LA CULTURA DE LA INFORMALIDAD EN EL CAMPO EDUCATIVO: CASO TAREAS DIRIGIDAS

María de la Paz Silva Batatina

CAPÍTULO II

 

EL MUNDO DE LA INFORMALIDAD EDUCATIVA Y
LA MIRADA ARQUITECTÓNICA DE LAS TAREAS DIRIGIDAS

 

Así que creo que debemos vivir con este descubrimiento constante. Debemos estar abiertos a esta aventura en la conciencia acrecentada de vida. Debemos poner en juego toda nuestra voluntad de explorar y experimentar.
Martin Buber (en Hodes , 1972)

 

En los últimos años, los problemas del desempleo, la informalidad y la exclusión social han comenzado a ocupar un lugar cada vez más destacado en los estudios sobre las condiciones de vida de la población; la cual revela preocupación por la emergencia de los nuevos fenómenos sociales que acompañan las transformaciones económicas de la última década y las condiciones imperantes en el escenario internacional en estos tiempos de globalización (Carpio y otros, 2000).
Se puede apreciar que, transcurridas dos décadas de la aplicación de las políticas de ajuste en diversos países de América Latina, el desempleo y la informalidad pasaron a ser los rasgos predominantes del mundo laboral (Torres, 2007). El tener derecho a una jubilación o acceder a servicios de seguridad social son un privilegio en declive, mientras que la pobreza y la indigencia alcanzan dimensiones crecientes dentro de la población del continente (González, Mancano, Ramírez, Prada, Taddei, Campione, Toche, Figueroa, Boron, Martínez, de la Cueva, Bello; 2003). En otras palabras, los indicadores de desigualdad social y la falta de equidad son los factores que han prevalecido.
El reto para el investigador lo constituyen las nuevas formas de organizaciones sociales que irrumpen en un funcionamiento independiente y, se relacionan, con lo que Vargas (2003) denomina como la construcción de nuevas identidades políticas, sociales y económicas, las cuales entran en conflicto con las normas existentes y valores, algunos de los cuales son negados por el Estado o por el mercado. Los Nuevos Movimientos Sociales se definen como no institucionales y no convencionales
Tales ideas, examinan el desarrollo de los procesos que están emergiendo en las distintas áreas de la informalidad, hecho que pasa a constituir hoy en día una suma de lugares y de cruce de flujos, en un contexto de intervenciones fragmentarias y contradictorias (Jáuregui, 2004).


Como lo expresa Jáuregui (2004), esto lleva a procurar comprender el tema desde el borde, del margen, del límite. La exigencia de tratar el argumento del margen como cuestión real y metafórica en la ciudad contemporánea, implica diseñar cuidadosamente los puntos de anudamiento, lo que plantea la necesidad de articular lo físico con lo social. Para esto hay que hacer que lo infraestructural, ambiental y urbanístico, tenga que ver con lo económico, lo cultural y lo existencial.


Vela Altamirano (2005) identifica a la informalidad como un problema estructural no resuelto, consecuencia del mal funcionamiento de las instituciones y de la incapacidad de los sujetos para respetar y hacer respetar las reglas, en una sociedad donde cada vez se acepta con más naturalidad la informalidad. Es pragmática y transgresora y se caracteriza por un marcado relativismo ético; es decir, cada uno quiere imponer sus reglas, nadie acepta las establecidas por la autoridad. "Todos quieren soluciones a su medida". Es la formalización de la informalidad.


Abordar el tema de la informalidad en educación implica observarla en su constitución ético–social, indagar la conjugación de las calidades subjetivas y significados propios de los actores, envuelta en una maraña de memoria, identidad y estrategias de reconstrucción permanente sobre lo que se hace o se realizó y, en nuestra era actual, lo que se piensa construir u organizar.


Desde esa visión, cobra vigencia la importancia de la educación como acto socializante que vaya al encuentro de los que viven inmersos en la economía informal: los sectores excluidos y marginados. Aunque ella no es portadora de soluciones mágicas, su misión no es venir desde fuera a proporcionar instrucción de lo cual aparentemente carecen los pobres, y que supuestamente poseen los educadores populares; su grande y magnífica tarea es la de facilitar formación en que se encuentran ya empeñados, activados y movilizados esos mismos sectores populares (Freire, 1999).
El ejercicio informal revela una experiencia social desde donde surge una ética aprendida y confluye en la motivación humana hacia el desarrollo de un programa de vida que permite construir y emprender proyectos. Tal perspectiva de desformalización se contrapone a una educación escolarizada en la propuesta de captar la incorporación de todos aquellos niños que aún no han podido ingresar al sistema regular de la enseñanza o que, estando dentro de él, requieren de una orientación adicional, pudiendo ser ofertada a través de las tareas dirigidas. Pero desde la legalidad, emergen también políticas del ejecutivo nacional , a partir del año 2000, nuevas modalidades de ambientes de aprendizajes denominadas “misiones”, destinadas a la población de adultos, y cuyo financiamiento, a través de becas, aporta mayores ventajas en relación con los cursantes regulares del Sistema Educativo venezolano.

Es en ese recorrer histórico donde la informalidad se va abriendo paso y se va fortaleciendo de ese sentido práctico de reconstrucción del saber, de educar y aprender sobre el ejercicio y al margen de lo formalmente establecido; desde donde se actúa, va conquistando el reconocimiento del otro y fortalece el respeto progresivo sobre lo que se hace, así como, la reafirmación de ese actuar informal en cuanto a fines, logros, objetivos y características, desarrollado en convivencia permanente con los ciudadanos (Arríen, 2005; Vargas, 2003 y Torres, 2007).

Abriendo Espacio al Escenario de la Informalidad

La Oficina Regional de la OIT para América Latina y el Caribe acuña la definición de “Trabajo Informal” partiendo de la visión de “sobrevivencia” y poniendo el acento en la existencia de unidades en pequeña escala con baja utilización de capital. Una nueva conceptualización se hace presente en la 89 Conferencia Internacional del Trabajo de la OIT al definirlo como “Trabajo Decente” (reemplazando a la de informal) y desde el cual se estructuran las siguientes dimensiones: (a) trabajo productivo en condiciones de libertad, equidad, seguridad y dignidad, (b) los derechos son respetados y (c) cuenta con remuneración adecuada y protección social (Somavia, 2000).
Este concepto varía posteriormente cuando, en la Conferencia Internacional del Trabajo del año 2002, se señaló que no existe una descripción o definición precisa aceptada universalmente sobre el término economía informal. Sin embargo, se desprenden de las conclusiones habidas algunos referentes que pudieran identificar esta actividad como: (a) El conjunto de actividades económicas desarrolladas por los trabajadores y las unidades económicas que, tanto en la legislación como en la práctica, están insuficientemente contempladas por los sistemas formales o no lo están en absoluto y (b) Las actividades de esas personas y empresas no están recogidas por la ley, lo que significa que se desempeñan al margen de ella; o no están contempladas en la práctica, es decir, que si bien estas personas operan dentro del ámbito de la ley, ésta no se aplica o no se cumple (Resolución de la CIT de 2002. Conclusiones, párrafo 3, citado por Daza, 2006).
Desde otro punto de vista, el fenómeno de la informalidad tal como lo expresa Doria (citado por Valente, Soto, A., Soto, K. y Piñero, 2002) es una estrategia de sobrevivencia de los sectores que no encuentran un espacio en la economía formal en crisis.
El trabajo informal, reporta Gómez (2007), es como una especie de desempleo encubierto, generado por la incapacidad del segmento formal para crear suficiente empleo.


Sobre la base de las nociones enunciadas, se pueden deducir algunos preceptos asociados al concepto de la informalidad: (a) Como acción opuesta a lo formal. En este caso, no existe un régimen laboral aplicable, por tanto no hay obligaciones que cumplir ni derechos a satisfacer o reclamar y (b) Asociada al incumplimiento de la legalidad. Existen normas laborales aplicables, pero se incumplen total o parcialmente. No se reconocen derechos. Presume una ética constitutiva de sus integrantes más que una respuesta a la lógica de obtención de la ganancia por el servicio prestado.
Dentro de los conceptos asociados a la informalidad, desde el punto de vista social, se ubica el término de “Adhocracia”, (neologismo) utilizado por Toffler (1970) como la expresión derivada de “ad hoc” que quiere significar “para un fin determinado”. La concepción denota la ausencia de jerarquía y es opuesto a la burocracia. Está caracterizada por su vida corta, pues se trata de una organización transitoria con escasa complejidad, formalismo y centralismo.


El enfoque adhocrático favorece una administración menos pormenorizada y formal, lo cual significa que cualquier organización de estructura flexible estará en capacidad de adaptarse, continuamente, a las condiciones cambiantes del contexto, sin que ello implique operar con anarquía. Los grupos de trabajo se constituyen y disuelven según se necesite. La estructura ideal la constituirán equipos ad hoc. La característica central del nuevo modelo serán grupos que cooperan para solucionar dificultades y ejecutar labores.
Según Mintzerg (1988), la adhocracia puede ser operativa y administrativa: (a) La adhocracia operativa es la que innova y soluciona problemas directamente, a nombre de sus clientes. Sus equipos multidisciplinarios trabajan a menudo bajo contrato, como un centro de ideas o como empresa de consultoría Una característica dominante de la adhocracia operativa es que su trabajo administrativo y operativo tiende a mezclarse en un sólo esfuerzo. Es decir, en un trabajo de proyectos ad hoc, es difícil separar el planeamiento y diseño del trabajo, de su ejecución. (b) La adhocracia administrativa también funciona con equipos de proyectos, pero dirigidos hacia un propósito distinto. Emprende proyectos para servirse, para traer nuevas facilidades o actividades en línea. En contraste acentuado con la adhocracia operativa, la adhocracia administrativa hace una clara distinción entre su componente administrativo y su base operativa.
Alvin Toffler predijo en los años setenta, en su libro “El Shock del futuro”, que las adhocracias se volverían más comunes y probablemente, reemplazarían a la burocracia en un futuro próximo, en la que sería frecuente la presencia de estructuras temporales, conformadas para resolver un problema dado y luego de obtenido los resultados serían disueltas.


Pareciera, sin embargo, que esta premisa de “adhocracia” en la organización viene amalgamándose con cierta premura en sus estructuras. Ante el escenario complejo de cambios e incertidumbre, las nuevas maneras de distribución en el trabajo, sumado a las contingencias económicas que envuelven a las organizaciones en este nuevo siglo, varias modificaciones han debido ser asumidas por éstas, en la que se refleja la adaptación de estructuras más flexibles y con visos de mayor horizontalidad a los fines de su subsistencia. Conforme lo expresa Arnold-Cathal (2008), en los espacios denominados informales, predominan las relaciones no controlables por los medios convenidos, la informalidad, impulsa la necesidad de mayores, y más eficientes, mecanismos que aseguren las condiciones requeridas para la continuidad de las operaciones organizacionales.


En atención a lo expuesto, una nueva expresión de la existencia y el fortalecimiento de la adhocracia, lo constituye el ejercicio de las tareas dirigidas como modalidad de educación informal. Sin embargo, diversos riesgos parecieran estar asociados con esta actividad, a saber: (a) no cuenta con una remuneración permanente, (b) carece de un sistema de seguridad social, y (c) las estrategias laborales están direccionadas a la búsqueda de fuentes de ingresos como mecanismo para garantizar la supervivencia o para complementar el salario devengado regularmente.

Lectura y Composición del Sector Informal

Ubicar el fenómeno de la informalidad dentro del contexto más amplio de lo popular es apostar por una comprensión de las actividades informales como respuestas al sostenimiento económico de los trabajadores, caracterizado por sus bajos ingresos y, por tanto, signados por la pauperización. La categoría de lo informal se subsumiría dentro de "lo popular". Esto conduce a entender la informalidad en términos de las lógicas de reproducción y subsistencia de los hogares trabajadores (Palma, 1987).
La dimensión socio-cultural, incorporada por Roberts (1989) en el análisis de la informalidad, alude a la importancia que juegan las redes sociales. Estas tendrían una doble función protectora relacionada con la problemática de la pobreza: por un lado, limitan la competencia en el mercado laboral; ya que los empleos informales suelen obtenerse a través de redes de parentesco de tipo comunitarias y, por otro lado, sirven para aliviar la presión del mercado a través de ayudas mutuas, así como la provisión de bienes y servicios más económicos.
La propia heterogeneidad del mundo informal y el agotamiento del modelo de desarrollo dominante en Latinoamérica, expresado en la crisis de los ochenta y más recientemente en el año 2008, parecieran apuntar hacia la gestación de un nuevo orden productivo presionado por la complejidad e inestabilidad económica predominante en el contexto mundial.
Visto de esta forma, Pérez Sáinz (1996) propone hablar de neoinformalidad, término que pretende captar tanto la persistencia de este fenómeno como sus nuevas expresiones. En este sentido, y de manera hipotética, sugiere plantear tres posibles contextos de la neoinformalidad:

  1.  El primero se denominaría economía de la pobreza y su contexto sería la exclusión. Afectados por el proceso de globalización, signado por la fragmentación, se puede esperar que importantes sectores de la población se verían excluidos del mismo. En este sentido, la informalidad aparece como sinónimo de economía de la pobreza.
  2.  El segundo escenario se denomina de informalidad subordinada y el mismo se gestaría dentro del propio ámbito de la globalización. Al respecto, se puede pensar en dos tipos de situaciones que no excluyen otras: (a) la provisión de ciertos insumos que antes las propias empresas producían; y (b) la subcontratación como respuesta a mercados con demandas volátiles y fluctuantes que requieren flexibilidad.
  3.  Finalmente, la aglomeración de pequeñas empresas dinámicas constituiría un tercer escenario que sería el más optimista y promisorio. Estas aglomeraciones son heterogéneas y pueden incluir establecimientos propiamente informales como también aquellos donde ya se ha operado una división del trabajo.

En lo que respecta al desarrollo de la informalidad en el sector educativo es posible la detección empírica de varias modalidades, cuya ampliación o confirmabilidad estará siempre sujeta al proceso investigativo a realizar. No obstante, pudieran enunciarse algunas características vinculadas con su diversidad territorial: (a) El espacio comunitario, en el que no existe separación de los ámbitos laborales y residenciales. Las actividades del trabajo se localizan en la propia vivienda. La clientela se caracteriza por la cercanía o proximidad territorial. (b) El ejercicio de la actividad laboral se ubica en un ambiente determinado donde se oferta la educación formal, tal como es la apertura de las escuelas privadas en horario de la tarde. (c) Finalmente, en coincidencia con lo que Pérez Sáinz (1998) denomina territorialidad pública, remite a la aceptación de la informalidad por parte de entes privados al subsidiar su funcionamiento y posibilitar las formas organizativas de este tipo de trabajadores.
Los elementos reseñados nos remiten a una nueva conformación social desde lo heterogéneo, como forma de articular las conceptualizaciones, las características sociales, educativas, de producción, así como el significado socioeducativo de esa práctica.
Pensar en la acción educativa como actividad que va más allá de los límites espaciales y temporales de la escuela y de la escolaridad, conduce a reflexionar acerca del concepto de educación permanente y el surgimiento de nuevas modalidades adoptadas en educación informal, en la que es factible destacar el caso de las tareas dirigidas, especialmente a partir del informe emanado de la Comisión Internacional para el desarrollo de la Educación UNESCO (1973), quienes consideran la importancia de ser formado a lo largo de la vida en diferentes contextos de aprendizajes.

Legalidad y Legitimidad de las Tareas Dirigidas
como modalidad de Educación Informal

La legalidad se obtiene respetando los procedimientos aprobados previamente, mediante normas que deben tener vigencia. La legitimidad en cambio tiene que ver con el grado de aceptación de la comunidad, el margen de respaldo de que se goza en un momento dado (Pacheco, 2008).
A juicio de Ruiz (1998):
La legalidad es una condición, es un nivel de formalización, de cumplimiento de exigencias, de manera que estar legal en algo supone al menos dos cosas: la primera contar con el símbolo de la legalidad, un documento, un papel, algo que permite exponer a otro nuestra condición, nuestro ropaje; la segunda es el cumplimiento de un ritual, de una presentación ante un otro (persona o institución) que me reconoce en tanto cumpla todo el ritual y los pasos, códigos y señales que se prescriben (p.2).

Cada nación se constituye históricamente, al establecerse, el consenso entre sus miembros sobre un conjunto de valores, cuyas características esenciales van a ser naturalmente plasmadas en el espíritu de sus leyes, cuyo mérito es constituir una referencia relativamente precisa para juzgar un acto. Sin embargo, la jurisprudencia da preferencia al examen de las situaciones concretas y de los casos especiales, guarda un papel de segundo orden como fuente supletoria del derecho y para materias específicas. Es decir, la acumulación de las decisiones jurisprudenciales particulares, se vuelven la fuente principal del derecho, los cuales se sancionan conforme al uso o la costumbre (Verna, 2001).

Así se evidencia que algunos actos no pueden ser juzgados de la misma manera, sino según la cultura y el sistema legal en los que ocurren. Defender a un miembro de su grupo de pertenencia (familia, clan, tribu), aunque se le sepa culpable, puede parecer legítimo para aquellos que ponen la solidaridad grupal, en un nivel más alto que la legalidad, y parecer inaceptable para aquellos que creen que "nadie está por encima de la ley". Se podría pensar, entonces, en la legitimidad como producto de la existencia de un sistema de valores común a los ciudadanos de una nación, que los induce a compartir la misma concepción del derecho natural, al menos en sus grandes líneas (ob. cit.)
En el caso que nos ocupa, la informalidad es una realidad económica derivada de la insuficiencia en los puestos de trabajo o la carencia de un empleo formal, lo que ocasiona que el sujeto pueda laborar al margen de lo previsto por la ley. Por tal motivo, se pudiera pensar en la legitimación del ejercicio laboral informal al ser aceptado socialmente, como una actividad de orden remunerativa, aunque afectada por carecer de los beneficios de seguridad social, tales como seguro social, ley de política habitacional, derecho a una jubilación, entre otros.


El carácter de ilegalidad es entonces muy importante, aun así no debe considerarse definitorio, pues no todos los que están al margen de las normas legales vigentes son informales, ni todos los informales realizan la totalidad de su actividad al margen de la ley. Aquellas empresas que deliberadamente ocultan su actividad total o parcialmente, no son consideradas informales sino ilegales u ocultas (Lema, s.f.).
En el contexto de las reformas institucionales llevadas a cabo en los últimos años en Venezuela, y particularmente durante la actual gestión gubernamental, se han desarrollado un conjunto de instrumentos legislativos sustentados en principios presentes en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela del año 1999. Estos principios reflejan la intención del legislador de apoyar, fomentar o atender las inquietudes, necesidades y demandas de un grueso sector de la población, que excluido del llamado sector formal de la economía y, en algunos casos, en situación de desempleo, realiza una serie de actividades en la búsqueda de su sustento y satisfacción de necesidades básicas (Guerra Sotillo, 2005).


Experiencia de lo expuesto se concreta en el Decreto 3.125 del 15 de septiembre del año 2004 con la creación Ministerio del Poder Popular para la Economía Comunal (MPPEC), como instancia coordinadora de las políticas, programas e instituciones orientadas a la transformación del modelo económico capitalista en una economía social, cogestionaría y sustentable. Dentro de las funciones de este Ministerio se destaca, entre otras: “establecer las políticas para el fomento de la economía popular, estimulando el protagonismo de las cooperativas, cajas de ahorro, empresas familiares, microempresas y otras formas de asociación comunitaria para el trabajo, el ahorro y el consumo bajo el régimen de propiedad colectiva sustentada en la iniciativa popular” (artículo 24, numeral 9).


A través del MPPEC se expresa el fomento al desarrollo de asociaciones comunitarias, cooperativas, micro-empresas y toda iniciativa que anime la propiedad colectiva, aunque sin llegar a definir qué se entiende por ésta. No obstante, la creación de ese ente gubernamental, permite incursionar en el mundo de la informalidad, respondiendo de esta manera a la noción formalista de la legalidad.
Al margen de la legalidad o formalidad en un determinado trabajo para ser considerado como empleado o trabajador ocupado, la informalidad es contabilizada como contraprestación laboral que realiza la persona, a pesar de no contar con la periodicidad en la remuneración, ni las derivaciones que se generan de una estabilidad en el ejercicio de alguna labor.


El desenvolvimiento de un ciudadano en Venezuela dentro del sector de la economía informal es legitimado desde dos puntos vista: uno, por los integrantes de la comunidad donde se habite, quienes depositan en él o ella la confianza de lo que realiza y, dos, el desempeño en cualquier función que es financiada o reconocida por cualquier ente gubernamental u ONG a través de asociaciones o cooperativas en eventos conocidos como economía popular.
En este sentido, el ejercicio de las tareas dirigidas, bien como proceso adhocrático, por cuanto se evidencia la ausencia de jerarquía y del establecimiento de pautas o normas, o bien como proceso de modalidad educativa en el campo de la informalidad; pudiera considerarse, conforme a lo expuesto, como legítimo más que legal, por ser una actividad reconocida y aceptada socialmente ya que cuenta con el consentimiento expreso de los ciudadanos.

La Informalidad como Espacio de Convivencia dentro del Saber Educativo

Los cambios sociales, incidentes en los modos de pensar y de relacionarse el hombre hoy en día, así como en sus costumbres, formas de organización, economía, comercio, entre otros aspectos, han sido relevantes en la configuración comunitaria actual en Venezuela.


La mirada ética en el ciudadano pareciera haber desviado su rumbo en la constitución de su acervo para dar paso a la ambigüedad de la cual son portadores, cuya realidad uniformizadora de tiempos pasados, ha estallado en multitud en los modos de vida. El ritmo histórico se ha hecho, de un tiempo a esta parte, desasosegante y convulso, además de reinar por doquier el afán por lo novedoso y la estética del corto plazo (Santos Rego, 2000).


De ahí que, resulte imposible limitar los problemas o materias relevantes de la realidad nacional a un concepto reduccionista o unidimensional. La actuación en el contexto supone percatarse de la existencia de organizaciones que abarcan una multitud de dimensiones interrelacionadas, en cuyo mundo, podríamos decir, la complejidad parece ser el estado natural de las cosas. No es suficiente la mirada sociológica, económica y política sobre ellos, es necesaria una mirada ética.
Evidentemente lo útil y eficaz, siendo cierto que ocupa un lugar relevante en la escala de valores, tiene un lugar subordinado a los valores esenciales, a la verdad de la persona humana y a su auténtico bien, así como al bien común. Un esfuerzo por superar falsas antinomias, supone adecuar los medios a los fines y los actos al bien objetivo, de cara al desarrollo integral de cada persona y del país (Giacchetti, 2005).
Restaurar la perturbada sensatez de valores en nuestra sociedad supone ante todo afirmar el reconocimiento de la persona por sí misma, como ser único y poseedor de un ethos reivindicador de su dignidad y de sus derechos ciudadanos. Pero junto con ello pareciera especialmente necesario en nuestro país, Venezuela, el cultivo de la producción de saberes útiles, lo que conduce a emprender proyectos y realizarlos con una visión razonable, pero con mirada de esperanza futura (Esté, 1995).
El surgimiento de las actividades denominadas informales, fomentadas muchas veces por el vigor de supervivencia, en un país que no ofrece muchas oportunidades de empleo, ha contribuido, de alguna forma, a la apertura de la iniciativa y de la creatividad. Sin embargo, han surgido también, efectos negativos como el irrespeto a la legalidad y a los derechos de convivencia humana.


De cara a ese ejercicio de la informalidad, se percibe que los espacios son constantemente establecidos y restablecidos, tanto por las acciones que se desarrollan en ellas, como por las incumbencias y nudos de relaciones de estas actividades.
La comprensión de esa realidad, que no puede ser intervenida por un ente externo que desconoce lo que ocurre, sólo podrá ser transformada cuando sus propios actores descubran que es modificable y que pueden hacerlo. Supone como lo señala Freire (1993), una toma de conciencia con el propósito de provocar una actitud crítica, de reflexión, que comprometa en la acción.
Esa búsqueda de conciencia, tanto del que participa de la economía informal como del gobernante, ya no podrá realizarse desde los modelos de la planificación centralizada que cautivaron a muchos allá por los años del 60, pero, por otra parte, tampoco podrán emplearse las recetas que, si bien parecieron equilibrar las balanzas y contener la inflación, generaron una creciente concentración de la riqueza y, por tanto, de la pobreza (Palma, 1993).


Como destaca Rodríguez (1999), la elaboración teórica salta de lo simple a lo complejo, porque la complejidad informa a la realidad. El proceso educativo resultante es otro, sometido a muchos avatares, tanto a lo interno como a lo externo, al que asiste a un sujeto que percibe menos garantías y muchos más riesgos en su compromiso con el aprendizaje.


Sin embargo, resulta difícil comprender y aceptar esas nuevas formas y representaciones de la realidad, seguimos prisioneros de los mismos espectros del pasado. Los relatos y narraciones, que tanto inflamaron las distintas visiones del mundo a través de modelos globales de sociedad y de concepciones ideológicas con pretensión de universalidad, se han desdibujado y debilitado hasta un grado incluso sorprendente. La violencia, con sus fatídicas secuelas, ha seguido presente en el mundo (Santos Rego, 2000).
Corrientes pedagógicas humanistas y experimentales están identificando que en el espacio de la sociedad civil, emerge un conjunto de fenómenos sociales y culturales complejos que manifiesta un cierto y profundo cambio de época. Se trata de prácticas socioeducativas, más o menos sistematizadas, enfocadas a enfrentar necesidades o inquietudes de personas, grupos y movimientos sociales acerca de cómo resolver problemas de sus condiciones de vida y mejorar o resguardar su entorno ecosocioambiental.


Desde este nuevo orden social, resultará de interés deliberar sobre cómo atraer, enseñar o comprometer a la gente que ejerce en el campo de la informalidad, ya que es allí donde tiene lugar el saber empírico de las tareas dirigidas.
Una alternativa en el debate es la educación popular, planteado por Freire (1993) y entendida como integración pedagógica, política y cultural. Desde esta propuesta reflexiva y de sistematización permanente, se empiezan a valorar y a comprender los espacios en los que la educación se desarrolla al servicio de los actores que están inmersos en la informalidad. A tales fines, habrá que contrastar los programas de acción y proyectos desarrollados con los métodos de realización y las maneras de abordar el conocimiento de sus realidades particulares, naturalezas y contextos diferenciados.
Las opciones en áreas emergentes, como es el ejercicio de la informalidad en educación, mueven a repensar las propuestas pedagógicas en lo conceptual, metodológico y operativo, desde la multiplicidad de enfoques; donde sea posible formular agendas que articulen a las personas, procesos, acontecimientos y organizaciones alrededor de nuevos saberes pertinentes, en los que la gente asume compromisos conscientes frente a la incertidumbre, retos comunitarios, culturales, políticos y económicos.
En el contexto actual, las conceptualizaciones que se hagan en el campo de lo pedagógico y lo social implica aprender a leer las narrativas que ordenan el presente, los pasados, los futuros sociales y las metáforas que los distintos actores sociales vienen elaborando para expresar sus miedos y aspiraciones (Ghiso, 2000). Ante tal afirmación, el estudio de las modalidades recientes que irrumpen dentro de la educación informal, requiere un interés por la comprensión de esa cultura organizacional y social, tal como es el caso de las tareas dirigidas.

Perspectivas de las Tareas Dirigidas: Significados y Visiones Asociadas

En las últimas décadas viene cobrando vigencia la inclusión de nuevos ambientes de aprendizaje, tanto dentro como fuera de la institución educativa, con propósitos de divulgar las informaciones o reforzar los conocimientos previstos en el diseño curricular escolar.
Según Coombs (1991), la prolongación de la esperanza de vida, los cambios tecnológicos, económicos y sociales exigen que el aprendizaje y la educación no se limiten al tiempo, más o menos extenso de la escolaridad primaria, secundaria y superior. En su lugar, hoy se habla de una educación como un proceso permanente.
El efecto de esta afirmación conduce a la diferenciación, dentro del campo educativo, de tres conceptos diversos, pero que guardan entre sí alguna relación:
1. La educación no formal, es toda actividad organizada y sistematizada realizada fuera de la estructura del sistema formal, para impartir ciertos tipos de aprendizajes a subgrupos de la población, ya sean adultos o niños. Puede ser acreditada. (Coombs y Ahmed, 1975). Ejemplo: las actividades extra-curriculares.


2. La educación no convencional, representa una realidad en constante crecimiento, potenciada con la incorporación de las nuevas tecnologías de comunicación electrónica por lo que la educación pasó a ser un modelo descentralizado, de respuestas múltiples y variadas opciones, las cuales pueden ser buscadas personalmente. Se trata entonces, de una nueva forma educativa acorde con las exigencias actuales de independencia, individualización e interactividad del desarrollo del aprendizaje (Castro García, 2002). Ejemplos: un curso online, educación de los niños de la calle.
3. La educación informal, es un proceso que dura toda la vida y en el que las personas adquieren y acumulan conocimientos, habilidades, actitudes y modos de discernimiento mediante las experiencias diarias y su relación con el medio ambiente (Sarramona, Vázquez y Colom, 1998). Ejemplo: trabajo comunitario.
Aunque los términos enunciados pudieran ser empleados como sinónimos, existen, sin embargo, fronteras o linderos que los demarcan. La educación no formal y la convencional se separan en cuanto a los fines y métodos que se emplean, pero tienen en común que pueden ser acreditadas institucionalmente. En relación con la educación informal, asociada por lo general como educación permanente, se asumen los procesos educativos, como una manera de ejercer la informalidad. Ésta genera un reconocimiento social en la persona que la ejerce y, representa, una alternativa de desarrollo comunitario.
En el caso de las tareas dirigidas, aunque no se precisa oficialmente su origen ni los factores asociados al surgimiento de esta modalidad en Venezuela, se evidencia, sin embargo, una demanda social, por parte de padres o representantes, que requieren la presencia de una persona, que funge como educador, para que oriente a los niños y adolescentes en la elaboración de las asignaciones escolares.
Se diferencia de las clases particulares en cuanto a que estas últimas, atienden a un interés particular de aprendizaje sobre una especialidad o asignatura, como son por ejemplo las clases de piano o clases de física, como una manera de alcanzar el dominio de una nueva práctica o corregir detalles sobre los conceptos recibidos. Necesariamente, no guarda una continuidad con la tarea asignada al hogar.
A juicio de Cooper y otros (2006), la tarea es a menudo una fuente de fricción entre el hogar y la escuela. Los padres protestan ´porque las tareas son demasiado largas o demasiada cortas, así como difíciles, fáciles o ambiguas. Los profesores se quejan de la falta de apoyo de los padres, la falta de formación y de tiempo, por parte de éstos, para orientar a sus hijos en las asignaciones escolares. Los estudiantes protestan por el tiempo que la tarea les resta a sus actividades de ocio y por el estrés que genera en sus vidas


La educación informal puede significar una manera de ayudar a la gente a aprender. Si revisamos, empíricamente, el ejercicio de las personas que laboran en las tareas dirigidas, apreciamos algunos aspectos de la informalidad como lo es la carencia de un plan de estudios oficial y de una planificación institucional en el desarrollo de los contenidos, por lo cual es posible responder a las situaciones prácticas o de conocimientos previos que les permita ayudar lo mejor posible al estudiante que se orienta. Es decir, es la ejercitación de ese currículo oculto, desarrollado de manera paralela al currículo formal, el cual pudiera aportar elementos que allanen el camino hacia el cumplimiento de los objetivos previstos en el programa de estudio.
Algunos rubros característicos que identifican la educación informal, los cuales guardan relación con las tareas dirigidas, son señalados por Gómez Villalpando (2009) y como:

  1.  La planificación de la enseñanza es incidental, ocasional y esporádica. Algunas situaciones de aprendizaje exigen una comprensión más profunda o una gama más amplia de habilidades que tienen relación con la vida cotidiana.
  2.  La adaptación a nuevos cambios, aprender con otros y trabajar a una cierta distancia del hogar, permite que alguna persona, docente o no profesional de la docencia, oriente los saberes de los niños en ambientes de enseñanza no convencionales.
  3.  La actividad es fundamentalmente conducida por la conversación, guiada por informaciones previas que poseen los participantes.
  4.  La atención al participante está dirigida a lo que debe estudiar y a la información que debe organizar por adelantado, tal como lo representa la solución a la asignación escolar que será presentada a la maestra en la clase convencional.
  5. Las relaciones interpersonales, entre el tutor u orientador de las actividades y los actores de la comunidad, trae consigo un reconocimiento a la actividad que se realiza, lo que le otorga a la persona un nuevo estatus en el contexto social en el cual se desenvuelve.

La revalorización del papel educativo de la educación informal aumenta en la medida en que la educación formal ahonda su crisis de legitimidad y de hegemonía en el campo de la formación. En tal sentido, la formación en la educación informal está más sujeta a lo cotidiano, aunque se desarrolle incidentalmente en cualquier espacio no formal, como la familia, la calle, entre otros (Gómez Villalpando, 2009).
La falta de reconocimiento del aprendizaje informal está, “presumiblemente”, relacionada con el hecho de que administradores o gerentes de la educación continúan pensando, hoy en día, en una planificación educativa centrada en objetivos. Es por ello que, aunque el potencial del aprendizaje informal en varias ocasiones ha sido objeto de debate, todavía existe una falta consistente en un cambio que ponga énfasis en la subjetividad e intereses de los sujetos (Overwien, 2000).


Preparar al maestro para ejercer en la educación informal, en el caso concreto para administrar pedagógicamente las tareas dirigidas, pareciera estar ajeno a los procesos de formación de profesionales de la enseñanza en las universidades, por lo que resultaría pertinente la promoción de enfoques y modalidades de enseñanza no convencional, más adaptado a la realidad tecnológica actual, y en combinación con la investigación que realicen los formadores de docentes.
La revisión teórica nos permitió, de acuerdo a lo señalado por Miles y Huberman (1984), tener claridad del marco conceptual, así como, de los propósitos e interrogantes iniciales, que orientaron el proceso investigativo.


De allí que, la revisión de la literatura efectuada, relacionada con el contexto de la informalidad y su inserción en el mundo educativo, en pertinencia con las tareas dirigidas, nos condujo a indagar sobre el contexto social, proporcionando el marco de referencia para examinar los propósitos, interrogantes, principios y procedimientos que dan respuestas al estudio.


En este sentido, los referentes teóricos sirvieron de guía para identificar el enfoque metodológico que se asumió en la presente investigación, aspecto que desarrollaremos a continuación.

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