COMPETENCIAS EMOCIONALES Y RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS INTERPERSONALES EN EL AULA

Lucicleide De Souza Barcelar

4. EL DESARROLLO DE LAS COMPETENCIAS EMOCIONALES

Los bebés son seres indefensos que necesitan la ayuda del adulto para poder sobrevivir. La persona adulta es quien debe cubrir las necesidades básicas del bebé; le ha de proporcionar alimentación, cuidado, protección, seguridad, cariño y afecto. Poco a poco, se va construyendo un vínculo de apego entre el niño y su cuidador. Esta relación emocional se irá desarrollando a lo largo del tiempo con otras personas en otras situaciones (López, 2003: 25).

Los niños tienen además de necesidades biológicas, tienen necesidades emocionales, como el cariño y la comodidad emocional. Tal necesidad sólo pueden satisfacer si se les ofrece la posibilidad de establecer vínculos afectivos e incondicionales.
En este aspecto, el factor emocional se traduce como una necesidad básica para establecer lazos afectivos y a la  vez como un factor fundamental para desarrollar la autoconfianza y autoestima en el niño, en fases posteriores se reflejará en la habilidad social. Bowlby (1979) comenta que los lazos afectivos, así como su formación y desarrollo servirán de base en el comportamiento del ser humano en la fase adulta.

Palmero y Fernández-Abascal (1999: 55) están de acuerdo con Bowlby (1979) en la medida que afirman que el apego, como relación afectiva que conecta biológicamente las criaturas con sus cuidadores, es el sentimiento fundamental que proporciona la base segura sobre la que desarrollar las emociones positivas  y controlar y socializar las emociones negativas.

En gran medida, el desarrollo emocional y social del niño tendrá como influencia el modo educativo de su cuidador o sea el estilo educativo. Conforme Toro (1981) se clasifican en los siguientes términos: sobre protector (el que educa bajo una protección excesiva), asertivo (el que educa bajo la democracia), punitivo (el que refuerza negativamente al niño)  e inhibicionista (el educador inhibe la conducta del niño, impidiéndole que el niño se pronuncie).

Según Bach (2001: 9) <<es en el entorno familiar donde el niño descubre por primera vez  sus sentimientos, las reacciones de los demás ante sus sentimientos y sus posibilidades de  respuestas ante ambas cosas>>. El papel de los padres en el desarrollo emocional de sus hijos es fundamental, los niños podrán no expresar e incluso no sentir aquellas emociones que no sean captadas o aceptadas por sus padres, lo que significa que su registro emocional será más restringido en función de sus padres. La manera que los padres manejen sus emociones reflejará significativamente en las competencias emocionales futura de sus hijos.

En esta dirección Wallon (1972) comenta que los primeros contactos entre el individuo y el entorno tiene como principal aspecto el afectivo, o sea, el aspecto emocional;  el autor tiene en cuenta que las emociones y su expresión, que se manifiestan desde el primer semestre de la vida, establecen  un primer contacto primitivo con los demás y hacen surgir los estados afectivos, primicia de la Consciencia, y que constituyen las bases de una sociabilidad, que condiciona más tarde el aprendizaje del lenguaje y las adquisiciones intelectuales.

Wallon  define la emoción como un canal  fundamental para la sociabilidad entre el niño y el medio, visto que la emoción en los primeros meses de vida del individuo es la única vía de comunicación con  el entorno. En este aspecto el autor enfoca la importancia de las emociones para comunicación no verbal, y a la vez  en interacción con el medio el niño deja de ser tan solo biológico para tornarse ser social.

Por otra parte, Greenspan y Thorndike (1997), realizaron  un estudio del desarrollo del bebé y del niño desde una perspectiva cognoscitiva. Apunta que no se puede separar el desarrollo emocional del cognitivo, puesto que el individuo precisa desarrollarse desde  el ámbito emocional, social y cognitivo. Afirman que: <<La capacidad de experimentar el mundo de la forma a través de los propios sentidos, también constituye un elemento fundamental para el desarrollo emocional>>Greenspan y Thorndike (1997: 33).

El desarrollo emocional del bebé y del niño, el autor presenta las fases más importantes. Apunta que las características emocionales son fácilmente identificadas a través de las expresiones faciales durante los primeros meses de la infancia: Placer, angustia, sorpresa, disgusto, alegría, rabia y hacia los ocho nueve meses- miedo y tristeza.

Entre los tres a  diez meses  el desarrollo de la comunicación del bebé es intencional o sea  el bebé sabe lo que puede desencadenar a través de una risa, en esta fase el bebé valora la expresión facial explícita en sus padres.

Entre los nueve meses y los dieciocho meses, el niño tiene la capacidad de expresar sus deseos y  elegir a través de las emociones. A partir  de los tres años desarrolla la capacidad de crear ideas o sea pasa a etiquetar personas o cosas.

A medida que aumenta el mundo social del niño y su conocimiento social también aumentan la complejidad de las emociones. Se amplía la gama de situaciones y experiencias emocionales y se produce un importante progreso en la Consciencia emocional y la regulación emocional López (2003).

En este sentido la regulación emocional favorecerá a la interacción social con los demás de manera eficaz.

“(…) el desarrollo de las habilidades linguísticas-comunicativas y la Consciencia de los propios estados emocionales contribuyen al reconocimiento de las emociones de los demás, al desarrollo de la empatía  y al desarrollo de la competencia social en las interacciones con sus iguales. Todo ello favorece la resolución de los conflictos con los demás, las conductas pro-sociales, la tolerancia y respeto, la solidaridad, la cooperación, la generosidad, y la disminución de la agresividad física y verbal” (López, 2003: 29).

Con relación a la comprensión emocional en la niñez, comprendemos que al principio de los años preescolares, es una fase en que los niños se refieren a causas, consecuencias y señales conductuales de emoción, y con el tiempo, su comprensión es más precisa y compleja (Berk, 1999).

En la fase preescolar predicen bien lo que podrían hacer a continuación un compañero que expresa una emoción determinada. Incluso a los 4 o 5 años juzgan correctamente las causas de muchas reacciones emociones básicas.

En este sentido a los 3 a 6 años, a medida que desarrolla el lenguaje, la respuesta empática es más reflexiva, de los 7 a 11 años, aparece la habilidad para considerar múltiples fuentes de información cuando explican las emociones de los otros. La Consciencia emocional de las que las personas pueden experimentar más de una emoción al mismo tiempo. La empatía aumenta a medida que mejora la comprensión emocional. Empezando en los años preescolares, la empatía es un motivador importante de la conducta pro-social o altruista, acciones que benefician a otra persona sin esperar ninguna recompensa para uno mismo Eisenberg & Miller (1987).

La fase de la adolescencia, se enmarca por nuevos retos y experiencias. Se supone que el adolescente ha dado inicio al desarrollo de sus competencias emocionales en fases anteriores. No obstante tanto los cambios fisiológicos como social, hacen que esta fase de la evolución humana esté llena de nuevas experiencias, y a su vez sea una fase única, con nuevas situaciones, muchos cambios y nuevas experiencias emocionales.

En esta fase el autoconcepto o la manera como el individuo ve a sí mismo, será un aspecto fundamental, no obstante estará en gran parte mediatizado por el entorno. La aceptación por parte de los compañeros es fundamental para el bien estar del niño o adolescente. Fuentes (2001) comenta que el papel de los iguales en el desarrollo emocionales, es fundamental para uno sentirse valorado, sobre todo en la adolescencia. La aceptación por los compañeros, el formar parte de un grupo, significará manejar habilidades de negociación, tolerancia, respeto y etc. Es un proceso de crecimiento y formación de la personalidad.

Finalmente al llegar a la fase adulta el individuo debería tener todas sus dimensiones de las competencias emocionales completamente definidas. Sin embargo lo que suele suceder es que muchas veces, por fallar el desarrollo de alguna dimensión emocional en fases anteriores, eso se refleja en la manera de ser e interactuar. Por ejemplo: el niño al no desarrollar un buen vínculo de apego esto se refleja en fases posteriores en los vínculos de amistad. 

Con todo, no significa que no pueda ser desarrolladas o mejoradas las competencias emocionales, dado que muchas dimensiones pueden ser potenciadas. Goleman (1998) comenta que en la fase adulta se pueden trabajar y potenciar las competencias emocionales y tener buenos resultados.

De todo lo expuesto, entendemos la infancia como un momento clave para el desarrollo de las competencias emocionales, para la formación del ser emocional. Sin embargo en la pubertad con los cambios fisiológicos y la adolescencia marcada por nuevas experiencias, implicará en gran parte en la emocionalidad del individuo. Por fin, la fase adulta es un compendio de las fases anteriores, y lo que resultará en un individuo competente socio emocionalmente o no, por lo tanto se reflejará indudablemente en el manejo de habilidades del individuo para afrontar los retos de la vida adulta.

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