COMPETENCIAS EMOCIONALES Y RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS INTERPERSONALES EN EL AULA

Lucicleide De Souza Barcelar

LA DIMENSIÓN EMOCIONAL DEL CONFLICTO

Es frecuente que en el contexto del aula surjan conflictos cargados de emociones. Sabemos que los sujetos implicados tienen sus propias percepciones y las asumen como si fueran únicas. Las emociones están en la raíz de los conflictos, Muldoon (1998: 30) afirma que:

“Cuando el individuo se deja llevar por la pasión, nuestros sentimientos más poderosos emergen a la superficie  de las aguas emocionales: la cólera, la furia, la lujuria, el deseo, el amor ciego, el odio vivo. La pasión es la fuente de energía más primitiva de la existencia humana. No se atiene a las reglas de la razón y del auto-control. La pasión es apremiante, primaria, poderosa. La ansiamos hasta los tuétanos y, no obstante, nos resistimos a ella con toda nuestra voluntad”.

Desde el ámbito emocional, las emociones pueden originarse en una situación conflictiva pero a la vez ejercen una notable influencia en el surgimiento, desarrollo y resolución de las mismas.

Filley (1985: 24) considera en este sentido que “los sentimientos y las actitudes, al igual que las percepciones pueden crear conflictos en donde elementos racionales no sugerirían que deberían surgir; aunque los sentimientos y las actitudes también pueden evitar conflictos en donde se esperaría que los hubiera”.

Las conductas agresivas, como se acostumbra a denominar las actuaciones conflictivas, son provocadas por sentimientos de ira. Este es un sentimiento relacionado con el deseo insatisfecho, y procede de la frustración. Parece que el desarrollo de la capacidad de frustración es muy importante para el aprendizaje. Los que carecen de ella evitan cualquier situación nueva por que no la controlan y les provoca furia (Gómez Mayorga: 2004: 19).

Contra la ira, propone Goleman desarrollar la empatía. En la medida que comprendamos los sentimientos de los demás y su comportamiento, estaremos dispuestos a cambiar nuestra actitud y a controlar nuestros enfados (Gómez Mayorga: 2004: 20).

Según Jiménez (2000) es bastante probable que el comportamiento social de los niños altamente emocionales, que fácilmente se emocionan en exceso, sea poco competente en situaciones conflictivas o provocadoras de emociones negativas como la ira o la ansiedad. En este sentido la autorregulación es una dimensión de la competencia emocional definida como la habilidad para manejar las propias acciones, pensamientos y sentimientos de un modo flexible y adaptativo a través de una variedad de contextos, tanto sociales como físicos (Saarni, 1997: 39).

Jiménez (2000: 62) comenta que un niño o niña se sobre exciten emocionalmente en una situación social depende de al menos, dos factores:

  1. Nivel disposicional de reactividad, particularmente la intensidad de respuesta emocional (que se considera un aspecto del temperamento).
  2. Habilidad para regular sus reacciones emocionales y para afrontar la situación que provoca tales reacciones.

 Muchos autores coinciden en señalar que el déficit de las competencias emocionales está en la base de todos los conflictos. Los conflictos se originan en una fuerte emotividad, irritabilidad, cólera… y la falta de capacidad para regular estas emociones, comprender los sentimientos y punto de vista del otro, auto-controlar la conducta, etc.

Entendiendo que las emociones están en la raíz de los conflictos, Torrego  preconiza que:

“Situaciones en las que dos o más personas entran en oposición o desacuerdo porque sus posiciones, intereses, necesidades, deseos o valores son incompatibles, o son percibidos como incompatibles, donde juegan un papel muy importante las emociones y los sentimientos, y donde la relación entre las partes en conflicto puede salir robustecida o deteriorada en función de cómo sea el proceso de resolución de conflictos”. Torrego (2000, 37)

Como consecuencia de estas emociones tan poderosas el ser humano se torna débil, y muchas veces huye toda su capacidad de razonar frente a situaciones tan complejas, generando conflictos. Entonces es cuando necesitamos más que nunca manejar bien nuestras competencias emocionales.

Unas buenas competencias emocionales se refieren a comprender los propios sentimientos y emociones, empatía, autorregulación, expresión emocional, etc. lo que atenúa el conflicto. En este sentido, según Jiménez (2000) el manejo del estrés, de la ansiedad y de las situaciones que induce a enfado o ira son capacidades que los niños deben de poseer para funcionar eficazmente en sociedad. Para solucionar con éxito los problemas interpersonales que surgen en las situaciones que provocan estas emociones, los niños deben ser capaces de regular y moderar sus respuestas emocionales. Si no es así, puede que el niño poseyendo las habilidades de toma de decisión y de comportamiento para funcionar adecuadamente en situaciones “frías”, falle en situaciones emocionalmente “calientes” por falta del suficiente auto-control emocional. Incluso, diversos estudios sitúan el bullying como una manifestación de las malas relaciones interpersonales entre los alumnos en el aula, aspecto que hace referencia a la falta de empatía, auto-control, habilidad social, dimensiones relacionadas con la competencia emocional (Díaz-Aguado, 2002).

Sala (2002) comenta que tanto el origen de las conductas agresivas como en el de sus “antídotos” encontramos como elemento común las emociones. Es por ello que atender al desarrollo emocional es la mejor prevención primaria antes de que se produzcan problemas de agresividad, conductas antisociales o multitud de trastornos emocionales. Puesto que durante el conflicto se ponen en juego la existencia de estas competencias emocionales (comprender los propios sentimientos y emociones, empatía, autorregulación, expresión emocional, etc…) el conflicto constituye una situación excelente para desarrollar las competencias emocionales de forma significativa para quien los vive y de esta forma es una oportunidad para la socialización de las emociones.

De todo lo expuesto, no se debe dejar de llevar en consideración la dimensión emocional del conflicto ya que entendemos que todos los aspectos están relacionados y al mismo tiempo interligado por esta dimensión.

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