"MODELO SISTÉMICO BASADO EN COMPETENCIAS PARA INSTITUCIONES EDUCATIVAS PÚBLICAS"

Leticia Sesento García

1.2.5 LA CIBERNÉTICA PARA CONCEPTUALIZAR LOS SISTEMAS

Menciona Jackson (1987) que la cibernética es un aspecto fundamental de una de las nuevas ciencias de las direcciones en la ciencia administrativa, la “cibernética organizacional”, y es un campo fructífero que se consigue desarrollando la administración y las ciencias sociales. La cibernética, como campo de estudio fructífero en la ciencia administrativa y en la sociología, es propuesta por Wiener, quien desde los años 40 intenta desarrollar una máquina de cómputo. Wiener define a la cibernética como la ciencia del control y la comunicación en el animal y la máquina. La cibernética se ocupa de los procesos (entendidos como el conjunto de operaciones de un sistema que lo hacen pasar de un estado a otro asegurando su estabilidad) de dirección en los sistemas dinámicos, también llamados sistemas. El paradigma cibernético que se basa en el fenómeno del control distingue en cualquier sistema dos subsistemas principales: el rector, también llamado conductor, y el regido o conducido; así como sus relaciones fundamentales, que son de información (estimulación) y de ejecución (acción) (Gelmán y Negroe, 1982).

En otros términos, el subsistema conducido es el primer responsable de cumplir el rol que tiene en el suprasistema, que consiste en proporcionar productos o servicios. Por su parte, el subsistema conductor, en términos generales, traza, realiza y controla (planea) la trayectoria de cambio conducido (que incluye el caso de no cambio) por medio de la previsión y ejecución de un conjunto de actividades que lo garanticen a través del proceso de conducción. Lo importante de este esquema cibernético es que permite visualizar a un sistema en dos subsistemas. Stufflebeam (1983), Guba (1989) asumen el término conducción para señalar los procedimientos que los responsables del proceso de evaluación realizan y que los asocian al sistema conductor.

EL PENSAMIENTO DE SISTEMAS SUAVES

Para Checkland (1981), el movimiento de sistemas se integra de acuerdo al siguiente “mapa conceptual” del mismo (figura 1.1.1):

Figura 1.1.1 Aplicación del pensamiento sistémico en otras disciplinas.
































Fuente: Checkland (1981)

Ahora bien, considerando el marco de referencia construido por Burrel (1979), Morgan (1990), y Checkland (1981) ubica dentro del paradigma interpretativo a la teoría social implícita en el pensamiento de los sistemas suaves, casi en la “frontera” del paradigma funcionalista. Checkland afirma que los sistemas suaves reúnen la fenomenología (estudio del sentido y la intención de las proposiciones), la hermenéutica (o interpretación de textos) y la teoría crítica del humanismo radical (cuadrante superior izquierdo, Burrel y Morgan).

Figura 1.1.2 El pensamiento en los sistemas suaves

Fuente: Checkland (1981)

La corriente de sistema suaves, soft systems, cuyo paradigma base es el enfoque sistémico, surge en la década de los 70 y agrupa una serie de autores, como Ackoff (planeación interactiva), Checkland (metodología de sistemas suaves), Churchaman (métodos de inquirir) y Eden (mapeo cognitivo), entre otros, quienes, en general, parten de considerar las limitantes o punto débiles de los enfoques de sistemas duros, hard systems, para formular sus propuestas respectivas.

La investigación de operaciones se dedica a la construcción de un modelo matemático que busque la optimización del mismo; el análisis de sistemas, a hacer una valoración amplia de los costos y beneficios de las distintas alternativas, empleando el modelo de Toma de Decisiones, Investigación de Operaciones o Costo-Beneficio; la ingeniería de sistemas, a los diseños que permitan la creación de un sistema físico. En el caso de los enfoques de sistemas suaves, se pueden plantear tres argumentos con los cuales se pone de manifiesto su naturaleza distinta:
Primero, son muchos los problemas que no pueden tratarse en forma rígida, ya que las situaciones son más inciertas y tan sólo establecer o que se desea, constituye en sí un problema.

Un segundo cuestionamiento a los enfoques de sistemas duros consiste en señalar que no es aceptable poner todo en manos de un decisor (Crobach, 1982). En muchos casos, no es válido suponer que existe un decisor bien informado, que estimé las utilidades, preferencias e intereses y todos los miembros y, una vez tomada la decisión, sea capaz de implantarla hasta sus últimas consecuencias. Esta postura es ajena a la naturaleza humana y a la cultura organizacional; actualmente, no refleja la toma de decisiones como un proceso de poder, política y estilo personal. Así, las grandes decisiones no son tomadas por una persona o grupo singular, sino por el resultado de negociaciones, convencimiento compromisos, etcétera, entre representantes de distintos puntos de vista. Por esta razón, en los enfoques de sistemas suaves se intenta una visión plural de los problemas, incorporando conceptos y actividades como: participación, consensos, actores, valores, subsistemas con objetivos propios, etcétera.

Un tercer aspecto distintivo de los sistemas suaves es el intento por incorporar elementos conductuales y sociales, cada vez con mayor éxito. Para enfrentar los problemas, el enfoque de soft systems reconoce más la subjetividad en vez de evitarla; no descuida la objetividad, pero no la convierte en el centro. El solucionador de problemas necesita enfrentar la complejidad y la solubilidad simultáneamente. Cuando se simplifica un sistema, pierde realismo pero se vuelve soluble. Al aumentar el realismo, éste se vuelve más complejo y más difícil de solucionar. En resumen, las características más relevantes de los enfoques de sistemas suaves son:

  1. El énfasis en el proceso metodológico de investigación (Gelmán y Negroe, 1982).
  2. Las situaciones problemáticas, empleando algún método en busca de adquirir el aprendizaje de los sistemas (Churchman, 1971; Carvajal, 1982).
  3. El manejo plural en la concepción y solución de los problemas, empleando el análisis y/o la síntesis (Carvajal, 1992).
  4. La incorporación de aspectos de otros campos del conocimiento; esto es, la interdisciplinariedad (Lee,1970).

Para conceptualizar el objeto de estudio como un sistema, se han desarrollado en forma complementaria procedimientos de construcción sistémica: por composición, para realizar la síntesis; por descomposición funcional, para realizar el análisis (Ackoff,1974; Gelmán y Negroe 1982). El primero, el de composición, permite ver el objeto de estudio como un conjunto de elementos que, de una u otra forma, se encuentran relacionados entre sí y, más aún, organizados e interconectados; de tal manera que, consecuentemente, llega a concebirse como un todo integral con cierto rol o función en un entorno más amplio. Además, permite detectar que esta totalidad tiene las propiedades sistémicas, que pueden deducirse tanto de los elementos que la componen como de las funciones y relaciones que los vinculan. Con este procedimiento de agregación, que parte del elemento y busca llegar al sistema, se corre el riesgo de no comprender la naturaleza integral del mismo ni descubrir el rol que juega en el suprasistema. Por otro lado, su aplicación encuentra dificultades debido a la necesidad de asegurar que se han contemplado todos los elementos relevantes y sus relaciones, ya que la omisión de algunos puede disminuir la eficiencia del empleo del sistema conceptualizado en el proceso de planteamiento de problemas reales y su solución (Ackoff,1981; Gelmán y Negroe, 1982).

Con el segundo, el de descomposición, se parte del sistema hacia sus componentes y se basa en la segregación funcional del sistema en subsistemas; esto es, en la identificación de un conjunto de elementos integrantes, de tal forma que la operación de cada uno de ellos en su totalidad asegura el funcionamiento del sistema. Su empleo sucesivo en cada uno de los subsistemas, considerados a su vez como sistemas, permite llegar a niveles más profundos de descomposición, dependiendo del problema en consideración. De esta manera, los subsistemas se separan en partes y éstas en componentes, terminando en elementos considerados como unidades indivisibles en el contexto del problema (Ackoff, 1981; Gelmán y Negroe, 1982). Para Checkland (1981), un sistema de actividad humano es un proceso de transformación de un insumo en un producto, el cual responde a la visión del mundo para el que fue creado y está inmerso en un contexto.

Checkland instrumentará un proceso de construcción (por composición y descomposición) funcional buscando identificar funciones vitales, “verbos sustantivos”, a cualquier nivel de desagregación, con las cuales el sistema cumple con la definición de raíz. Ésta se expresa con la fórmula mnemotécnica CATWOE, donde:
C     (Customers) = Clientes, beneficiarios o víctimas de las actividades del sistema. A (Actors) = Los actores o agentes que llevan a cabo las principales actividades del sistema.
 T    (Transformation process) = El proceso de transformación por el cual los insumos son transformados en productos.
W    (Weltanschaung) = La visión del mundo por el cual el sistema tiene razón de ser.
O     (Owner) = Dueño(s), quien(es) tiene(n) el poder para decidir que el sistema deje de existir.
E     (Environmental constraints) = Restricciones externas relevantes de los sistemas mayores y del ambiente.

Con ambos procedimientos, el de comprensión y de descomposición, se toman en cuenta la estructura externa e interna del sistema en consideración; la primera se determina mediante la identificación del rol que se desempeña en el suprasistema y sus relaciones con otros sistemas; la interna, presenta al sistema como un agregado hipotético de subsistemas funcionales interconectados de tal forma que se asegure el cumplimiento del objetivo del sistema en el suprasistema.

Debido a que estos procedimientos son unidireccionales, para un conocimiento más completo del sistema se tienen que emplear en forma complementaria. Cada una de las conceptualizaciones, a pesar de ser muy fructíferas, debe complementarse recíprocamente por medio de la integración o fusión de las mismas. Es posible concluir que el paradigma sistémico busca definir el rol del sistema en el suprasistema y conjunto de subsistemas que lo conforman. La interpretación de estos roles como objetivos a cumplirse permite distinguir tres tipos: los que el suprasistema impone al sistema, los propios del sistema y los que los subsistemas requieren del sistema; el conflicto entre estos y los impedimentos para su logro originan las correspondientes clases de problemas: de ambientalización, de autocontrol y de humanización, respectivamente (Ackoff, 1974). Ahora, revisaremos las teorías de las organizacionales educativas

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