LA COMUNICACIÓN GUBERNAMENTAL EN LOS AYUNTAMIENTOS DE VERACRUZ, PERIODO 2008-2010

Armando Zavariz Vidaña

La discusión teórica de la comunicación

Se afirma que la comunicación como hecho social se desarrolló al mismo tiempo con  la especie humana, de acuerdo con estimaciones antropológicas puede remontarse, a alrededor de un millón de años de existencia, y pese a que las primeras reflexiones ordenadas  sobre el particular son hallables en el siglo V antes de la era actual entre los filósofos de la Grecia clásica. En varios de los diálogos de Platón (427-347 a.C.), por ejemplo aparecen como objeto de discusión temas afines al ámbito comunicacional. Tal es el caso del Protágoras y el sofista, que  versan sobre la sofística; del Giorgias, que trata de la retórica, y del Cratilo, que analiza el lenguaje y sus significaciones. Poco más tarde, distintas obras de Aristóteles (384-322 a. C.) se ocuparon, asimismo, de cuestiones semejantes, en particular, de la retórica y la poética. La configuración de la comunicación como espacio para el conocimiento científico es, de manera hasta paradójica bastante tardía (Villanueva, 2004).

Marrou (C., 2001) dice que los sofistas se interesaban en el papel que desempeña el logos, o el poder de la palabra en el mundo humano. Reconocieron que el lenguaje, por su misma naturaleza, es impreciso, ambiguo y metafórico en sus descripciones del mundo; sin embargo, no trataron estas características como fallas que impiden el conocimiento de la realidad, más bien celebraron la capacidad del lenguaje de crear posibilidades en el mundo. Creían que dos características del lenguaje confieren un gran poder: La capacidad de nombrar lo que no se ve y la de ocultar y revelar aspectos de la realidad.

Platón, el filósofo griego, adoptó un concepto de comunicación muy diferente al de los sofistas. En su obra Diálogos, puso a su maestro Socrates a debatir contra los sofistas Gorgias y Timeo, respecto a una teoría de la comunicación sobre la base del conocimiento de una verdadera realidad. Menospreció el aparente relativismo de los sofistas, cuyas enseñanzas eran consideradas un simple artificio, y no un veradero arte, Platón sugirió – sin elaborar los detalles- una  retórica basada en el verdadero conocimiento, y no en trucos argumentativos. Un filósofo elocuente puede hablar de la verdad a sus interlocutores, expresando más que simples opiniones, de manera que ellos puedan captar intuitivamente la sabiduría divina.

El concepto de los sofistas  y de Platón sobre la función y significado del lenguaje es muy diferente. Para los sofistas, el lenguaje era una poderosa fuerza que construía las posibilidades del mundo humano. Para Platón, en cambio, el lenguaje era un mal necesario, un medio de expresión  imperfecto que sólo distorsionaba la realidad cada vez que la utilizaba.

Aristóteles, discipulo de Platón, ofreció una postura alternativa al debate entre los sofistas y Platón, según la cual, la combinación de un cuidadoso análisis del mundo, con un razonamiento meticuloso apegado a las normas de la lógica, daría como resultado el verdadero conocimiento del mundo natural y un buen juicio en aquellos asuntos humanos en los que la certeza no fuera posible.  Fiel a su principio ético de moderación, combinó la atención que prestaban los sofistas al mundo real de las cuestiones humanas, con la búsqueda platónica de la certeza, aunque advirtió que sólo puede ser aproximada en los asuntos humanos.

La retórica de Aristóteles es un estudio basado en observaciones empíricas de las prácticas de los oradores y las respuestas de sus respectivos públicos, y fue diseñada para ayudar al orador a descubrir los medios de persuación disponibles en determinada situación.

Griffin (C., 2001) explica que la obra presta especial atención a las percepciones generadas por el orador en el auditorio, destacando la credibilidad como una de las más importantes. Ya sea como libro práctico de trabajo o como modelo  del método empírico, La retórica de Aristóteles influyó de manera fundamental  en el estudio de la comunicación durante el imperio romano y en la  la historia del pensamiento occidental.

El estudio de la comunicación enfrentó nuevos retos cuando el cristinianismo se convirtió en la religión oficial del imperio romano a principios del siglo IV de la era cristiana. El respaldo del emperador Constantino a la doctrina cristiana subordinó los escritos paganos de retórica a las escrituras cristianas. Hacia finales del siglo IV, San Agustín concilió ambas posturas. Fuertemente influido por los escritos de Platón, San Agustín describió a la doctrina cristiana como el conocimiento que no puede ser adquirido mediante la retórica (algo similar a la iluminación filósofica en el pensamiento de Platón), pero que puede presentarse a públicos específicos en  una forma más efectiva mediante la retórica.

En sobre la doctrina cristiana, San Agustín escribió que el conocimiento se adquiere a través de la interpretación de las escrituras. Sin embargo, una vez construído, el ministro cristiano tiene la libertad de utilizar las teorías retóricas paganas para lograr que sus sermones sean más efectivos Grriffin  (C., 2001) dice que a pesar de que los diversos escritores que analizaron la comunicación durante los siguientes siglos fueron influidos fuertemente por San Agustín, la tendencia fue pasar por alto los aspectos retóricos de su obra para reducirla a una serie de técnicas prescriptivas de oratoria. San Agustín luchó por la integración de los asuntos seculares y divinos, pero su propuesta no fue atendida.

La edad media corresponde a una etapa histórica dominada por el pensamiento cristiano, se separaron los estudios seculares de los religiosos; los primeros, o artes liberales, se conformaban con el trivium, que constaba de gramática, retórica y dialéctica; y el quadrivium: arimética, música, geometría y astronomía. El trivium (de donde viene la palabra “trivial”) se ocupaba de las materias inferiores en las que la certeza no era posible; aunque se prefería el quadrivium porque permitía las demostraciones exactas. Fernández Collado y Hernández Sampieri  (C., 2001) afirman que predominaban los estudios teológicos, ya que se consideraban superiores a estas siete artes liberales.

En el siglo XVI el filósofo frances Petrus Ramus concluyó la separación de la retórica medieval de las preocupaciones más importantes de la educación, al fragmentar los cánones tradicionales de la retórica – invención, estructura, entrega, estilo y memoria- en distintas especializaciones. Asignó la invención, la estructura y la entrega a la provincia de la lógica; y el estilo y la memoria simplemente se dejaron resaltar.
Se consideraba que la retórica sólo tenía relación con la declamación y el estilo, las cuales se trataban como si estuvieran compuestas sólo por las figuras de las palabras y los gestos  (C., 2001).

Las primeras elaboraciones efectuadas al respecto con recurso a los procedimientos aceptados como pertenecientes a la ciencia provienen de la década de 1920 y, quizá con mayor énfasis, de la de 1940. La comunicación, por tanto, es aún una recién llegada al escenario del saber metódico y la producción teórica. Esto es tan evidente que no sólo hoy los estudios universitarios  del área no acaban de estar suficientemente definidos y establecidos, además de estar puestos en cuestión, sino que, al propio tiempo, las disciplinas sociales no reconocen la comunicación en su peculiaridad e, incluso, varias de ellas la consideran un mero apéndice suyo (Villanueva, 2004).

Esa falta de enraizamiento y delimitación que distingue a la comunicación –considerada un déficit por algunos autores- es más bien percibida como una ventaja en el marco del enfoque de la posdiciplinariedad, que apuesta por la superación de las fronteras existentes entre las disciplinas, por la integración metodológica y, en el caso específico de la comunicación, por el abandono del “afán de disciplinalizar su estudio”, esto es, por la negación de la posibilidad de una comunicología (Villanueva, 2004).

Al respecto José Carlos Lozano (2007) señala:

 “Los teóricos de la comunicación se dividen en dos grandes grupos : quienes afirman que la constitución de una ciencia de la comunicación es factible  y deseable, y aquellos que aseguran que la comunicación es un proceso social tan amplio y tan complejo que requiere un estudio interdisciplinario. Los primeros se identifican principalmente con los enfoques teóricos positivistas, desarrollados principalmente en Estados Unidos; los segundos, con los enfoques críticos  en gran medida desarrollados en Europa”.

Lozano (2007) cita a los investigadores ingleses  Deacon, Pickering, Golding y Murdock, quienes sostienen que sería preferible mantener el estudio de la comunicación como un campo abierto a las diferentes disciplinas sociales y humanistas, en vez de tratar de generar una ciencia de la comunicación con un objeto de estudio propio: “Nuestra posición es que el estudio de la comunicación debería preservar su rol como arena primaria en la que académicos de diferentes tradiciones puedan reunirse para indagar cómo sería mejor entender las complejas conexiones entre los sistemas de comunicación , y la organización de la vida social y cultural contemporánea”.

Por otra parte se habla de un pluralismo en la producción teórica de la comunicación, al respecto Erick Torrico Villanueva ( 2004) comenta:

“La inherente socialidad de la comunicación, al igual que sucede con todo los procesos sociales, hace que su investigación y su intelección conceptual no pueda sino estar definidas por el inevitable desencuentro de los puntos de vista desde los que son efectuadas, aunque no excluye la posibilidad de que, en ciertas circunstancias, haya margen para complementariedades”.

Torrico ahonda aún más cuando dice que, las teorías comunicacionales, caracterizadas ya como una manifestación de las teorías sociales particulares, expresan varias concepciones del mismo objeto de estudio, con todo lo que tales formas de ver conllevan, tanto en lo concerniente a la percepción de la naturaleza y la estructura de dicho objeto como a los aspectos metodológicos de su aprehensión cognoscitiva e incluso en las maneras prácticas  de su realización.

Y esta heterogeneidad es explicable, además de por sus fundamentos epistemológicos, por las condiciones sociales bajo las cuales tuvieron y tienen lugar los desarrollos teóricos, ya que la historicidad es un elemento del que no es posible desvincular la producción de ninguna teoría (Villanueva E. R., 2004).

PERIODIZACIÓN HISTÓRICA DE LAS MATRICES TEÓRICAS SOCIALES  Y LAS TEORÍAS COMUNICACIONALES

Periodos económico-políticos

Macroejes de la conflictividad

Matrices teórico-sociales prevalecientes

Principales cuadros teóricos explicativos

Periodos teórico comunicacionales

Expansión capitalista
(1919-1946)

Modernización vs. Atraso

  • Estructural-funcionalismo
  • Dialéctica crítica
  • Teoría de la modernización
  • Materialismo histórico.

Difusionista
(1927-1963)

Guerra fría
(1946-1991)

Capitalismo vs. Socialismo

  • Estructural-funcionalismo
  • Estructuralismo
  • Dialéctica crítica
  • Capitalismo
  • Materialismo histórico
  • Teoría de la dependencia
  • Teoría crítica
  • Teoría de la acción comunicativa

Crítico
(1947-1987)

Globalización
(1991-2001)

Corporativismo vs.
Regionalismo

  • Funcionalismo estructural
  • Posestructuralismo
  • Sistemísmo
  • Teoría de la independencia
  • Estudios culturales
  • Teoría de la estructuración
  • Teorías de la globalización

Culturalista
(1987-2001)

Destraba-miento hegemónico global(2001)

“Occidentalismo”
Vs. Hostilidad extraoccidental

  • Posestructuralismo
  • Sistemísmo
  • Dialéctica crítica
  • Estudios culturales
  • Holísmo
  • Ecologismo
  • Neocrítica

“Actual”
(2001

Fuente: Erick Torrico Villanueva, Abordajes y períodos de la teoría de la comunicación, Edit. Norma, Buenos Aires, Argentina.

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