un planteamiento más delicado, y es que la existencia de esta predilección por productos como artículos, tesis, congresos y conferencias, nos lleva a pensar en una orientación de la investigación como productora de discurso.
Si revisamos en los resultados el porcentaje de producción de patentes, prototipos, consul­torías, asesorías y software, en ninguno de los casos rebasa el 20% en las preferencias, lo que indica que cuando se desarrolla uno de estos productos, se explota su condición expositiva y argumentativa, hasta agotarlas; elaborando productos que poseen un carácter de discurso, lo que maximiza la obtención de productos y en consecuencia, de puntos.
El problema que esto plantea es la deformación que se hace de la investigación científica como actividad, al hacerle perder todo sentido social, reduciéndola al marco referencial de una tecnoburocracia, conformada por una red institucional, reglamentos, leyes y manuales de procedimientos; así como por funcionarios técnicos de la investigación, que planean, organizan, ejecutan y administran la actividad, sus recursos y sus actores.
Consideramos que la ausencia en los tabuladores para la evaluación, de los estudios de medi­ción del impacto, producidos por toda innovación científico o tecnológica: ambiental, social, laboral, económico, ecológico, legal, psicológico, entre otros; apunta hacia una visión pura­mente administrativa de la actividad científica, a la lógica de una burocracia científica, en la que sólo importa el cubrir los requisitos burocráticos: elaborar reportes, llenar formularios, cumplir con requerimientos de tiempos y fechas, alcanzar puntuaciones, presentar los docu­mentos exigidos, cumplir con el número planeado de productos, etc.; sin importar los medios empleados, y mucho menos sus consecuencias e impacto en los individuos, las organizaciones, las instituciones, la sociedad o el medio ambiente.
Se trata de hacer embonar todas las actividades de investigación en un único marco valorativo, para poder evaluarlas, o mejor dicho contarlas, dejando implícitamente a las asociaciones cien­tíficas y a los grupos editoriales; la responsabilidad por su valoración en cuanto a la integridad, autenticidad, originalidad, aportación e impacto. Es decir, que el sistema burocrático de evalua­ción da por hecho que, al presentar un artículo a una revista peritada, ser aceptado y publicado, se garantizan todas estas propiedades en el producto, por lo que ya sólo hay que cuantificarlos. Pero el valor de un artículo se mide de acuerdo al prestigio de la revista en que se publica y a su vez las organizaciones que publican obtienen ese prestigio con base en los índices de citas, que no son otra cosa que el conteo de las citaciones por autores, y esto es igual para cualquier campo de investigación, es decir que el valor de una publicación tiene que ver con cuanta gente lo lea y lo cite, sin importar los recursos (tiempo, dinero, número de investigadores, instalaciones, equipos, etcétera) aplicados, en el proceso de investigación. Homogeniza la valoración de los productos, se obvia su calidad y su valor es el resultado de una suma aritmética.
Aunque haremos un salto en el orden, es preciso citar la directa relación entre estos tres meca­nismos, y los resultados de la cuarta hipótesis, que aceptamos como verdadera y que postula que el reconocimiento y prestigio otorgados a algunas formas de difusión y divulgación científica contribuye a legitimar la cientificidad de los resultados de investigación.
Según los resultados, las publicaciones en revistas especializadas y los congresos son las más importantes formas de difusión y las conferencias la principal forma de divulgación. Estos resultados confirman lo que hemos venido diciendo, en la evaluación se privilegia la divul­gación de la investigación por encima de cualquier otro tipo de productos, convirtiendo en discurso los resultados.
No se necesita un gran esfuerzo para vincular estos resultados con esta orientación en las prefe­rencias de los investigadores hacia la producción de resultados que otorguen mayor puntuación dentro de su tipo de actividades.
Las consideraciones de nuestra tercera hipótesis, se dirigen hacia el señalamiento de la acción pedagógica, como principal mecanismo para la transmisión y perpetuación de los patrones aceptados por la comunidad para ser y hacer investigación en el área.
La anterior aseveración resultó verdadera, pues en las tres instituciones se reconoce la necesidad del dominio de contenidos teóricos básicos para el campo y el manejo de metodologías, técnicas y el lenguaje, propios del área. Estos elementos, se admite, pueden ser adquiridos mediante estudios de posgrado o alguna investigación tutorada por un investigador reconocido en el campo que guiará al nuevo investigador en relación con los temas, bibliografía, técnicas y len­guaje que debe adquirir, al igual que se hace en los posgrados. Un dato importante al respecto, es que en las entrevistas saltó a la vista un resultado no considerado en la investigación.
Los investigadores consideran que hay dos técnicas que deben ser enseñadas a los estudiantes de posgrado: la redacción de artículos y la defensa pública de sus opiniones, sobre algún tema de exposición; ambas son técnicas indispensables para desempeñarse como investigadores, pues les posibilita la elaboración de artículos y la presentación de sus resultados en congresos.
Tales demandas reafirman la relación que hemos afirmado, existente entre la producción de artículos, como principal tipo de productos, y la sobrevaloración de la difusión científica; ahora, se cierra el círculo con su inclusión como parte de la formación de los futuros investigadores.
No es aventurada nuestra afirmación respecto a la penetración profunda de los valores prove­nientes de los sistemas de evaluación en todo el espacio de decisiones de la actividad de inves­tigación en sistemas y computación, como lo postulamos en nuestra hipótesis central, pues los procesos de evaluación han provocado uniformización en la concepción, de lo que deben ser los productos de investigación básicos para todo tipo de estudio, posicionando a las actividades de difusión y su principal producto, los artículos especializados dirigidos a los investigadores, como los resultados básicos de cualquier tipo de investigación, aun y cuando se trate de investigaciones de corte tecnológico o aplicativo.
Aunque las becas del CONACYT a estudiantes de posgrado no fueron parte de nuestra in­vestigación, es necesario hacer mencionarlas, pues su otorgamiento está condicionado a estar inscrito en un programa de excelencia, es decir, a un programa con registro en el CONACYT. Al unir este requisito a la exigencia para titulación de contar al menos con una publicación internacional en alguna revista reconocida en el campo de conocimiento, se remarca esta ten­dencia a formar a los nuevos investigadores en la elaboración de artículos.

Además se ha incorporado la exigencia de publicación de artículos en coautoría con estudian­tes de posgrado, dirección de tesis de doctorado y la impartición de clases en posgrado como requisitos para los niveles II y III, en el estímulo del SNI; lo que deja al descubierto la puesta en marcha de una cadena completa de mecanismos, para asegurar una plena adhesión a las normas dictadas desde el sistema nacional de ciencia y tecnología, por parte de los nuevos cuadros de investigadores, garantizando menor resistencia en la continuación de esta forma de evaluación y remuneración del trabajo de investigación.
Lo que se pretende conseguir con estos mecanismos dirigidos a estudiantes de posgrado es conformar un ejército de investigadores adiestrados en la evaluación y sus formas de remu­neración, desapareciendo con ello la resistencia que aún ofrecen las generaciones que desem­peñaron su labor como investigadores bajo las condiciones previas a la implantación de los sistemas de evaluación.
Los postulados contenidos en nuestra quinta hipótesis, marcan las formas de reconocimiento, que se constituyen en las estrategias más importantes para la capitalización de autoridad dentro y fuera de la comunidad y se traduce en legitimidad y consagración para los investigadores.
En este sentido, los resultados aluden a los estímulos económicos como principal forma de reconocimiento, seguidos de los premios, por ser considerados formas importantes para de­mostrar el reconocimiento a la trayectoria del investigador
Aun cuando estas orientaciones en las formas de reconocimiento hablan de una comunidad inmersa en la dinámica de una actividad mercantilizada, donde los investigadores son tra­bajadores que venden su trabajo intelectual y creativo, básicamente al Estado, quien provee la principal cantidad de los recursos y fija las normas de lo que se produce, a través de un catálogo de productos a los que les ha asignado precio.

Sin embargo, el trasfondo es significativo y hace referencia a una dicotomía valorativa exis­tente en el interior de las comunidades, que indica una lucha, cuyo vencedor no está definido entre los valores económicos que enarbolan los procesos de evaluación de la productividad y los valores internos de la ciencia emanados de la propia disciplina, pues el reconocimiento de colegas, estudiantes y el prestigio derivado de los premios aún resulta importante para algunos investigadores.
La existencia de esta dicotomía y de los actos de resistencia, son visibles en la valoración que los investigadores tienen del trabajo grupal, lo que indica la existencia de espacios valorativos aún no trasformados por los procesos de evaluación, e incluso la posibilidad de cambios gestados desde el interior de las propias comunidades.
Otro resultado central de la investigación, es la casi inexistente vinculación entre el sector in­dustrial y las comunidades de investigación. Este aspecto se visualiza a partir de los resultados a nuestras preguntas sobre las preferencias en el financiamiento y las formas más comunes de obtener los recursos. Los resultados reportan un alto valor otorgado al financiamiento em­presarial, pues entre el 50% y 80% de los participantes, expresan el deseo de obtener recursos de ese sector, en las tres instituciones. Pero sólo entre el 25 y el 33% reportan haber contado con él. Es decir, que el financiamiento proveniente de las empresas, es altamente estimado por los investigadores, pero hay algo que les impide obtenerlo. Lo que indica la existencia de obs­táculos para su logro, pese a todo el discurso gubernamental, político e incluso institucional sobre la necesidad, trascendencia y urgencia de vincular al sector industrial con la ciencia y la tecnología.
Incluso el reciente condicionamiento por el CONACYT de los recursos para proyectos de investigación, de sólo otorgar apoyo a aquellos proyectos de investigación vinculados con el sector empresarial más que una medida para incentivar el tan deseado vínculo, parece ser otro mecanismo de dosificación de los recursos con los que dispone el Estado, que cada vez son más limitados. De no ser así, se habría realizado un estudio, encaminado a la localización de fallas en el sistema de vinculación; en el que se investigara, por un lado, al interior de las instituciones de investigación, qué factores impiden u obstaculizan la celebración de convenios con empresas, y por el lado del sector industrial, qué desmotiva la búsqueda de apoyo técnico y científico para la solución de sus problemas. A partir de sus resultados, se habrían formulado programas tendientes a resarcir los problemas, provocando la vinculación entre ambos sectores.
De otra manera, así como se está haciendo, se trata de la promulgación de una norma más que habrán de acatar los investigadores, si es que desean allegarse recursos para sus proyectos y continuar en la producción de resultados valorados en los tabuladores para estímulos.
Otro asunto que se demuestra con los resultados de la investigación es que los sistemas de eva­luación lejos de alentar el avance tecnológico y/o científico, lo desfavorecen, pues el desarrollo disciplinario ni siquiera figura en las evaluaciones. No existe forma alguna para identificar las aportaciones incrementales y continuas en la disciplina, ni hay interés en los investigadores por hacerlas, pues la única forma de reconocimiento que existe para ese tipo de acciones son los premios, pero un premio sólo vale para un periodo de evaluación y el beneficio más im­portante que puede obtenerse es en puntos, lo que garantiza mayor nivel de beca por uno o más años, pero nada más.
Un investigador en general no piensa en proyectos de más de tres años, ni el sistema de finan­ciamientos se lo permite, pues le exige resultados al primer año de la investigación, necesita ar­tículos, tesis, seminarios, ponencias, que reportar; por tanto muy difícilmente planeará escribir un libro u obtener una patente, que como mínimo le consumirían los tres años; pero tampoco pensará en la conformación de una nueva línea de investigación, si es que quiere mantenerse en la dinámica de los puntos y los estímulos; esas opciones sólo son posibles fuera del marco normativo del sistema de evaluación, sin embargo, su realización implica un sacrificio por parte del investigador, pues no podrá obtener ingresos económicos adicionales a su salario, al menos por un lapso de tiempo, hasta obtener los resultados que le permitan reincorporarse al sistema de estímulos.
Dicho de otra forma, los sistemas de estímulos no sólo no promueven el avance científico y tecnológico, sino que sancionan a quienes se atreven a trabajar en él, pues promueven entre los investigadores el valor por los productos inmediatos, por los proyectos a corto plazo y por la formación en la inmediatez. No buscan salvar la calidad de los productos de investigación, pues no existen parámetros para medir ésta, sino sólo esperan entregar estadísticas en las que la productividad, medida en artículos internacionales, vaya en aumento.
Con tal esquema, no podemos reducir los alcances de los sistemas de evaluación a sólo un instrumento del Estado, para dosificar los recursos económicos y justificar por medio de sus parámetros de medida, la exclusión de investigadores, instituciones y programas en la asigna­ción de dichos recursos; pues sus alcances van mucho más lejos, pues al instaurar la burocracia científico-tecnológica, instituye el nuevo patrón de creencias y su consecuente sistema de va­lores, a través de los cuales rige la actuación de toda la comunidad científica del país. Es decir, que el papel que se espera desarrollen los investigadores ha sido prescrita, creada y recreada año con año desde 1990 a través de los reglamentos para becas y estímulos de las normas para apoyos económicos para proyectos. El sistema de estímulos para la investigación es hoy una institución en plenitud, pues se ha constituido en el patrón organizado de normas que regula las conductas y por tanto el papel que desempeñan los investigadores en nuestras instituciones.
El modelo que se ha seguido para la institución del sistema de evaluación, le ha dotado de los elementos necesarios para lograr que los grupos donde se inserta no ofrezcan resistencia, pues vincula los deseos individuales de los investigadores más preciados por ellos tales como ma­yores beneficios económicos y la obtención de reconocimiento y prestigio, al constituirlos en un grupo élite dentro de las instituciones donde laboran, con percepciones más altas y mayor acceso a otros programas de financiamiento.

Lo alarmante de esta afirmación se halla en el hecho de que estos patrones no son internos y exclusivos de nuestro país, sino que tienen un origen foráneo. Además, como es sabido, la co­munidad científica es un grupo de élite estratégico para el desarrollo de cualquier nación, por lo que es de vital importancia conocer de dónde provienen estos planteamientos, qué intereses buscan y por qué nuestro país los acogió. Estas son preguntas que indudablemente requieren de un proceso minucioso de investigación y de las evidencias que les den sustento, por lo que concluimos nuestros planteamientos dejando abiertas estas nuevas líneas para investigar.

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